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Joaquín Trincado

Voluntad sentida y realizada

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 24 nov 2023



Cinco son los puntos fundamentales o motivos de los actos volitivos, sentidos y realizados.


1°. El Psiquismo Motor, pro y contrario.

2°. Motivos externos.

3°. Motivos internos.

4°. Motivos mixtos, y

5°. Plebiscito determinante del acto volitivo. Estudiémoslos.

Para que haya un efecto, es preciso que haya una causa; para sentir y realizar la voluntad, ha de haber también motivos.


Motivo significa antecedente por el que, nos decidimos a un acto voluntario.


Pero los motivos que nos llevan a la acción voluntaria, reúnen todas las formas Psico-físico-fisiológicas, o sea una forma Psíquica entera, por lo cual es lo más compleja, estando latentes y descubiertas, la emoción, el impulso, un deseo y una repugnancia.


La emoción, es producida por el estímulo: y el impulso, aunque lento, es el característico de la volición.


El impulso a veces, se confunde con el deseo en su forma positiva, y la repugnancia siempre se presenta como forma negativa.


Pero la emoción y el impulso siendo elementos Psíquicos del motivo, toman el nombre especial de sentimiento.


De modo que, el sentimiento, se forma por la concurrencia de la emoción correspondiente al estímulo del impulso característico de la volición.


Desde luego, los sentimientos se clasifican de acuerdo con sus respectivas emociones que responden a necesidades de protección individual, genésica o social.


Las excitaciones de los estímulos con sus fenómenos sensacionales y perceptivos, lo mismo que las ideas simples o complejas; como las asociaciones y los juicios o raciocinios, son motivos mediatos de las voliciones, puesto que no tienen otro papel que el de suscitadores de sentimientos para que estos obren con motivos inmediatos en forma de impulsos volitivos.


La desesperación, el odio, la curiosidad, la compasión, el amor, el orgullo, o cualquiera otra forma emocional, son motivos de las acciones humanas; y las cosas, personas, imágenes, ideas y cualquier manifestación de toda índole, son hechos internos o externos que pueden suscitar los sentimientos.


Existe, sin embargo, un fenómeno intelectual en el estado consciente de la volición puesto que hay una voluntad sentida; es la imagen mental preponderante del efecto (acto) y esa imagen, la sentimos sola o acompañada de otras imágenes secundarias, por que son reflejos de la imagen motriz a cuyas secundarias llamamos consecuencias.


Por eso se ha considerado la voluntad sentida como la representación preponderante y exclusiva de la conciencia de un acto, pero acompañada de una tendencia también preponderante a realizar el acto representado; lo que conduce filosóficamente a pensar que, la tal preponderancia no puede ser más que una ley inflexible y de justicia, que en las filosofías vedas se llama la ley del Karma. Nosotros entendemos que es ley fatal de necesidad para el dominio del espíritu sobre sus dos entidades cuerpo y alma.


Cuando el motivo es único, como cuando inmediatamente de presentado es robustecido por otro motivo que tiende al mismo fin, no falta más, sino que el acto sea realizado (ejecutado), entrando entonces bajo el dominio de la voluntad realizada: en ese caso los movimientos constitutivos del acto, se denominan espontáneos, pero sólo para distinguirlos de los reflejos y automáticos.


Más si los motivos son varios, pero no concurrentes; es decir, que se presentan en pugna, hay entonces una evolución en la voluntad y manifiesta nuevos fenómenos.


Todo esto es lo general y principal perteneciente al ¨Psiquismo-motor pro y contrario”, y necesitamos saber la procedencia de los motivos contrarios o alterantes que pueden sobrevenir, mientras está latente un impulso volitivo.


Supongamos el caso frecuente de un golpe recibido por la espalda, que nos produce en el acto, un sentimiento colérico acompañado de un impulso agresivo contra el causante. Pero resulta que es un amigo que nos gasta una broma pesada: esta percepción constituye un motivo que, en forma de afecto, se opone al impulso predominante. Más supongamos también que al darnos vuelta para ver al agresor, nos encontramos con un enemigo peligroso y más fuerte, y entonces también se interpone otro motivo capaz de detenernos, dominando el impulso agresivo que tuvimos.


En estos dos casos, ha habido un juicio previo instantáneo; bien por la amistad, motivo capaz y eficiente para cambiar en risa la cólera; ya por la imposición del enemigo más fuerte que nosotros y el instinto de conservación, nos impone la prudencia.


En los dos casos, se revela un juez de esos actos, muy experto, que no puede ser la materia animal nuestra por pura que sea, porque siempre su instinto es, la venganza; pero que cuando está ordenada y regida por su mayor espíritu, Juez específico, se interpone al instante por la amistad o por la prudencia y evita un mal mayor.


Para el caso precitado ocurre que, surgen en la mente instantáneamente, las imágenes del efecto y consecuencia que traería la disputa, la riña y el escándalo de la participación de la justicia; y cada una de estas imágenes, hace el papel de un prudente policía, que evita los hechos consecuentes de una revolución externa. Su mediación, ha generado motivos contrarios o atenuantes del impulso volitivo.


Todo esto precitado se encierra en los puntos 2°. y 3°. “Motivos externos” y “Motivos internos”.


Pero ocurre también “Motivos mixtos” o sea que pueden sobrevenir motivos emanados a la vez de las nuevas percepciones o de las imágenes representativas del efecto y consecuencias del acto.


Pero ocurre también con frecuencia que, a la par de motivos contrarios al motivo primitivo, concurren otros con tendencia a robustecerlo; y en este caso, se traba una lucha de impulsos desarrollada en la conciencia; en ésta, desfilan las imágenes de los distintos efectos y de sus consecuencias. Dichas representaciones mentales son sometidas a la reflexión y la razón termina el litigio con sus juicios e inferencias, produciéndose en nuestra conciencia un impulso resultante de volición definitiva.


A este proceso le damos el nombre técnico justo de deliberación de la que resulta una volición llamada determinación.


La determinación como se ve, depende de la fuerza respectiva de los motivos concurrentes, como dicha fuerza depende también y a su turno de sus motivos; de la energía emocional del agente; de las condiciones en que éste se encuentre; de la naturaleza de los estímulos, etc., lo que quiere decir que, el valor de los motivos es relativo, según las condiciones permanentes y transitorias del agente que los engendra.


Pero si dos o más motivos en pugna entre sí son de idéntico grado de fuerza, la deliberación es más larga y a ese estado consciente lo llamamos indecisión.


En este caso, la determinación suele producirse en virtud de un motivo insignificante, muchas veces inconsciente, lo mismo si hay dos pesos iguales colocados en ambos platillos de la balanza, vencerá aquel que reciba la adición de un nuevo peso, por mínimo que sea.


Cuando ha llegado la determinación, termina el proceso de la voluntad sentida, no faltando sino los movimientos de la voluntad realizada y los constitutivos de la ejecución del acto, a cuyos movimientos llamamos reflexivos.


La ejecución puede seguir inmediatamente a la determinación o puede tener lugar un tiempo más o menos tarde, esperando a conciencia la oportunidad más adecuada, lo que ya entra en el campo de la lógica y conveniencia: pero el proceso reflexivo determinativo, está terminado desde que venció uno de los motivos…


Lo que sí que, mientras no se realiza el impulso volitivo, queda latente bajo el nombre de intención; pero es necesario distinguir la intención del deseo latente y característico de las pasiones y se consigue y diferencian en que en la intención hay una volición completa; y en el deseo pasional puede haber lugar a una deliberación previa, cuando llega la ocasión de satisfacer el deseo, aun a costa de causar daño a un segundo. Aquí no obra la razón, sino la aberración.


Mas puede ocurrir que antes del principio de ejecución se presenten nuevas percepciones o reflexiones y reabran el debate volitivo forzando a reconsiderar la determinación, que será confirmada, modificada, aplazada nuevamente en su ejecución o revocada; a cuyo caso, lo llamamos desistimiento. A los motivos que sobreviven en la volición, les dan nombre de obstáculos físicos, si proceden de excitaciones exteriores; y de obstáculos morales si emanan de representaciones mentales.


También pueden presentarse los obstáculos una vez empezada la ejecución y entonces se llama Conato o tentativa si la ejecución no es consumada.


Aún un punto final: los motivos y obstáculos reciben denominaciones especiales según provengan de voluntad ajena.


a) Coacción: es un motivo que, en forma de amenaza, produce en nuestro ánimo, una determinación contraria a nuestra voluntad, desistiendo de la ejecución: cuya coacción puede ser también Psíquico-moral, además de física.


b) Violencia: es el obstáculo que impide, detiene, o deshace la ejecución de nuestro acto espontáneo o reflexivo, cuyos dos casos se encuentran penados en todos los códigos, porque matan la libertad.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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