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Joaquín Trincado

Mariano José de Larra

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Célebre escritor español (1809–1837). Nació en la antigua Casa de la Moneda de Madrid, donde su abuelo era administrador. Su padre era médico de primera clase en el ejército francés siendo esta la causa de que residió algún tiempo en Francia al retirar Napoleón sus tropas de España.


Se instruyó en las ciencias naturales, mostrando al estudio afición tan grande, que odiaba toda clase de juegos, siendo los libros su única diversión y de ordinario lloraba al tener que dejarlos para acostarse.


Era de carácter pacífico y poco enredador, no dando nunca motivos para que lo castigasen.

A los 13 años tradujo del francés al castellano "La Ilíada” de Homero y "El mentor de la juventud", y escribió una gramática de la lengua castellana y un cuadro sinóptico de la misma.


Luego estudió matemáticas y las lenguas griega, italiana e inglesa, en lo que empleó tres años. Siguió la carrera de medicina, pero también abandonó ésta al tercer año para seguir la de leyes, que tampoco concluyó. El niño estudioso y amante del saber, confiado, vivo y alegre, se cambió a otro receloso, triste y reflexivo, como si fuera un hombre abatido por la edad y los desengaños. Un dolor moral le estorbaba a llevar a final todos sus estudios y como podemos comprobar en su obra posterior obedecía a que en ninguna de estas encontraba el medio de expresar la voz que en él resonaba para luchar contra las injusticias que convulsionan a los hombres.


Presentía, como todos los que saben escuchar la voz de la inspiración, que los males sociales no radican sólo en una determinada fracción política de personas, como pretenden hacerlo aparecer los exaltados de todos los matices, sino que toda la humanidad lleva el peso de la culpabilidad y alevosía, fruto del egoísmo, y todos los anhelos nacidos de las bajas pasiones.


Finalmente resolvió dedicarse al periodismo, usando varios seudónimos, entre ellos el de "Fígaro", con el que adquirió gran popularidad, y pronto se distinguió por sus ideales liberales.


En el  año 1832 comenzó a publicar su "Pobrecito hablador", en el que zahería sin piedad los abusos introducidos, las malas costumbres formadas, los funestos hábitos arraigados, siendo objeto de su censura en lo que ofrecían de represensible y vicioso la sociedad, la familia y el individuo. Pero a pesar de evitar en lo posible las alusiones políticas, no tardó la rígida censura en suscitar dificultades a la publicación del folleto y sólo gracias a poderosas influencias pudieron imprimirse los últimos números.


Poseía un talento maravilloso para encontrar el lado ridículo de los hombres y las cosas, y para hacer resaltar las costumbres de todo género, pero jamás tomaba la pluma para reírse de nada o sólo por el deseo de hacer burla. Siempre le animó el interés de algún gran principio violado o la defensa de alguna gran verdad no reconocida.


Eco de las pretensiones del liberalismo, no perdía ocasión de excitar al gobierno a que se mostrase amigo de las reformas y a que cuidase más de contener los progresos del carlismo y dirigió con insistencia ataques a la censura y los censores, asunto en el que los gobernantes no querían ceder absolutamente nada.


Enemigo de las trabas del clasicismo, fué uno de los primeros apóstoles del romanticismo. Hallaba profundo enlace entre la Política y la Literatura, y en los artículos críticos a esto dedicados aparece la misma originalidad, el mismo sarcasmo severo y razonado, los mismos toques de estilo, la misma imparcialidad en sus juicios, la sobriedad y buen gusto.


A pesar de su gran popularidad y de que las personalidades más destacadas de su época le llamaban en su presencia, vivía Larra desconfiando de los hombres sin dejar por ello de ser un generoso y buen amigo de sus relaciones. ¿Se suicidó por fracasar en un amor prohibido? Con tal de sustraer atención a las lacras sociales se busca muchas veces una circunstancia para no verse abocado a un estudio profundo y real que conduciría a caminos más elevados. ¿No puede haber sido una de las tantas víctimas de un momento de debilidad, al creerse impotente ante la fatal ingratitud de la inmensa locura humana, suponiendo como Marco Junio Bruto, que "la virtud no es más que un nombre''?


Es autor de varias obras memorables, entre las cuales mencionaremos "El pobrecito hablador", "Todo el año es carnaval", "No más mostrador", "Don Enrique el Doliente", "Vuelva usted mañana", etcétera.

 

Febrero 15 de 1937.

LA BALANZA NÚM. 100.


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 

 

 

 

 
 

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