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Joaquín Trincado

Reflexión Comparativa

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 5 Min. de lectura


Hemos visto que la idea concreta o percepción sincrética, contiene percepciones analíticas que son materiales suministrados por la mente, para reconstruir imágenes o percepciones sincréticas.


Pero el conocimiento implica distinción entre dos o más percepciones cuyos elementos analíticos las asocian mentalmente, ya por semejanza como por diferencia. Pero las mismas ideas concretas, se presentan también por simultaneidad o sucesión.


Cada uno de esos cuatro vínculos es una relación cuyo conocimiento eleva el grado de conciencia.


Las relaciones, además, contenidas en la percepción analítica, aparecen en nuestra mente como reflejos de las ideas concretas, por lo que, la facultad de conocer esas relaciones la denominamos Reflexión.


La reflexión se subdivide en comparativa e inductiva: o sea diferencias y semejanzas y sucesiones y concomitancias.


La comparación es un estado de conciencia que ya se ha formado.


1°. Por la presencia simultánea o sucesiva de dos imágenes sugeridas e inducidas en virtud de las asociaciones.


2° Por la representación inmediata de dos grupos de percepciones analíticas, las diferentes y comunes o particulares y universales y


3°. Por el renacimiento de una relación entre las imágenes comparadas en el análisis.


Esa relación que es el producto final de la reflexión comparativa, se denomina semejanza entre los elementos comunes y de diversidad entre los individuos.


Si estudiamos una planta y un insecto, la relación de diversidad es mayor que la de semejanza; pero el carácter común de ambas ideas concretas es la organización y dicha relación de semejanza es la concreta, organismo: pero las diferencias son mayores, aunque en las dos, su común es, la adhesión al suelo; la planta por su arraigo y el insecto por la locomoción propia de su especie y los distinguimos a cada uno por la palabra, vegetal y animal.


La operación comparativa por cuya virtud presentamos las calidades universales de un grupo o de una serie de ideas concretas es genérico cuyo resultado es género: y las relaciones subalternas de la diversidad llamamos especie.


Así, género y especie son relaciones recíprocas, o correlativas: de modo que, una especie puede ser género con respecto a otros que le son dependientes o derivadas.


Organismo es un género cuyas especies son los vegetales y los animales, así por ejemplo tomamos un insecto y un pájaro y vemos que sus elementos particulares, forman dos nuevas relaciones de diversidad, designadas con las palabras articulado y vertebrado, y éstas serán del género animal, como animal, es del género organismo.


Siguiendo la serie comparativa escojamos dos individuos vertebrados de diferente especie y sean, una rata y un pájaro: entre los cuales se forman nuevas relaciones que expresamos con los nombres Ave y Mamífero que, siendo distinta la especie, pertenecen, sin embargo, al género vertebrado.


Del mismo modo y por el mismo medio tenemos los mamíferos convertidos en género y distintas especies como los roedores y los carnívoros entre los cuales a la vez, abarcan nuevas especies, como los caninos y felinos y que estos últimos comprenden entre sus especies a los leones (leo-felis) y a los gatos (doméstica-felis) y a la vez comprendemos, que hay gatos de variadas razas y países cuya diversidad son los colores, siendo uno mismo el instinto.


Todo esto origina la reflexión, por medio de la cual y por comparación, es posible construir una escala de relaciones siendo cada una genérica respecto de la otra específica, o con relación a la que precede.


Así un grupo de ideas concretas, pertenecientes a cada relación constituye también una clase; por lo que, la clasificación es, establecer una serie diferencial de las relaciones entre el género y la especie.


Lo mismo las clases, reciben distintos nombres o denominaciones; como superiores e inferiores, referentes al género y la especie y esas denominaciones, las tomamos como base de la clasificación, con lo que llegamos a diferenciar cada individuo y es, por la fuerza del análisis.


Por lo tanto, aunque decimos reino animal; tipo vertebrado; clase mamífero; orden carnívoro; familia cánidos; especie canis, designamos la variedad como caballo Árabe, perro de caza; caballo de Atila o de fulano; Pointer inglés de fulano, etc., etc.


Entendemos, pues, que, las percepciones analíticas y las sintéticas o concretas, se enlazan por semejanza o diferencia en nuestra mente, formando relaciones comparativas; en cuya virtud, agrupamos los objetos del conocimiento, dentro de una clase determinada, o sea bajo el nombre de un género; procedimiento éste, que nos lleva a la generalización, la que tiende por consiguiente a formar las clases correspondientes a las distintas relaciones genéricas, o que, caben dentro de una clasificación.


De esto determinamos por ejemplo que, los perros, los zorros y los lobos, componen la familia Cánida, en su relación de semejanza con vertebrados, mamíferos y carnívoros de instintos muy semejantes, y que se distinguen de los otros del mismo orden, porque son digitígrados, de hocico prolongado, con 6 muelas superiores y 7 inferiores y uñas no retráctiles.


Estas reflexiones, pues, provenientes del análisis, nos llevan a formar las clases en las especies dentro de la generalización; porque entre tanto, las percepciones sintéticas o ideas concretas del perro, del lobo, etc., individuales, están vinculadas por la fuerza de la Ley general, al elemento universal genérico.


De modo que, un sujeto del género cánido, por ejemplo, no puede ser representado mentalmente sino por medio de su especie, de lo que resulta que el cánido es por necesidad una idea concreta universal o general y la diferenciamos con los nombres de la familia, perro, gato, lobo, etc., que nos indica la idea concreta particular del individuo y de su especie.


De todo este argumento se desprende además, que, dentro de una clasificación, las ideas concretas, van aumentando en generalidad, a medida que se alejan en su orden sucesivo ascendente, que lo deducimos de la idea concreta particular que nos sirve de punto de partida y llevamos nuestro pensamiento de generación a generaciones anteriores, hasta no alcanzar nuestra memoria o conocimiento al principio; salvo que entonces, entremos en la sabiduría Espírita, para presentar el axioma de la Vida Eterna y continuada, necesaria para la correlación de los hechos; y sin cuyo conocimiento, no podemos establecer una ley de sensación; pero ahí, no quiso alcanzar la ciencia.


De todo este cúmulo de estudios, se observa la existencia de tres clases de relaciones entre las ideas concretas, que son buenas leyes.


1ª. La comprensión de una idea, es el conjunto de ideas más simples y singulares que aquella que contiene el conjunto y por la cual, pueden afirmarse las otras que le tributan riqueza de valor, a cuyas partes o ideas concretas (pero singulares) las reconocemos como atributos predicados; con lo que el contenido de la idea rosa comprende sus calidades propias y las universales de la rosácea en todas sus variedades.


2ª. La extensión que es el conjunto de ideas; de vertebrados se extiende a las aves, peces y mamíferos, y


3ª. La subordinación o dependencia de unas a otras relaciones; de cuya virtud, la idea que contiene o comprende a otra más general, pertenece a la extensión de esta misma; por ejemplo, Vertebrado pertenece a la comprensión de mamífero. Pero éste, se halla ya en la extensión de vertebrado.


Ha de comprenderse también que, la comprensión de una idea, está en razón inversa con su extensión, que las ideas particulares, son las de mayor comprensión, y por fin, que la extensión, aumenta con la universalidad de las ideas y nos obliga a deducir.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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