Jacobo Nicolás Agustín Thierry
- EMEDELACU

- 21 mar
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JACOBO NICOLÁS AGUSTÍN THIERRY (1795–1856), era hijo de una familia modesta de Blois, en cuya ciudad ejercía su padre el cargo de bibliotecario. A los quince años de edad, después de haber cursado en forma sobresaliente sus estudios primarios, llegó a sus manos un ejemplar de la obra "Los Mártires", de Francisco Renato de Chatesubriand, que despertó en él la vocación de dedicarse a la historia. Así fué que en 1811 ingresó en la Escuela Normal de París donde estudió lenguas antiguas y modernas, ciencias físicas y matemáticas. También aquí enriqueció su intelecto en forma meritoria, pudiendo a los dos años ocupar el cargo de regente del Colegio de Compiegne.
Apenas, empero, había ocupado este último cargo durante un año, cuando la caída del emperador Napoleon I y la reimplantación de la dictadura de los "reyes del sol", suspendió la enseñanza universitaria, vióse en la necesidad de regresar a París.
En esta ciudad predicaba un hombre extraño para el pensar de aquella época infeliz: Claudio Enrique de Rovroy, conde de Saint Simón (véase su biografía en el No 127). Decimos un hombre extraño, pues parecía fuera de lo posible de un nieto del duque de Saint Simón por su cuna grande de España y señalado por la inmensa riqueza de su familia como un niño escogido y mimado por la fortuna, fuese portador de ideas tan liberales.
A pesar de estos privilegios de su cuna, no sólo se negó a dar los pasos correspondientes a su rango, sino que aun renunció a todos sus títulos y privilegios nobiliarios al estallar la revolución de 1789, en la que perdió casi toda su fortuna. Conviviendo entre el pueblo trabajador llegó a conocer sus derechos y vicios, y comenzó a estudiar qué remedios podrían haber para encarrilar a aquéllos y a curar a éstos. Sobre estos principios concibió un hermoso plan de reforma.
Estará demás decir cuán grande fuera la admiración de Thierry al tropezar con este hombre. Ofreció a Saint Simón su colaboración, y rogóle aceptarle como hijo adoptivo. Con entusiasmo comenzó a respaldar a su maestro en su dura misión, pero ¿qué estruendo había de originar su doctrina, que pretendía regenerar a los profesionales adoradores del ángel caído, imponiéndoles el mandato primitivo de dignidad? ¿qué dirían de esto los sacerdotes acomodados a la sombra de la superstición, al verse cargados con una misión que no querían ni podrían cumplir sin ser coartado en su boato y ver desmentido los horrores de un código irracional? ¿qué dirían los propietarios e integrantes de compañías y sociedades industriales y comerciales al tener que privarse de inconfesables derroches para reconocer un equivalente derecho de gentes en sus obreros? ¿Qué impresión causaría entre los políticos el verse obligados a frenar sus pasiones para dedicarse con esmero a sus tareas administrativas? En fin ¿qué efecto causaría en los gobiernos feudos la supremacía religiosa, el tener que renunciar a las guerras de exterminio contra otros pueblos ya sea con miras de conquista o de arruinar su comercio y sobre todo de renunciar al cultivo del odio de pueblos a pueblos mediante la abolición de las prohibiciones de importar productos de otros países? Estos contestaron con la llamada "Santa Alianza"; los demás interpelados, los que no se erguían abiertamente contra él, satisfacían primero su curiosidad, para luego abandonarlo por temor a los sacrificios. Por ello vióse Saint Simón abandonado de todos cuantos tenían influencia. Su peculio le había comido la publicación de sus obras y con su solicitud a los industriales de colaborar en sus planes de reforma, no cosechó más que enemigos de su causa. En un instante de abatimiento por tamaña ingratitud, quiso poner fin a su existencia mediante el suicidio, pero a pesar de las horribles heridas que los balines causaron en su cabeza, vivió aún algunos años, al cabo de los cuales expiró en los brazos de sus contados discípulos. "Acordaos que para hacer algo grande es preciso ser apasionado – decía a manera de testamento a sus adherentes – llegáis a una época en que deben de triunfar los esfuerzos bien combinados. El fruto está maduro, y a vosotros os toca recogerlo". Su profecía llegóse a realizar, pues a partir de su muerte, comenzó el gran desarrollo de la industria y el comercio sobre bases que él había señalado, pero los que esto pusieron en práctica no tomaron en cuenta más que la parte que les convenía, es decir, no querían renunciar a sus vicios. Los que se hicieron cargo de continuar sus principios filosóficos, suplantaron la libertad, por el libertinaje, por lo cual, no quedaron de sus principios en la práctica, más que la concerniente al progreso material.
Sea por la imposición del ambiente, sea por inconveniencias en su propio carácter, separóse Thierry del gran reformador, comenzando a colaborar con Augusto Comte y Jacobo Nicolás Dunoyer, que dirigían "El Censor Europeo", y comenzó a recopilar datos para explicar el estado social y las revoluciones de la Europa moderna, y dejando de lado los prejuicios reglamentarios de los biografistas profesionales, unió a sus investigaciones la inspiración para así poder interpretar el pasado. Así, publicó su "Historia de la conquista de Inglaterra por los normandos, de sus causas y consecuencias hasta nuestros días en Inglaterra, Escocia, Irlanda y el Continente", que fué recibido por el público con entusiasmo y por el que fué aceptado como maestro de la escuela moderna, pero el año siguiente, (1826), quedó ciego debido al exceso de trabajo. Apoyado por algunos amigos, continuó recopilando nuevos datos. Enfermo por la extenuación, dejó todo trabajo, (1828), y establecióse en Carqueirannes, donde se enamoró de una joven cuya familia impidió el casamiento. El amor le hizo poeta, escribiendo versos tristes, llenos de sentimientos, ya en francés, ya en inglés.
Admitido en la Academia de inscripciones, veía con entusiasmo la elevación de Luis Felipe, al trono de Francia, en el que veía el triunfo de sus ideas políticas.
Viviendo en Vesoul, al lado de su hermano Amadeo, contrajo matrimonio con Julia le Kerangal, hija de un contraalmirante, (1831), esposa que le cuidó con esmero y le ayudó en sus tareas.
Una sociedad escogida y fiel a las artes y la música, Instrucción Pública le encargó la publicación de documentos inéditos sobre la Historia de Francia, que el duque de Orleans le nombró bibliotecario del Palacio Real, y la adjudicación del premio Gobert por la Academia Francesa durante quince años.
Una sociedad escogida y fiel a las artes y la música, alegraron un poco sus últimos años. Hallábase ocupado en la preparación de una nueva edición de la "Historia de la conquista de Inglaterra", cuando falleció víctima de una parálisis, en los brazos de su hermano.
Mayo 1° de 1938.
LA BALANZA NÚM. 129.
Libro: Biografías de la Balanza
Autor: Joaquín Trincado
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