Roberto Koch
- EMEDELACU

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ROBERTO KOCH, bacteriólogo alemán, nació el 11 de diciembre de 1843 en Clausthal, situado en el entonces reino de Hanover.
Su padre le había destinado a seguir una carrera comercial pero a pesar de ello vióse arrastrado por una irresistible inclinación hacia las ciencias naturales, y comenzó en 1862 sus estudios de medicina en la Universidad de Gottingen. En 1865, o sea un año antes de doctorarse, obtuvo el cargo de asistente en el Museo Patológico de esa ciudad, mereciendo por sus estudios, un premio académico.
Cuando obtuvo su diploma, trasladóse primero a Hamburgo como médico ayudante al Hospital general de Hamburgo, desde donde pasó como médico al Asilo de Alienados, situado en la ciudad de Langenhagen. De aquí se fue primero a Niemeyk, provincia de Brandenburgo y luego a Rackwitz, donde le sorprendió la guerra francoprusiana de 1870, en la que participó voluntariamente como médico de campaña.
Por méritos hechos durante el conflicto internacional, fue nombrado médico del distrito de Wolstein, situado en la provincia de Posen. (1872-1880).
Por aquello tiempos comenzó a realizar numerosas investigaciones y experiencias relativas a las llagas infecciosas, la septicemia (alteración de la sangre ocasionada por la presencia de materias pútridas y sépticas (y el ántrax (pústula maligna o avispero) como suele llamársele en lenguaje vulgar). En esos mismos experimentos pudo comprobar que las mencionadas y otras enfermedades infecciosas se desarrollaban debido a la presencia de una orden de microbios patógenos determinada, siempre morfológicamente distinta una de otra, dejando demostrado además, que inyectando el virus procedente de un animal enfermo en otro sano, contaminaba a éste del mismo mal. Descubrió al mismo tiempo que las varillas transparentes halladas por analizadores primitivos en la sangre de pacientes atacados por ántrax, no eran cristales como así lo habían creído observar, sino que eran organismos vegetales vivientes, que observados al microscopio se veían desarrollarse en largas fibras y formar en ellos corpúsculos brillantes (esporas) de los que surgen de nuevo otras varillas transparentes.
Tal fue la fama que se conquistó con estas investigaciones que en 1880 recibió nombramiento en el negociador imperial de Salud (Kaiserliches Gesundheitsamt) de Berlín, donde de inmediato comenzó a organizar los métodos demostrativos e investigadores de los organismos infinitesimales, siendo el primero en procurar hacer a éstos más visibles en el campo del microscopio usando tintes colorantes con los cuales alcanzó a exponer objetivamente los más ínfimos cuerpos inferiores por medio de la microfotografía y adoptando así mismo el sistema de los cultivos por medio de la gelatina alimenticia.
Con tal proceder dió impulso a una revolución fundamental y una nueva configuración de toda la doctrina de la desinfección, especialmente la introducción de la corriente de vapor de agua en la técnica de la desinfección.
En 1882, con auxilio de los nuevos métodos, logró poner de manifiesto, de un modo absoluto, la etiología de la más mortífera de las enfermedades infecciosas o sea la tuberculosis, multiplicando las experiencias para demostrar que la causa de dicha enfermedad era un organismo microcóspico el que todos llaman actualmente bacilo de Koch o de la Tuberculosis. Logró también cultivar el bacilo fuera del organismo y con los productos de su cultivo reprodujo la enfermedad en los animales. En los órganos de los seres que eran objeto de la experiencia se hallaban siempre los bacilos específicos de la tuberculosis.
Cuando en 1884 envió Alemania una comisión médica a Egipto e India Británica con el objeto de estudiar el terrible flagelo del cólera, fué Koch nombrado director de esa comisión de facultativos, descubrió en 1885 el bacilo-coma, portador del virus colérico. Sin duda antes que él, otros autores se ocuparon de señalar los gérmenes causantes de esta enfermedad, pero sólo las afirmaciones de Koch han sido comprobadas. Según sus admirables observaciones, se debe admitir que el bacilo-coma es el microorganismo productor del cólera.
Según la descripción de Koch es de una longitud igual a la mitad, o cuando más a las dos terceras partes, de la del bacilo de la tuberculosis, y de forma más grosera y encorvada. Su curvatura, por regla general, es igual a la de una coma, y rara vez semicircular. En ocasiones, dos de estas bacterias se adhieren por un extremo, de modo que la concavidad de su curva se halla dirigida en opuestos sentidos constituyendo la figura como una S. Se desarrollan muy bien en caldo alcalino, en leche, en patata, en gelatina nutricia, en telas húmedas y en la tierra húmeda también. Se desarrollan de un modo exuberante a temperaturas entre 30 y 40°, no proliferan ya a menos de 16°, pero se conservan vivos aún a los 10°; por la acción de una temperatura elevada mueren rápidamente. Tienen movimientos propios muy intensos. Estos bacilos se presentan en el contenido intestinal y en los folículos del intestino, raras vez en los vómitos y faltan en la sangre, en la orina, en la saliva, en las lágrimas, en el aire espirado y en otros órganos, e indican, por lo tanto, que en el cólera, se trata de una infección local del intestino. La etiología del cólera resulta clara de la consideración de estos datos; una persona atacada de cólera va sembrando los agentes de la enfermedad con sus deposiciones diarreicas, que forman, por decirlo así, un cultivo puro de los bacilo- coma. Si estos bacilo-coma llegan de algún modo al intestino de otro enfermo, producen el cólera y el mismo enfermo se convierte en un medio de reproducción de los bacilos y de propagación de la enfermedad. Los bacilo-coma existen en todas las formas del cólera, por benignas que estas sean, y de esta manera una persona afectada sólo de una diarrea colérica ligerísima, que no le produce molestia alguna ni le impide viajar de un punto a otro, puede ir dejando en los sitios donde hace sus deposiciones, los gérmenes de la epidemia colérica. Pero hay que tener presente para fijar este itinerario que no son los enfermos los únicos vehículos del agente patógeno; lo son también las ropas y sobre todo el agua potable, a cuya infección se debe seguramente la espantosa intensidad de la epidemia en algunas poblaciones o comarcas.
Como Koch solo halló el bacilo-coma en los casos de cólera asiática, afirmó que era característica de esta enfermedad. Vió su opinión combatida por Finkler y Prior de Bann, por Lewis y otros médicos de renombre.
La Conferencia Internacional de Higiene, que se celebró en Dresde estudió y adoptó las medidas indicadas por Koch para profilaxis de esta enfermedad, concluyendo en una nueva regulación de los abastecimientos de agua potable. El imperio alemán recompensó al sabio por su fructífera labor con una dotación de 100,000 marcos, y a pesar de haber ido a Francia para continuar sus estudios sobre el cólera, fue aún en ese mismo año (1885), nombrado profesor ordinario de la Facultad de Medicina, consejero, médico secreto y director del Instituto de Higiene, entonces instalado en la Universidad de Berlín. Estando aún en Egipto descubrió el origen de una enfermedad de los ojos como así también el germen de una disentería epidémica en esa región.
En 1891, fue nombrado director del Instituto para enfermedades infecciosas, que se creó por su iniciativa. En el X Congreso Internacional de Medicina despertó increíble interés con su comunicación acerca de la Tuberculosis, mediante la cual no sólo era dado reconocer que la tuberculosis en su primera etapa, sino también curarla; más tarde presentó un nuevo preparado, la tuberculina T.R., que obtuvo por el raspado de los cuerpos deseados de los bacilos de la tuberculosis. En el Congreso Internacional de Londres dió Koch a conocer los resultados de sus nuevos estudios sobre la tuberculosis, manifestando que esta enfermedad en los bovinos no tiene ninguna relación con la propagación en la especie humana y que no atacan a éste, afirmando que el único propagador de la tuberculosis humana es el hombre tuberculoso. Sobre este punto hubo desavenencias, pues a pesar de sus afirmaciones probó la real comisión inglesa que la enfermedad puede transmitirse del hombre a los animales y que no se ha de establecer ninguna distinción entre los casos experimentales y los que ocurren ordinariamente. Por ese mismo tiempo compuso Koch un líquido que llevado por medio de inyecciones al organismo, debía curar esa enfermedad, y para dar mayor realce a su experimentación facilitó algunos frascos de dicho líquido, cuya composición no descubrió, a varios médicos de distintas naciones, quienes practicaron con ella pruebas que no dejaron satisfechos a todos.
En 1896 el gobierno de El Cairo recurrió al auxilio de Koch contra la peste bovina, que amenazaba invadir a toda Europa. Allá acudió y en pocos meses halló un remedio contra aquella plaga. De allí pasó en calidad de jefe de una comisión enviada a la India para el estudio de la peste bubónica, a Bombay, y una vez cumplido su cometido, fué al África Oriental Alemana, donde con Aupisa, descubrió un nuevo e importante foco pestilencial en Kissiba. Estudió entonces también otras enfermedades dominantes en los bovinos, hallando una de ellas idéntica a la enfermedad llamada surra, que reinaba en la India.
En 1897 pasó nuevamente al África Oriental Alemana para estudiar el germen de la malaria y de la enfermedad del sueño. Por el interés que motivó con este estudio, viose puesto al frente de una gran expedición que llegó hasta el imperio de la Insulindia (indias holandesas) y la nueva Guinea. Para el año 1908, el gobierno de Gran Bretaña le encargó una nueva investigación para hallar la causa de una violenta fiebre costera que diezmaba los bóvidos en su dominio de la Unión Sudafricana. Esta enfermedad la habían tomado los veterinarios por la “fiebre de Tejas”, pero Koch descubrió que aun cuando las características del mal eran similares, obedecía sin embargo a otro germen.
En 1906 fue enviado una vez más al África para investigar en las inmediaciones del lago Victoria Nyanza, la naturaleza de una enfermedad del sueño para la cual también halló remedio, y luego de haber localizado además, otro infusorio flagelado que vive como parásito en la sangre y el tubo digestivo de diversos animales, regresó a su patria recibiendo nombramiento en la Academia de Ciencias de Berlín. Si bien aceptó este cargo, se le exoneró a su ruego de la dirección del Instituto de enfermedades infecciosas. con objeto de que, libre de toda labor administrativa, pudiese dedicarse exclusivamente a sus investigaciones científicas. Tan grande era la admiración que había conquistado en su incesante labor, que cuando en 1905 le fué otorgado el Premio Nobel para Fisiología y Medicina, el que recibió de manos del director del Instituto Carolino de Estocolmo, conde de Morner, quien al ofrecerle esta herencia del Ingeniero Alfredo Nobel, expresó las siguientes altisonantes palabras: “Rara vez ha habido un investigador que con tanto ingenio se aventurara en regiones impunes en procura de fecundo estudio, y más excepcionalmente persona alguna ha conseguido como Roberto Koch, realizar tantos descubrimientos en beneficio de la humanidad, constituyendo esta tarea que ha emanado de su sola voluntad, para todo el mundo científico un grandioso ejemplo”.
Koch falleció en Baden-Baden el 27 de mayo de 1910, siendo sus restos depositados en el “Mausoleo Roberto Koch”, que fué erecto en el Instituto de enfermedades infecciosas de Berlín, que también lleva su nombre.
De sus obras mencionaremos: Etiología de la pústula maligna; Investigaciones acerca de la etiología de las llagas infecciosas; De la vacunación contra la pústula maligna; Contribución a la etiología de la tuberculosis, sobre la investigación bacteriológica; Investigación de los organismos patógenos; etc.
1° y 15 de Junio de 1940.
LA BALANZA NÚMS. 178 Y 179.
Libro: Biografías de la Balanza
Autor: Joaquín Trincado
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