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Joaquín Trincado

La Definición

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 18 oct 2023
  • 9 Min. de lectura

Actualizado: 26 oct 2023



Hemos anotado los grandes frutos que nos trae una buena división filosófica, dando margen a la química, maravillosa en los hechos; pero que mirada bajo el prisma frío y sin color de la filosofía, la química es, una humilde servidora de la filosofía; aquella es un solo grado, la filosofía es todos los grados; que, si ha dividido bien el filósofo, podrá hacer buenas y axiomáticas definiciones el químico; pero ha de tener lo que requerimos del estudiante en el prefacio y el prólogo: Moral completa; siendo demonio activo y jamás Ángel parásito y místico.

Antes de anotar la parte positiva de las definiciones filosóficas queremos dar las bases que debe tener presentes el definidor; y si no las tiene en fruición, no definirá nada filosóficamente: que, aun cuando parezca que define, será definición absurda, Teológica, Dogmática o Sistemática; lo cual es confundir.

Cedamos por un momento la cátedra a Paracelso con un punto de su libro “De generatione hominum” Dice:


“En esta tierra, no hay nada más noble ni más capaz de dar la felicidad perfecta que un verdadero conocimiento de la naturaleza y de su fundamento. Semejante conocimiento, constituye al médico verdaderamente útil; pero debe ser parte de su constitución y no un producto artificial que se pone a manera de vestidura: el mismo debe hacer nacido de la fuente de aquella filosofía, que no se puede adquirir por medios artificiales”.


Oigamos un comentario sobre esos puntos, del doctor Franz Hartmann.

“Filosofía” quiere decir “Amor a la sabiduría” y el conocimiento que del amor resulta; pues amor también es conciencia; es el reconocimiento del Yo en otra forma. El amor a la sabiduría es en el hombre, el reconocimiento del mismo principio de sabiduría que se manifiesta en la naturaleza; y de este reconocimiento, procede la consecución del conocimiento de la verdad”.


La verdadera filosofía, no es por tanto lo que se conoce actualmente por ese nombre, ni se compone de especulaciones extravagantes acerca de los misterios de la Naturaleza[1] con el objeto de satisfacer la curiosidad científica. Es esto un sistema en el que hay mucho amor propio, pero muy poco amor a la verdad; sus partidarios, por medio de la lógica y argumento, inferencias, teorías, postulados, hipótesis, inducciones y deducciones, procuran por decirlo así, introducirse clandestinamente en el templo de la verdad forzando ventanas o miran por el agujero de la cerradura; a fin de ver a la diosa desnuda”.

“Esta filosofía especulativa, constituye el edificio artificial de la filosofía y supuesta ciencia fundada sobre argumentos y opiniones que cambian de aspecto en cada siglo y de las cuales ha dicho Paracelso que, “Lo que una generación considera como la cumbre del saber, es a menudo considerado como absurdo por la generación siguiente; y lo que en un siglo pasa por superstición, puede formar la base de la ciencia en el siglo siguiente”. Todo saber alcanzado por medios que no se basan en el amor a la verdad, no constituye el conocimiento inmortal; sino que sirve tan sólo para propósitos temporales y como adornos para el egoísmo, procediendo como lo hace, del amor a la ilusión del yo y no teniendo más que ilusiones por objeto”.

“Toda la naturaleza es una manifestación de la verdad; pero se requiere el ojo de la sabiduría para ver la verdad y no únicamente su aparición engañosa. De la filosofía que habla Paracelso, consiste el poder de reconocer la verdad independientemente de cualesquiera libro o anotadores, todos los cuales pueden tan sólo enseñarnos la manera de evitar los errores y remover los obstáculos en nuestro camino, pero que no pueden hacernos realizar lo que no realizamos en nosotros mismos”.

“El que no es víctima de conceptos falsos y enseñanzas erróneas, no necesita otro libro, que el libro de la naturaleza para aprender la verdad. Hay pocos que pueden leer el libro de la naturaleza en la luz de la misma, porque habiéndoseles llenado la mente de imágenes pervertidas y conceptos equivocados, se han vuelto antinaturales: y la luz de la verdad, no puede penetrar en el alma; viviendo en la luz engañosa de la especulación y de la sofistería, han perdido la receptividad, para la luz de la verdad. Tales filósofos (nosotros los llamamos filosofastros) viven en ilusiones y sueños y no conocen lo que es real”.

“El conocimiento basado en la aparición o experiencia de otro, no es más que una creencia y no constituye el verdadero conocimiento. Los libros y las conferencias, pueden servirnos como guías útiles, pero la creencia en las declaraciones de los demás, no debería tomarse equivocadamente por conocimiento propio, el que procede únicamente del reconocimiento de la verdad misma; y el cual, por medio del amor a la verdad, debería cultivarse entre todas las cosas”.

“A este dominio de la filosofía, pertenecen todas las ciencias naturales que se refieren a los fenómenos externos, en cuyo conocimiento parece que se han hecho grandes progresos desde el tiempo de Paracelso. A esta ciencia de fenómenos, pertenecen la anatomía, fisiología y química de lo físico y todo lo que concierne a las relaciones reciprocas de los fenómenos que existen en la gran fantasmagoría de imágenes vivientes y corporales llamadas el mundo interior suprasexual, desatendido por la ciencia popular, del cual, aquel es la expresión externa; los procesos que se efectúan en esta luz interior de la naturaleza, se reflejan en la luz del mundo exterior; y aquellas almas, cuyas percepciones interiores se han desarrollado del despertar del hombre interno, no necesitan la observación de los fenómenos externos, para sacar inferencias en cuanto a sus causas internas porque conocen las causas y procesos interiores y también las apariencias externas que producen. Por consiguiente, hay una ciencia médica externa y una interna: una ciencia respecto al cuerpo astral del hombre y una ciencia respecto a su cuerpo físico. Aquella se ocupa del cuerpo enfermo; ésta, por decirlo así, del vestido del cuerpo”.


“Para hacer este punto más claro, lo ilustramos con un ejemplo:


Imaginemos una linterna mágica capaz de proyectar sobre una pantalla inerte, imágenes corpóreas y vivientes.


La ciencia externa se ocupa solamente con estas imágenes de las relaciones que tienen unas con otras y los cambios que entre ellas se efectúan; pero no sabe nada tocante a las láminas en la linterna, las cuales llevan los tipos de estas imágenes visibles; y no sabe absolutamente nada acerca de la luz que causa su proyección sobre la pantalla; pero el que ve las láminas con sus pinturas que da origen a estas sombras, no necesita estudiar dichas sombras con el objeto de sacar inferencias y de especular sobre sus causas,. Así, es que, hay una ciencia superficial que es ahora objeto de orgullo del mundo; y una ciencia secreta de la cual no se sabe casi nada públicamente, pero que el sabio conoce siéndole revelada por su propia percepción de la verdad”.

“Es preciso percibir las verdades antes de poder comprenderlas intelectualmente; y, por tanto, esta ciencia mayor y superior, no puede aprenderse en libros ni enseñarse en los colegios; es el resultado de un desarrollo de la percepción más elevada del hombre, la cual pertenece a su naturaleza superior y caracteriza al médico de nacimiento. Sin esa facultad superior, conocida en su grado inicial como el poder de intuición, el médico que no puede hallar ocupación, sino en el patio exterior del templo, recogiendo granos útiles en los escombros; mas no puede penetrar en el templo, en el cual, la naturaleza misma enseña sus misterios divinos. Los detalles minuciosos de estos escombros (cadáveres) han sido estudiados cuidadosamente por la ciencia moderna popular cuya atención ha sido de tal manera absorbida en ello, que en el mismo templo de la verdad se ha olvidado y la naturaleza de la vida, ha venido a ser un misterio para los que estudian únicamente sus manifestaciones exteriores”.

“Es casi ocioso decir, que lo que precede no tiene por objeto el desaprobar el estudio de los fenómenos, porque, los que no tienen el poder de alcanzar más, no ganarán nada con quedarse ignorantes acerca de sus apariencias externas; pero el objeto que nos proponemos es, mostrar que, una ciencia que trata tan sólo de los fenómenos de la vida terrestre y resultados últimos, No es la cumbre de todo el conocimiento posible, pues más allá del dominio de los fenómenos visibles, hay un dominio mucho más extenso abierto a todos los que son capaces de entrar; el dominio de la verdad, del cual sólo imágenes invertidas se ven, en el dominio de los fenómenos externos”.

“Hay cuatro estados que no pueden ser desconocidos por los filósofos, a saber:

a) El mundo físico visible, el cual es tan sólo el reflejo de los tres estados superiores.

b) El mundo Astral, o dominio Psíquico.

c) El mundo mental, o dominio espiritual.

d) El estado divino, al que se ha llamado el reino de Dios o mundo celestial”[2].

Esto supone Franz Hartmann y está bien; pero tenemos en cuenta que este doctor con tanta libertad de espíritu, (por lo cual percibe bien), aún tiene sus prejuicios ancestrales, pero que no los tiene arraigados.

Dada esa lección sabia y oportuna de un doctor filósofo, médico como deberían serlo todos, vamos ahora a seguir los puntos científico-universitarios, para enumerar los puntos y partes que debe tener una definición.

La definición según Condillac, es una proposición analítica; pues sirve para expresar por medio de los atributos determinantes, lo que la palabra definida expresa sintéticamente.

La definición se divide en nominal y real: por la primera nos explicamos una idea substancial de una proposición aclaratoria del nombre respectivo; por la segunda conoceremos la idea substancial, mediante las palabras representativas de sus atributos esenciales.

Si declaramos que el nombre Psicología significa la ciencia del alma, hacemos una definición nominal; pero si explicamos el nombre animal como organismo, dotado de sensibilidad y movimientos, habremos hecho una definición real.

Hay nombres indefinibles, siéndolo: los nombres propios y los que designan estados de conciencia simples y que no hacen sino recordar estados de conciencia análogos, no susceptibles de análisis; (por ejemplo, los hombres que no quieren ser hombres porque piensan que todo lo deben a la materia y hasta el pensamiento al cerebro; pero que, a su pesar, son hombres).

En efecto, todo nombre, concreto o abstracto, substantivo o atributo, puede ser definido, siempre que sea susceptible de análisis; pero los nombres propios son sinónimos de individuos determinados y que no tienen conexión lógica con la especie ni con el género; Pedro, puede ser nombre propio de un hombre, de un perro o de un loro; por lo que toca a la sensación de lo blanco, como estado de conciencia, su concepto se confunde con el atributo blanco de las cosas.

Los lógicos han establecido varias reglas a las que deben sujetarse las definiciones.

1ª. Deben ser breves y claras: (porque pecan de confusas, tanto las muy extensas, como las obscuras).


2ª. No deben contener los nombres que se tratan de definir. (No estamos conformes con tales lógicos, porque es ilógico querer definir una cosa innominada, por lo tanto, deben tener las proposiciones el nombre y nombres de las cosas a definir).


3ª. Deben ser convertibles en los nombres definidos; es decir, que invirtiendo la proposición resulte verdadera. v.g. “El triángulo es una figura cerrada que tiene tres lados y tres ángulos: toda figura cerrada que tenga tres lados y tres ángulos, es un triángulo”.


4ª. Deben convenir exclusivamente a los nombres definidos: para lo cual es necesario hacer entrar en la definición el género más próximo a la especie definida, así como las diferencias que la separan de las inmediatas. Si definimos el perro como vertebrado cuadrúpedo y omitimos la especie, puede ser confundida con el caballo o el elefante o con un ratón.

Todas estas puerilidades de los…. Lógicos…. han hecho de los estudiantes, nulidades andantes. Una definición, de la que ha de resultar un nombre que no tuviera antes la cosa definida, no puede sujetarse a reglas tan ilógicas y trabas del pensamiento.

Es por lo tanto necesario que la definición no tenga cortapisas. La proposición, ha de contener nombres si los tiene, aunque sean por comparación: filosóficos; leyendas y tradiciones, y todo cuanto tenga relación con la cosa en juicio.

Aún una última parte que debe tener toda definición es, que no ha de ser dogmática, cerrada; sino que su última palabra, ha de dejar abierta la revisión; lo cual no quita valor al axioma, sino que admite el progreso que puede enriquecerlo. Esto no es religioso que es falso; pero es filosófico que es prudente, sabio y verdad.

Cuando el axioma definido y sentado es absoluto como los nombres, cuerpo, alma, espíritu o Creador, no los cambiará nunca el progreso; y aun así no debe el filósofo por verdadera lógica hacerlos dogmas, porque es contra la razón del progreso Eterno o Filosófico.


Terminemos: la definición, puede adquirir un nombre breve y claro, natural siempre, o compuesto a propósito; pero de todas las cosas, ha de hacer una descripción justificada llena de luz y términos expresivos que no admitan confusión; y os dejamos como ejemplo, nuestra exposición del alma humana y tantas otras definiciones que contienen estos cursos.

[1] Ya hemos sentado nosotros que, “los misterios sólo existen en la ignorancia”. [2] No creemos que sea su fe “el reino de Dios o mundo celestial”, sino que lo ha estampado para presentar a los misteriosos filósofos de la antigüedad.


Libro: Filosofía Austera Racional, Cuarta Parte.

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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