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Joaquín Trincado

Juan Enrique Dunant

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 21 mar
  • 2 Min. de lectura

JUAN ENRIQUE DUNANT (1828–1910). Filántropo y escritor suizo que vió la luz en la famosa ciudad de Ginebra. Falleció en el asilo de Heiden.

 

Hombre de sentimientos nobles, deploraba los numerosos actos de incultura que afeaban la ilustración que la humanidad de su tiempo había alcanzado.

 

Cuando en 1854 estalló la guerra de Crimea, debido en principio a la influencia que iba adquiriendo Rusia sobre Egipto en su lucha de emancipación contra la Sublime Puerta, pero especialmente a que el Zar  Nicolás I quería imponer su protección sobre la Iglesia Griega en Turquía y obligar al Sultán Abd-ul-Meyed a renunciar como protector de los cristianos. Ante la negativa turca apelaron ambas potencias a las armas, campaña a la que intervinieron también en favor del imperio Otomano las tropas de la Reina Victoria, de Gran Bretaña, del emperador Napoleón III de Francia y de Víctor Manuel II Rey de Cerdeña. Esta lucha cuya ferocidad y horrores fueron dignos de una guerra de principios dogmáticos fué de gran experiencia para la evolución de los sentimientos y dió pie a valiosas exposiciones por parte de personas de ideas liberales.

 

En estos campos de batalla observó Juan Enrique Dunant la actuación de “el ángel de Crimea”, la celebérrima Florencia Nightingale, la abnegada mujer inglesa que con sus 38 enfermeras desafiaba a la muerte por socorrer a los heridos que según costumbre hasta entonces en boga, yacían abandonados en el campo de batalla y expuestos a horrenda agonía cuando avanzaban por encima de ellos los cuerpos de caballería y artillería. Concibió entonces la idea de suplir la deficiencia de las ambulancias militares por un servicio internacional privado que socorriera sobre el terreno a las víctimas de la guerra.

 

Fué uno de los iniciadores de la convención de Ginebra (1864) a la que se debe la fundación de la Cruz Roja Internacional, a la que dedicó toda su actividad y su fortuna. Cuando sus sacrificios le dejaron arruinado dedicóse al periodismo hasta que una pensión de 5,000 francos que le donó la emperatriz de Rusia le permitió vivir con relativo desahogo en el asilo Heiden, situado a orillas del lago de Constanza en el cantón suizo de Appenzell. Al mismo tiempo le entregó el municipio de Moscú un pergamino en el cual se le reconocía como el hombre que en su siglo había contraído mayores méritos para con la humanidad. En 1901 la comisión nombrada por el Parlamento de Noruega le otorgó junto con Federico Passy, el Premio Nobel para las obras de paz.

 

Sus obras: Un recuerdo de Solferino y Fraternidad y caridad internacionales en tiempos de guerracausaron gran sensación en Europa. De sus demás obras mencionaremos: La esclavitud entre los musulmanes y en los Estados Unidos de América. El imperio romano reconstituido, etc., así como también unas memorias inéditas con datos muy interesantes para la historia del siglo XIX.


 

1° y 15 de Febrero de 1940

LA BALANZA NÚMS. 170 Y 171


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 
 

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