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Joaquín Trincado

Un concepto de patria

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 3 nov 2025
  • 4 Min. de lectura
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En el banquete ofrecido al Dr. Pueyrredón, en la residencia del gobierno del vecino País, del Uruguay, el funcionario argentino, al contestar el discurso del Dr. Brum, expuso el concepto de Patria que, acaso distinto a la generalidad de muchos hombres, sostiene individualmente y en sus actos de gobierno, el representante de nuestro Ejecutivo. Las palabras del ministro, que por la forma en que fueron dichas, aparecen como inspiradas y autorizadas por el Presidente señor Irigoyen, son una revelación en materia nacionalista, que han de haber sido recibidas con sorpresa por el auditorio que las escuchó.

  

Refiriéndose al primer magistrado, dijo el Dr. Pueyrredón:

 

He sido su colaborador y su testigo, y puedo, señor, suscribir que, efectivamente, el Presidente argentino, del que me honro en ser, a la vez que su ministro, su admirador y su amigo, tiene un concepto de patria acaso distinto a la generalidad de muchos hombres. Entiende que es tanto más grande el patriotismo, cuanto más amplias son las fronteras y los horizontes en que se encauzan; considera que no debe limitarse ese sentir al amor estrecho y apretado del terruño, sino que, por el contrario, los pueblos, como los hombres, son tanto más fuertes cuanto más grande es el número de sus amigos y cuanto más generoso es el vínculo que los une a los demás pueblos, o a los demás hombres.

  

Sorprende en verdad semejante concepto, cuyo sentido, si bien no se precisa con claridad por los términos ambiguos en que está concebido, deja adivinar el espíritu que predomina en la Casa Rosada, acerca de los problemas del Nacionalismo, como de las premisas que le sirven de base para encararlos. Bien mirada esta definición, que no se limita al amor estrecho y apretado del terruño, está enteramente de acuerdo con la política presidencial, a la que le merece mayores atenciones el arraigo de su personalidad en los pueblos extranjeros, que los intereses morales y materiales del propio pueblo que gobierna.

  

La actuación nacionalista del Ejecutivo falla, en efecto, por esa su base angular; se separa de toda idea aceptada, de todo procedimiento aconsejado por la prudencia y por la experiencia, para aceptar la verdad dogmática de que la Patria es un sinónimo de partidismo y que termina en el último afiliado a sus idealidades políticas. El amor estrecho y apretado del terruño, sentimiento egoísta si se quiere, pero primario de nacionalidad, que consolida la conciencia de los deberes individuales frente al progreso público, que fomenta el espíritu de cohesión social y contribuye en forma fundamental a la grandeza de las naciones, no le interesa, pero le interesa, en cambio, estrechar vínculos y aumentar el círculo amistoso en el extranjero.

  

El criterio que informa semejante concepción no puede ser más falso ni erróneo. Eso no es patria en ninguna parte. La esencia egoísta que encierra el concepto de patria, no puede ser la declamación sobre la armonía y la solidaridad internacionales, que constituye un sentimiento secundario, en el orden de los que se armonizan en el espíritu humano, donde el de la nacionalidad, el del lugar donde se nace, el de los afectos que crea la comunidad de vida, en una obra familiar y política y grande de esfuerzos definidamente propios, lo ocupa por entero y no sucumbe jamás ante otro alguno.

  

Una vez consolidado el sentimiento nacionalista en términos definitivos, aparece el de la solidaridad internacional en el espíritu, cuando de aquel ya no puede esperarse una traición alevosa. Y en honor a la verdad, debe decirse que ésta no es la situación actual del espíritu nacionalista argentino, sacudido por tendencias extrañas, que reclaman del gobierno procedimientos enérgicos, distintos a los que viene siguiendo en su política.

   

Antes que los sentimientos esbozados por el señor Ministro en el banquete de la casa de gobierno de Montevideo y por sobre todo otro, están los deberes nacionales, a los que se debe por entero el Ejecutivo, para marchar a la consecución de nuestro destino histórico, por el cauce de un patriotismo bien entendido, sin las asperezas ni diferencias a que conduce la ofuscación partidista y los sectarismos ideológicos.

  

Obreros de la misma causa común, al calor del estímulo oficial, las naciones se engrandecen, se cohesionan y se vigorizan en el patriotismo, en el amor estrecho y apretado del terruño.

  

Después de esto, se comprende que los hombres que se inspiran en el bien nacional, estén de acuerdo en que el Ejecutivo “Tiene un concepto de patria distinto al de la generalidad de muchos hombres.

  

Como los conceptos vertidos por el Dr. Pueyrredón son los que sustentamos en toda nuestra doctrina y confirman, además, cuanto estamos sosteniendo en estos Cinco Amores, decimos en su honor: muy bien dicho; pero le pedimos que lo lleve a la práctica, sin hacer caso a los críticos estrechos y encarcelados en su zurrón.

  

Pasamos a otro punto. Hemos sostenido que, el País Vasco, es la cuna del Españolismo y de las naciones creadas por España y que el congreso de estudios Vascos había desentrañado que, el Griego y sus letras, son hijos del Vascuence. Sabemos ya, que la afinidad atrae por su propia fuerza, y he aquí que mientras yo evoco todos estos recuerdos históricos en los destinos, me han oído sin duda en mi evocación y una comisión de esa sociedad de estudios Vascos se dispone a venir a Buenos Aires a estrechar aún más la Espiritualidad e interés de la raza. Copiamos. (Del «Diario Español»


Libro: Los cinco amores

Autor: Joaquín Trincado 

 
 
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