Prólogo a la tierra y sus espacios
- EMEDELACU

- 29 may 2025
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Paz a la tierra. ¡Amor a los hijos del progreso! ¡Hosanna, Hosanna, Luz de la verdad, en el primer día del reinado del espíritu en la unidad por el único santo principio y única ley Amor! ¡Hosanna!
Ya, hombres de la tierra, habéis sido pesados en la balanza de la justicia del Padre. Ya, los estorbos extraños al hombre que eran los espíritus de maldad, han sido quitados y transportados a mundos correspondientes. Solo te quedan tus prejuicios y tu ignorancia que debes desechar con tu esfuerzo, haciéndote sabio, y para eso, se te dan los medios y principios únicos que Eloí nuestro Padre ha dado para todas las humanidades.
En el libro "Buscando a Dios y asiento del Dios Amor", tienes iniciado el alfabeto, de lo que debes aprender, donde recibirás la preparación de sabiduría para estudiar las doctrinas contenidas en la filosofía universal dictada por el Espíritu de Verdad y maestros de los mundos de Luz, nuestros hermanos mayores; esas doctrinas de la escuela universal predicadas por los enviados del padre en todos los tiempos, fueron adulteradas siempre por las religiones pequeñas, las que ya más no existirán, porque llegó la hora de la justicia y se les pidió cuentas y resultaron malversadoras de la verdad y han sido derribadas, e implantada una sola iglesia que es de todos los mundos del universo, con un solo pontífice: Eloí; con un solo principio: Amor; con un solo sacerdote: la conciencia; con un solo templo: el universo; con un solo altar: el corazón.
Para tu ayuda, para tu orientación se escribe éste Código, explicado en otros libros que esta Escuela te entrega, en sustitución de todos los códigos y de todas las creencias que hasta hoy, solo error y opresión tenían. Con este Código, daréis el primer paso en la anulación de fronteras y, NADIE EN NINGUNA PARTE PUEDE SER EXTRAÑO NI EXTRANJERO, porque todos somos hermanos, hijos del amor del mismo padre; con este Código, os orientareis por el amor, a la verdadera comuna, no de nación, sino universal, de todas las razas que hasta hoy dividieron la tierra, por el antagonismo de tantas religiones, que en vez de ser lazo de unión llevaron la discordia, haciéndote odiar, por un fanatismo ruin de religión y de patria, no ya a los negros o amarillos, si tú eres blanco, sino aun a tus mismos hermanos de tu nación, de tu provincia y de tu misma familia, si no tenían el fanatismo pedido por la religión y el estado.
Mas para esta unión, para esta fraternidad, veo en la tierra una Babilonia, algo más ininteligible que la Babilonia bíblica; esto lo sabe el Padre, porque el Espíritu de Verdad lo ha palpado, y porque yo su representante en la tierra para implantación de la unidad de un credo; para la proclamación de la Ley de Amor, lo he impuesto de la imposibilidad en muchos siglos, sin un acto de justicia, como el ejemplo de las cinco ciudades del Mar Muerto.
Triste es esa medida; pero es necesaria a la vida esa amputación y, antes del Juicio final se había decretado, para su día, el acto de justicia; en consecuencia del cual, toda la Babilonia será consumida por el fuego y barrida y cubierta por las aguas, quedando solo la cabeza de esos territorios, que no se enfangó, ni declinó de su misión y esa será la que lleve bajo su égida, la paz, la libertad, la fraternidad, la justicia; en una palabra; el amor a todos los continentes que queden y a los nuevos que aparecerán, porque en su suelo (manchado es cierto por la obra de la religión pero que no fue suya la obra sino de poderes extraños) se dio acogida a la idea de que el universo no podía reducirse a un palmo de tierra conocido y descubrió un nuevo mundo; cuna que ha sido de libertad, y el granero de José, en la escasez; y es porque en su suelo vivió materialmente la última existencia, con cuyo nombre nos será eternamente conocido el Espíritu de Verdad y porque allí cayeron las lágrimas materiales de la gran María, madre de Jesús y madre del apóstol de España, a cuyos brazos fue la gran madre, a recobrar la vida que le faltaba y que ella diera a su hijo y fue allá en Salduba, sobre las riberas del Ebro, testigo de aquella emocionante escena; y por fin, porque en su suelo, han nacido por ley de justicia el Juez que sentenciaría a la tierra y los espacios. EL legislador del Código de Amor, y también sus secretarios.
Sí, naciones; sí, imperios; sí, hemisferios todos; pesa sobre el mundo tierra la justicia de la ley del Padre. En el corto espacio de noventa años, habrán pasado las tres generaciones que quedan juzgadas y habrán presenciado la completa transformación del planeta, y grandes extensiones de territorios quedarán en estado calcáreo, otros cubiertos por las aguas y nieves seculares, y aparecerán continentes que hoy las aguas cubren y no serán manchados con el odio religioso.
EL Juez sabe cuáles son los territorios que desaparecerán y la porción de mares donde aparecerán nuevos continentes; más en la justicia está el advertir a los habitantes de la tierra el cataclismo y callar lo demás.
Si los pueblos tuvieran conciencia, sabrían pesar sus culpas y todos estarían dispuestos a esperar serenos la justicia de la Ley; pero la ciencia que poseen absolutamente materializada y prejuiciada, no les deja ver la verdad de las cosas; los anuncios diarios que la naturaleza y los elementos, les demuestran. Pero, ¿quién le hablará al ciego de colores? ¿Quién podrá convencer al supremático, de la igualdad absoluta de la Ley de Eloí? ¿Quién será capaz de obligar al parásito al trabajo? ¿Cómo el orgullo, se podrá reducir a la humildad? ¿Cómo persuadir de su error a muchos pretendidos sabios? ¿Cómo, en fin, hacer la unidad de la humanidad y hacer reinar el amor?
Para cada cosa se ha dado el medio en su tiempo y la humanidad lo ha rechazado; pero el Juez ha militado en múltiples existencias, en todos los continentes y cursado todos los conocimientos y sabe dónde está la raíz del mal y lo señaló en el libro "Buscando a Dios" y en otros muchos puntos de la Filosofía Universal y lo repite aquí: es el prejuicio de religión, de patria y de ciencia, la causa del mal; y esto en la ley de justicia del Creador, está decretado quitarlo.
Mas el Padre tiene muchos medios y todos son pruebas de amor; pero consiste en la humanidad, el adelantar los hechos y provocarlos por medios violentos, o retardarlos hasta el fin del plazo señalado y que se produzcan poco a poco y casi insensiblemente, pero que al fin del plazo se habrán producido; mas yo conozco bien a mis hermanos y a pesar de la advertencia, provocarán la violencia y, "LA BABILONIA CAERÁ ESTREPITOSAMENTE"
El Juez, ya os lo ha advertido; a los hombres toca lo demás, de sufrir la justicia en dulzura o en violencia. Pesad las cosas, pensad las causas, ved, si es posible la vida de paz y armonía en la tierra con los regímenes de hasta hoy, y hacer justicia vosotros mismos a la sentencia dada, cuyo cumplimiento, nada ni nadie podrá estorbar, porque nada ni nadie estorba los designios del Creador.
PÁRRAFO SEGUNDO
"¡Jerusalén, Jerusalén! Convertere at Dominum Deum tuum", exclamó el profeta. ¡Hombres, Hombres! Convertíos al Dios de Amor y adorarlo en espíritu y verdad en el asiento eterno y único que os señalé, os dice el Juez.
La exclamación del profeta indica, que Jerusalén andaba por camino equivocado, y por prevaricador, el pueblo judío, depositario entonces de la ley escrita, fue destruido y aniquilado; la advertencia del Juez, no es a un pueblo determinado; es a todos los hombres de la tierra sin distinción de razas, porque todos tienen el principio santo y en todas las razas ha sido sentenciada la tierra y el espacio.
Las razas no existen, aunque exista la variedad; esa variedad, compone precisamente, la armonía y la belleza del mundo tierra, como en todos los mundos de expiación; la misma substancia, la misma ley, la misma vida, el mismo principio y el mismo fin, es para los blancos, negros, amarillos y cobrizos; la diferencia está en el orgullo, en la equivocación, en la supremacía que erradamente quieren tener unos sobre otros; y el mal de todos es, uno solo: la religión pequeña que cada uno ha querido anteponer a la del otro y ninguno ha tenido la fortaleza de ahondar en su propia religión, para ver, que su conjunto era erróneo y falso; y que todas juntas, dejaban vacíos que no se podían llenar; pero que aun que tuvieran errores, si los hombres hubieran tenido valor para igualarse en una sola religión por mutuo acuerdo, en hermandad, no como lo intentó la cristiana por el engaño y por la fuerza, con lo que llevó el desconcierto y el odio entre todas; por lo que, como era lógico que sucediera, se atrajo el odio de todos los pueblos; y al final, el de sus mismos secuaces.
En la tierra, como en todos los mundos de expiación, hay un poco de todos los mundos de la cosmogonía: unos vienen de mundos primitivos a llevar impresiones al mundo de su procedencia; otros, vienen de mundos superiores, a traernos el progreso de sus humanidades; y la generalidad, es la que lucha en pagar sus deudas y con el trabajo manual e intelectual, elevar su mundo al progreso, para luego disfrutar en él séptimo día de su trabajo, dentro de la luz propia de su sabiduría.
Por lo tanto, TODOS EN LA TIERRA SON IGUALES Y SU LEY ES EL TRABAJO; todos han venido a cumplir un deber; a depositar en el progreso común su grano de arena, para disfrutarlo, por tanto, en común, en el día de la paz y la armonía, cuyo proceso no puede ir mas allá del sexto día, que en todos los mundos se señala el final, con un juicio, en el que cada uno rinde cuentas de los talentos que el padre le dio al lanzarlo a la vida del progreso; es decir, A CONTINUAR LA CREACIÓN, QUE ES ETERNA.
Este juicio es pedido por los mundos, cuando los espíritus a él pertenecientes están en mayoría del progreso espiritual; y felizmente para la tierra, que tanto ha luchado, ese día llego; pero que fue anunciado (como lo es en todos los mundos) muchos siglos antes, para que todos estén dispuestos a pagar al propietario lo que le pertenece; pero como este propietario es nuestro Padre, Él, en su amor y que nada Él necesita, pero que su complacencia está en la felicidad de sus hijos, pone en sus manos todos los medios durante el tiempo de prueba, el cual está señalado en la Ley universal, y cumplido, manda a uno de sus hijos, hermano de sus hermanos, a pedir las cuentas, separando a los morosos, para establecer entonces la única Ley propia del Padre y ella es amor, con la que se entra en el usufructo del trabajo realizado en comunidad, porque todos han trabajado igual en la parte de creación que les fue encomendada; mas todos estos son sabios, porque saben de qué se componen, de donde proceden y a dónde van; y por su sabiduría, la luz es hecha en el espíritu y se apagan las tinieblas de su ignorancia y resplandece la tierra; es decir, resplandecen los espacios de la tierra, donde se reúnen los espíritus sabios; porque los retrógrados, se separan por su propia voluntad y porque no pueden resistir la luz de los progresos; la tierra no brilla en la luz de los espíritus de progreso hasta después del juicio, porque la densidad de los pensamientos de los retrógrados la empaña en su atmósfera, y esto obedece a una sabia disposición de la providencia, porque, si penetrara la luz en las tinieblas, de lleno, se producirían desequilibrios bruscos y se aniquilarían los hombres unos a otros con odio, y esto se llama, tiempo de espera.
Mas no por eso deja de penetrar la luz, obedeciendo al progreso; pero paulatinamente, y aun así, se producen choques cruentos y de ahí las revoluciones en los pueblos, por la ceguera de los unos y su terquedad en no ver la luz que muchas veces ha sido envuelta en ríos de sangre y columnas de humo de cuerpos humanos quemados; pero era necesario, para ir rasgando el velo y abrir brecha y los espíritus de luz cumplen su misión de amor, y llegado a la mayoría la luz, pide esa mayoría a la Ley de Justicia, dentro del santo amor y se produce el juicio, que consiste, en separar los retrógrados, de los de progreso, para que estos no tengan obstáculos ni les sea alterada la paz que se conquistaron, porque nadie puede, en justicia, causar daño con sus hechos a un segundo; y esto hasta en la ley de la materia, para lo que ha sido inspirado, pero que así lo han entendido los supremáticos y no han perdonado medios los tribunales de la tierra, hasta el punto de convertir en crimen el tomar algo para saciar el hambre; y, EL CRIMEN ES LA LEY QUE OBLIGA POR LA PENA A MORIR DE HAMBRE; y el juez que sentencia y los legisladores que sancionaron la ley, SON LOS VERDADEROS CRIMINALES ANTE LA LEY DEL DERECHO DE VIDA.
En el juicio final de la tierra, como en el de todos los mundos; al ser separados los retrógrados, no son desheredados, ni destruidos; son hijos del mismo padre y éste, no puede, en su amor y justicia desheredar a ninguno, ni los crea para destruirlos como el hijo de Urano de la Mitología. EL ESPÍRITU NACE PARA NUNCA MÁS MORIR Y SIEMPRE PROGRESAR Y SIEMPRE ASCENDER.
Así es que al separarlos a estos, no se hace más que como con los pestilentes; ponerlos en el lazareto para que se curen y no contagien; y así, se les coloca en el mundo donde sus afecciones reinan; allí tienen que luchar y trabajar para conseguir su deseo; pero que en la conciencia llevan el germen del bien que por la justicia se les obliga a dejar, porque no era suyo y lo acaparaban y guardaban por la astucia, la malicia y la fuerza, sin haberlo producido; y si lo hubiera acaparado en previsión y para repartir en justicia, tanto en lo material como en lo espiritual, sin coartar la santa libertad, pero castigando el libertinaje, no se le hubiera separado; hubiera hecho obra buena, como José en Egipto; éste, acaparó por amor comunal; el otro, por amor propio.
Mas ya, el juicio final de la tierra tuvo su sentencia y es hora de aclarar y resumir, en este "Código de Amor", que es el Código eterno, porque es el Código de todos los mundos y es el del Dios Amor que di a la humanidad, señalándole su asiento eterno. Vamos, pues, a entrar en materia, afrontando las dificultades que ningún legislador tocó por pusilanimidad, excepto uno, a quien pocos han estudiado por falta de valor; y eso que escribió para una época, lo necesario, y ni aún es citado siquiera; pero todo el mundo lo ha de conocer.
No hay duda que es intrincado el artículo de la unión de los seres para su procreación y que no se han atrevido a abordarlo, ni legisladores ni jueces y se han cometido y se cometen errores de tal magnitud, que yo puedo decir y digo en nombre del Creador, que no hay juez ninguno que no haya pasado horribles tinieblas en los espacios, por esa causa. Pero como yo sé donde reside la causa del mal y conozco la ley que rige en los mundos de luz; en cuyo grado entró la tierra, tengo que legislarlo, porque que no puede la tierra (como no podrán aquellos mundos) disfrutar de la dicha y felicidad completa, sin destruir los errores de ese artículo, el más importante, contenido en el "crescite et multiplicavimini", creced y multiplicaos de la ley natural del Padre común.
Hechas estas observaciones y advirtiendo que se escribe éste Código, máximum de la Ley de Amor, para los hijos de luz y que pasadas las tres generaciones que hoy viven en la tierra, no lo necesitan los venideros, más que, para admirar, en sus existencias, el amor del Padre; y en su sabiduría, retroceder, por sus artículos de amor y libertad, a los tiempos del odio y opresión. Voy, primero, a insertar como capítulo único que todo lo resume en amor, el testamento de Abraham.
Espíritu de Verdad, guía la mano, e ilumina la inteligencia de tu representante en autos de Juez que para este Código firmará por su nombre.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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