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Joaquín Trincado

Sentimientos estéticos; Los sentimientos innatos

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 24 nov 2023



Examinando la clasificación de los sentimientos podemos advertir que las emociones penosas, tanto depresivas como exaltativas, envuelven un impulso contrario a la causa del estado sensible, cuyo impulso tiende a eliminarse. Es el instinto.


Esas tendencias, que estudiaremos su naturaleza, en la voluntad, reciben el nombre genérico de necesidades.


Los goces o emociones agradables son un resultado de la satisfacción de las necesidades originarias de las penas.


Pero cuando dicha satisfacción llega a ser interrumpida el estado emocional reacciona y engendra un nuevo pesar.


Entonces hay dos clases de emociones penosas: las producidas por la necesidad latente y las producidas por la interrupción de la emoción agradable; porque en la necesidad sentimos la angustia y en la interrupción el despecho.


Vemos, pues, que lo mismo los goces, los placeres y los dolores están vinculados a tendencias activas; cuyo fin no es otro que el de la conservación y protección del individuo y de la especie, lo que analizó severamente Schopenhauer en su desnudo estudio de la especie.


El miedo, la cólera y la curiosidad son emociones directamente asociadas a las necesidades y deseo tácito de protección individual.


El amor propio, el amor genésico y la ternura resultan indisolubles de la protección de la especie, sobre todo de la prole, del hogar y agrupación social.


Y bien: todas esas emociones y lo mismo que sus derivados reciben con sus impulsos un nombre común: Sentimientos.


Mas hay una categoría de sentimientos que su utilidad no es directa en lo que toca a la protección del individuo, de la prole y de la sociedad y son los sentimientos estéticos, constituidos sobre las emociones derivadas de la emoción fundamental que es el juego como nombre general.


Esta emoción, en efecto, es producto consciente del gasto de energías sobrante, a causa de nuestras superfluas actividades, que, aunque les damos tal nombre, son necesarias.


En efecto, y al efecto, verificamos dicho gasto:


1°. Por la razón de que todo exceso de energía da lugar a un dolor o trastorno;

2°. Por las vías habituales o instinto a una misma resistencia;

3°. Porque está de acuerdo con las leyes emocionales de contagio o imitación, y

4°. Porque se ajusta a las leyes del ritmo, de la armonía y melodía, o sea de simultánea regularidad de las energías.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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