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Joaquín Trincado

Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Abarcamos en esos dos nombres, 28 siglos de historia, en los cuales, nuestro mundo, ha sufrido las grandes catástrofes, siempre preparadas y ejecutadas por las religiones; cuya esencia histórica podemos comprenderla deducida del “Te perdono”, “Memorias de un Espíritu»” IRIS; recopilado por Amalia Domingo Soler, dictadas por el espíritu de IRIS – TERESA, justificándose y reivindicándose del misticismo absurdo con que la religión la denigra.


No nos ocuparemos de Iris que presencia el asesinato por la cicuta, del sabio y odiado por el Areópago griego, Antulio: ni del otro asesinato del Golgota que aún se sigue ejecutando, que la Samaritana, antigua Iris, presencia. Nos ocupa hoy Teresa Sánchez Cepeda Dávila y Ahumada que la religión ha santificado para sufrimiento de su fuerte y rebelde espíritu, a cuanto no sea racionalismo.


De sus obras, gloria de la literatura española, enteramente pagana que nos han dado, no son las que Teresa escribió hablando con las flores, las fuentes, las montañas, el Sol y las estrellas. Ni sus otros escritos anotando la vida de los humildes, comparando aquella pobreza y virtud, con la bacanal de los conventos y las insaciables pasiones de los confesores, ministros de Dios.


Toda su obra le fué secuestrada por su siempre vencido lascivo confesor que la mistifica obligándola a firmarla, aunque sí con los mismos nombres que diera a sus libros. No ha llegado al público nada de lo que Teresa escribió porque todo ello era antirreligioso.


¿Cómo, se dirá, es Teresa antirreligiosa fundando conventos y viviendo en ellos?... Cuando se convenció de que a pesar de sus títulos de nobleza y el pase y sello real que ostentaba, nada podía hacer para liberalizar al pueblo, se dijo: levantaré conventos donde la pudibundez y el vicio se esconda y escandalice y contagie menos al pueblo; y cuantos millones gaste en ello, será pan para los obreros y no irán a las arcas del Vaticano. Ese fué su propósito, a la vez que, si le fuera posible, con la “Reforma” de las Carmelitas, cerraría al claustro a las bacanales. No consiguió esta segunda parte, y porque se le descubrieron, aún entró en las mazmorras de la inquisición con todos sus títulos y el sello real.


Desencarnó por efectos del veneno suministrado por otra Teresa, a la que descubrió guardar sus escritos y, al luchar con ella para rescatarlos, ésta prendió fuego a la celda quemándose con ellos y Teresa Sánchez de Cepeda logra salvarse arrojándose por la ventana. Elegid entre la mística o la pagana racionalista Teresa.

 

                                                                                    1582 – Octubre 15 de 1935.

LA BALANZA. NÚM. 68.


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 
 

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