Berta, Baronesa de Suttner
- EMEDELACU

- 18 feb
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BERTA, BARONESA DE SUTTNER, era de soltera la condesa de Kinsky, hija de un teniente mariscal de campo al servicio del emperador de Austria, Fernando I, – que sucedió en 1835 al que hasta 1806 había sido el último soberano del Santo Imperio Romano del Occidente, (Francisco II) y que hubo de renunciar como tal cuando Napoleón I se adjudicó ese título – y por parte de madre descendía Berta de la familia del capitán Carlos Teodoro Koerner. Ese famoso capitán y poeta a quien se le dió el sobrenombre de El Tirteo de Alemania y a quien sus agradecidos compatriotas convirtieron en ídolo, estando en su habitual recorrido matutino de inspección, salió al encuentro de un cuerpo de caballería francés que se proponía sorprender la guarnición de Rosenberg, el 26 de agosto de 1813, golpe que pudo frustrar por el ruido de las detonaciones durante la breve escaramuza, pero cuyo triunfo pagó el héroe con su vida. Era por ésto que se tenía tanto a honra el pertenecer a la familia de Koerner.
Berta nació en la histórica ciudad de Praga, el 9 de junio de 1843. Su padre falleció cuando ella contaba breves meses de vida y desde entonces no tuvo más amparo que su madre, la Condesa Sofía, quien siendo una delicada e inspirada poetisa impresionaba el tierno sentimiento de su hija con las tradiciones que tanto encanta a los alemanes y en especial sobre la vida de Koerner, en cuyos famosos dramas reflejábase la lucha entre el bien y el mal y le hacía verter lágrimas cuando le leía la versión que la admiración popular había tejido alrededor de la muerte del valiente capitán, pero la niña no quiso destinarse, como parece entenderse de su actuación, a enredarse en un sentimentalismo que a su vez constituye un factor que atenta contra los verdaderos destinos que el hombre suele olvidarse.
Su madre, por su situación desahogada pudo darle una esmerada educación, enseñándole idiomas y despertar su desenvolvimiento intelectual con viajes a través de Italia, Alemania y Francia, en cuya época comprometiéndose con el príncipe Adolfo Von Wittgenstein que se sentía atraído por la hermosa voz de la joven condesa, pero cuyo matrimonio no se realizó por la muerte prematura del príncipe.
En 1875, a los treinta y tres años de edad, a pesar de la oposición de ambas familias, se casó con el escritor Arturo Gundakkar, barón de Suttner. Su viaje de novios tuvo todas las apariencias de una fuga que así lo fué, pues ambos, desterrándose voluntariamente de la situación desahogada en que vivían sus familias se dirigieron a Tiflis, ciudad de la Transcaucasia rusa donde se ganaron la vida, ella dando lecciones de canto e idiomas y él enseñando dibujo y ejerciendo su profesión de ingeniero.
Cuando en 1884 se reconcilió con su familia y habían adquirido cierta popularidad en su patria por numerosos artículos que publicaron en diversos periódicos como por su novela High life, fueron a radicarse en el castillo de Hartmannsdorf en la Baja Austria, donde ella escribió entre otras su famosa obra Die Waffen Nieder (¡Abajo las armas!) publicado en 1889 y ha sido traducido a casi todos los idiomas. Este libro constituyó para aquellos tiempos un verdadero monumento destinado a sacudir el marasmo en que había caído la moral humana, ante la que quiere descubrir la diferencia entre la fantasía morbosa y el verdadero significado de la guerra y por lo que se puede señalar a su autora como uno de los precursores de otros maestros que luego harían su aparición.
Como una apóstol de la paz recorrió numerosos países de Europa, dando conferencias sobre este tema y fundando en 1891 en Viena la Unión de los amigos de la paz (Verein der Frieden Freunde) y de 1892 a 1899 dirigió la revista mensual ¡Abajo las armas! acudiendo a todos los congresos que por entonces se reunían, en uno de los cuales, el de Berna en 1892, tuvo una entrevista con el ingeniero Alfredo Nobel, alrededor de la cual se tejieron rumores según los cuales se habría inspirado Nobel en las ideas que perseguía Berta y que hicieron pronunciar al ingeniero escandinavo esa famosa frase: Mis factorías pondrán tal vez antes fin a la guerra que vuestro Congreso Internacional de la Paz. Si dos ejércitos opuestos pueden destruirse en breves segundos, todo el mundo civilizado retrocederá horrorizado y no tolerarán más ejércitos. Y dijo bien, pues apenas habían pasado un mes y medio del fallecimiento de la abnegada escritora, estalló el conflicto europeo, dando fe que sólo la guerra es capaz de matar a la guerra, pero no porque la guerra sea necesaria, pues justamente ha sido la misión de todos los verdaderos pacifistas el señalar el deber que tiene cada hombre de evitar las catástrofes y las injusticias, porque la humanidad quiere hartarse de todo lo monstruoso antes de rechazarlo por inmoral. Por eso lejos de afectar a la baronesa Suttner las palabras del sabio sueco, hacen resaltar más su abnegación en la lucha social.
Cuando la muerte de su esposo (1902), se trasladó a Viena donde residió hasta el fin de sus días (21 de junio de 1914), excepto durante 1912 en que, a pesar de su ya avanzada edad estuvo dictando conferencias en Estados Unidos en favor de la paz.
De sus obras mencionaremos Inventar einer Seele (1880); High Life; (1884); Erzählte Lustspiel (1887):Maschinenzeitalter (1887); Die Waffen Nieder (1889); Doktor Hellmuth Donnerstage (1891); Eva Liebeck (1892) D. Tief Innerste (1892) Trente et Quarante (1893); Im Berghaus (1893); Ein manuskript(1894); Es Lowos (1894); Hanna (1894); Einem Schlechter mensch (1894); Phantasien über d. Gotha(1894); Einsam und arm (1896); Frühlingszeit Anthologie für Erwachsene. Tochter (1896); Schmetterlinge (1897); An der Riviera (1897); Schriftsteller Oman (1898); Daniels Dornes (1899);Kukuk; Schach der Qual (1899); Der Haager Friedenskonferenz Tageblatter (1900); Kieg und Frieden (1901); Martha's Kinder (1902); Briefen an einen Toten (1904); Vor der Gewitter (1904); Der Krieg und seine Bekämpfung (1904); Babys siebente Libe (1905); Randglossen zur zeitgeschichte (1906); Stimmen und gestalten (1908); Memoiren (1908); Martha's Kinder (continuación de “Die Waffen Nieder”) (1912); Menschheit Hoch Gedanken (1912).
Después de su muerte reunió R.H. Fried todos sus artículos más pequeños que escribió sobre el pacifismo y los publicó en dos tomos bajo el título de Der Kamps um die Vermeidung der Weltkrieges.
1° y 15 de Junio de 1940.
LA BALANZA NÚMS. 178 Y 179
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