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Joaquín Trincado

Cicerón (Marco Tulio)

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 18 feb
  • 3 Min. de lectura

MARCO TULIO CICERÓN. (106–43 años antes de Jesús): Ilustre creador cuyo nombre ha llegado a ser sinónimo de elocuencia, era hijo de una buena familia provincial. Después de haber empuñado durante un corto tiempo las armas, dedicóse al estudio de Derecho, Política y Literatura, distinguiéndose en dichos estudios y aún más en los debates del Foro.


Efectuó luego un viaje de estudio por Grecia y Asia y a su regreso puso de manifiesto su carácter y gran elocuencia, defendiendo con todo éxito a un hombre que con la mayor injusticia había sido acusado de parricidio. Las circunstancias le obligaban no sólo a probar la inocencia del acusado sino también evitar el resentimiento del tirano Sila, por ser los verdaderos asesinos que eran justamente los acusadores, favoritos del dictador. Cicerón supo obligar a Sila a sufrir para que la justicia siguiera su curso. Al año siguiente marchó nuevamente a Grecia para completar sus estudios.


A la muerte de Sila volvió a Roma y se inició en la política, comenzando por hacer un estudio de todos sus amigos y vecinos, tratando de conocer en lo posible los principales ciudadanos de las distintas ciudades del país. Cuando cumplió los treinta años solicitó ser cuestor; obtuvo el cargo y fué designado para ejercerlo en Sicilia, en un momento en que Roma sufría una gran carestía. Con gran habilidad y sin dañar los intereses de la provincia a su cargo, pudo Cicerón enviar gran cantidad de trigo a Roma, con lo cual ganó el favor del pueblo obrero, que recibía gratis el trigo de los graneros de la República.


La equidad que mostró Cicerón durante el tiempo de su mando hizo que se captara el cariño de los sicilianos, tanto que, cuando volvió a Roma, le encargaron, como prueba de la estimación en que le tenían, de ventilar las exacciones de Verres. Era ésta una ardua tarea para Cicerón, pues el acusado era defendido por Hortensio, que aspiraba al consulado y trataba de dar largas al asunto hasta ocupar tan alto cargo. Cicerón comprendió el peligro y pintó la obra realizada por Verres con colores tan poderosos y brillantes, que después de dos mil años encanta aún a los lectores. A falta de jueces que quisieran oír su acusación, apeló al público, y el público declaróse con tal unanimidad en su favor que Verres no se atrevió a esperar la continuación del proceso y se desterró. Fué éste un medio de conservar el fruto de sus rapiñas, pero el efecto moral se había ya logrado, y sus sucesores tendrían en lo sucesivo más consideraciones a los habitantes de los países vencidos.


Elegido cónsul, estalló una conspiración contra la República que ya tenía sus ramificaciones en todo el país, pero a pesar de la situación aciaga supo Cicerón obrar con tal decisión que el movimiento quedó frustrado, concediéndole el senado el título de "Padre de la patria", que nadie había conseguido antes que él. Su triunfo había de ser efímero, pues los conjurados que no habían muerto y que soñaban con una segunda tentativa encontraron peligrosa la elocuencia de Cicerón por lo cual le acusaron de haber ordenado dar muerte a ciudadanos sin juzgarlos. Viéndose abandonado por todos se desterró voluntario, escribiendo en ese lapso de tiempo la mayor parte de sus obras.


Cuando la guerra civil, actuó de mediador y defendió a Ligario, siendo esta defensa uno de sus mayores triunfos oratorios. El acusado estaba condenado de antemano, y Céser no escuchaba la defensa más que por la forma; la justa elocuencia de Cicerón hizo que cayese de sus manos la sentencia de muerte.


Tratando de reunir a todos los partidarios de la vieja República, captóse la enemistad del tirano Antonio quien ordenó su muerte, siendo el agente que dirigió a los asesinos un individuo a quien Cicerón había salvado de la pena de muerte. Viéndose alcanzado por sus asesinos mientras se dirigía a su villa en Gaeta, hizo detener su litera y recibió la muerte con noble serenidad.


Las obras de Cicerón se clasifican generalmente en obras retóricas, oraciones, cartas y tratados de Filosofía moral.

Mayo 15 de 1936.

LA BALANZA NÚM. 82.

 
 
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