Don Manuel Bretón de los Herreros
- EMEDELACU

- 4 mar
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DON MANUEL BRETÓN DE LOS HERREROS (1769–1873) que se ha hecho de renombre como poeta cómico y autor dramático, nació en la Villa de Quel, provincia de Logroño, a escasos veinte kilómetros de la famosa Villa de Calahorra, donde vió la luz el tan vilipendiado Poncio Pilatos.
A los diez años de edad fué llevado por sus progenitores a Madrid, donde al poco tiempo perdió a su padre. Su madre, con el fin de darle una esmerada educación, le hizo hacer sus estudios primarios bajo la dirección de los Padres Escolapios de San Antonio Abad.
Por esos años ocurrió la invasión de España por las armas francesas como consecuencia de las intrigas del ministro Manuel Godoy Álvares de Faría, favorito de la reina María Luisa. La sublevación que el valiente alcalde de Móstoles hizo estallar contra los invasores, encendió el amor patrio de nuestro biografiado, quien en 1812 ingresó en los cuerpos de voluntarios
Después de la batalla de los Arapiles en la que los españoles apoyados por las tropas inglesas al mando del general sir Arturo Wellesley duque de Wellington derrotaron a los franceses y una vez depuesto el hermano de Napoleón I, José Bonaparte, llamado despreciativamente “Pepe Botella” por los patriotas españoles, ascendió Bretón de los Herreros de voluntario distinguido, a cabo.
En su filiación de soldado, fechado en Alicante a 5 de septiembre de 1812, se le retrata así: “Estatura: 5 piés, 3 pulgadas, o líneas. Su edad: 17 años. Señas: pelo castaño claro, ojos pardos, color moreno, cejas como el pelo; nariz, regular, barbilampiño”. Como cabo continuó prestando sus servicios en el ejército hasta que en 1822 obtuvo su licencia absoluta.
En lance personal que tuvo por aquellos tiempos le costó la pérdida del ojo izquierdo, tomando su rostro por esta falta, una expresión tan singular que fué durante su vida la más típica característica de su fisonomía y motivando muchos de sus chistes.
Luego de ser licenciado del ejército fué empleado en el ramo de Hacienda, estando encargado de la secretaría de la intendencia de Játiva, y luego de la de Valencia, y prestó más tarde sus servicios administrativos en la Imprenta Nacional y en la Biblioteca de Madrid.
En 1824 se estrenó su primera comedia A la vejez viruelas, con éxito lisonjero y tras esta comedia y con ligeros intervalos en que sin gran fruto, pero con gran facilidad, se dedicó a la poesía seria, dió al público obras tan notables como “Lujo e Indigencia” y “Los dos sobrinos”.
Cediendo a la necesidad, se dedicó a traducir en prosa y verso obras francesas, sus traducciones de esta época y algunas que hizo posteriormente se elevan al número 62, y sus refundiciones al de diez. Cuéntase entre las primeras Andrómaca, Mitrídates, Ifgemia, Orestes, Ariana, Dona Inés de Castro, Dido, La llave falsa, Valeria o la cieguecita de Olbricht la tragedia de Casimiro Delavigne, Los hijos de Eduardo, obra vertida al castellano con tal exactitud y verdad que merece figurar al lado de sus obras originales y que por su buen gusto hacía ya entrever en él al autor de Marcela o ¿cuál de los tres? Entre las segundas merecen especial mención: ¡Qué apuros en tres horas!, Los Tellos y Meneses, La carcelera de sí misma y No hay cosa como callar.
A pesar de este constante trabajo se representó en 1825 su obra original ya mencionada de Los dos sobrinos y tres años después estrenó la comedia en tres actos y en verso A Madrid me vuelvo, por la que obtuvo grandes aplausos.
Fortalecido con el trato y consejos de José de Espronceda y Delgado, Juan Nicasio Gallego y otros poetas famosos, cuya amistad se había captado, olvidó sus antiguas costumbres literarias y empezó a formar un estilo propio, con el que comenzó a dar a conocer su genio especial y personalísimo, y descubrió bellezas y perfecciones sin cuento. En 1831 publicó un tomo de poesías líricas y muchas composiciones poéticas, que, en unión de las letrillas políticas, vieron la luz en “La Abeja”, “El Universal” y otros periódicos, moderados en su mayor parte. Algunos años después puso en ridículo a ciertas órdenes religiosas en una Letrilla joco–fúnebre, que publicó cuando aún estaban muy recientes las sangrientas escenas de 1835.
Solo durante el año 1828 llevó al teatro 37 obras. La constancia y fecundidad de Bretón de los Herreros, así como los chistes que sus composiciones atesoraban, le conquistaron el fervor del público y le animaron a proseguir en la senda emprendida, al fin de la cual había de hallar creado, y éste es su mejor título de gloria, el género bretoniano.
Sus múltiples ocupaciones parecía que habían de absorberlo todo su tiempo, pero aún le quedaba lo suficiente a aquel trabajador infatigable para dedicarse a la política y el periodismo. En 1836 se presentó candidato a diputado a Cortés por el distrito de Logroño, su provincia natal, mas no logró el triunfo.
No todo fue laureles para el ilustre autor dramático que en sus ciento tres obras originales llevaba a la escena tantos tipos reales y cuyos estrenos no estuvieron exentos de incidentes. Si es cierto que alcanzó grandes y favorables éxitos, también lo es que hubo momentos en que sus detractores, que siempre los genios los tuvieron, lograron clavar en él sus acerados dardos, y que llegó a ser tan apasionada la crítica de sus enemigos, que para poner en escena alguna de sus producciones, el ilustre poeta tuvo que ocultar su nombre, firmándolas con seudónimo por creer que evitaría de este modo las censuras de los maldicientes; tal sucedió con el drama ¿Quién es ella? que le trajo enconadas e injustas reprobaciones, pues es quizás el fruto más preciado de su fecundo genio. Nadie tiene pues de particular que al fin de su vida, de un carácter abierto y alegre que era se convirtiese en un hombre huraño y desconfiado
En 1837 contrajo matrimonio con doña Tomasa Andrés, y fué nombrado socio honorario de la Real Academia Española, la que después le eligió secretario perpetuo. En sus últimos años puso su infatigable actividad al servicio de esta corporación, y en los trabajos de la misma marca con profunda huella, la influencia de su saber y su gran talento. En diciembre de 1843 recibió el nombramiento de director de la “Gaceta”, cargo que desempeñó hasta junio de 1847, en que se le confió el de bibliotecario mayor y director de la Biblioteca Nacional.
Ya en el ocaso de su existencia, fué visitado por Don Pedro II, emperador de Brasil (1871, quien como recuerdo, le concedió la banda de la orden de la Rosa.
Minada su salud por el continuo trabajo, falleció en la casa que habitaba, señalada con el número 43, en la calle de la Montera. Su entierro se verificó de modesta manera. España no le honró con solemnes funerales, ni acertó a comprender en algún tiempo que había perdido a uno de sus más preclaros hijos.
Como juicio sintético de la importancia y caracteres del teatro bretoniano, véase lo que dijo de él el no menos celebrado erudito, crítico, poeta y autor español Juan Eugenio Hartzenbusch: “El teatro de don Manuel Bretón de los Herreros comprende piezas de los tres grupos en que se divide la poesía dramática: el trágico, el cómico y el mixto; pero la mayor parte, casi la totalidad de sus composiciones, pertenece al género cómico. Ha escrito el señor Bretón de los Herreros alguna comedia novelesca a la antigua; ha escrito algún drama de invención o historia a la moderna; pero lo más y mejor de su teatro, lo que verdaderamente le da fisonomía propia, consta de comedias de costumbres y caracteres, cuyos personajes son de la clase media. Es, pues, en general, el teatro del señor Bretón, una dilatada galería de cuadros que representan la clase media de España en tres épocas diferentes, señalando con exactitud las alteraciones que han ido marcándose en ellas; desde 1824 a 1833 ofrece un aspecto de homogeneidad y reposo; en los diez años siguientes resaltan la agitación y trastorno de un pueblo en lucha; desde 1843 la agitación va sosegándose. Las circunstancias generales de la época en que principió a escribir el Sr. Bretón decidieron de la forma y dimensiones del lienzo en que había de ejercitar su pincel; escribió la comedia como se podía, como se debía, como era forzosa escribirla entonces, y como, pasada es revolución que trastornó la república de las letras, ha vuelto a escribirse. Tino en la elección y firmeza en el propósito, le han ganado triunfos imperecederos”.
Don Manuel Bretón de los Herreros ha sido sin lugar a dudas el escritor cómico de primera magnitud de su siglo. Su fina observación y su talento le hicieron encontrar la gracia sin el sarcasmo, la sátira sin la irrisión. Sus obras serán siempre consideradas como verdaderos modelos dentro de la amplia estera de la comedia de costumbres. Su conocimiento de la escena fué tan completo y cabal que no se hallan en el teatro de Bretón de los Herreros ni efectismos convencionales, ni contrastes inverosímiles. Estudia a fondo las ridiculeces y debilidades humanas, presentándolas en escena en forma cómica, pero rebosando exquisito refinamiento artístico. Puédese decir que nadie como él entre los autores modernos, supo asimilar mejor los primeros de los poetas cómicos de la antigüedad.
Menandro y Terecio, que tan célebre se hicieron por la pintura delicada de los caracteres y una tendencia moral muy real. Su lenguaje es castizo y natural y el decoro de que viste a sus sátiras cómicas es la mejor corona de sus méritos.
Bretón escribió un poema muy popular titulado La desvergüenza; las celebradas sátiras contra el Furor filarmónico, contra los hombres en defensa de las mujeres, contra los vicios introducidos en la declamación teatral. El carnaval, contra la manía de escribir para el público y contra la hipocresía; son también notables su Epístola moral sobre las costumbres del siglo, premiado en 1841, en los Juegos Florales del Liceo; los Recuerdos de un baile de máscaras y La manía de viajar, dedicada al escritor dramático y lírico español don Mariano Roca de Togores, marqués de Molins e inserta en El laberinto.
Prescindiendo enumerar todas las obras que tradujo al castellano, catalogaremos aquí solamente ochenta y seis de sus ciento tres obras originales, las que con el fin de dar una idea de su labor, las agruparemos bajo cada año en que respectivamente fueron estrenadas, para gloria del gran comediógrafo.
1824: A la vejez viruelas, comedia en tres actos, prosa.
1825: Los dos sobrinos, comedia en cinco actos, verso.
1828: A Madrid me vuelvo, tres actos; El rival de sí mismo, en un acto, prosa; El ingenuo, cinco actos, verso.
1829: El templo de Himeneo, en un acto, verso.
1830: Achaques a los vicios, en tres actos, prosa; La falsa ilustración, en cinco actos, verso; La sorpresa, en un acto, prosa; El ensayo, un acto en prosa.
1831: Marcela, o ¿cuál de los tres? tres actos, en verso; El músico y el poeta, un acto en prosa y verso.
1833: El templo de la gloria, un acto en prosa; El triunfo de la inocencia, un acto en prosa, Un tercero en discordia, tres actos en verso.
1834: Un novio para la niña, tres actos en verso; Los carlistas en Portugal, un acto en prosa; Elena, drama, cinco actos en verso.
1835: El hombre gordo, un acto en prosa; Mérope, tragedia, tres acto en verso, Todo es farsa en este mundo, comedia, tres actos en verso; El plan de un drama o la Conspiración, un acto en prosa; El Liberal por fuerza, un acto en prosa; Lo que es y lo que será, un acto en prosa; Me voy a Madrid, tres actos en verso; La redacción de un periódico, cinco actos en verso.
1836: El amigo mártir,cuatro actos en verso.
1837: Las Improvisaciones, un acto en prosa; Una de tantas, un acto en verso; Muérete y verás; cuatro actos en verso; Don Fernando el Emplazado, drama, cinco actos en verso; Medidas extraordinarias, o los parientes de mi mujer, comedia, un acto en verso.
1838: Ella es él, un acto en verso; El poeta y la beneficiada, dos actos en verso; El pro y el contra, un acto en verso; El hombre pacifico, un acto en versos; Flaquezas ministeriales, cinco actos en verso; El ¡qué dirán! y el ¿qué me da a mí?, cuatro actos en verso.
1839: Un día de campo, tres actos en verso; No ganamos para sustento. tres actos en verso; ¡Una vieja!, cuatro actos en verso; Vellido Dolfos, drama, cuatro actos en verso.
1840: El pelo de la dehesa, cinco actos en verso; Don frutos en Belchite, tres actos en verso, Lances de Carnaval, un acto en verso; Pruebas de amor conyugal, dos actos en verso, La Ponchada, un acto en prosa; El cuarto de hora, cinco actos en verso.
1841: Dios los cría y ellos se juntan, tres actos un verso; Cuentas atrasadas, cuatro actos en verso; Mi secretario y yo, un acto en verso: Lo vivo y lo pintado, tres actos en verso; La pluma prodigiosa, magia, tres actos en verso.
1842: La Batelera de Pasajes, drama, cuatro actos, en verso; La Escuela de las casadas, cuatro actos en verso; El editor responsable, tres actos en verso.
1843: Los solitarios, zarzuela, un acto en verso; Estaba de Dios, comedia, tres actos en verso; Un novio a pedir de boca, tres actos en verso; Un francés en Cartagena, dos actos en verso; Finezas contra desvíos, cuatro actos en verso; Una noche en Burgos, tres actos en verso; Pascual y Carranza, un acto en verso.
1844: La Independencia, cuatro actos en prosa; A lo hecho, pecho, un acto en verso; Cuidado con los amigos, tres actos en verso; Aviso a las coquetas, un acto en verso; Frenología y Magnetismo, un acto en verso.
1845: Mi dinero y yo, tres actos en verso.
1846: Errar la vocación, tres actos en verso.
1848: Memorias de Juan García, tres actos en verso.
1849: ¿Quién es ella?, cinco actos en verso.
1850: Los poderes, tres actos en verso.
1851: Una ensalada de pollos, un acto en verso.
1852: La Escuela del matrimonio: tres actos en verso: El valor de la mujer, drama, tres actos en verso.
1853: La cabra que tira al monte, tres actos en verso.
1854: La niña del mostrador, tres actos en verso; Cosas de Don Juan, zarzuela, tres actos en verso.
1855: Al pie de la letra, comedia en tres actos en verso.
1859: La hipocresía del vicio, tres actos en verso.
1860: Entre dos amigos, tres actos en verso; Elvira y Leandro, cinco actos en verso.
1862: La hermana de leche, tres actos en verso.
1863: María y Leonor: tres actos en verso.
1864: Cuando dé cincuenta pases…, tres actos en verso.
1866: El Abogado de pobres, tres actos en verso.
1867: Los sentidos corporales, tres actos en verso.
De las obras de Don Manuel Bretón de los Herreros, se han hecho innumerables ediciones dentro y fuera de España, siendo las más importantes las de París, (1853), y la de Madrid (1883).

Julio 15 y Agosto 1° de 1939.
LAS BALANZAS NÚM. 158 Y 159.
Libro: Biografías de la Balanza
Autor: Joaquín Trincado
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