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Joaquín Trincado

Se falta a la ley por demás y por de menos

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 3 jul 2025
  • 7 Min. de lectura
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Hay en este párrafo muchas cosas que considerar, porque todos los seres ni son del mismo temperamento ni de la misma complexión, ni del mismo grado de progreso, ni de la misma moralidad, ni pesa sobre todos con el mismo rigor la ley de justicia según las deudas que tenga, o haber en sus cuentas.

   

Más a pesar de todas esas cláusulas, la ley es de justicia y se falta por abuso y por falta de uso.

   

Cuando el hombre está en la luz, es decir, en posesión de la sabiduría, éste está sobre la carne; sabe su medida; y por la ley de justicia será su compañera de las mismas cualidades y darán a la carne lo que en ley le pertenece, con conciencia de su deber y en conciencia de no tomar más que lo justo, porque sus espíritus están satisfechos y gozan de las grandezas del Padre en el Universo.

   

Si el hombre está en la ley, pero sin un alto progreso, éste tiene que tomar una medida de previsión; y es para éste para quien hay que legislar para su tranquilidad y adelanto; en primer lugar, la primera idea en el uso de la carne debe ser la de la procreación, y este deseo es general en los que se unen en amor y afinidad, y es muy raro ver una unión de dos seres en estas condiciones, que en el primer año no tengan en sus brazos o próximo el fruto de su primer amor; estas uniones de los seres de esta condición generalmente son exaltados en la pasión, porque no son sabios en su espíritu. Hay que decirles que no tienen derecho a consumir sus fuerzas y apurar su amor y pasión carnal en breve tiempo, porque se deben a sus hijos, fruto del amor.

   

Más hay otros casos que hoy serían faltas y escándalos y que, sin embargo, son justicia y suceden y sucederán aun por dos generaciones; como he dicho, hay deudas que pagar, pero está el consejo del Maestro, que sabrá lo que procede en justicia.

   

Generalmente, en los mundos de expiación como la tierra, desencarnan más hombres que mujeres en la época de la fuerza; quedan las mujeres y precisamente cuando la carne pide su uso por estar en su mayor fuerza. Según las leyes actuales, a estas mujeres se les obliga a morir también moralmente, puesto que, si llegan a concebir después de su viudez, se les critica, y se les despoja del usufructo que le dejara su compañero; esto es ignorar en absoluto las leyes de la carne y las de justicia divina, y yo sometería al Juez si se encuentra en la edad de la fuerza, a prohibirle del uso y hasta de las sensaciones de la carne, pero con testigos oculares permanentes, y si él era capaz de no sentir necesidad, entonces podría fundamentar una sentencia; pero este juez, antes de ocho días, tiraría con el código y se convertiría en defensor de aquella mujer que tenía perfecto derecho al uso de la carne, porque la rigen las mismas leyes que al hombre; y que lo que en dote llevó su marido le pertenece, porque su marcha obedece a un acto de la justicia divina.

   

Pues bien; estas mujeres tienen que sentir forzosamente los instintos de la carne, y no los acallará más que el contacto del hombre; y como sabe que si es descubierta será criticada, vilipendiada y despojada de lo que le pertenece por el amor que dio y tiene a su desaparecido compañero, usará de medios que siempre constituirán un crimen, y si es descubierta, se le castigará también por criminal. ¿En qué quedamos, justicia de la tierra? Si la viuda se casa, si no se casa y concibe, la condenáis; si ella burla la ley de la procreación, la acusáis de un crimen; luego, si la acusáis de un crimen, el infante nacido, abortado o esquivado por otros medios, había entrado por otra ley superior, que vuestra ley no pudo evitar. Lo que hay es que esa mujer, en la ley de justicia divina, no está excluida del uso de la carne. Luego vuestra ley es falta de razón y es de justicia abolirla, para no dar motivos a tretas y crímenes, de los cuales es responsable vuestra ley, hija del error religioso.

   

El uso de la carne en medida, es salud para los cuerpos; acrecienta y consolida el amor de la unión y da en la procreación hombres sanos y robustos en su constitución y de provecho para la sociedad. En el libro “Profilaxis de la vida”, damos a la mujer lecciones de provecho.

   

El uso desmedido de abuso mata los cuerpos y da hijos enclenques y raquíticos en constitución y facultades intelectuales, el padre es responsable de la degeneración de los seres, y ellos mismos (los libertinos) son incapaces de grandes empresas y completamente inútiles para iniciativas morales y envenenan la sociedad.

   

El no uso de la carne trae aún peores consecuencias y trastornos mentales aparte de un sinnúmero de enfermedades y vicios, y son asesinos de ellos mismos y roban a la Comuna un número de hijos y el provecho que estos hijos proporcionarán en su día; y, al fin, reniegan de la ley de procreación por la que él existe.

   

Más hay aún otra clase de mujeres y hombres que considerar, sobre las viudas que he considerado y en esto deben fijarse todos mucho.

   

A pesar de que las leyes divinas han cuidado de poner sobre la tierra, poco más o menos el mismo número de seres de los dos sexos, vemos, sin embargo, un gran número de mujeres y de hombres que no se emparejan. En esto hay una ley de justicia que pocos ven; pero esos seres han venido a la tierra a pagar deudas y a equilibrar la procreación y luego se encontrarán los afines y se unirán, después de haber pagado la deuda que debían, al ejemplo del militar que atrás hemos considerado y al mismo orden de justicia corresponden las viudas; es decir, que una mujer y un hombre han venido en afinidad; pero uno y otra tienen deudas que pagar antes de unirse para cumplir la suya de afinidad, y éstos nacen, en general, en diferentes puntos y en donde está su acreedor, diremos, que seguramente está pagando o cobrando otra deuda, unido a otra mujer. La justicia divina y la ley natural de afinidad, que jamás andan separadas ni desacordes, ha previsto tan admirablemente las cosas, que no se les puede tachar de una imprevisión, cuando se las comprende.

 

Vamos a considerar un caso bastante frecuente y que ha originado miles de trastornos de los hogares y duelos que llaman de honor, suicidios y asesinatos, por ignorancia de las leyes rigurosas que rigen la vida de los seres, compendiadas en las sentencias: “Si odias tendrás que amar”; “Si matas, con tus besos resucitarás al muerto”.

  

Consideramos una mujer siempre honesta. No tenemos en cuenta su estado civil. Habló muchas veces con un hombre o no habló nunca y lo ve por primera vez, y sin mucho pensar ni darse cuenta del acto, es de aquel hombre, sin mirar ni pensar las consecuencias que generalmente dan el resultado de un nuevo ser. ¿Es la viuda? Es una deuda que tenía que pagar después de la que pagó o cobró de su compañero desaparecido. ¿Es casada? Pues es deuda contraída y se la pagan en la misma forma y modo que se contrajo. ¿Es soltera? Es igualmente una deuda que cobra o paga y es anterior a la que debe pagar o cobrar de su afín. 

   

Es en vano querer burlar las leyes divinas y naturales, porque por encima de todas las leyes sociales y opresoras se cumplirán. Aquí no tienen que hacer los estados y legisladores más que no oprimir; establecer inmediatamente las casas comunales, porque todos esos productos y esas deudas son ocasionados por la presión y el error de las leyes supremáticas y vergonzosas que hasta ahora rigen; mejor dicho, desequilibran los pueblos; y hoy, que nuestro Padre os descubre, porque es hora, los secretos de sus leyes, porque no han sido los hombres suficientemente sabios para aprenderlos, por el orgullo y el despotismo que degeneró en tiranía cruel e inmoral, conviene que empecéis, por vuestro bien, a plantear la Comuna de los niños, porque encuadra y es la coronación del alto progreso material a que la tierra ha llegado por el constante trabajo del espíritu y que hoy reclama su puesto y en reinado de libertad, en el santo amor, el que la generación venidera trae en fruición. 

  

Yo sé que toda esta doctrina la siente la mayor parte de la humanidad sin exceptuar a la mujer y que la cumplen en muchas partes; pero no con un principio de justicia equitativa, porque el hombre es autoritario en todas partes y en todos hay religiones que han prevaricado en ese punto y han tenido por base sólo la razón de la fuerza y el embrutecimiento de la mujer; pero en los países donde ha dominado la religión católica cristiana, ha pasado los  límites de la sinrazón, porque por sus dogmas tiende a matar la humanidad; siendo tal su insensatez, que se decretan ellos mismos su desaparición, ya que por el celibato ellos no deberían haber nacido.

   

Jesús lo dijo en la metáfora de “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”; máxima que encierra toda esta doctrina, aunque los intérpretes de las Escrituras lo hayan tomado por lo que intrínsecamente representaba en el hecho de pagar el tributo como maestro, y yo sé que Jesús, envolvía en ello toda la doctrina que aquí sostengo; y lo sé porque, como ya se os ha declarado en la “Filosofía Universal”, por el que era hermano de Jesús y su apóstol en España.

   

Estas mismas cuestiones son racionales y las siente toda la humanidad; hasta los más rústicos labriegos, que seguramente harían leyes más sabias que las que han hecho los doctores sistemáticos y los llamados sabios de las religiones, y lo confirmo con un cantar que oí, de joven, a un viejo que tocaba la guitarra y cierro este párrafo con aquella copla:

 

El tabaco y la mujer

Son para la juventud;

Y si los gasta con regla

Son para el hombre salud.

   

El que las cantó era un sabio, sin saber leer letras; pero leía en la razón, con alta filosofía.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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