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Joaquín Trincado

Enrique Sienkiewicz

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 4 mar
  • 5 Min. de lectura

ENRIQUE SIENKIEWICZ, novelista polaco, nació el 4 de mayo de 1846, en Wola-Okz Cejka, situada en las inmediaciones de Lukov, en la entonces gobernación rusa de Siedle (según la última singular repartición de Polonia hecha en octubre de 1939 entre Alemania, Lituania y Rusia, estaría ese lugar actualmente   bajo dominio alemán). Pertenecía a una familia lituana que había sido expulsada de su hogar cuando los rusos invadieron hacia fines del siglos XVIII (1772) esta región que desde 1569 se hallaba unida voluntariamente a Polonia, y se radicaron en esa región que antes de la triste guerra de sucesión fué la provincia de Podlaquia.


Sinkiewicz hizo sus estudios superiores en la Universidad de Varsovia. Su debut literario lo comenzó con la publicación de artículos descriptivos en varios periódicos polacos bajo el seudónimo  de Litwos. En 1872 publicó su primera obra Nadie es profeta en su tierra, que contiene una colección de cuentos humorísticos no exentos de realidad, a la que siguió En vano.


Durante los años 1876 y 1878 realizó extensos viajes durante los cuales visitó Francia, Inglaterra y Estados Unidos de Norte América, enviando durante esas jornadas numerosos cuentos llenos de realismo, como ser: Hania; Bocetos al carbón (Skyce Wegler); Janko el músico (Janko  muzykant); Bartek el vencedor (Bartek swysen) y En busca de pan (Za chlebem). 


A su retorno a Varsovia se abocó a la historia de su patria que por ese entonces ostentaba bajo la dominación rusa el nombre de Provincias del Vístula y con cuyos conocimientos pudo dedicarse luego con éxito brillante a la novela histórica, escogiendo para ella las horas de gloria vividas en Polonia durante el siglo XVI en la que se destacó el célebre Juan Sobieski (1674-1696) y la subsiguiente decadencia a consecuencia de la influencia rusa, saliendo sobre este motivo de su pluma Por el hierro y por el fuego (Ogniem i mieczem) que apareció en 1884 en 4 tomos; El Diluvio (Potop) que imprimió en 1886 en 6 tomos y Pan Wolodyjowski en 3 tomos y escribió entre los años 1887 y 1888.


Estas obras escritas con términos ardientes que hacen detonar un vivo patriotismo, fueron vertidas a las principales lenguas europeas y dieron renombre a su autor como el más destacado novelista de su región. A las ya mencionadas siguió Sin dogma. (Nez dogmati) aparecido en 1891 en dos tomos y Rodzina Polanieckich (1894). Pero su renombre cosechado hasta entonces quedó eclipsado cuando el año siguiente (1895) dió a la publicidad la novela  ¿Quo Vadis? inspirada sobre las sugestiones tejidas alrededor  de los primeros cristianios que vivieron en el Imperio Romano bajo el gobierno de Nerón.


Diversas opiniones en pro y en contra se han vertido sobre los motivos de esta obra, que ha sido traducida a más de 30 idiomas.


Magnífica es la descripción que pone en boca de Pedro relatando como fué hecho desaparecer de su sepulcro el cuerpo de Jesús, como se verá en estos párrafos:


“No comprendían, pues, a la sazón, por qué el Padre había abandonado al Hijo; y ya ni siquiera alzaban los ojos hacia la luz del día, prefiriendo morir: " ¡Tan tremendo era el peso que gravitaba sobre sus almas!.


“Y aún en esos momentos , el recuerdo de tan terribles escenas arrancó a los ojos del anciano, dos lágrimas que se hicieron visibles a la luz de la hoguera y rodaron luego por la encanecida barba. Temblaba a la sazón su calva y venerable cabeza y morían en su pecho los dolientes acentos de su voz”.


“Ese hombre dice la verdad, y llora porque siente –se dijo Vinicio– desde el fondo de su alma”.


“Y, entretanto, el dolor anudaba también las gargantas de los oyentes timoratos. Más de una vez habían oído hablar de los sufrimientos de Cristo, y era por ellos sabido asimismo que al dolor había seguido el júbilo de la resurrección; pero, al escuchar la narración del Apóstol que todo aquello presenciaba, se retorcían las manos a impulsos de la congoja, sollozaban o golpeábanse  el pecho. Más luego se fueron tranquilizando por grados ante el deseo de seguir escuchando al Apóstol”.


“El anciano cerró entonces los ojos cual si quisiera de este modo concertar en su alma la visión clara de escenas distantes y prosiguió así: Cuando los discípulos hubieron terminado sus lamentaciones y plegarias, María de Magdalena penetró por segunda vez en la estancia, exclamando que había visto al señor. No habiéndolo reconocido al principio y tomándolo por el jardinero. Él la había llamado: !María! a lo cual había exclamado ella: ¡Rabboni! (Maestro),  postrándose a sus pies. Él, entonces, había ordenado que fuese a reunirse con sus discípulos y desapareció enseguida. Pero ellos, los discípulos, no habían dado crédito a María; y al verla llorar de alegría unos la reconvinieron y otros juzgaron que el dolor le había perturbado el juicio, pues dijo también que había visto ángeles en el sepulcro; más ellos acudieron a él por segunda vez y lo encontraron desierto. En la tarde se presentó Cleofas, quien había venido con otra mujer desde Emmaus y ambos volvieron pronto diciendo: “¡El señor ha resucitado en realidad!” Y se pusieron a discutir el caso a puerta cerrada, por temor a los judíos. Y entretanto, Jesús se dejó ver entre ellos, aún cuando no se había sentido abrir las puertas, y cuando ellos demostraron temor, Él díjoles: “Que la paz sea con vosotros”... “Y yo lo ví, como lo vieron todos; y Él era diáfano como la luz y como la dicha que sintieron nuestros corazones, pues entonces creímos que se había levantado de entre los muertos y que los mares se han de secar y las montañas han de reducirse a polvo, más su gloria no ha de perecer jamás… Después de transcurridos ocho días, Tomás Didimo puso el dedo en las heridas del Señor y le tocó el costado”.


En 1900 publicó Los Cruzados (Krizaj) a los que siguieron, En el campo de la gloria (Na poluchwaly) en la que glorifica a Juan Sobiesky, El viejo servidor (Stary-sluga), A través de la estepa (Przez-stepy). Quién tiene la culpa (Czy Jawins), El hombre de la linterna (Laturnik), La servidumbre de los tártaros (Niebla tatarska), En una carta (Na jedné karte), Jamiol, etc.


Fue miembro de La Legión de Honor y al celebrar en 1900 su vigésimo quinto aniversario como escritor, hizóse una suscripción popular por toda Polonia con cuyo producto fue adquirido para él como un obsequio popular el castillo de Oblegorck, situado en el distrito de Dielce, y donde vivió hasta que fue desterrado por el gobierno ruso a causa de su ardiente patriotismo.


Trasladóse entonces a Viena y después de haber estallado las hostilidades en 1914 se dirigió a Vevey (Suiza) donde quedó fundada la sede del Comité de Socorro para las víctimas de la guerra en Polonia, cuya presidencia le había sido ofrecida. En esta función le sorprendió la muerte el 15 de noviembre de 1916, siendo sus últimas palabras: “Hubiera querido vivir más para tener la dicha de ver a Polonia libre”.


Fué premiado en el año 1905 por sus méritos literarios con el Premio Nobel.

 

1° y 15 de Junio de 1940.

LA BALANZA NÚMS. 178 Y 179.


Libro: Biografías de la Balanza

Autor: Joaquín Trincado

 
 

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