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Joaquín Trincado

¿Quién soy yo?

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 6 dic 2024
  • 4 Min. de lectura


Los hombres tienen muchas historias y todos pueden saberlas en su existencia presente, porque el espíritu, todas las lleva archivadas: pero ello, mil veces es perjudicial, por los prejuicios; y el espíritu, en justicia, las oculta.


Quedó atrás comprobado, que el espíritu vive muchas veces sobre el mundo que tiene que hacer progresar y en él adquirir sabiduría. Dije la contestación de Jesús a los sacerdotes cuando dijo: “Yo fui antes y después de Moisés”; de Juan dijo: “Su voz es de Juan, más su espíritu es de Elías”.


¿Y yo quién soy? En mi traje soy el obrero; pero en esta materia encallecida por el trabajo, se envuelve, el que juró al Padre, quitar el peligro “Cristo”, mientras Jesús estaba colgado de tres clavos.


Es natural ese juramento en un hermano que ve asesinar a su hermano y afrentado con el nombre de “Cristo”, que en lengua hebraica dice “peligro” y, Jaime, hace juramento de borrar de su hermano, la infamia.


Mas ya hemos visto, que a la religión católica no le importó de la infamia y tomó como filón de riqueza la crucifixión ignominiosa de “Jesús rey de los judíos”, agregándole el “cristo” y componiendo el “Jesucristo”.


La afinidad siempre cumple sus leyes; los asesinos de Jesús, son sacerdotes. Los sacerdotes católico-cristianos, recogen la herencia de los sacerdotes judíos y mantienen como Dios, el Peligro Cristo. Cualquiera, pues, que haciendo justicia quiera defender a Jesús y salvarlo de la afrenta “Peligro” “Cristo”, sería el “Anticristo”, ante los sacerdotes del Dios-Cristo.


Ya hemos oído al Espíritu de Verdad y al espíritu de Jesús que han recordado aquel juramento en el calvario mientras salpica los vestidos de Jaime la sangre de su hermano Jesús. Por sus dichos, estoy obligado, como hombre, a creerlo, después de tanto que he descubierto en mis enojosas y agobiantes peregrinaciones, hasta que tuve la feliz fortuna de encontrar al Dios Amor; y no solo eso, sino su asiento, en “El Espiritismo”, en la forma expuesta en este libro.


Hoy, 19 de agosto de 1931 que acabo de corregir el texto hace 20 años escrito, preciso me es, (por gratitud a mis propios acusados calumniadores) a completar el libro, con dos puntos confirmatorios de mis estudios, afirmaciones y sentencias: lo que, para su memoria hago este:


EPILOGÓN

Veinte años después de escrito el “Buscando a Dios”


La inmoralidad de la religión católica, hasta para ella misma hizo la confusión y ya no puede saber quién sea el famoso “Anticristo”.


Los retratos que de ese ente ha hecho, son igual a sus absurdos dogmáticos y artículos de fe. Dicen, que “Luzbel” es el “ángel rebelde”; en cambio el nombre, significa bella luz: “Satanás”, es dueño de los infiernos; y como la religión católica hace tan difícil la salvación, Satanás, se lleva seguramente el 90% de las almas; y Dios, forzosamente es vencido por Satanás y Luzbel. Esto dice la matemática.


El Anticristo, según la religión (y también según los teosofistas y los espiritualistas) sería un ser único, extraordinario en fealdad, poder maravilloso, que haría estupendos milagros engañando a las gentes con ellos: pero tendría cuernos, cola, grandes colmillos, uñas como los mandarines chinos y… nacería de una monja: ¿?¡!... y… ¿El celibato y voto de virginidad de la monjita?... He ahí como se confunden ellos mismos y rompen sus sacramentos y se acusan de impostores, embusteros y, en una palabra, de prevaricadores y falaces.


¿Para qué tendría que hacer “el monstruo del Anticristo”, más milagro que descubrir la maldad y perversidad religiosa, desmentir sus dogmas, sacramentos y milagros y mostrar al mundo, a la humanidad del mundo al, único Dios Amor que la razón puede admitir con su gobierno eterno y universal el espiritismo?... Pues ese milagro está hecho y es el único milagro que puede hacerse: sacar a los hombres del error a la verdad; de las tinieblas a la luz; de la ignorancia ignominiosa, a la ciencia y sabiduría gloriosa y, de la esclavitud, a la libertad. Y todo esto se ha hecho, desde que Pío IX anunció el nacimiento del temido y desfigurado “Anticristo”. Demasiado tarde lo supieron los Papas. Debieron saberlo al nacer la Compañía de Jesús, pues no se apellidó Compañía de Jesucristo, sino de Jesús.


Más dejemos todo eso antiguo y veamos, cuantos, la religión apócrifa, ha bautizado con el tal apellido de “El Anticristo”.


Todos los excomulgados en “El Syllabus”, que hemos insertado en el Capítulo II, son cada uno un Anticristo, o miente la infalibilidad del autor Pío impío. ¿Cuántos serían?... 450 millones de chinos. 400 millones de “Ario Vedas” … hindúes. 100 millones de japoneses. 120 millones de mahometanos y… todos los sacrificados por la inquisición. La Rusia actual y la España de hoy, con México y la misma Italia, pues queman templos y santos y cristos. Es decir, que podemos contar mil seiscientos millones de Anticristos. Pero tenemos que: Por negarse una vez el Emperador de Austria, Francisco José, a ir a una procesión y porque además puso el veto a una elección de un Papa, ya fue “la figura del Anticristo”. Más tarde, lo fue el Káiser Guillermo II de Alemania; posterior a este, lo fueron José Canalejas y Francisco Ferrer, asesinados los dos: luego fue Lenin y más cerca, el presidente Calles. Aparte, los teósofos y espiritualistas, han señalado una larga docena y aun algunos se han firmado “El Anticristo” y tenemos algunas de esas firmas en cartera, ¿Cuál y quién es, pues, como persona, el Anticristo?... Aquí no van a poder contestarnos “los doctores de la iglesia”. Pero contesta la conciencia libre y hecha luz: Todo el que dice la verdad y la sostiene es el verdadero Anticristo. Y los cierto es, que, si yo fuera esa persona, (si persona puede ser) ya serían mis huestes las 7/8 partes de los habitantes de la tierra que siguen mis doctrinas, que, por su verdad irrebatible, anulan los dogmas religiosos, desmienten a Cristo y salvan a Jesús.


Más la iglesia de las falacias y los absurdos, aún sigue cometiendo crímenes horrendos por persecución al Anticristo; con lo cual, ahora, no podrá excusarse.


Recortamos y copiamos en el propio idioma transmitido y publicado en “IL MATINO DE´ ITALIA”. Buenos Aires, República Argentina.


Libro: Buscando a Dios

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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