Juan Calvino
- EMEDELACU

- 21 mar
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JUAN CALVINO: Fue uno de los fundadores del protestantismo. Era hijo de una familia acomodada que pudo facilitarle una educación adecuada. En 1525 fué nombrado párroco de Marteville y dos años después pasó a la parroquia de Pont–l'Eveque por permuta, y estando más cerca de París seguía los estudios empezados antes, primero en el Colegio de la Marche y luego en el de Montaigú. Roberto Olivertan, pariente suyo le hizo leer la Biblia, haciéndole notar las contradicciones existentes entre las SANTAS ESCRITURAS y la Teología, tal como se enseñaba entonces.
Calvino empezó entonces a estudiar Derecho, primero en Orleans y luego en Bourges, conoció en esta ciudad a Melchor Wolmar, buen helenista, quien le enseñó el griego y le fortificó en sus ideas de reforma.
Calvino empezó en esta época a empeñarse en desarrollar su inteligencia como su voluntad, con frecuencia repetía delante de sus compañeros, completadas, las lecciones que acababa de oír, y así siendo discípulo se creaba la autoridad de un Maestro.
Dejando los estudios de Derecho se marchó a París, donde publicó un comentario sobre el TRATADO DE LA CLEMENCIA, de Séneca, con esto trataba de que Francisco I° no persiguiera a los protestantes.
Creyéndose bastante fuerte para rebatir la Teología Católica, sostuvo una serie de controversias.
Se estableció en el colegio de Fortet y escribió el discurso que para el día de Todos los Santos pronunció el doctor Miguel Cop, Rector de la Universidad de París. Siendo la primera vez que se defendían las ideas luteranas desde la Sorbona (1533) y ocasionó gran escándalo, teniendo que huir Cop y Calvino.
Margarita de Valois consiguió que cesaran las persecuciones en París y pudo ofrecer un asilo a los desterrados. Lo que Calvino aprovechó para propagar las ideas reformistas. Después se retiró a Saintonge junto al Canónigo de Angulema Luis de Tillet, componía allí exhortaciones cristianas que se leían en el templo; pero mientras tanto preparaba para su Institución Cristiana y la Apología de la Reforma. Durante su estancia en París citó a Miguel Servet para una controversia, la que no se realizó entonces, pero muchos años después, se entabló una lucha en que tocó al médico español el papel de víctima y Calvino el de verdugo.
No sintiéndose seguro abandonó Francia después de publicar su PSYCOPANNYCHIS, qua refellitur corum error qui animas post morten usque ad ultimum judicium dormire putant (1534), que fué escrita en latín y años más tarde su autor tradujo al francés.
El prefacio estaba hecho en forma de dedicatoria a Francisco I°, abogando así por los reformistas.
Para hacerse idea de lo que decía en la famosa obra, puede leerse el artículo titulado "Calvinismo". En este tiempo todavía no había llegado a ninguna autoridad.
En Italia empezó a hacerse sentir el influjo de las ideas nuevas y Calvino se trasladó así a la corte de la duquesa de Ferrara (hija de Luis XII), donde fué bien acogido por la princesa, pero no pudo permanecer en un país católico y tan próximo a Roma.
Se fué a Aosta, donde quiso predicar, pero los habitantes lo expulsaron del pueblo (1536) y levantaron una columna para celebrar este hecho.
Volvió Calvino a Francia para ordenar sus asuntos particulares y de allí se fué a Alemania. Tuvo que pasar por Ginebra, donde un año antes se había establecido la reforma, por Farel, Coraut y Viret.
Faltaba, sin embargo, defender las nuevas creencias contra los ataques de dentro y de fuera, y armonizar la reforma de las costumbres con la nueva religión. Farel, que conocía de nombre a Calvino, pensó que era el indicado para esta tarea y le retuvo en Ginebra, aun contra la voluntad de Calvino, amenazándole con la maldición divina si no trabajaba con los nuevos ministros.
Quedó entonces Calvino con el cargo de "ministro de la palabra de Dios", y de profesor de Teología.
En Ginebra había entonces una verdadera confusión; alternaban la anarquía y el despotismo, la tolerancia y las persecuciones. En esta desorientación los protestantes consiguieron imponerse, pero el desgobierno continuaba y una espantosa corrupción de costumbres se había extendido en todas las clases. Esto fué lo que aprovecharon Farel y Calvino para hacer una profesión de fe y un plan de disciplina eclesiástica. En 1536 fueron leídas dos actas que el pueblo sancionó reunido en consejo general, 29 de julio de 1537. Con lo que quedó dado el primer paso. Predicó luego contra los desórdenes y pidieron el castigo de los inmorales, lo que ocasionó un gran descontento. Coraut fué puesto preso y para los otros (Calvino y Farel) se adoptó otro medio.
Los habitantes de Berna y de Ginebra fueron a recibir las decisiones del Sr. de Lausana sobre las fiestas de Nochebuena, la Ascensión, Pentecostés y otras ceremonias condenadas por Calvino y los otros reformistas.
El Consejo ordenó a los otros ministerios que se sometieran, pero éstos se resistieron a celebrar la cena de Pascua del modo prescripto (1537) y fueron desterrados sin que pudieran influir las solicitudes de los sínodos de Berna y de Zurich.
Calvino se fué a Estrasburgo, donde otros reformistas le recibieron como uno de los jefes de su partido y obtuvieron para él, el nombramiento de profesor de Teología y pastor de la Iglesia Francesa. Desde cuyo puesto contestó a la carta que contra la reforma dirigió al senado y al pueblo de Ginebra el Cardenal Sadolet.
Debido a las agitaciones de Ginebra, debió ocupar su antiguo puesto. Zurich, Basilea y Berna le aceptaron y Calvino se sintió señor de Ginebra. Queriendo aprovechar para afirmar la autoridad que se le confió, dió al Consejo de los Doscientos un vasto proyecto de policía eclesiástica que fué sancionado el 20 de noviembre de 1541. Formó así un Tribunal de eclesiásticos y laicos y lo encargó de la vigilancia de las opiniones, las acciones y los discursos. Todos los errores en materia de doctrina y todos los desórdenes entraban en la jurisdicción de este tribunal. Cuando para el castigo no eran suficientes las penas comunes, ponían a los acusados en manos de los magistrados civiles y así con el nombre de Consistorio, Calvino hizo una Inquisición nueva con jurisdicción más extensa que la Inquisición católica. Desde esa época hasta su muerte, dominó Calvino en Ginebra, luchó contra sus enemigos y procuró por todos los medios defenderse y fortificar su obra viviendo siempre alerta para conservar su poder.
Predicaba diariamente, mantenía discusiones teológicas, instruía a cuantos deseaban informarse en materia de fe, escribía a todos los disidentes que le era posible, ejercía la vigilancia del Estado, dirigía la administración de la Iglesia y escribía sus obras.
En Ginebra solamente, hay dos mil veinticinco sermones pronunciados por él. Todos estos trabajos eran realizados o dictados desde la cama, pues además de ser débil físicamente estuvo siempre postrado por las más crueles enfermedades.
Tanto en política como en religión tuvo poderosos adversarios, pero el reformador no repugnó arma ni medio para vencer a sus enemigos y así Castalión fué desterrado, Bolsec fué ridiculizado, Gentili de Cosenza condenado al fuego; Francisco Daniel Berthelier condenado al suplicio; Amied Perrín a quien debía gratitud, fué perseguido y tuvo que huir para librarse de la pena capital que tocó a Jacobo Gruet y Miguel Servet.
En 1540 había contraído nupcias con Ideleta de Burés (viuda de un anabaptista) con quien se casó por conveniencia y de la que tuvo un hijo que vivió muy poco tiempo.
A los 9 años de su casamiento con Calvino murió Ideleta.
El General de los Protestantes murió en Ginebra el 27 de mayo de 1564.
Teodoro Beza dice de él que "Aquel día pareció que hablaba más fuerte y con mayor facilidad; pero era el último esfuerzo de la naturaleza: pues por la noche, hacia las 9, aparecieron los signos de la muerte..."
"Habiendo acudido con algunos de mis hermanos hallé que había entregado su espíritu tan apaciblemente que, habiendo podido hablar inteligentemente hasta el último momento, sin mover pie ni mano, parecía más bien dormido que muerto."
No es de sorprenderse la diversidad de juicios de católicos y protestantes con respecto a Calvino.
Estos dan como exacta la versión dada por Teodoro Beza que dice que en "aquel mismo instante, se entró el Sol y fué retirada del cielo la mayor luz que hubo en este mundo para dirigir la iglesia."
Un escritor católico escribía: "Su orgullo y su despotismo, sus pasiones rencorosas y arrebatos de cólera le hacían tan insufrible hasta a sus sectarios y amigos que Martín Bucero escribió que más parecía un perro rabioso que un hombre."
Los católicos rechazan las afirmaciones de Beza sosteniendo que el reformador fué acometido de una enfermedad horrible y que murió desesperado; le acusan de haber tenido vicios repugnantes. Sus biógrafos le representan con la cara pálida y demacrada, de aspecto sombrío y larga barba terminada en punta. Sufría fuertes jaquecas, estaba siempre dominado por la fiebre, padecía fuertes dolores causados por la gota, enfermedad a la que se unió el mal de piedra y a pesar de su constitución débil y enfermiza se hizo superior a todos sus sufrimientos trabajando constantemente hasta asegurar el triunfo de sus doctrinas por medio de sus obras.
Las imparcialidades dicen que Calvino aparece ante la historia con caracteres poco simpáticos sobre todo por las persecuciones y terribles condenas que hizo caer sobre los que osaron señalarle errores.
Julio 15 de 1938.
LA BALANZA NÚM. 134.
Libro: Biografías de la Balanza
Autor: Joaquín Trincado
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