Camilo Cavour (1809-1861)
- EMEDELACU

- 16 abr 2025
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Actualizado: hace 6 días

Célebre hombre de Estado italiano. Era hijo de una antigua familia que desde el siglo XII ejerció notablemente influencia en la política italiana, abrazó en un principio la carrera de las armas, y fue teniente de ingenieros; pero renunciando muy pronto a la gloria que en el ejército pudiera adquirir, porque sus ideas liberales formarían invencible obstáculo para ganar ascensos, residió primero en París y luego en Londres, a fin de estudiar la organización industrial y de la hacienda en estos dos países.
Durante el tiempo que permaneció en Inglaterra pudo apreciar también el espíritu y mecanismo de las instituciones representativas, y cuando regresó a Italia era ya el atleta político a quien no habían de sorprenden ni asustar secretos y dificultades del gobierno; el orador hábil que sabría triunfar en las lides de la palabra.
Profesaba ya por aquellos días un sistema económico y un principio político que logró ver aplicados diez años más tarde, merced a una conducta de táctica consumada, prudente, moderada, pero a la vez firme y atrevida, hábil y afortunada.
De regreso en Turín, procuró sacar a Italia del letargo en que yacía presentando a los ojos de sus compatriotas el triste espectáculo del atraso presente de un país que había iniciado a Europa en todos los progresos, e insertó en las publicaciones periodísticas trabajos verdaderamente notables, y que causaron profunda impresión en su patria. Tal fue entre otros, el artículo sobre los "Caminos de hierro en Italia". Mostraba en aquel escrito que el establecimiento de un sistema uniforme de vías férreas, sería el medio de llegar a la constitución de la unidad italiana por las relaciones cariñosas de los "príncipes nacionales, francamente apoyados por todos los partidos".
Un singular Estado, llamado "Patrimonium Petri", imperio religioso, necesitaba para su existencia de la subdivisión de Italia. Así fue, que caído Napoleón I y perseguida su política reformadora con la más refinada saña por los cristianísimos soberanos firmantes de la "Santa Alianza", quedó la península, aparte del Estado Pontificio, dividido en ocho estados más. Estas medidas tiránicas causaron las consiguientes agitaciones, pues a pesar de los esfuerzos de los pastores de almas, comenzó a encontrar eco en las masas las advertencias de los hombres más preclaros, protestando contra tal desborde de pasiones inmorales.
A pesar de la brutal reacción, vióse el causante principal de todas estas injusticias, en el mayor de los apuros. Como efecto de la efervescencia producida por la revolución francesa de 1848, sublevose la población del Estado Pontificio, cuya administración se desorganizaba cada día más debido a la absoluta imposibilidad de reglamentar la constitución civil con los preceptos religiosos, y vióse el emperador pontífice en la necesidad de huir a Gaeta; pero, a pesar de llamarse representante de un "dios de las misericordias" autor de "milagros", no pudo recuperar su trono mediante ningún procedimiento legal, sino solamente derramando ríos de sangre con armas extranjeras que a sangre y fuego humillaron a la desconsolada población que anhelosa de justicia se había agrupado bajo la protección del abnegado José Garibaldi. Este noble luchador no pudo, debido a la división de su patria, hacer frente en esa oportunidad a la gigantesca confabulación, cayendo la infeliz provincia Romana una vez más bajo el dominio del despotismo.
La agitación empero no era posible ya ahogarla. Cavour, por su parte que era ministro de Comercio y Agricultura del reino de Cerdeña, unió en 1851 a la citada cartera la de Hacienda. El primer cuidado del nuevo Ministro fue restablecer, por sabias y vigorosas medidas, el equilibrio entre los gastos y los ingresos. Inspirándose en las leyes liberales de Inglaterra para el comercio y en el sistema administrativo de Francia, caminó con paso firme hacia la regeneración de su país; más halló viva oposición para el establecimiento del librecambio, y salió del gobierno (1852), tras una ruptura famosa con Máximo Taparelli marqués de Azeglio. Pero habiendo ganado por su conducta las simpatías de todos los amigos del progreso, recobró en breve plazo el poder, con el título de presidente del Consejo, que conservó ya hasta su muerte.
De mediana estatura, pero de constitución robusta, Cavour tenía un carácter fácilmente irritable, un ingenio incisivo y de felicísimas agudezas, una voluntad enérgica e inflexible, y una actividad verdaderamente extraordinaria. Durante la campaña de Italia dirigía a la vez los Ministerios del Interior, Guerra y Negocios Extranjeros. Apenas dedicaba cuatro horas al sueño; y cuando le decían que cuidase de la conservación de su salud, tan necesaria para la patria, contestaba que no tenía tiempo.
Amaba poco a los sacerdotes. Quienes a su vez le odiaban. En conversación con él sostenida, Madame Luisa Colet le dijo que era igual que Rechelieu, "menos en la sangre", y Cavour replicó: "Y menos en la sotana, que yo detesto".
Septiembre 15 de 1937.
LA BALANZA NÚM. 114.

Libro:Biografías de la Revista Balanza
Autor: Joaquín Trincado
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