Heródoto
- EMEDELACU

- 21 mar
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HERÓDOTO. Célebre historiador griego apellidado el “Padre de la Historia". Vivió entre los años 484 a 406 antes de Jesús.
Era hijo de una de las familias más distinguidas de su ciudad natal. Recibió una educación esmerada, y aprovechó los recursos literarios que entonces abundaban en Halicarnaso, no menos que en las ciudades vecinas. El poeta Paniasis era tío materno de Heródoto, y fué éste el que con sus ejemplos cultivó en el joven Heródoto el amor a lo bueno y lo bello, el afán de instruirse que en edad temprana le impulsó a correr el mundo para ver y oír.
Habiendo nacido súbdito del rey de Persia, pudo libremente satisfacer su afición a los viajes, en un tiempo en que ningún griego, de una de las naciones que estaban en guerra con la Persia, hubiera podido poner los pies en Egipto y en la Alta Asia sin exponerse a ser tratado como un enemigo y vendido como esclavo. Visitó el Egipto y por el Nilo subió hasta Elefantina, recorrió la Libia, la Fenicia, la Babilonia y la Persia; internóse en el fondo del Ponto Euxino (hoy Mar Negro), siguiendo la orilla meridional de este mar, y detúvose en todos los puntos que ofrecían algún pábulo a su curiosidad.
A los treinta años vivía en su ciudad natal, dedicándose a ordenar los copiosísimos materiales que había atesorado, y ensayándose en la composición de las relaciones que habían de deleitar a la Grecia, cuando sobrevino un fatal acontecimiento que dió en tierra con su fortuna y turbó su sosiego: Ligdamis, rey de Halicarnaso, abrigaba un corazón bajo y feroz y Paniasis fué particularmente el blanco de su odio, como todo lo noble y magnánimo. El poeta pereció un día, asesinado por orden del tirano, y Heródoto, no menos aborrecido por Ligdamis, estuvo para perder la vida y salvóse huyendo de Halicarnaso.
Por el año 442 antes de Jesús fué a domiciliarse en la isla jónica de Samos. Allí se perfeccionó en el estudio del dialecto que era la lengua de la prosa, y penetróse de aquel espíritu jónico que alienta en todo discurso de su obra, pues Heródoto no tiene el orgullo aristocrático, la dureza ni las preocupaciones nacionales que los dorios manifestaban en todas partes; al abandonar el dialecto de sus padres sacudió, digámoslo así, su antiguo carácter.
En Samos también preparó Heródoto los medios para librar a sus compatriotas del yugo del tirano. Consiguió realizar su designio contra el matador de Paniasis, y regresó a su patria después de algunos años de destierro; pero en vez del esparcimiento y placentera quietud en que confiaba pasar la vida sólo halló sinsabores y disgustos. Halicarnaso no supo disfrutar de la libertad y las disensiones civiles hicieron que ningún hombre estudioso y pacífico residiese en ella contento.
Desconfiando Heródoto del juicio de los ciudadanos abandonoles a sus pasiones, y buscó lejos de Halicarnaso un punto donde guarecerse de todas las borrascas, eligiendo para su destierro voluntario la ciudad de Thurian, fundada por los atenienses en la Gran Grecia (Italia Meridional), en el lugar de la antigua Sibaris. Vivió muchos años en su nueva patria, y murió en ella muy entrado en años.
El vastísimo plan que había concebido no llegó a su completa realización sino al cabo de mucho tiempo, en término que hubo de trabajar hasta los últimos años de su vida para ver levantado su monumento tal como ideara fabricarlo.
La obra de Heródoto, conocida actualmente con el sencillo título de “Historia” o "Historias", comprende todos los pueblos entonces conocidos, y es por lo tanto, una verdadera historia universal. Nunca deprime la virtud ni justifica las malas acciones. Para él la Historia no es un alegato ni de ningún partido, es la Historia. No disimula los defectos de los griegos, y la sucesiva caída de los Imperios. Sus excitaciones al sentimiento religioso y el temor de las venganzas divinas son advertencias para el porvenir antes que explicaciones del pasado. Refiere con frecuencia prodigios, pero siempre con fórmulas que dejan a otros la responsabilidad del error o la mentira. Lo que afirma haber visto, lo ha visto realmente. Heródoto es la veracidad misma. Los descubrimientos modernos demuestran cada día más que fué tanto el cuidado con que se informó de los anales de los pueblos, cuanta la atención con que visitó los países y observó las costumbres.

Marzo 15 de 1937.
LA BALANZA NÚM. 102.
Libro: Biografías de la Balanza
Autor: Joaquín Trincado
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