top of page
Joaquín Trincado

Simón Bolivar

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • hace 3 días
  • 10 Min. de lectura

PRIMERA PARTE (1783-1830)


SIMÓN BOLÍVAR (1783-1830): General y político americano, llamado “El Libertador". Terminada su educación,  joven aún, concibió el proyecto de recorrer la Europa en busca de útiles conocimientos, a cuyo efecto pidió pasaportes para España; visitó de paso México y la isla de Cuba; se dirigió a los Estados Unidos y de allí a Italia, Francia y luego España. Asistió en París a la coronación de Napoleón I y contrajo matrimonio en Madrid con una sobrina del Marqués del Toro.


De regreso a Venezuela, entregóse por completo a las dichas del hogar y al fomento de su cuantiosa fortuna. En esta época fué nombrado capitán de las milicias de los valles de Aragua, primer cargo militar que desempeñó. La felicidad de que disfrutaba fué efímera; una epidemia invadió el país e hizo una de sus víctimas en la esposa de Bolívar. Agobiado éste por el dolor que le causara tan inesperada pérdida, cayó en profunda tristeza y melancolía, y abandonando América continuó sus viajes por Europa.


De vuelta por segunda vez a América, se puso a las órdenes de Miranda después de haber con su protesta hecho estallar la revolución contra el capitán general Vicente Emparán que se había mostrado decidido a proclamar la nueva dinastía que violentamente se encumbraba en España.


La Junta Suprema le nombró coronel, confiándole la misión de dar al gabinete inglés cuenta del cambio de gobierno. Marchó Bolívar a Londres y obtuvo de la Gran Bretaña la solemne promesa de que ésta no intervendría en nada en los asuntos y negocios de la América meridional. Conseguido este satisfactorio resultado, se trasladó a Caracas y se dedicó sin tregua ni descanso a la consolidación de su obra. Ante sus ardorosas palabras llenas de fé, formáronse los ejércitos, y desde este instante su vida fué una serie no interrumpida de heroicas acciones y de sublimes hechos.


Hubo sin embargo, de armarse de gran abnegación ante graves contrariedades como lo eran la falta de armas y alimentos para sus soldados. También fué autor del acta de independencia (5 de julio de 1811), pero vencido por los realistas hubo de huir a Cartagena, hasta que en 1812 pudo aprestarse nuevamente a la lucha, esta vez con más éxito. En tres meses libró quince combates, y habiendo logrado arrojar a los españoles de Venezuela, hizo su triunfal entrada en Caracas en 1813, recibiendo con el título de "Libertador" la dictadura suprema.


Al llegar nuevas tropas españolas al mando del sanguinario general realista Pablo Morillo, Bolívar tuvo que huir ante la superioridad numérica y refugiarse en Santo Domingo (1815). Pocos meses después, teniendo organizado ya un nuevo ejército y hasta una escuadra, desembarcó en Venezuela, siendo proclamado presidente de la república.


En las batallas de Boyacá y Pichincha independizó a Colombia y Ecuador. De aquí marchó al Perú cuya independencia aseguró en la batalla de Ayacucho. Marchando siempre al sur hizo su entrada en la ciudad de la Paz, donde fue coronado por el pueblo con un laurel de oro cubierto de brillantes. Bolívar se lo quitó en el acto, y ciñó con él la frente del general Antonio José de Sucre, diciendo: "Él fue quién dió la libertad al Perú en el campo de Ayacucho". En Octubre de 1825 subió a la cumbre del cerro del Potosí, y enarbolando las banderas colombiana, argentina, chilena y boliviana, exclamó lleno de gozo: "La gloria de haber conducido triunfantes los estandartes de la libertad hasta estas frías regiones es superior a los inmensos tesoros que se hallan a nuestros pies." El pueblo le ofreció la presidencia de Bolivia.


No pudo empero vencer las luchas intestinas en las cuales sus antagónicos en política le acusaban de pretender una presidencia vitalicia y  aspiraba a la corona. Así fue que en 1829 estalló una revolución por la que separaron Colombia, el Perú y Venezuela. Bolívar resignó el mando en 1830, y este sirvió de pretexto para que se separase también el Ecuador, quedando rota la confederación colombiana, por la que tanto había luchado el héroe, que murió pocos meses después, a los 47 años. En su lecho mortuorio dispuso que se quemasen todos los documentos  y correspondencia que poseía.

Octubre 1° de 1937.

LA BALANZA NÚM. 115.

SEGUNDA PARTE


SIMÓN BOLÍVAR :  Llamado el libertador, era hijo de Juan Vicente Bolívar y María de la Concepción Palacios y Sojo. Jóven aún pensó recorrer Europa en procura de mayores conocimientos que complementaran sus estudios, para lo que se dirigió a España, visitó luego a México, Cuba y Estados Unidos, de allí fué a Italia, Francia y nuevamente a España. En Madrid contrajo enlace con una sobrina del Marqués del Toro, regresando a su patria deseoso de disfrutar de la tranquilidad del hogar y fomentar el crecimiento de su fortuna.

Fué nombrado Capitán de las milicias de los Valles de Aragua, primer cargo militar que desempeñó.


Entre tanto, una epidemia que invadió el país, hizo una de sus víctimas en la esposa de Bolívar, quién se sintió profundamente agobiado por el dolor que le causara tan inesperada pérdida. Huyendo de la tristeza fué nuevamente a Europa y regresado a su patria se estableció en Caracas y empezó entonces ese período de su existencia que había de llenar a América de su nombre y de su gloria.


Vicente Emparain, que ejercía el cargo de Capitán General de Venezuela, era decidido partidario de la proclamación de la nueva dinastía que se imponía violentamente en España.

Bolívar se opuso a sus proyectos y levantando su voz de protesta hizo estallar la revolución de Caracas, el 19 de abril de 1810.


La Junta Suprema le dió el grado de Coronel y le confió la misión de dar cuenta al Gabinete inglés del cambio de gobierno.


Bolívar marchó a Londres y obtuvo de Gran Bretaña la solemne promesa  de que ésta no intervendría en nada de los asuntos y negocios de América meridional. Luego que hubo conseguido este resultado satisfactorio se trasladó a Caracas, donde se dedicó sin tregua a la consolidación de su obra.


Formaronse los ejércitos que redoblaron su entusiasmo y valor ante la palabra ardorosa y llena de fe de aquel hombre que marchaba en una serie no interrumpida de heróicas acciones. 


Su gigantesco esfuerzo hizo que se labrase el acta del 5 de julio de 1811, en la que se trataba del poder de la península y se sustentaban los principios filosóficos modernos.


Tuvo que huir de sus perseguidores refugiándose en Cartagena, en las orillas de Magdalena en (1812). Presentó el frente a los españoles en instantes en que su patria se veía desgarrada por las más encarnizadas luchas intestinas.


Sus proezas en Cúcuta, los Taguares y Araure, no fueron empañados por las desgraciadas jornadas de Cura, Urica y la Puerta. Bolívar tuvo que huir a Nueva Granada y en víspera del asedio de Cartagena por Morillo, se vió en la necesidad de emigrar a Jamaica, donde tuvo que salvarse del puñal asesino; pero no se resignaba a parangonar indiferente su pasada fortuna con su desgracia presente y con trescientos hombres, zarpó de los Cayos y en Margarita renovó la brillante epopeya,comenzando el acto final de la revolución de Venezuela.


Desde las montañas de Caracas a las riberas del Apure y desde los llanos de Casanares a las bocas del Orinoco, guió a sus soldados faltos de armas y alimentos pero enseñándoles a vencer en las batallas de Guayana, Calabozo, el Sombrero y San Fernando; pero fatigados fueron derrotados en la Puerta, Hogaza y Cumaná.


Bolívar oyó los lamentos de Nueva Granada, que gemía bajo el yugo y atravesando montañas que parecían inaccesibles, ríos y páramos, apareció en los campos de los oprimidos; luchó en Gámeza, Vargas y Donza, coronándose de laureles y en el memorable combate de Boyacá se cubrió de gloria.


Celebróse luego el Congreso de Angostura, compuesto de representantes de las provincias libres de Venezuela y Nueva Granada y el 17 de diciembre de 1819 nació la República de Colombia y a Bolívar se le concedió el título de Padre de la Patria.


El rey de España pactó con la nueva república. Bolívar y Morillo firmaron un tratado regularizando la guerra y es una de las más brillantes páginas de la historia militar del gran americano, pues en él se manifiesta la hidalguía y sentimientos de humanidad.


Renováronse las hostilidades en el llano de Carabobo y con el triunfo de Bolívar quedó sentada definitivamente la libertad de Colombia.


Partió rápidamente a los Valles de Táchira y Zulia, jurando cumplir la constitución de la República.


Fué enseguida a librar al Ecuador y en las jornadas de Bomboná le dió la emancipación, quedando Quito como parte integrante de la República.


Corrió luego en ayuda de otro pueblo hermano. Perú estaba aún abatido, confuso y apático, lo que hacía más pesada la enorme tarea, pero si en Ica, Moquegua y el Callao, su constancia fué puesta a prueba, en Ayacucho quedó establecida la independencia americana, naciendo de las provincias del Alto Perú, una república que tomó el nombre de su libertador, la República de Bolivia.


El 18 de agosto de 1825, los libertadores hicieron su entrada en la Paz y Bolívar fue coronado por el pueblo con laurel de oro y brillantes, pero Bolívar se lo quitó ciñendo con él la frente de Sucre, diciendo: “Él fué quien dió la libertad al Perú en el campo de Ayacucho”.

El 26 de octubre de 1826, subió a la cumbre del cerro del Potosí y enarbolando las banderas argentina, colombiana, chilena y boliviana, exclamó: “La gloria de haber conducido triunfantes los estandartes de la libertad hasta estas frías regiones, es superior a los inmensos tesoros que se hallan a nuestros pies”.


Gloriosa fue su obra como militar pero no lo fué menos como político. Comprendía que no era posible pasar del sistema que les regía a un sistema federal, no sólo por lo brusco del cambio, sino por las diferentes masas que componían su país y viendo que de otro modo se excitarían las pasiones, se limitó a dimitir enseguida de presentar al Congreso de Angostura, un proyecto de Constitución, en el que proponía la creación de un gobierno parecido al de Inglaterra. Proponía también, un senado vitalicio y una aristocracia constitucional en la que se uniesen los talentos de orden civil, militar e industrial, sumando de este modo la nobleza, el talento y la riqueza.


Sus esfuerzos fueron inútiles porque creyó que se creaba una supremacía y el pueblo no le entendió en su propósito de algo que era necesario realizar para su tiempo y como una transición para poder abarcar todos los valores positivos que sirvieran luego a los fines de ayuda y sostenimiento del pueblo.


Los legisladores del Congreso no atendieron su llamado, pero el tiempo se encargó de demostrar qué acertado estaba Bolívar en sus intenciones y mientras el patriota llevaba en triunfo las banderas de las repúblicas a que se diera libertad, su patria se hallaba en el caos por los levantamientos militares y la bancarrota que trataba de imponerse en aquella sociedad.


Bolívar regresó, y al rayar el año 1827 salvó la crisis sin derramamiento de sangre y sostuvo la República, sometiéndola a su autoridad.


Pasó Bolívar por terribles pruebas antes de reunirse la convención de Ocaña; todas las pasiones estaban desatadas, parecía que había llegado la hora fatal, término para el Estado que, con tanto  amor había fundado.


La Constitución había sido hollada, disuelta la Asamblea sin haber podido desempeñarse en la obra que era su misión y que tanto bien podía haber desarrollado en favor del Estado que con tanto anhelo creara Bolívar.


Colombia vió atemorizada el abismo que se abría cerca de sí y temerosa de perecer, se entregó por entero a Bolívar, proclamándole Dictador. Éste, dando ejemplo, moderó su poder promulgando el Decreto orgánico y convocando la Representación Nacional para 1830.


En la noche del 25 de septiembre de 1828, se hizo un atentado criminal contra la existencia del libertador, del que salió ileso, pero la fobia y la envidia encontraron otro medio, otra arma, y la baba de la calumnia manchó su vida pública, pretendiendo que el Dictador procuraba una presidencia vitalicia.


Desde ese momento se produjo en Bolívar, un decaimiento, pensando que la historia pudiera escribir junto a su nombre el estigma de tirano, porque su grandeza de alma no le permitía comprender las miserias y la saña oculta en las rencillas de los que le rodean; así permaneció enmedio de aquella sociedad indiferente y egoísta, majestuoso e inconmovible, pero sólo e ignorado en su grandeza. Reunido el Congreso le fué ofrecida la primera magistratura que rechazó y se retiró a la vida privada.


Quiso marchar a Inglaterra, pero todas las personas notables acudieron a la capital del Magdalena para disuadirle, convenciéndole de que para el bien común era necesaria su presencia en el país, pero su salud estaba minada por la terrible enfermedad contraída en el servicio de su patria y agravada por el dolor moral que le ocasionaron las injusticias y el destierro decretado por el Congreso de Venezuela.


Como general y político fue grande, como hombre y caballero fué noble y generoso.

Su inteligencia fue madurada precozmente por el estudio y los viajes; practicó en su vida privada todas las virtudes que en la vida pública fueron su más justo galardón.


En un solo día dió libertad a más de mil esclavos que tenía y en su lecho de muerte dispuso que se quemaran todos los documentos y correspondencia que conservaba, lo que demuestra que no sentía en su pecho ni deseo de predominio ni rencores.


La posteridad le hizo justicia y su nombre es conocido en América como el de una de las figuras más augustas de la guerra de la Independencia consagrada en 1810. 


A su memoria se han levantado varios monumentos. En Caracas, su ciudad natal, se ha levantado un mausoleo en la Catedral, dedicado a él. En el mismo lugar donde proclamara la Independencia de Venezuela, en 1811, hoy se alza su estatua ecuestre en donde se enarboló el pabellón nacional ondeando las banderas ante el ejército y el pueblo.


En todas las capitales de América, ya sea en sus paseos, edificios públicos o calles, hay alguna que recuerda su nombre. El busto del libertador fué decretado por el Congreso Constituyente de la República del Perú, por ley de 12 de febrero de 1825 y ratificada por el Congreso de Colombia el 11 de junio de 1826. Esta medalla tiene en el anverso el busto de Bolívar y la leyenda a su Libertador Simón Bolívar y en reverso las armas del Perú y la leyenda; “El Perú restaurado en Ayacucho, año 1824”. Otra fue decretada por el primer Congreso de la República Boliviana; es una medalla de plata; en el anverso tiene su busto con la leyenda: “Simón Bolívar Libertador de Colombia y del Perú”; en el reverso tiene el cerro del Potosí, al pie se ve la Ciudad y el sol de los Incas coronando el cerro. La leyenda dice: “Potosí manifiesta su gratitud al genio de la Libertad, 1825”.


En el museo existe otra medalla, aunque no se sabe quien la decretó; tiene el busto de Bolívar con la leyenda: “Colombia a su libertador” y en el reverso, la inscripción: “Simón Bolívar, ilustre general, sabio legislador, ciudadano íntegro, libertador, padre de la patria”; esta inscripción está en medio de dos ramas de laurel.


El distinguido escritor americano, señor Madiedo, decía: “en Bolívar se simbolizaban todos los grandes caracteres del mundo americano; ese sol tropical, siempre abrasador y fecundantes; esos ríos poderosos; esos montes gigantescos; esos inmensos desiertos; tan bellos en sus pompas salvajes; todo tenía en él algo de esa grandeza original. Su mirada viva y creadora como ese sol; su voluntad fuerte e irresistible como esos ríos; su corazón altivo como esas montañas; su alma vasta como esas interminables y suntuosas soledades”.


Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783 y murió en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830.

Diciembre 1° de 1938.

LA BALANZA NÚM. 143.


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado 

 
 

Entradas recientes

Ver todo
bottom of page