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Joaquín Trincado

Servio Tulio

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

"Sexto rey legendario de Roma" suelen decir los biografistas.

¿Puede ser legendario un hombre que no sólo ha dictado sabias leyes sino que supo imponerse a la barbarie de aquellos tiempos e impulsar a la humanidad con nuevas costumbres para frenar su incultura? La historia que será escrita en el porvenir ha de encargarse de descubrir las causas que impulsaron a tantos hombres de ayer, y aun de hoy, para tergiversar o presentar dudosa las obras y aun la existencia de misioneros que recorrieron países y continentes con el afán de sembrar un ideal. Si la historia escrita hasta el día de hoy nos muestra multitud de sacerdotes sacrificados por sus propios cófrades, ha de sernos una prueba forzosa de que los victimarios y sus satélites nunca buscaron propagar una religión; no desearon la unificación de los hombres, ni impulsar un sistema de vida determinado. Con sus propias obras demuestran que ansiaban exterminar un ideal, extirpar un sentimiento, destruir un mandato eterno. Y al descubrir un interés mísero que hace incapaz de respetar los ideales, la dignidad, ni siquiera la vida de cada hombre ¿no demuestran entonces los que ansían desfigurar u ocultar leyes humanizadoras y ejemplos edificantes, ser cómplices de un sistema tiránico?


Roma tiene su historia y el porqué de su historia: sus fundadores llevaron a cabo lo que ya estaba legislado hacía siglos. Su historia se ha hecho inmortal porque en ella se han vivido episodios de grandes remembranzas que hicieron exclamar a muchos como el pecador arrepentido: “¡Padre, he pecado contra el Cielo y contra tí!" De ella surgieron los grandes sentimientos, pero también se refinaron los odios implacables, que superarían en mucho el juramento de vengarse setenta veces siete; tan implacables que al lado de sus cultivadores hasta parecen las fieras del bosque ser portadoras de la misericordia. ¿Quiénes pueden ser sus salvadores? ¿Las religiones? Estas imperaron por muchos siglos y quien impera tiene poder para hacer el bien o el mal, para imponer la verdad o la mentira.


Servio Tulio, uno de los reyes de Roma, hombre real y no legendario, sembró aquellos grandes principios que algunos politiqueros aun usan como medio de extorsión. Ese gran misionero que floreció en el siglo VI antes de Jesús materializó las leyes tendientes a la igualdad de derechos a la vida de todos los hombres del orbe. Nacido de una mujer que habiendo sido hecha esclava servía a la esposa del rey Tarquino "el antiguo” fué educado como príncipe; habiéndose hecho acreedor al amor del pueblo fué elegido rey por éste, a la muerte de Tarquino. Durante su reinado consolidó la situación de la naciente Roma convirtiendo en aliados a sus antiguos rivales. Reorganizó la vida administrativa según responsabilidad (riqueza) de cada jefe de familia y creó ceremonias por las que perpetuó en la mente humana que la autoridad adquirida no congenera con abusos de ningún género y que todos los hombres están obligados a respetar y ser respetados.


Por eso juraron los caines de aquel tiempo su muerte y los de siglos posteriores anular su obra desfigurándola con la mixtificación y confundirla con la leyenda. Pero todo esto ha sido inútil: a pesar de la desfiguración se ha cimentado la obra por él traída y sus asesinos y mezquinos enemigos sienten el peso de la protesta del pueblo a quien vino a salvar y al que en breve plazo tendrán que incluirse o ser vencidos, pues la humanidad ya se está armando de la espada reluciente que blandieron los misioneros: el amor y la verdad.

 

Noviembre 15 de 1936.

LA BALANZA NÚM. 94.


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 
 

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