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Joaquín Trincado

Salida de españoles. Efecto de la baja de salarios

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 15 oct 2025
  • 8 Min. de lectura
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Nueva York, enero 11 (United). - El consulado de España en esta ciudad está recargado de trabajo a causa de los innumerables españoles que hacen visar sus pasaportes, porque quieren volver a su patria en vista de la baja de los salarios en los Estados Unidos.

   

Es casi nula la llegada de inmigrantes españoles.

   

No queremos agregar otros despachos bursátiles y de miserias y trampas que denotan hasta qué punto peligroso e inmoral, llegan los vividores serviles y creadores del Dios Dinero; pero preguntamos: ¿Si el hombre fuera la moneda única, se llegaría a estos casos extremos y vergonzosos? Seguramente no. Como seguramente la conducta de todos los hombres sería desinteresada y el hambre y las pasiones no tendrían lugar y por lo tanto la paz sería inalterable.

   

Se dice que, si faltara el dinero, faltaría la iniciativa y que el hombre caería en la molicie.

  

Falsa comprensión del ser hombre es esto; confesión franca del hombre duro, egoísta, pequeño, sin sentimiento, metalizado, religioso, es ese teorema, que se deshace por sí sólo con esta pregunta: ¿Tiene el dinero poder para evitar la muerte del adinerado? Que conteste P. Morgan y tantos archimillonarios.

   

Luego el poder del dinero es mucho más reducido que el del hombre; y tan reducido es, que no alcanza nunca a cubrir las necesidades del progreso.

   

Hay en la actualidad muchos y grandes proyectos en todas las naciones, que son una necesidad irreductible, y no se hacen, porque el dinero no alcanza; entre estos proyectos hay uno del ingeniero español Antón, del Ferrocarril Madrid-Algeciras-Dakar, que con otro sur americano, Buenos Aires-Pernambuco,bastarían tres días de travesía en vapor, Dakar-Pernambuco; y si no sería muy económico financieramente, aminoraría un 80% los peligros del mar, que tantos miles y millones de vidas y mercaderías se traga. Cuando el señor Antón trazó este proyecto, yo tracé el del paso del estrecho de Gibraltar, con un puente, hecho con todas las cruces que existen en el mundo, y esto las dignificaría y lavaría de su infamante representación.

   

¿Por qué no se ha hecho este proyecto, necesario para unir tres continentes y salvar las vidas de los hombres? Porque el dinero no alcanza; como no se ha hecho aquí un proyecto que en mayo de 1914 entregué en la Cámara de Diputados Nacionales, para la transformación en fuerza eléctrica, la singular y única masa de agua del Iguazú, que traería como consecuencia, la verdadera libertad económica de la Nación; pero el dinero no alcanza. ¿Qué vale, pues, el dinero? Lo que vale la religión: nada de moral ni de bienestar.

   

La muerte de ese impotente Dios, la hemos decretado y nada levantará esa sentencia: pero es que también lo hemos condenado a servir a esta nuestra gran causa y quiera y no quiera, para castigo suyo, ha de servir; lo mismo que nos sirven las religiones con sus inmoralidades y odios, para establecer la moral austera y el amor que traemos. Lo mismo también que nos sirven los reyes y gobiernos con sus Autocracias y despilfarros, para asentar la democracia y la soberanía del pueblo y la economía verdadera de fuerzas y productos, que traerán la Paz, la libertad, la fraternidad, la justicia y el amor, que hemos traído y hecho ley en nuestro Código de Amor Universal, bajo el cual el hombre hará todo sin dinero y sin estorbos y en todo el mundo a la vez, puesto que todo él habrá constituido el 4° y 5° Amores. No habrá fronteras: nadie será extranjero en ninguna parte y en todas partes el hombre tendrá el mismo derecho y la misma obligación del trabajo y del usufructo: será el hermano.

   

¿Hemos probado bastante las causas que se oponen al amor expansivo? Creemos que sí, aun para los metalizados y religiosos; y sino, que nos opongan razones que desvirtúen o anulen nuestra doctrina.

   

Voy a descubrir aquí un secreto, que tal vez haga temblar a muchos; pero será a los culpables de nuestras tesis.

   

Era el día 9 de enero de 1921 cuando he encabezado este capítulo y en la aclaración del segundo punto sobre lo que encierra la palabra expansión, incluía con justicia, la expatriación voluntaria, que llamamos emigración.

  

Yo, en mi pensamiento, recorrí las naciones donde las inmigraciones son más numerosas, y confirmé una vez más, que no son más que la expansión que el espíritu tiene en su Ley, por lo cual había de llegar a ser de todas partes y dejar feudos en todos los continentes.

  

Pero en este desdoblamiento consciente, vi también la oposición del Dios dinero, por sus sacerdotes los capitalistas, y sorprendí muchos manejos de esos menguados hermanos, influyendo en sus servidores los gobiernos, para encontrar pretextos de obligar a los inmigrantes a que se marchen a otra parte.

   

Pues bien; en ese punto dejé de escribir y me puse en influencia sobre esos gobiernos, y dos días más tarde, podía leer los telegramas que he transcrito, obligándolos así, desde muy lejos, a que confirmaran que son los enemigos del amor expansivo y de la expansión de las virtudes que la fraternidad humana lleva aparejadas y lo han probado. Si alguien se atreve a negar la Psiquis, que desvirtúe este hecho y miles más que puedo exponer que se han producido y seguirán produciéndose, aun contra el querer de los que se oponen al amor expansivo y a la expansión de la solidaridad humana.

   

Las causas de esta inevitable expansión son dos: física y material la primera, espiritual e irrevocable la segunda: y ambas son una misma y única causa, regidas de las leyes de afinidad y justicia, brazos ejecutores de la Ley madre y cabeza dirigente de toda la Ley de Amor, y nada de esto abstracto.

   

Antes de conocer las leyes de electricidad, había muchas cosas abstractas; surgidas éstas, no hay abstracto nada, ni aun el Espíritu, ni su Padre Creador.

 

Con las leyes de la electricidad, se han roto todos los misterios de las ciencias; como con el espiritismo Luz y Verdad se han roto todos los secretos de la sabiduría y la Creación, llegando a conocer la vida eterna y continuada.

 

Pues bien, la causa primera, física y material, de la expansión, está científicamente basada en las leyes del magnetismo, en la atracción de los afines. ¿Podréis encontrar un hombre en toda la tierra, que no tenga los mismos componentes en su cuerpo y alma, las moléculas de igual valor y que procedan de otro diferente depósito de la vida, el ÉTER, única substancia o pantógeno, cómo la llamara William Krokes? Los hombres, pues se atraen, en virtud de la afinidad de sus materias, sus discordias no son de los más: son el producto de sus vicios, de su esclavitud al sacerdote, de su ignorancia, que significa desorden. Pero no rompe la Ley.

  

La causa segunda es la misma, pero en grado superlativo. Todos los espíritus son afines por naturaleza y procedencia. Pueden extraviarse por la influencia de su alma cargada de pasiones, mostrarse antagónicos unos a otros espíritus, pero en el tiempo siempre presente, porque no pasa, lo mismo que la vida no acaba, el alma se purificará y caerán las pasiones que cubren de espesa niebla al espíritu y este aparecerá y amará a su hermano.

  

Más aún, en el tiempo (que puede medirse en millones de siglos) que dura el odio de unos a otros, por causas mil, sobre todo de tendencias religiosas contrarias, nacidas por causa de unos y otros instintos, aun en este tiempo, digo, que se odian, ¿creéis que no se aman? ¿Creéis que han podido romper la afinidad de espíritus, ni borrar la paternidad igual de cada uno? ¿Quién será capaz de afirmar que el odio no envuelve un resto de amor?

 

La afinidad material sí puede terminar para alguno o para muchos en el mundo; pero la afinidad espiritual, jamás puede terminar, porque la Patria del espíritu es el infinito Universo y donde quiera, es hermano de todos los espíritus.

  

La afinidad material si puede terminar para alguno o para muchos en el mundo, he dicho; y esto no puede quedar sin explicación, porque ese término implicaría el fin de la expansión de esos seres, y ésta, la expansión, es también eterna, continuada e infinita.

  

Me veo precisado a entrar en un punto de los secretos de la Ley de amor, secretos que lo son para la ignorancia de los hombres que no quieren entender la vida y su causa; pero no es secreto para nadie si quiere entrar en su estudio.

  

Pues bien; obedeciendo a esos secretos de la ley de amor, cuando un mundo se encuentra ya en los días de su juicio de liquidación, como se sabe quiénes y cuántos espíritus son aberrados, por cuya aberración cortaron ellos mismos sus afinidades con su conducta, la ley hace salir de ese mundo a los espíritus que, siendo hombres o mujeres, les dieron, en otras ocasiones, vida a esos aberrados.

  

Entonces se da la orden de justicia de encarnar en ese mundo todos los que son deudores a la Creación, en vidas, al progreso y a los espíritus sus hermanos, de otras deudas, de amor, por ayuda, etc., etc., siempre que los que han de encarnar, tengan alguien que los quiera engendrar y haya una madre que los quiera recibir por afinidad, por amor, o por justicia; pero sabiendo que será la última prueba que se les concede, puesto que la mayoría trabaja en el progreso y no quiere tener quien la obstaculice y la retrase o la haga luchar con perjuicio, como lo hemos visto hasta esta hecatombe.

  

Los que no encuentren ese padre que los engendre como hombres y esa matriz que los quiera recibir, serán expulsados de esta sociedad, en la que no caben por su culpa, y son llevados a mundos donde su afinidad de pasiones reina sin escándalo.

 

El Padre no los desecha, no los deshereda; los lleva al colegio correspondiente donde puedan satisfacerse, saciarse, sin estorbar el progreso de sus hermanos progresados, con los que por su aberración rompieron y acabaron su afinidad material, porque siendo la ley obediente a las mayorías (como lo es inflexible para los destinos), atendió el pedido de justicia de la mayoría progresada y llamó a las afinidades de los aberrados, ordenándoles pasar a diferentes mundos, en misión de aprendizaje, o como descanso de sus luchas en su titánica labor de dar vida por amor a sus propios verdugos y aberrados, opositores del progreso.

 

De este modo queda cortada la afinidad material en un mundo; y sin esta afinidad, nadie encarna más que en el tiempo de tregua y de prueba, pero no puede ser cuando ya empiezan los autos del proceso de la liquidación o juicio final, que han llamado.

 

En nuestra Filosofía y libros citados en este capítulo, quedan los puntos concretos de ese proceso, con sus autos y sentencias.

 

Todo lo cual confirma que la expansión es una Ley innata y tan inflexible como todas las leyes naturales y universales; y es injusta toda ley humana que imponga obstáculos a la libre expansión del hombre, ya que no puede hacer leyes contra la expansión del espíritu; pero que sí hicieron las religiones, cánones y dogmas, con más, cielos, infiernos y purgatorios, que son trabas al amor, a la expansión innata e inflexible en cada espíritu, comunicada forzosamente al hombre, por su propio espíritu, cuando ya hace conciencia de su ser y destino.


Libro: Los cinco amores

Autor: Joaquín Trincado

 

 
 
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