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Joaquín Trincado

Pitágoras

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • hace 11 horas
  • 3 Min. de lectura

Célebre filósofo griego (vivió 569 a 470 antes de Jesús). Su educación, la propia de todo griego de su época; cultivábase el cuerpo y el espíritu y así el hombre se formaba física e intelectualmente. Su padre era grabador y comerciante de metales y piedras preciosas, lo que le proporcionaba una vida desahogada y contribuyó a la mejor educación de Pitágoras, por quien los principios de la Escuela Jónica llegaron a ser conocidos muy a fondo. Se consideraba entonces los viajes como uno de los más eficaces medios de educación y así lo establece la misma Escuela Pitagórica. Por eso es más que seguro que hizo numerosos viajes a Egipto y comarcas orientales y conoció las doctrinas de Zoroastro. Créese que Pitágoras después de adquirir gran celebridad en Samos (su tierra natal) e islas contiguas fué obligado a abandonar su patria estableciéndose entonces en la parte meridional de Italia.


La influencia de Pitágoras dejóse sentir desde el momento en que pisó aquellas playas. Sus elocuentes discursos atraían a miles de crotonianos a quienes predicaba el abandono de los vicios y la necesidad de que en todas las acciones humanas dominara una regla moral, el hombre debía procurar ante todo ser hombre y después ser semejante a Dios, llegar, en suma, a la mayor perfección posible. Estas prédicas tuvieron gran repercusión en las costumbres de los habitantes de Crotona. La constitución de Crotona era democrática; el pueblo elegía los magistrados y les pedía cuenta de sus actos al cesar en las funciones de gobierno. Llegó Pitágoras y al poco tiempo el gobierno de la ciudad se convirtió en aristocrático, porque siendo la moral y la ciencia el camino de la perfección humana era preciso respetar la autoridad científica y moral de los aristoi, los mejores, los más perfectos.


Célebre en su colegio pitagórico que establecía un régimen de comunidad material y espiritual, donde el pensamiento individual quedaba completamente anulado sin que hubiera otra moral, principios, regla o propósito que la palabra del Maestro. El caudillo de la democracia, Cilón, que era un ciudadano de carácter ambicioso e inquieto, había pretendido ingresar en el orden pitagórico, más Pitágoras, que con tan escrupulosa atención examinaba hasta en los rasgos fisonómicos de los que aspiraban a los secretos de su doctrina, negóse a los deseos de Cilón, naciendo así una enemistad de éste a Pitágoras. Cilón consiguió revelar a los partidarios de la democracia que derrocaron el gobierno de los aristoi dando muerte a Pitágoras y la mayor parte de sus discípulos.


Se descuenta que Pitágoras haya escrito obras, pues los filósofos de esa época veían en la palabra escrita algo atentatorio a la libertad del pensamiento. Era condición esencial de la Escuela la incomunicabilidad del pensamiento y no podían darse al público sin infringir el precepto. En la asociación pitagórica todo era común y entre los amigos se observaba una completa fidelidad. Aún perdida la influencia conservaron mucho tiempo gran favor los pitagóricos por su ciencia y su virtud.


Su doctrina es principalmente matemática que surge de la consideración de los números y de las figuras y de ellas hacen la base de la belleza y de la armonía. Los números implican algo intelectual; son el símbolo de la inteligencia, así coloca la unidad, consecuencia necesaria de sus deducciones matemáticas por encima de todo lo que es, como principio y como elemento. Los pitagóricos reconocen en el alma un número que se mueve a sí mismo, una armonía con individualidad propia que pasa de uno a otro cuerpo, base doctrinal de la metempsicosis. En la edad media se hallan vestigios de él en los misterios de la Alquimia.


En el Renacimiento son Nicolás de Cuso y Giordano Bruno que reproducen el pitagorismo.

 

Abril 1°. de 1936.

LA BALANZA NÚM. 79.


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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