Manuel Ignacio de Vivanco (1806-1873)
- EMEDELACU

- 21 mar
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MANUEL IGNACIO DE VIVANCO. (1806–1873) Director supremo del Perú. Natural de Lima fué dedicado por sus padres a la carrera literaria, haciendo con gran aprovechamiento sus estudios en el convictorio de San Carlos de Lima cuando estalló la revolución que proclamó la independencia del Perú. Abandonó entonces el colegio con varios compañeros y se presentó a los insurrectos, que en un principio le destinaron a la armada como guardia marina; más pronto solicitó y obtuvo su incorporación al ejército de tierra en clase de cadete.
Desde 1821 figuró en todas las campañas de la independencia, distinguiéndose en las memorables batallas de Junín y Ayacucho, en las que el general Simón Bolívar derrotó definitivamente a las tropas realistas españolas, siendo luego condecorado con las medallas que recordaban aquellos dos sucesos.
Libre ya su patria, continuó Vivanco con gran brillo y distinción sus servicios en el ejército, ascendiendo por rigurosa escala, y haciéndose notar en el desempeño de varios cargos públicos importantes como uno de los hombres de más talento e instrucción de su patria.
A sus vastos conocimientos militares debió el nombramiento de director del Colegio Militar del Perú, puesto que ocupó con gran ventaja para su país, pues de dicho colegio salieron notables oficiales para el ejército y la armada. En varias épocas tuvo a sus órdenes diversas divisiones del ejército, y como prefecto gobernó en algunos departamentos de la República, uno de ellos el de Arequipa, donde ganó el idolátrico afecto del pueblo.
Su gran influencia política, las inmensas simpatías que inspiraba al ejército y la ventajosa opinión en que se le tenía en todo el Perú, le convirtieron en jefe de un inmenso partido, que en Arequipa le proclamó director supremo de la República (1842). Prometió realizar reformas importantes en la administración y se rodeó de personalidades distinguidas, pero no faltaron quienes tildaron su proceder de autocrático y dictatorial. La oposición comenzó a agitarse en forma cada vez más peligrosa. En esto fué descubierta una conspiración que tramaban los oficiales Lastra y Verastegui, que mandaban la guardia de la Casa de Gobierno, con el fin de asesinar a Vivanco.
La agitación que provocó la condena a muerte de los dos delincuentes en el interior del país, fué aprovechada por el general Ramón Castilla, quien plantó la bandera de la rebelión. Con intención de contrarrestar en lo posible la gravedad de la situación creada, se puso Vivanco en persona al frente de las tropas que habían de combatir a los revoltosos. Pero derrotado y depuesto por Castilla, emigró al Ecuador.
El destierro no enfrió el cariño que le tributaban sus partidarios quienes en 1851 habían incluido su nombre entre los candidatos a la presidencia, más cuando el general José Rufino Echenique que había triunfado en esta elección fué derribado por el general Castilla (1855), les quedó agotada la paciencia y a su vez (30 de octubre de 1856) se pronunciaron contra el gobierno. Triunfado el movimiento en Arequipa, proclamaron presidente al general Vivanco que desembarcó en diciembre de ese mismo año. Las tropas de Vivanco empero no tuvieron fuerzas suficientes para vencer a Castilla y luego de una lucha de dos años tuvieron que capitular (7 de marzo de 1858).
El general Vivanco vióse obligado a emigrar una vez más. Pero terminada la presidencia de Castilla y hallándose en el poder el general Juan Antonio Pezet regresó a su patria (1862) y fue enviado a Chile como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario, y en Chile vivió hasta que el general Pezet volvió a llamarle para confiarle la cartera de Guerra y Marina.
Hallándose en este cargo, fueron atropellados bárbaramente unos españoles que trabajaban en la hacienda de Talambo, y debido a que las autoridades nada hicieron por evitarlo ni se tratase de castigar a los agresores, uniéndose a ésto que el gobierno peruano se negó a dar satisfacciones a España, envió este país una expedición punitiva que al mando del almirante Pinzón se apoderó de las islas Chincha.
El presidente Pezet, cediendo a la agitación antiespañola, había encargado en Europa la construcción de unidades de guerra y la adquisición de material bélico, pero antes de que esto llegara supo Vivanco influir en que pacíficamente se llegase a un arreglo honroso para ambos países. En delegación del gobierno, firmó el general Vivanco a bordo del buque insignia del almirante español “Villa de Madrid" el memorable pacto.
El pueblo peruano, soliviantado por políticos opositores, no supo interpretar este noble proceder; considerándose humillado derribaron violentamente al gobierno y desterraron a Vivanco para llevar el grito de guerra contra España.
Cuando regresó nuevamente a su país natal, fué elegido senador por el departamento de Arequipa, y concurrió a dos legislaturas. En busca de alivio a una enfermedad repentina marchó a Chile, donde falleció.
Perfecto conocedor del idioma castellano, fué en el Perú individuo correspondiente de la Real Academia Española de la lengua.
Julio 1° de 1937.
LA BALANZA NÚM. 109.
Libro: Biografías de la Balanza
Autor: Joaquín Trincado
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