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Joaquín Trincado

Abd-Allah

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 4 jun
  • 5 min de lectura


ABD – ALLAH. El último rey de Granada, Abd-Allah o Abdala-Ibn-Dalkin figura en las crónicas españolas con el nombre de Boabdil el Chico, ya sea por haber sido proclamado muy joven, o según sostienen otros, para distinguirlo de su tío paterno, Abd-Allah el Zagal.

Su padre el soberano guerrero Muley Hassan y su madre la Sultana Horra (Aixa Bint Muhammad Aben-Al-Ahmar). Siendo aún muy joven resultó, que después de uno de los muchos asaltos armados que los moros hacían contra los castellanos y en los cuales solía participar el rey en persona, llegó un cabecilla moro o adalid, con un grupo de españoles apresados y destinados a ser vendidos como esclavos. Entre estos presos se hallaba una joven castellana de singular belleza, llamada Isabel de Solís que vendida en pública subasta, fué adquirida para servir a la hermana menor de Boabdil, pero viéndola el rey se enamoró de ella, a lo que se opuso Aixa, pues siendo ésta la única esposa del soberano había de ser enemiga de todo ensayo de bigamia; pero la astuta esclava anhelosa del lujo y poder que ahora se le brindaba supo dominar completamente la voluntad de éste, logrando que desoyera y hasta desdeñara la justa reclamación de Aixa.


Muley Hassan comprendiendo que su falsa posición atentaba contra la seguridad del estado, pues la confusión iba tomando cada vez más incremento, se dejó inducir por su amante a obrar con extremada dureza y en defensa de su loca pasión mandó encerrar a su esposa legítima con sus hijos en la Alhambra, presentando al pueblo como reina a la Sultana Romia o Algieri Ya, que mientras tanto había abrazado la religión islamita y tomado el nombre de Zoraida.


Como Aixa contaba con muchos partidarios y con casi toda la simpatía popular mandó el rey custodiar la prisión con una poderosa guardia que haría ineficaz cualquier tentativa de liberación. Pero resultó que falleció uno de los hermanos de Boabdil. por lo cual pidió y obtuvo la afligida madre permiso para trasladarse a un castillo más apropiado que se hallaba en los alrededores, desde el cual fué más fácil fomentar la fuga de Boabdil, quien apoyado por varios cómplices, se descolgó en momento oportuno por una ventana alta valiéndose de los velos de las doncellas de su madre, anudadas a modo de cuerda y fué conducido inmediatamente a Guadix. La fuga fué relativamente fácil pues su padre se hallaba en su casa de recreo de Alixares.


Llegado al punto de destino revelaron al pueblo en su favor y así al frente de una gran fuerza armada marchó Boabdil de regreso a Granada. Muley Hassan al saber de la sublevación acudió asimismo con toda su gente, iniciándose en la ciudad capital del reino una terrible y prolongada batalla que continuaba aún indecisa cuando llegó la noticia que los españoles desde Córdoba habían puesto sitio a La Loja, resolviendo entonces ambos contendientes, sin dejar sus posiciones, suspender la lucha y marchar en defensa del estado. Obtuvieron en el primer encuentro un gran triunfo sobre los españoles, pero en una batalla posterior, salieron vencedores éstos, logrando apresar a Boabdil.


Muley Hassan tan pronto como tuvo noticia de la prisión de su hijo, dejó el campo de batalla y volvió prestamente a Granada donde pudo derrotar a los rebeldes. Mandó inmediatamente a su hermano Abd-Allah el Zagal a Almería donde la Sultana Horra se había hecho fuerte en nombre de su hijo. Resultó el Zagal vencedor en la lucha y tan fielmente cumplió su cometido que mandó dar muerte al último hermano que aún le quedaba a Boabdil. Muley Hassan vencido indudablemente por un profundo remordimiento, enloqueció repentinamente y falleció poco tiempo después. Su hermano aprovechó esta circunstancia para usurpar el trono.


Boabdil hubo de presenciar desde su prisión impotente estos sucesos, y en vez de prometer un reinado de paz como hubiera sido justo, juró a los reyes de España que si le devolvieran la libertad, se sometería por completo a los españoles tan pronto hubiera despojado a su tío del poder que no le correspondía. Los reyes de Castilla accedieron desde luego inmediatamente.


Sin revelar a nadie este secreto, proclamó la guerra contra el Zagal, contienda que duró más de un año y cuando al cabo del cual quedó éste vencido por una sublevación de su propia gente había llegado la hora de hacer efectivo lo pactado.


Cuando el pueblo llegó a sospechar algo y comenzó a dar muestras de desdén contra su rey y prepararse para la defensa, comprendió Boabdil el error que había cometido y ahora trató de enmendarlo neutralizando el cumplimiento de sus promesas y guerras a los españoles que osaran poner pie en su suelo, pero éstos lograron avanzar firmemente ante la conducta indecisa del rey y redujeron prestamente el área del reino a la ciudad de Granada, a la que pusieron sitio tan completo que pronto faltaron los alimentos y el descontento y el desánimo general hacían prever la inutilidad de toda resistencia, por lo cual resolvieron las autoridades moras entregar la ciudad. La capitulación se hizo con dignidad por ambas partes. Los españoles dejaron al soberano en posesión de todos sus bienes. El pacto expresaba además que ningún musulmán sería obligado a convertirse al cristianismo si así no fuera su expresa voluntad. Sin embargo, al poco tiempo apareció el fanático Cisneros quien al frente de un poderoso grupo de intransigentes se impuso a los liberales y obligó a la violación de las cláusulas conciliatorias del pacto firmado solemnemente, con diversas arbitrariedades. Así por ejemplo, a pesar de comprometer a personas respetables y rectas como la reina Isabel, Gutiérrez de Cárdenas, el príncipe don Juan, el cardenal Mendoza, y otras, logró el inquisidor que los moros no bautizados fueran humillados y sujetos a una crecida paga que se denominaba tributo morisco.


A consecuencia de una medida tan infausta como indigna, hubieron de ocurrir graves desórdenes que Cisneros supo aprovechar para dar el golpe de gracia a la libertad de creencias, pues impuso a los musulmanes estas condiciones; renegar de su religión, emigrar o morir. Millares de estos infelices fueron bautizados bajo amenazas de muerte. Otros que vendiendo sus bienes pudieron pagar su traslado a África, abandonaron para siempre el suelo que hasta entonces había sido su patria. Entre éstos últimos se encontraba Boabdil. Ya en marcha y en compañía de su madre Aixa, su mujer y sus hijos, al pasar una cuesta cerca de Padul que ha pasado a la historia con el nombre de El Suspiro del Moro, detúvose el soberano exilado para echar una última mirada hacia Granada que se distinguía a lo lejos. Afírmase que su madre, al verle exhalar un profundo suspiro mientras que algunas furtivas lágrimas corrían por sus mejillas, le dijo; “Haces bien en llorar como mujer lo que no supiste defender como hombre”.


Llegado a África se instaló en Fez, hallando finalmente la muerte en la batalla de Bácuba, en una de las tantas luchas internas que habían de terminar con la sumisión del imperio de Marruecos tal como las mismas causas acarrearon el fin del reino de Granada.


1° y 15 de Octubre de 1941.

BALANZA NÚMS. 210 Y 211.


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 
 

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