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Joaquín Trincado

¿Qué será de la tierra después del Séptimo día?

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 jul 2025
  • 2 Min. de lectura
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Ya he iniciado atrás la disgregación de los mundos, muchos de los cuales vemos y los tememos como cometas peligrosos; pero no, hermanos míos; nadie los tema y sí vea en ellos el cumplimiento de la eterna ley de la creación y la transformación.

   

Los mundos y sus humanidades cumplen una misión en cada estado; y cumplida, sufren la metamorfosis que le corresponde siempre en ascensión y la materia y el espíritu son una misma y única sustancia en diferentes grados, y la divina ley nada olvida.

   

La tierra, no teniendo más que dar a sus moradores, éstos llevan su vida creadora; ha cumplido como madre amorosa y ha perdido con la emigración de sus moradores toda la vida que tomó del lago infinito y abandona su ruta, guiada por otra ley. La eterna metamorfosis.

   

Como el alma, que a la materia unida llegó a su mayoría y se emancipó, ella queda también con un gran archivo de moléculas que piden cada una su centro de atracción, para formar parte de otro cuerpo afín, pasando por el pantógeno, donde se cargan de vida y van a agregarse, todas esas partículas, a otros mundos.

   

Esto explicará a la astronomía tan variadas teorías de los bólidos, aerolitos, etc., y aún también una gran parte de las estrellas fugaces, pero que éstas, en muchos casos, son espíritus que cruzan de mundo a mundo, dejándose ver de los encarnados de otros mundos.

   

Por tanto, el fin de la tierra es su disgregación, para ir alimentando otros mundos en su desarrollo, como ella ha recibido partículas de otros que se disgregaron y le prestaron vida y ayuda.

   

He ahí cómo la justicia del Padre se cumple con todas las cosas, y no olvida ni el más insignificante detalle y todo nos conduce al estudio y la admiración de la eterna ley de los afines, con todas las demás leyes cuya alma es la Ley de Amor; cuyo legislador es el Padre, al que sólo le pagamos con la adoración en espíritu y verdad, el que ya nos dio su nombre Universal: ELOÍ.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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