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Joaquín Trincado

Sorpresa, pedido y promesa

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 6 dic 2024
  • 4 Min. de lectura


Teníamos una reunión en la que había no menos de veinte personas. Di lectura al capítulo 14 de la “Vida de Jesús dictada por el mismo”; acabado de leer se posesionó la médium y recorrió todo mi ser un escalofrío, porque vi al comunicante con una terrible cruz a cuestas en tanto que de los ojos de la médium rodaban dos gruesas lágrimas y con gran congoja y emoción dijo:


“¡Ay… este momento primero de descanso, parecía no llegar! Conforme estoy a vuestro lado y un momento de tranquilidad experimento en mis continuos sufrimientos; aquí están los fluidos que hasta ahora no me han sido posible respirar a pesar de mi necesidad; a pesar de mis deseos, más por fin, puedo descansar un momento entre los que buscan a Dios, a mi Padre, ¡a vuestro Padre!” …


Un movimiento de asombro y de amor fue demostrado por los asistentes y yo dije. “¡Jesús y hermano amado!... Prometida tenía tu venida por nuestra Madre, pero aún no te esperaba. Yo te saludo en amor”.


“¡Hermano querido! Estoy muy bien a tu lado; tus fluidos que algunos siglos han estado separados de los míos, aún conservan y acrecentado su amor y la afinidad; vengo a darte la instrucción a que estoy obligado a lo que ahora empezaré a darte consuelo en tus luchas, con mis luchas y sufrimientos; y a recordarte nuestro amor que tu espíritu sabe, pero la materia ignora por sabiduría y justicia de la ley: vengo, también y primero, a pedirte parecer y… ayuda”.


“Hermano mío: hambriento estoy de amor; deseosos de aprender estamos: más parecer ¿de qué me pides, Jesús? Te oímos.

“En la lectura que acabas de dar, habéis de tomar las enseñanzas que yo debo daros, el amor en ellas resplandece, esas son las palabras, salvando errores de dicción y traducción que yo pronuncié en vida, las que he tenido que repetir en espíritu para que la luz sea hecha en medio de las tinieblas y la confusión y en cumplimiento de mi promesa de repetirlas. Era la hora y no me fue dado otro instrumento, bastante prejuiciado”.


“Yo vengo a vuestro lado para ayudarte a propagar esas ideas que otras veces has propagado y defendido y, hoy que era la hora llegada, las he recordado, para rebatir las ideas destructoras que se han amasado y cargado a mi responsabilidad y, tan agobiado estoy, que ya no puedo más y vengo a pedirte ayuda hermano mío” … Se levantó como agobiado y soportando el peso de la cruz dijo:


“Mírame, hermano mío”, agobiado por el peso de esta cruz terrible; más compasivos fueron los Sayones de Jerusalén; pues aquellos, viéndome debilitado, no me cargaron con la cruz; y los que pretenden representarme, me han cargado esta tan pesada por lo ignominiosa, que no puedo soportarla más tiempo. Yo quiero venir a la tierra aligerado y tú, hermano mío, ¡quítame ya está cruz!... ¿Cómo encuentras mis revelaciones contenidas en ese libro? ¿Tienes algo que observarme?... Jesús, lo que yo te hubiera observado, ya tú lo has observado, pero debiste decir todas las cosas de modo que te entendieran, o no debiste decirlas; así te habrías librado de ser ultrajado tantos siglos; aún más, ¿por qué no adelantaste el tiempo de desmentir, como lo has hecho ahora? Por lo demás, yo estoy conforme con la doctrina revelada en ese libro, porque es doctrina de Amor; porque la razón la admite y es digna de Jesus.


Vi en actitud de arrodillarse a la médium con gran trabajo, lo que no le consentí y dijo:

Hermano mío, yo soy el primer juzgado: (no comprendí entonces el sentido de estas palabras) gran consuelo me das; y ya que me haces justicia… ¡Quítame esta cruz… para que la tuya sea más ligera y resplandeciente! ¿Me la quitarás…?


__ El pedido me asustó… Pero reaccioné al momento y dije: ¡Jesús hermano mío!... mucho me pides… soy muy pequeñito… pero… porque tú me lo pides, con tu ayuda y la de mis buenos hermanos que oyen mis palabras… con la ayuda del Padre, por el ancla que veo en Xavier… te la quitaré…


“¡Oh Padre mío, por fin! ¡Gracias maestro Xavier! ¡Gracias hermano mío! La ayuda no te faltará. Todos sembrad el amor entre todos los hombres porque sois todos hermanos y, decir la verdad porque ya es hora de desenmascarar. ¿Deseas saber algo que yo te pueda contestar?”


__ Se me ha dicho, hermano mío, que discípulos tuyos se han elevado en progreso sobre ti. ¿Puedo creerlo y no desmerece Jesús?


“Ya has oído mi exclamación, ¿Por qué has de dudar si el progreso es infinito? ¿No anuncié al Espíritu de Verdad? ¿Puede desmerecer el maestro por ver elevarse a sus discípulos? ¿Dónde estaría el progreso? Además, hay discípulos que solo hacen rememorar con la explicación del maestro. Pero el espíritu es más grande, cuanto más ama ¡Oh Xavier! ¡Gran Xavier! Que grande eres, porque grande fue tu amor”.


“Hermanos míos; ya siento el alivio de la cercana esperanza y ya que me quitaréis esta cruz tan pesada y negra, que la vuestra sea ligera y resplandeciente y la paz sea la alegría en vuestros espíritus. Recibid la bendición del Padre y la mía”.

Jesús de Nazaret.


N.B. __ Esta comunicación fue el 30 de mayo de 1911 a las 9 de la noche y el 31 a las 9 de la mañana, escribía la carta a Pío X. Papa, que queda insertada.


Libro: Buscando a Dios

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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