top of page
Joaquín Trincado

Juan Federico Guillermo Adolfo Von Baeyer

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 21 mar
  • 3 Min. de lectura

JUAN FEDERICO GUILLERMO ADOLFO VON BAEYER, famoso químico alemán, nació en Berlín el 31 de octubre de 1835. Su padre, José Jacobo Baeyer (1794-1881) que poseía el grado de teniente general en el ejército prusiano y que ha hecho célebres estudios matemáticos entre los que se citan Nivelaciones entre Berlín y Swinemünde; Magnitud y forma de la tierra; Mediciones astronómicas, por la edición europea de los  grados; Mediciones de los mapas; Mediciones sobre la superficie esferoidal de la tierra; y otras obras de no menor interés, no podía con actitud tan ejemplar descuidar la educación de su hijo, quien desde su más tierna edad demostró una singular inclinación a las ciencias químicas. Ya a la edad de doce años había descubierto un bisulfato de cobre.

 

Pero a pesar de su natural inclinación cedió ante los sabios consejos de su padre, comenzando sus estudios universitarios en las materias de física y matemáticas para recién entonces dedicarse a la química para cuyo fin se trasladó a Heidelberg donde dictaba cátedra  el renombrado químico alemán Roberto Guillermo Bunsen. Las materias primeramente nombradas como así también filosofía, las había estudiado en su ciudad natal.

 

En 1860 comenzó a dictar cátedra de química orgánica en una academia en Berlín y ocho años después fué nombrado profesor extraordinario en la Universidad de esa misma capital; en 1869 dictó cátedra en la Academia Industrial y de la Guerra, pasando en 1872 como profesor a la Universidad de Estrasburgo y en 1875 a la de Munich, en cuya ciudad hizo montar un laboratorio que respondía a sus exigencias donde realizó notables investigaciones acerca de los compuestos del cacodilo, o sea un cuerpo compuesto cuya fórmula equivale a un átomo de arsénico por dos de metileo y se dedicó a estudiar los grupos de ureas y de ácidos úricos, el ácido melísico, los productos de condensación de la acetona y los que se forman por la acción de los aldehídos sobre los y fenoles, y polifenoles. La formación de estas ftaleínas condujo al descubrimiento de la eosina, la galeina, y la ceruleina de uso tan general actualmente en el ramo de la tintorería. Descubrió también el nitrofenol y las combinaciones polietilénicas e ideó un procedimiento para condensar los aldehídos y cetonas con hidrocarburos aromáticos. Desde 1866 se ocupó Baeyer en el estudio del grupo índigo, consiguiendo la síntesis química del azul que produce este arbusto en una forma tan práctica que ha permitido prepararlo en grandes cantidades. Descubrió en el curso de estos estudios el indol, y el oxindol, poniendo de manifiesto las relaciones de estos cuerpos y de la isatina, que es una sustancia que se obtiene sometiendo el añil a la acción del ácido nítrico. Introdujo además el uso del polvo de zinc, como agente reductor, estudió el ácido hidrobenzol carbónico y el terpeno y demostró que casi todos los compuestos oxigenados orgánicos forman conciertos ácidos y sales iónicas cristalizadas. Descubrió además el hidroperóxido de etilo, el peróxido de dietilo y estudió el trifenilmetano.

 

De sus trabajos teóricos cabe especial mención la teoría de la asimilación del ácido carbónico por las plantas, la de la expansión, la cistrans-isómeros y la seudo-isomería, en los que comprende diversos aspectos de los cuerpos que con igual composición química tienen distintas propiedades físicas; también expone sus adiciones a la teoría del benzol. Por último, en su laboratorio extrajeron Grabe y Liebermann  la alizarina del antraceno y Otto Fischer descubrió el verde de la malaquita.

 

El profundo valor científico de Baeyer que puso de manifiesto en todas sus investigaciones, le han colocado sin duda, entre los químicos más afamados y meritorios. En 1905 le fué conferido el Premio Nobel para Ciencias Químicas “en reconocimiento a sus servicios prestados para el desenvolvimiento de la química orgánica, por los progresos que ha impuesto en la industria de los colorantes y por sus trabajos en el terreno de las combinaciones hidro aromáticas”. 

 

Baeyer, quien en mérito a sus valiosos estudios recibió en 1885 título de nobleza hereditaria, perteneció a numerosas academias y otros centros científicos, falleció en Starnberg, en las inmediaciones de Munich el 20 de agosto de 1917.

 

De las numerosas obras que salieron de su fecunda pluma, mencionaremos aquí: Combinaciones orgánicas que contienen arsénico; Síntesis del ácido aconítico por medio del acético; Reducción de las combinaciones aromáticas por el polvo de zinc, Síntesis de la neurona; Sobre el ácido melísico; Piccolina y bases homólogas; investigaciones sobre el índigo, etc.

 

En 1910 se ha creado la “Verein Deutscher Chemiker” de Duisburgo el premio “Adolfo Baeyer” consistente en una medalla de oro que es otorgada cada dos años, alternando con el premio “Emilio Fischer” al químico alemán que con más eficacia contribuya al desarrollo de la química orgánica.

 

1° y 15 de Junio de 1940. 

LA BALANZA NÚMS 178 Y 179.

 

Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 
 

Entradas recientes

Ver todo
bottom of page