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Joaquín Trincado

Séneca Lucio Anneo

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • hace 3 días
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Célebre filósofo y escritor español. Era hijo de Mario Anneo Séneca y de Helvia; nació en Córdoba, tres años antes de Jesús. A temprana edad fué llevado por su padre a Roma, donde se dedicó al cultivo de la Poesía y a la Elocuencia.


Demostró en el estudio tal empeño, que su padre llegó a temer por su vida, pues su saIud se quebrantaba por un trabajo excesivo. Siendo aún muy joven, se ejercitó, no por largo período, en el foro, ganando la fama por su elocuencia y despertando la envidia y las burlas de otros declamadores, entre quienes se contaba el emperador Calígula, que se creía el primero de los oradores, y que trocó al cabo sus amargas censuras en terrible ojeriza, hasta el punto que pensaba en condenarlo a muerte después de haberlo oído hablar cierto día en el senado.


Falto de guía para elegir una escuela entre tantas como se disputaban el triunfo, Séneca, entrado apenas en su juventud, procuró seguir al propio tiempo las huellas de los estoicos y de los pitagóricos. Diariamente hacía un escrupuloso examen de conciencia. Dormía en duros y míseros jergones y a pesar de las zozobras de su espíritu fué muy superior a cuantos jóvenes que aparentaban amar la Filosofía, y de los cuales dijo que eran, no discípulos, sino inquilinos de los filósofos.


En la primavera de su vida marchó a Egipto, aspirando a conocer los secretos de la ya famosa escuela de Alejandría. Vuelto a Roma fue nombrado cuestor; pero acusado de haber cometido adulterio con una hija,  fue desterrado a Córcega. En los ocho años de su destierro escribió su inolvidable libro "De Consolatione", dedicado a su madre. Nuevamente en Roma, le confió  Agripina la educación de su hijo Domicio. Desde esta fecha fué Séneca adquiriendo grandes riquezas y comenzó a vivir en medio de un lujo esplendoroso sin, empero, variar en la sencillez de sus costumbres. Agripina le hizo pretor. Después fué elevado a la dignidad de cónsul. Admirado de la juventud romana, despertó la envidia de su mismo discípulo Nerón. Este, cuando siendo ya emperador, hubo mandado asesinar a su propia madre, dirigió al Senado una carta en la que participaba que Agripina después de haber intentado asesinarle, se había suicidado. Culparon todos a Séneca de haber escrito la carta a nombre de Nerón. El emperador, al cabo dió oídos a los que odiaban a su maestro.


Conocedor de la maligna y mudable condición de su discípulo, Séneca, creyendo conjurar la tempestad que le amenazaba, donó a Nerón todos sus cuantiosos bienes con estas palabras: "Adquirirás la gloria de que por ti hago desprecio de fortuna". El soberano abrazó en público y besó repetidas veces a su maestro, negándose a lo que éste deseaba, porque si accedía a ello, los maliciosos lo atribuirían a la avaricia del emperador y no a la modestia del filósofo.


Habiéndose descubierto una conspiración contra Nerón vióse Séneca envuelto en ella. El filósofo que ajeno a todo esto vivía con su esposa Pompeya Paulina en una finca situada a cuadro millas de Roma, fué entrevistado por un tribuno quien después de interrogarle volvió a Roma. Nerón le preguntó si había visto en el semblante de Séneca señal alguna de temor a la muerte. Como el tribuno contestó negativamente, ordenó que tornase a la casa del Maestro para notificarle que estaba condenado a la última pena, dejándole elegir el género de su muerte.


No se alteró el filósofo. Pidió tiempo para dictar su testamento, y como se lo negaran animó a sus amigos a que abandonasen el llanto. Abrazó a su mujer y la exhortó a la fortaleza y al consuelo; pero ella no quiso sobrevivir a su esposo. Ambos, a un tiempo, se abrieron sus venas. Séneca, temeroso que al ver el tormento de su amada esposa le arrancara alguna queja la persuadió a que se apartase de su vista a lo que ella accedió. Como la elocuencia no se había separado del ánimo del filósofo, mandó éste que se escribieran las palabras que a la sazón pronunciaba sobre la brevedad de la vida y la inconstancia de la fortuna. Luego que rindió el postrer aliento fué quemado sin pompa alguna, según había prevenido en un codicilo siendo rico y poderoso.


Su mujer le sobrevivió algunos años, pues Nerón había mandado impedir que se desangrara Pompeya. Esta, mostrando haber perdido sangre, recordó a todos que había querido imitar en la muerte a su esposo y se atrajo la veneración de las gentes.


Séneca, aparte de sus méritos como poeta, se distinguió como escritor polígrafo. Poeta y orador desde su juventud aspiró al lauro del geógrafo y del historiador, sin menospreciar la gloria del naturalista, anhelando al par el noble galardón del moralista y del político.


 

Julio 15 de 1936.

LA BALANZA NÚM. 86.

 

Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado 

 
 

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