top of page
Joaquín Trincado

Prácticas de higiene para cien años de vida sana

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 24 nov 2023
  • 52 Min. de lectura

Actualizado: 26 nov 2023


ree

Seguimos oyendo al doctor Toledo:


Primero.- Cuidar mucho los dientes y la boca, lavándolos al levantarse y después de cada comida, no acostándose nunca sin haber eliminado las partículas de alimentos que quedan aprisionados entre los intersticios de los dientes (una de las mejores causas de las caries por infección), por medio de un cepillo de cerda y agua tibia bien aromatizada con la cuarta dilución decimal de esencia de canela de Ceylán.


Debe practicarse lo propio por la mañana diariamente, haciendo uso de los polvos siguientes, cuando el estado de los dientes así lo requiera:

N/p. Azúcar de leche, polvo lavado .................... 80.00

Piedra pómez en polvo fino. .................... 20.00

Esencia de canela de Ceylán. .................... C. S.


Nota.- El cuidado de los dientes está recompensado con los muchos malos ratos que se evitan al dentista y la anulación de calambres al estómago.


Segundo.- No se debe beber ninguna bebida alcohólica en ayunas, ni fuera de las comidas, porque el alcohol produce el encogimiento de los tejidos por donde pasa, que los endurece, motivo por el cual la sangre no puede circular para irrigarlos, de donde resulta la degeneración cancerosa, razón por la que el cáncer no se cura. (Cáncer es sinónimo de Necrosis; Necrosis significa muerte). El alcohol no conviene ni comiendo.


El alcohol es un elemento muy dañino que arrastra fácilmente al vicio como medio de apagar pesares, en las personas sin el suficiente carácter para oponerse a las contrariedades inherentes a esta vida, cada día más llena de dificultades y falsedades, aunque tiene como consecuencia la repugnancia personal que el tal vicio inspira, porque nadie perdona de buen grado al borracho.


La mala calidad de los elementos tóxicos que contienen los alcoholes de mala procedencia tan generalizados, producen desórdenes incurables en el esófago, el estómago, el hígado, los riñones, corazón, cerebro, etc., etc., que una vez iniciados precipitan al enfermo cada día más al asentamiento del mismo vicio, porque hasta llega a convencerse de la inutilidad de todas las débiles tentaciones que se hace para modificarlo. He visto un individuo sentado en el suelo en una pulpería de la campaña, que hacía gala de mostrar sus piernas hinchadas, declarando al apretarlas, que los pozos que dejaban los dedos, todo aquello era Ginebra. Y sin embargo, las botellas de ginebra tienen una etiqueta donde se lee que « conserva en la vejez la limpidez del agua cristalina, es un néctar».


Tercero.- El buen aire y la luz son elementos indispensables al entretenimiento de la vida y muy necesarios para volver a reparar y recuperar la salud extenuada por las enfermedades; de aquí la necesidad anual de un esparcimiento en el campo, en las playas, en las montañas y las sierras o cualquier sitio lejano, donde se pueda respirar un aire sin los malos elementos de la atmósfera de la ciudad, donde la aglomeración, el amontonamiento, la corrupción de las gentes lo corrompen y vician todo, perjudicándose mutuamente por no creer la conveniencia de vivir en el campo.


El dormitorio es el sepulcro que habitamos durante la vida; allí pasamos más de la tercera parte y otros hasta la mitad de la existencia, estando ya muy convencidos de que debemos alejar de dicha habitación los santos con pedestales o sin ellos; las cortinas, las alfombras, como todo lo que sea motivo de anidar microbios y parásitos, dejando allí los muebles absolutamente indispensables y los útiles necesarios.


El lujo de una casa debe consistir en que todo sea diariamente ventilado y sacudido para tener la seguridad de haber eliminado así las causas ya anotadas, pero practicando estas operaciones en tal forma, que no demos ocasión a que nadie nos eche encima el sacudido de sus ropas y colchones, ni tampoco tenga quejas de que nuestro servicio moleste al vecindario por idénticas causas; por esto se impone la vida fuera de las capitales, los negocios, donde no se encuentran reunidas las condiciones higiénicas hechas apetecibles, aunque sean los llamados centros aristocráticos, donde se promiscúa higiene y malos olores de pomadas hechas de cadáveres. Es necesario higienizar y descentralizar las ciudades.


Durante el sueño, el ácido carbónico que exhalamos, se va aglomerado en nuestro dormitorio y ocupa la parte superior de nuestra habitación, formando una atmósfera que tiene por límite superior el cieloraso, cuando el arquitecto no ha previsto allí buenas aberturas para la perfecta ventilación, porque unido el ácido carbónico a otras exhalaciones propias de nuestro cuerpo, completa el viciamiento de aquella atmósfera y la hacen impropia y maligna para la respiración. La habitación de un enfermo debe tener un termómetro para vigilar en ella una temperatura lo más permanente posible de 16 grados centígrados o un equivalente. El tamaño de cada dormitorio debe ser arreglado al número de las personas que lo ocuparán y el tiempo que en él deben permanecer; no debiendo ser menos en las ciudades de 36 metros cúbicos por cada habitante, pudiendo reducirlos a 30 para casas en el campo; siendo muy preferible construir las casas con tantos dormitorios como personas deben ocuparlos para deslindar responsabilidades y saber a qué atenerse en todos los casos.


Las casas construidas con paredes gruesas tienen la ventaja de ser económicas, porque no requieren tanto gasto de calefacción; son muy frescas en el verano y muy abrigadas en el invierno, en todo clima.


El mejor aire se toma en las costas, en las estaciones de verano y otoño, porque es lavado por las olas y proviene de las regiones polares, donde no hay microbios; no debiéndose atribuirse por esto los beneficios que la salud experimenta a la materialidad de los baños, sino al mayor número de respiraciones que allí se efectúan para almacenar oxígeno, sobre todo a expensas del ejercicio que mejor se adapte a las condiciones de cada persona, que debe bañarse en su casa y estar solo dentro del baño.


La luz del sol, vivifica de tal manera, que transforma los glóbulos de la sangre, auxiliada por el oxígeno del aire, y la ausencia o supresión del sol y de la luz abundante los empobrece a tal grado, que ocasionan la anemia y la clorosis y sus consecuencias de consunción de efectos semejantes al que pone amarillentas las plantas cuando se las condena a vivir en la sombra o la oscuridad.


Debe huirse de las habitaciones sombrías y obscuras y húmedas, porque producen análogos efectos que los calabozos de las prisiones antiguas, o los calabozos de la vida actual en sótanos para talleres, que predisponen al reumatismo y la tuberculosis, y esto ocurre con casi todos los diarios, que por cualquier causa ponen el grito en el cielo sobre la higiene urbana; esta bien; pero quitar la paja de vuestro ojo primero.


Y no se confunda: que preconizar la luz y la acción del sol, no es aconsejar bañarse desde las 12 del meridiano hasta las tres de la tarde; al aire libre, ya sea en el mar o en el río; porque esto produce quemaduras, como produce erisipelas, congestiones e insolaciones, la permanencia al sol en esas mismas horas fuera del agua.


La luz anima, tonifica, alegra y cambia el ánimo debilitado y entristecido; por eso el dormitorio debe estar siempre en condiciones de poder ser inundado de luz, porque debe pensarse que es también la habitación destinada a pasar las enfermedades.


Cuarto.- El ejercicio es muy necesario a nuestro desarrollo para entretener la buena armonía de todos nuestros órganos, su funcionamiento regular, la perfección de nuestras formas para estética corporal sin exageración; hay que andar despacio con las bebidas, aunque sean buenas y legítimas: éste sería un letrero moral para todos los almacenes.


El ejercicio activa la circulación de la sangre y aumenta el número de nuestras respiraciones, circunstancia que nos beneficia mucho para poder asimilar gran cantidad de oxígeno, enriqueciendo nuestra sangre.


De allí la imprescindible necesidad de que deban efectuarse todos los ejercicios de gimnasia al aire libre; no permitiéndolo, como ahora se consienten, encerrados dentro de los patios de nuestros grandes colegios, donde no hay suficiente aire de renovación para tanto niño, donde todo lo que se encuentra adherido a los pisos de los patios es desmenuzado por los movimientos incesantes de los botines de los niños y elevado al mismo aire que obligadamente tienen que respirar allí; todo esto es un verdadero atentado; un colmo de gimnasia escolar en las boticas, en las barbas de nuestras autoridades escolares.


-¡Doctor! por esto recriminamos al Consejo de Educación, en el que figuran célibes y solterones que no saben lo que es la vida de los niños; y en cambio, en aquel Consejo no están las grandes madres de familia, que son las únicas y verdaderas maestras. Siga, doctor.


Debe pensarse en que la capacidad reducida de los patios, provoca más fácilmente la transpiración; y de allí deducir que los niños que practican ejercicios de gimnasia en semejantes condiciones, no deben entrar a las clases o al estudio con las camisetas mojadas de sudor, porque encierra muy grandes peligros.


Abiertos los poros de nuestro cuerpo por el ejercicio, la transpiración está en relación a la violencia y al tiempo que se practica.


Empapadas las ropas, no mudadas, quedan los poros en contacto con las ropas frías; de aquí, enfriamientos, pulmonías, reumatismos, bronquitis, etc., etc., perdiendo todo el sacrificio del pueblo por la instrucción.


Debe también ser preocupación de las autoridades escolares, impedir a los niños los gritos desaforados en los recreos, porque irritan la garganta y la laringe, bebiendo después agua fría, que les produce enfermedad de difícil curación.


El ejercicio y la localidad de veranear o de convalecer deben ser consultadas al médico, para que le resulten adecuados al fin que necesita cada persona o familia; porque sin quererlo, pueden extremarlo y será contraproducente ir a buscar lo agradable, en vez de lo útil: ¿Adónde vas, Vicente? Al ruido de la gente.


Quinto.- El baño más práctico, el baño más cómodo, el que llena bien todas nuestras necesidades, hasta por su simplificación, es el de esponja, de pie la persona, en suficiente cantidad de agua natural que cubra el tobillo, repetido todas las mañanas.


Este baño diario durante todas las estaciones del año, mantiene el aseo corporal conveniente y prepara la persona para cualquier género de tareas, como para resistir con ventaja los cambios bruscos de temperatura, no ocasionando sensaciones fuertes, que otras clases de baños son a veces causa de alteraciones funcionales por exceso de baño.


El baño de las personas impresionables y nerviosas convendrá siempre que sea tibio (entre 25 y 30 grados) y de no mayor tiempo de cinco minutos antes de acostarse o por la mañana al levantarse (véase Sulphur)


Sexto.- Los preceptos de higiene precedentes ya indican claramente todos los fundamentos en que se basa el consejo de dormir solo cada uno en una cama, no muy blanda, de plaza y media, con almohada de crin y a lo más de lana (nunca de plumas, porque dan dolor de cabeza) y pensando que la misma cama es el sitio donde se pasan las enfermedades.


Es muy conveniente siempre colocar un buen terrón de alcanfor dentro de la almohada para que durante el sueño, mediante el calor de la persona, se active la evaporación de esta sustancia inofensiva, rodeando nuestra cabeza de los vapores que nos libran de la aproximación de microbios por la respiración, su acción sedativa nos dejará libres de recuerdos que la fantasía de la imaginación traduce en motivos de debilitamientos. El alcanfor ahuyenta hasta a las hormigas; por eso debe llevarse hasta en los bolsillos.


En los casos de enfermedad prolongada es necesario hacer colocar debajo de la cama un recipiente grande con agua, que se renovará todas las mañanas. La presencia de esta cantidad de agua, por su evaporización, evita las excoriaciones y ulceraciones tan frecuentes en el cuerpo de los enfermos a causa de la sequedad de la ropa de la cama por el rozamiento, proporcionando además un lecho blando y suave, con una humedad que no mortifica, e impidiendo hasta el insomnio.


La acción del papel es tan impermeable, que no hay nada capaz de reemplazarlo como abrigo, en los pies, en el cuerpo, en las piernas como polainas, en la cama, etc., etc., constituyendo esta circunstancia una singularidad como remedio para sabañones que no son sino enfriamientos locales y parciales (véase Aconitum).


Séptimo.- Acostarse en una cama solo, es una práctica muy higiénica; pero no deja de ser superada esta condición, cuando se acuesta una persona habiendo efectuado la digestión, porque así se evita congestiones y anginas; generalmente, nadie se ocupa, después de haber comido, de darse cuenta cómo se opera la primera digestión, tan importante, o sea la separación de los alimentos.


Los que comen para vivir, los que comen lo suficiente para las necesidades de la vida y de lo que obliga a consumir el trabajo, los que acostumbran cenar para no ir a la cama con la comida en el buche, una de las causas principales de dilataciones, todas estas personas saben que la primera digestión se comienza a efectuar cuando se produce espontáneamente la orina; porque este acto explica la separación de los líquidos y los sólidos ingeridos conjuntamente; entonces puede acostarse.


Cuando se ha comido y se desea ir a la cama con el estómago en esas condiciones es difícil que no se produzca una dilatación a causa de la paralización, que proviene de varias causas, y entre ellas, la más funesta es los contactos sexuales.


Debe tomarse dos, tres o cuatro veces pulsatilla, que dará por resultado, la emisión copiosa de orina y el alejamiento del peligro inminente, porque este remedio produce la primera digestión, provocando especial acción sobre los músculos del estómago; ésta es la mejor faja eléctrica.


Cuando el estómago no demora los movimientos peculiares de sus músculos, no hay motivo de que se produzcan tan fácilmente constipaciones, porque una función depende de la otra, y anda mal la segunda, cuando la primera opera con lentitud. El aparato digestivo es un tubo revuelto de trece metros de largo; a medida que los alimentos entran por una de sus extremidades, se va llenando y los sentidos dependen de la forma en que se operan las digestiones del estómago; la leche, tomada durante las comidas, prolonga la primera digestión.


Octava.- La yerba mate y las paraguayenses o misioneras o brasilera (y de otras tierras, digo yo) de usos tan innecesarios, son inofensivas; cuando se toman flojas, tienen análoga acción al té negro; de manera que pueden tomarse cuando se necesitan remedios homeopáticos, aunque sean mal canchados.


1ª. Llevarlo al grado o de vicio para perder el tiempo inútilmente con gastos perjudiciales.


2ª. Exponerse a enfermedades contagiosas tomadas en la bombilla que otro tuvo en la boca, y no se guardan precauciones, que son imposibles, y no sabéis si del que tomáis la saliva lleva la marca pajarito tan acreditada en esta tierra (esto lo entenderán los criollos).


3ª. El número de mates que se toman, si cada mate lleva disuelta una cucharadita de azúcar (5 gramos), porque agregada la suma de estas cucharaditas de azúcar a todos los motivos que en este país existen para tomar azúcar, conduce a la obesidad y la obesidad es también causa de muerte.


Hay señoras en esta capital que se vuelven bolas de grasa, y en lugar de rodar, caminan llevando la grasa a cuestas. ¿Por qué no añadió aquí el doctor, que esas bolas no llegan a ser matronas en derecho, porque ninguna puede dar 12 hijos por culpa de la grasa? Siga, doctor.


Noveno.- Café de Arabia tostado: hay necesidad de abstenerse de este veneno agradable, sobre todo cuando se toman medicamentos Homeopáticos, o cuando no se desea obstruir los buenos efectos obtenidos por remedios, porque los inutiliza inevitablemente: es antídoto de todos los medicamentos y venenos por excelencia y sin vuelta.


Puede hacerse uso de café tostado cuando se precisa borrar la acción de un remedio, ya sea Homeopático, o ya sea Alopático, con el fin de tomar Homeopatía; en los casos mejores, cuando se ha estado sometido a los efectos del opio o alguno de sus alcaloides, morfina, codeína, etc., porque éste es el único agente terapéutico capaz de inutilizarlos; a tal punto llega su poder.


De aquí se pueden deducir las razones de la verdad del aforismo de esta tierra: «El café tostado es un veneno agradable», como ciertas amistades internacionales.


Décimo.- El tabaco, ejercitado en vicio bajo cualquier forma, aún usándolo sin humo, porque todavía el rapé resulta hasta repugnante.


Fumar a cualquiera hora y con cualquier pretexto, da las características de uno de los vicios más arraigados, más perniciosos y perjudiciales para la salud, a causa de que la misma acción irrita los labios, las cavidades de la nariz, la boca y los dientes, que se cubren de una capa negra amarillenta que impregna al aliento de fetidez y daña la faringe y los bronquios, donde se deposita el extracto, produciendo allí tales estragos, que mantienen y entretienen permanentemente un catarro, cuyas manifestaciones se producen desde que el fumador se incorpora todos los días por la mañana para sentarse en la cama. (Es malo, doctor, y no hablemos más del «tabaco», porque hoy es perder el tiempo, porque fuman hasta las mujeres, sobre todo las llamadas grandes damas pintadas). Siga otro punto.


Undécimo.- Los vestidos, siempre sujetos a los caprichos de la moda, que varían al infinito para que el comercio marche, suceda lo que suceda, deben confeccionarse en forma no exagerada y siempre teniendo en cuenta lo que a cada uno conviene; por que las modas no duran y los vestidos quedan hechos.


Debe tenerse especial cuidado en las niñas y señoritas, en la clase, forma y manera de llevar el corset, de tan malísimas consecuencias, cuando las madres no vigilan, ni intervienen en estos asuntos; permitiendo la compresión, que a veces llega al grado superlativo; se cinchan, causa de la deformación de la caja torácica y de los órganos abdominales, que después se traducen en enfermedades muchas veces no remediables, ni con operaciones, jugando a la gata parida (no sé lo que es esto, doctor; pero lo que sé es que por ese cinchamiento le deben a la naturaleza muchos millones de hijos, que reclaman, y los pagarán; esto no lo sabe usted; pero se lo digo yo aquí, que es lugar y tiempo; eso no se lo enseña la ciencia, ni lo puede denunciar el análisis; pero lo sabe quien sabe la ley divina y lo analiza el espíritu en su archivo; porque quiera que no quiera, ha de ver un debe o un haber y no hay perdones ni gracias. Esto es más riguroso que las leyes de opresión de los ¿...pajaritos?... y de las gatas paridas). Y ahora que en espíritu, éstos verán lo que no veían y de seguro querrán enmendar el párrafo que yo omito, porque los obreros no han encarecido la ropa; no se mudan para ir en el tranvía después del trabajo, porque no se les paga para mal comer; y eso cuando escribíais esta pauta de higiene; que si estuvierais en estos momentos, también os espantaría el hambre y la miseria causada sólo por el derroche de esos y de esas que no querían que los obreros las mancharan en el tranvía, a los que debían hacer lado para que se sentasen los que vienen del trabajo, porque por sólo éstos pueden los que hacen ascos asearse y andar vestidos a la moda. El día, muy cercano, de la Comuna en verdad, entonces no habrá vagos ni quien tema que otro le manche, porque todos volverán del trabajo a las mismas horas, que no serán 8, ni 6, sino 4 y menos, y todos podrán cumplir el plan de higiene que dejáis y mejoramos en el Código y en el Conócete a ti mismo; y ya veis si estimamos el trabajo científico, cuando copio lo que es racional profilaxis. Aprovechad vos la lección y seguid vuestra exposición.


Duodécimo.- Los zapatos, éste es otro de los inconvenientes de las modas y de las pretensiones de las niñas, consistente en los tacos altos para alzar las personas de reducida estatura, o para empequeñecer los pies de las que nacieron con las extremidades inferiores muy desarrolladas, o los muy puntiagudos para conseguir las uñas encarnadas; todo esto origina pataleo.


Todos estos disparates traen como consecuencia enfermedades de los ovarios, de la matriz (y deudas a la procreación, repito), trastornos funcionales de la digestión, deformidades de los pies, aparte de la aptitud de la marcha, que impide y dificulta el buen equilibrio del cuerpo, ocasionando torsiones en los huesos de los muslos, de las piernas, de los tobillos, etc., simulando la manera de caminar (que ellas no ven) la operación de quien pisa sobre huevos para no romperlos, con un baile apropiado de mucha elegancia, de aquí proviene el verbo «pavonearse».


Decimotercero.- El abrigo en estos climas no debe ser excesivo; está bien averiguado y probado que el mejor abrigo para los reumáticos, constituye el mejor remedio, unido a un régimen alimenticio vegetal racional, para evitar la causa mejor de todo reumatismo: los cadáveres, señor.


El abrigo por excelencia nos lo proporciona la seda cruda pura, sin mezcla de lana ni algodón en tejido de punto, porque éste es el que se adhiere mejor al cuerpo por su elasticidad.


Estas ropas son caras, pero resultan muy baratas, porque la salud no se paga con ningún dinero, ni el tiempo perdido por enfermedades se recupera; de modo que quien los usa, no necesita ni remedios, ni consejos de médicos, que son los más baratos ahora. (En la Comuna, querido doctor, toda ropa interna será de seda; pero la criarán todas las mujeres, por buen entretenimiento.)

Las ropas de seda cruda se compran con los ojos cerrados, porque a mezcla con algodón es suave al tacto y no cruje; la mezcla con lana. es menos suave que la anterior porque no cruje y se adhiere a la mano; la seda pura cruje, es suave y vuelve a tomar sus formas después de ser oprimida, hace crujir hasta el bolsillo. (Por esto no las pueden usar los que sólo ganan para mal comer.)


Estas ropas, para que duren más que la vida de un hombre, deben lavarse en casa, sin emplear jabón, ni frotarlas, ni refregarlas; tan sólo sumergiéndolas en agua caliente con un poco de carbonato de soda (al 20 por mil), y una vez enjuagadas en varias aguas calientes, se aclaran y se planchan entre una tela, adquiriendo así la seda, toda su elasticidad y crujimientos primitivos.


Estas ropas aíslan el cuerpo de las influencias eléctricas de la atmósfera, que son los dolores en aquellas personas que tienen su cuerpo cubierto de sales provenientes de la mala alimentación animal que han acostumbrado; ese predominio tradicional de los alimentos animales o de cadáveres de animales, tan incorregible en toda la tierra, que debe desaparecer.


Las personas susceptibles de afecciones pulmonares, deben usar camisetas y calzones de punto de seda cruda pura, y si este abrigo no les fuese suficiente algunos días del año, sobre dichas prendas pueden usar otras de lana o algodón, mientras subsista la necesidad que impone la estación y la temperatura.


Los reumáticos, los asmáticos, los catarrientos, como todas las personas propensas a enfermedades pulmonares, tienen por causa la existencia en su sangre de elementos tóxicos, que deben atenderse con Sulphur; necesitando para esto clima seco y alto, de menor densidad en el aire, para evitar las presiones que gravitan en los bajos, recargados de miasmas, procedentes de las quemas (o fermentos de las basuras).


Decimocuarto.- Hay que convencerse de que la salud, una vez perdida, no tan fácil se recupera (porque nadie vende salud); de modo que no se debe escatimar nada que propenda a su conservación o nos permita recuperarla. Muy bien, doctor, muy bien. Pero esto sólo en la Comuna cabe, porque no habrá dinero. Siga.


Al niño recién nacido es necesario tenerle abrigada la cabeza, con gorra, que no debe suprimirse hasta la completa osificación de las fontanelas; así adquiere mejor desarrollo un niño, por el hecho de no estar continuamente expuesto a resfríos o enfriamientos.


Su cráneo no está del todo cerrado y sólo cubren su cerebro la piel y las membranas internas; no hay protección ósea; de donde se deducen los peligros indicados. Parece increíble, que la gente que demuestra no darse cuenta de estos hechos tan vulgares, sostuviera el capricho de que debe seguirse la moda respecto de la supresión de la gorra en los niños de corta edad.


La falta de gorra puede ser entonces causa de enfermedad, dando esto como resultado un atraso, trastornos en la salud, repercusiones que entorpecen el desarrollo; de manera que es más racional rodear al niño de todas las precauciones imaginables en clima variable, para que nada entorpezca sus evoluciones y ver logrado todo eso con la gorra permanente, y cuando el niño con la osificación completa y en la estación favorable, se encontrará con su cabeza fuerte y con una cantidad de pelo que justificará la no necesidad de la gorra. Entonces pueden las madres darse la satisfacción de contemplar y mostrar la cabecita de su hijo con todo el rigor de la moda.


El niño debe bañarse en agua tibia, para que así descanse bien y mantenga su cuerpo libre de todas las adherencias que la ropa puedan ocasionarle, desde él día de su nacimiento hasta que llegue más o menos a la edad de dos años, en que conviene comenzar el baño a la temperatura ordinaria en todo tiempo.


-Aquí, doctor, voy a añadir un punto muy capital sobre el modo de fajar los niños, porque sufro horriblemente cuando veo a un recién nacido y hasta que los visten de corto, hechos una morcilla, y mejor dicho un salame, liado con la faja desde los sobacos hasta los pies, aprisionados los brazos, sin movimiento ninguno, condenado a no poder zaragatear con sus piececitos y brazos, y no hay derecho; y yo sé que ese espíritu sufre indefenso, que por ese medio se le inhabilita a jugar y mover sus miembros y más se le anubla en su grande turbación.


No sé de dónde habrá venido a esta tierra esa maldita costumbre: de España no vino, porque allí las madres saben fajar a sus niños cómo se debe, de la boca del estómago abajo, abrazándoles sólo el vientre y dejando libres los bracitos y las piernas, que los juegan haciendo sus graciosos movimientos y lloran mucho menos que en esta tierra; porque fajados de aquel modo racional no sufren un martirio que en más de un caso es un infanticidio.


Presenta además otra grande ventaja, y es que, tan pronto el niño hace su necesidad, es notado por la madre, y le mete una punta del pañal, aislando el cuerpecito de lo mojado de la orina y el excremento blando, quemante e infeccioso.


Más de una vez (en lo poco que me he inmiscuido entre las madres de esta tierra) las he apostrofado y han comprendido la razón y han culpado a médicos y parteras, que las han casi obligado a ése fajado, y muchas han visto luego el beneficio, viendo reír al niño y curados de cortaduras en las axilas por la inmovilidad de los brazos; y en las entrepiernas por lo mismo y ambos sitios por la nula aireación, que nadie podrá negar la necesidad y sus ventajas.


En todo caso, yo culpo a la asistencia pública, que es la que no debe olvidar nada sobre nada de la profilaxis de la vida, y el pueblo la paga y la sostiene para su salud y ella (consentida por los gobiernos) se hace autócrata, y trata a baquetazos (como para que no vaya nadie a molestarlos) y sólo pone su empeño en la vacuna contra la viruela y no consigue extirpar la epidemia, y es porque Jenner tocó el violón, lo mismo que los monistas; sin embargo, como yo amo la ciencia, no por lo que los hombres quieren hacer de ella, sino por lo que son las ciencias: una florida rama del árbol sabiduría, una regla, una ley del por qué de las cosas; por esto amo a las ciencias, pero no me dominan, porque tiene cada una un vacío por culpa de sus cultivadores dogmatizados y automatizados: en ese amor, quiero que se vacune; pero sólo cuando se es niño, porque si tiene el poder de neutralizar nuestra sangre, basta una vez: y bastaría, si los que toman el virus en la ternera, supieran cuál es la membrana, o la víscera; o parte de la víscera o membrana que en realidad sea el virus profiláctico; porque no puede ser y no es toda la ternera.


Jenner debió saber antes el estado febriciente y en qué membrana o víscera encontró y tomó el virus de la viruela; porque es necesario que el efecto lo produzca una sola causa: porque no es lo mismo el corazón, qué el bofe, el hígado y la piel; y sin embargo, todo ello está en la entraña de la ternera; y esta verdad perogrullera, no tiene vuelta.


Lo que hay en la ciencia médica es un gravísimo error, al constituir 112 ley sobre un producto aplicado a 100 sujetos y que cura a 55 y 45 fueron al tacho. Eso no puede ser ley, porque los 45 también deben ser curados, y lo serían si no se hiciera dogma de la ciencia médica. Ciencia que debe acercarse más que ninguna otra al Espiritismo Luz y Verdad, causa única de la vida y archivo de la sabiduría; pero entonces habrían muy pocos médicos, pero habrían más sabios en las matemáticas, para que entren en la metafísica profunda de las concepciones y de todas las cosas.


Sí; no puede ser ley lo que no cura la mayoría absoluta, que son 9 décimos del total. Y el décimo, también es del Creador, y ha de tener una causa diferente por constitución, por antecedentes, o faltas de aplicación, y es deber de la sabiduría imponer a la ciencia reglas y aun correctivos; pero, repito, llega el momento en que los médicos no trabajarán, ni lo serán por dinero. Y mientras llega ese feliz momento, los médicos que no sepan desempeñar su profesión más que por los códigos de recetas que produjeron más casos de curación, quedando inmunes en los casos que no acertaron, deben ser fajados como fajan a esos niños, del cuello a los pies, y ganarían mucho los hombres y las mujeres, que así no podrían caer en sus manos: ser o no ser.


¿Tiene algo más, doctor, sobre esta materia? Siga.


No es conveniente seguir las modas de los botines de lana en los niños de corta edad, ni el uso de las medias, a causa de que es preciso mudarlos y lavarlos con frecuencia; es preferible envolverles los pies en algodón esterilizado, que se ata con una cinta o venda a la parte superior del tobillo, y que se cambia o renueva cuantas veces se necesita, en cambio del lavado continuo de sus botines y medias de lana, que no ofrecen ventajas de ninguna clase.


Cuándo se note que los pies, a pesar del algodón, no se mantienen calientes, se recurrirá al papel de seda, o de estraza, recubierto con las planchas de algodón indicadas, en la seguridad de que no hay botella, ni otro medio que reemplace económicamente esa comodidad.


La frialdad de los pies es buena causa de llanto, de dolores de vientre, de descomposturas de vientre, etc., todos motivos contrarios a la nutrición; y estas pequeñeces, no debe ignorarlas ninguna madre, ni ninguna mujer.


Decimoquinto.- Sueño. El sueño de un enfermo es muchas veces remedio; es necesario respetarlo y no pensar en medicamentos (que deben administrarse después que despierta), habiendo conseguido el reposo del cerebro, que todos necesitamos diariamente.


No hay reposo cuando hay delirio; cuando hay agitación; cuando hay sobresalto; cuando hay alucinaciones, etc.; de modo que no debe confundirse esto con el sueño.


Es menester no permitir, ni consentir mucha gente en la habitación del enfermo, porque le vician el aire, le disminuyen el oxígeno, lo fastidian, lo incomodan, lo contrarían.


Debe tenerse en cuenta que, una persona enferma, de por sí está ya contrariada, predispuesta al mal humor, que no siempre se está seguro de la simpatía que al enfermo le inspiran todas las personas que buscan permanencia a su alrededor, porque esto no se dice.

En los casos de gravedad, hay tanta necesidad de la calma moral, como de la calma corporal para la mejoría, a la espera de un cambio favorable, que cambiará también la constitución médica.


Téngase presente que la falta de sueño denota enfermedad del cerebro o debilidad; y cuando hay demasiado sueño, obedece este estado a congestión, que tampoco se debe descuidar; debe dormirse de 7 a 8 horas, para conseguir un buen descanso cerebral.


Decimosexto.- El mejor enema: Hay casos de urgencia en que se necesita salir del paso de una detención del vientre, cuyas funciones intestinales no se vigilan convenientemente, o se hallan entorpecidas por el abuso de purgantes considerados estorbos del aparato digestivo, y nos vemos en la necesidad de aplicar enemas.


Al efecto, tómese, según, dosis de «Nux Vómica» y 15, 20, 45, 60 gramos de aceite de castor de buena clase, póngase la cantidad elegida según la edad en un plato hondo de los soperos; mézclense por batimiento una o dos yemas de huevos frescos por medio de un tenedor, procediendo como si se trabajara una mayonesa; una vez bien incorporado todo el aceite, agréguese paulatinamente la cantidad de agua tibia que se necesite por pequeñas porciones, siempre, batiendo incesantemente para que no se corte, 150, 250, 300, 500 gramos de agua, para aplicar con irrigador, repitiendo cuantas veces se necesite hasta conseguir la evacuación.


Una enfermera


Cada vez más avanza el posible radio de acción benéfica para la mujer en todos sus estados.

La enfermera debe usar zapatos de goma dentro de las habitaciones, para caminar sin violencia y no molestar al enfermo.


Debe llevar nota prolija en un cuaderno, de todo lo que ocurre en todos sus detalles, sin limitaciones.


Debe anotar la temperatura (16 a 20 grados), el pulso, las respiraciones, la tos, la orina, las deposiciones, alimentos, etc., hasta, las visitas, para evitar el abuso.


La pieza del enfermo debe todos los días limpiarse con un estropajo humedecido, para no levantar polvo, no consintiendo esteras, ni alfombras, sino las indispensables y los muebles necesarios exclusivamente, para que todo evite motivos de crítica, cuidando el mayor orden, disponiendo así de más aire.


La habitación del enfermo no debe elegirse para reuniones, cuyas conversaciones pueden molestarle, a más de que le vician el aire en todos los casos.


La habitación del enfermo debe mantenerla en una temperatura mayor de 15 y menor de 20 grados, no permitiendo corrientes de aire, pero sí ventilación.


Para que el enfermo no tenga los pies fríos, deberá envolverlos con papel de seda ó de estraza; y si se prefiere una botella, se le procurará con agua bien caliente, la que, envuelta en varias hojas de papel, le durará a lo menos 10 horas.


Debe observar vigilancia sobre los malos olores que puedan producirse en la habitación del enfermo, quemando en previsión, benjuí, pastillas de saumar, alucemas, pebetes, papel de esmirna, o cualquier perfume que de preferencia el interesado.


Debe templar previamente la habitación del enfermo en todo los casos en que deba mudarle de ropas, para así evitarle enfriamientos; quemando adentro de la pieza y cerrada, alcohol puro rectificado en la cantidad suficiente que le indique el termómetro.


No consentirá en la habitación del enfermo, ni lámparas de petróleo, ni estufas de ídem, ni personas que fumen, ni olores de cocina.


No debe haber relojes, ni despertadores que molesten.


Todos los remedios homeopáticos deben mantenerse en lugares frescos (y no sobre mármol, añado yo), velando de que las preparaciones se efectúen en vasijas bien limpias, nuevas, batiéndolos cada vez que el enfermo va a tomarlos en su presencia, en forma tal, que se dinamice cada vez, y secar bien la cuchara para que no conserve nada del remedio y evitar que se mezcle con el siguiente.


Los alimentos, como los remedios, deben presentarse al enfermo con toda la puntualidad que exigen las órdenes recibidas y en el mayor estado de aseo, conservando las distancias necesarias.


No deben guardarse alimentos en la habitación del enfermo, bajo ningún pretexto.


En los momentos desocupados, conviene emplear el tiempo en alguna labor, con preferencia la lectura, que puede dar lugar a discusiones con el enfermo. No debe dar, ni permitir al enfermo, absolutamente nada de lo que no se le ha ordenado.


Debe esmerarse en arreglarle bien la cama y dar buena posición a las almohadas, para que a todo momento se encuentre cómodo y agradado el enfermo.


No hay nada con que catequizar mejor (para una enfermera) que este requisito tan vulgar.


Debe estudiar el conocimiento del enfermo de tal manera, que le evite, si le es posible, hasta pedir lo que desea; hay que adivinarlo.


Debe atender amistosamente todo lo que el enfermo le comunique, guardando toda discreción: procurando no fatigar su cabeza con preguntas que no le permitan descansar. No debe levantar la voz, ni usar un tono descompasado, evitando siempre conversar en secreto con otras personas, motivando esto que el enfermo quede intrigado o sospechado que se hable de él, ignorando lo que se dice. No debe ser charlatana, ni mentirosa; necesita ser muy discreta, y sobre todo ser muy verídica.


Debe tratar al enfermo con paciencia, con cariño, sin afectación, sin adulación, sin despotismo, pero con toda seriedad.


Debe aparentar obedecerlo en todo lo que desea el enfermo, pero debe tener el buen tino de no hacer sino lo que conviene, aparentando distracción. No debe despertar al enfermo cuando duerme con un sueño tranquilo, porque el sueño natural se anota como un descanso al cerebro, que no se consigue igual por ningún medio artificial.


Despertará al enfermo para que se alimente y tome alguna medicina, si notara que las horas que ya duerme exceden del tiempo conveniente, pero con suavidad sin brusquedad.


También es buena condición tener buena presencia.


Lista de enfermedades y remedios que pueden usarse como preventivos y mientras se llama al médico, si el mal no se corrigiera con ellos.


Elección del remedio


La elección del remedio debe siempre tener en cuenta la averiguación previa de la causa, cuando es posible conocerla o sospecharla; así, por ejemplo, una hemorragia interna, es siempre grave por sus inmediatas consecuencias; en este caso, como en el de un golpe o una contusión, de un traumatismo, teniendo el conocimiento del Árnica, se impone de inmediato recurrir a ella en todos estos casos, sin vacilaciones, por primera intención y a primera vista.


No debe creerse en la substitución de las diluciones de árnica por las inyecciones de ergotina, ni de cafeína, ni de cocaína.


Cuando teniendo el cuerpo sudado no se ha cambiado de ropas interiores y se recibe una mojadura inesperada, o se ha dejado secar la ropa en el cuerpo, generalmente esto trae un resentimiento muscular, traducido en dolores, o en tortícolis o reumatismo, calambres, etc.; el remedio de esta causa se encontrará en Rhux-Toxicodendrum.


La orina vertida al aire libre o contra el viento en las personas del sexo femenino que no usan mucho abrigo en las piernas para andar frescas, sufre las consecuencias de estos enfriamientos hasta en la vejiga, y la uretra, encontrando su medicamento en Pulsatilla, con efecto inmediato.

Las consecuencias de un arrebato, de un gran disgusto inesperado, de una contrariedad íntima que a veces no se desea, o no se puede evitar, tienen su remedio de causa en todos los casos, en Chamomilla.


Cuando duele la garganta es porque está irritada o inflamada, requiriendo entonces Belladona, que condenará los microbios, o un gargarismo de agua oxigenada, que los quema.

Cuando duele la cabeza en general con inconveniente para soportar la luz, empléese Belladona.

Cuando se observe cualquier parte del cuerpo enrojecida, colorada (muestra de tumor), Belladona.

Cuando duele parcialmente la cabeza de un lado a otro sin que la luz moleste, empléese Hyostiaumus.

Cuando se sienta dolor en cualquier parte del cuerpo al respirar, al moverse, apretando la parte afectada, Bryonia.

Cuando se tenga dolor en cualquier parte del cuerpo al tocarese o al oprimir la parte, tal cual se hubiera recibido allí un golpe, Árnica.

Cuando salga sangre de la nariz o de la boca por un golpe, traumatismo o sin motivo concebido, Árnica.

Cuando se despida sangre por hemorroides, es porque algo que se ha roto dentro. Árnica.

Cuando se reciba un choque, golpe, contusión, etc., con dolor en la parte afectada, empléese por fuera compresas de salmuera fría; interior, Arnica.


Cuando se tenga dolor sólo al agacharse o al hacer algún movimiento, al estirar los miembros, al inclinar la cabeza, empléese Rhux-Toxicodendrum. Y si estos dolores molestan con frecuencia, use ropa interior de seda cruda, que es la más barata para los Reumáticos.


Cuando se tiene dolor estando quieto o cuando se mueve simultáneamente, debe emplearse, alternadas, Bryonía y Rhux-T.


Cuando se tiene dolor en cualquier parte del cuerpo por tos provocada, para esta indagación empléese Phosforus, y si no basta, Bryonia.


Cuando se tienen dolores, cólicos con retortijones vientre, empléese Colocinthis.


Cuando se tienen deposiciones muy fétidas con o sin mucosidades con o sin sangre, se empleará Mercurius Corrosibus 50a.


Cuando se tienen ambas cosas, se alternan los remedios, distanciándolos cada vez que se siente mejoría.

Cuando se tiene coriza sin estornudos, Mercurius Solubilis. Cuando la coriza es con estornudos, Camphora (alcanfor).


Cuando se tienen descomposturas líquidas de vientre, empléese Mercurius Solubilis.


Cuando se tienen escalofríos o dolores musculares ambulantes con enfriamiento que emigran de una parte a otra, empléese Alcanfor.


Cuando se tenga mal aliento, fetidez en la boca, aun lavándose diariamente la dentadura, empléese Carbón Vegetal.


Cuando se tienen orines que molestan con secuencia, empléese Pulsatilla.


Cuando se tienen mareos, Calcárea Carbónica.

Cuando hay pérdidas blancas, Calcárea Carbónica.

Cuando las menstruaciones son de sangre pobre, Graphites.


Cuando se tiene flatulencia de estómago con plenitud, con dolores que se llaman Pirosis, Licopodium.

Cuando se tienen orines fuertes con mucho olor y color (mucho cuidado), tome Lachesis.

Cuando se tienen digestiones pesadas y difíciles, al terminar las comidas, tome Pulsatilla.

Cuando se tiene constipación de vientre, Nux-Vómica.

Cuando se tiene dolor de diente con hinchazón de las encías, Hepar Sulfuris, alternado con Silicia.

Cuando se tiene erupciones o costras con superación, Hepar-Sulphuris.

Cuando se tiene orzuelos con frecuencia, Hepar-Sulphuris.

Cuando se tiene mal humor, contrariedad, enojo, rabias, Chamomilla.


Cuando se tiene erisipelas, Belladona, Hepar-Sulphuris.

Cuando supura un orificio fistuloso, Silicia cada dos horas.

Cuando se enturbia la vista para leer, Silicia cuatro veces al día.


Cuando se noten molestias por callosidades, Silicia cuatro veces al día. Cuando se tienen desórdenes en los movimientos de la marcha, tome Silicia cada dos o tres horas.

Cuando se padecen dolores menstruales, Platina.

Cuando se padece de asma o de ataques de asma, tome Sulphur y Lobelia y busque mejores aires.

Cuando se padece reumatismo crónico, Sulphur, ropa de seda. Cuando se tiene catarro crónico sin ruido de flemas; se procede como con el asma, Sulphur.


Cuando se tiene catarro crónico con ruido de mucosidades, Emeticus Antimonium Tartaricum; no fume.


Cuando se tiene grandes pérdidas de sangre, con palpitaciones, Aconitum y Árnica, alternados.


Cuando se necesita detener la mucha abundancia de sangre menstrual, Aconitum con Árnica, o Sabina.


Cuando sufren los niños de la dentición por hinchazón de las encías, Aconitum.

Cuando la dentición es tardía, Calcárea Carbónica.

Cuando la dentición produce mucho babeó, Mercurius Solubilis


Cuando los niños tienen frecuentes vómitos de leche, hipo o flatulencia que los molesta con dolores, Pulsatilla.

Cuando los niños tienen sequedad de vientre a causa de la leche de la madre porque ella sufre de lo mismo, o por causa de la alimentación artificial (porque la leche de la vaca seca el vientre), Azúcar de leche lavada y Nux-Vómica.


Cuando se tienen hemorroides, Arnica, Hanmamelis, Nux, Sulphur.


Cuando se tienen várices o ulceraciones varicosas, Hanmamelis.


Cuando se quiera descubrir cáncer o tuberculosis, Sulphur 30a.


Creo que con esta cartilla, ya puede crear coraje el más pusilánime; de manera que el objeto de ello, no ha sido otro que el de iniciar a los hombres y se animen a buscar con su propio trabajo, lo que pueda convenirles a buscar su salud y poner banderillas a las enfermedades, como el andaluz me dijo de los partos.


Cantidad de remedio


Téngase bien presente que, en Homeopatía, la palabra dosis, aunque expresa cantidad, significa siempre calidad; de modo que la dosis es, en definitiva, atenuación o dilución.


La Homeopatía, en todas sus diluciones, obra por gotas; porque no se debe ser irracional de querer matar un microbio con una bala de cañón, porque la ley es; Similia, Similibus Curantur.


Los microbios no mueren con los remedios; los expulsan por su acción: si el remedio matara los microbios, también matarían él organismo donde se alojan; y esto ocurre con las medicinas Alopáticas.


Todas mis explicaciones no son teorías, ni Macanas de Miguel, sino experiencias recogidas en la lucha en que me he encontrado solo y de la cual no tengo conscientemente nada que reprocharme; creo que puede confiarse en ella, para no tener en ningún momento la menor duda, porque todo lo que consigno es fruto de completa sinceridad, norma de toda mi conducta personal.


Las diluciones o atenuaciones las puede hacer cualquiera persona y se deben hacer cuando se necesitan; nadie puede ni debe justificarse ni ante su conciencia de que no tenía las diluciones, teniendo en su poder una dilución baja del remedio que se necesita, con la cual se puede preparar una disolución más alta y así se acostará tranquilo y sin remordimientos que le impidan el sueño para recoger aplausos.


Cuando se necesita una disolución más alta de la que se tiene a mano; tómese un gramo (20 gotas) de una tintura con nueve gramos de alcohol puro rectificado, y así bien batido se obtiene una dilución más alta y así continuará tomando un gramo de la que obtuvo y nueve de alcohol y producirá otra y otra hasta llegar a la que deseaba; pero cuide de numerar cada dilución producida, porque valen más que oro.


La frecuencia de remedio la indica la enfermedad y se van alargando las tomas hasta su extinción.


Cuanto más agudo es el mal, más cerca las tomas, hasta darlas cada 3 ó 5 minutos, para alejarlas en cuanto se produzca mejoría.


Observación de la orina


Cada vez que se observa algo anormal por la mañana en la orina fría (de la noche anterior), conviene mandar examinar dicha orina; como se impone la misma operación cada vez que se nota el mismo malestar persistente, sin que se pueda atribuir a nada concreto, ni conocido como acto de desconfianza instintiva de nosotros mismos.


El enfermo que así procede para presentarse al médico, munido con ése requisito, puede tener la convicción de que le despeja muchas incógnitas y se gana una visita; y esto sólo, ya vale la pena.

La orina en tesis general, su color, en estado normal, es amarillo pálido, sin espuma persistente; toda otra demostración indica enfermedad. Las orinas muy pálidas y abundantes son de diabetes insípidas, sin azúcar, o de diabetes sacarina, que muchas veces las hormigas chicas sé encargan de revelar y diferenciar, porque las persiguen. Estas enfermedades no provienen de los riñones, son acompañadas de insomnios, por disgustos profundos.

La orina rojiza como de color de vino seco; es a causa de fiebres fuertes.

La orina es verdosa, hay ictericia... Lachesis.

La orina es sanguinolenta oscura, hay causas graves que debe revelar el Sulphur. Cáncer o Tuberculosis.

La orina es azul-sucio, revela cólera asiático. Varatrum Album.


La fiebre tifoidea es grave. Canela de Ceilán. Alimentación.

La orina biliosa demuestra obstrucciones del hígado por endurecimientos. Chelidonium Mayun. Dieta láctea.

La orina biliosa que no es por lo anterior, es entonces por cálculos del hígado. Licopodium. Alimentación.

La orina tiene abundantes arenas blancas o arenillas rojas como polvo de ladrillo, Licopodium.

La orina tiene otros sedimentos como sarro, Licopodium.

La orina persiste con espuma, hay albúmina, Hepar-Sulphuris.

La orina tiene filamentos que nadan en forma de larvas de mosquitos, Silicea. Alimentación.

La orina tiene abundantes nubes flotantes, es por mucosidades, Phosphorus. Alimentación.

La orina tiene nubes pegajosas amarillas, Silicea.

La orina tiene abundantes nubes pegajosas amarillentas. obscuras, Lachesis.

La orina manifiesta marcada, fetidez, Mercurius Corrosíbus.

La orina, como medio de diagnóstico, permite todavía al microscopio revelar otros muchísimos elementos que mantienen invisibles, en suspensión, a causa de su impalpabilidad durante el proceso de algunas enfermedades de los riñones y de los aparatos.


Un examen de la orina, para que sea relativamente completo, debe ser químico y microscópico, por cuanto en muchos casos, el informe químico carecerá de la importancia que sólo puede demostrar el microscopio.


Cuando una persona reúne las dos clases de Diabetes de albúmina y de azúcar o glucosa, es caso mortal de necesidad, sin que pueda tener la posibilidad de escapar a las complicaciones que se producen luego.


La temperatura del enfermo


Tanto interés debemos de tener en poseer un buen termómetro, como en poseer el mejor reloj para el bolsillo.


La temperatura puede tomarse en las axilas (sobacos), debajo de la lengua, en las ingles, en el intestino (recto) y en la vagina, pero se da preferencia en las axilas, teniendo buen cuidado de que no se interponga las ropas. Bajada la columna de mercurio todo cuanto lo permite por medio de sacudidas, se colocará durante diez minutos en el sitio elegido, apretado suavemente por el enfermo y bien rodeado de la piel, para que así el calor sea homogéneo. Las mejores posiciones del enfermo son: sentado o acostado de espaldas (decúbito dorsal), cruzando sobre el pecho el antebrazo correspondiente que mantiene el termómetro y ocupar el otro brazo en sostenerlo, para que la mano, colocada debajo del codo, evite el natural cansancio del tiempo que se necesita (diez minutos).


Las horas más convenientes son: a las 8 y las 18, pero en las enfermedades graves, conviene también a las 12 del día y de la noche, hora en que comienzan las manifestaciones de la marcha que desarrollan las enfermedades en la tarde y durante el día.


El calor natural en el estado sano (fisiológico) de una persona alimentada, es de 37 grados.


Las temperaturas anormales son propiamente a partir de 38 grados arriba, las que oscilan entre 37 y 38 grados y las que bajan de la normal hasta menos de 35 grados.


Se llama fiebre ligera a 38 grados. Se llama fiebre moderada a 38 1/2 grados. Se llama fiebre fuerte o alta, de 39 a 41 grados.

Se llama fiebre altísima, de 41 a 41 1/2 grados. Se llama fiebre mortal, de 42 grados.

En todo caso y enfermedad, las temperaturas altas exigen mantener al enfermo bajo la acción de Aconitum y Belladona alternados, que producen una sudación de derivación segura y rápida, teniendo la singular ventaja de que frecuentemente hay ocasión de dar al enfermo el agua que está perdiendo y necesita reponerla incesantemente.


Las temperaturas bajas inferiores a 35 grados, requieren auxilios prontos y enérgicos, medios capaces y convenientes de calefacción, botellas de agua caliente a los pies, abrigo general no exagerado, aire bueno templado a 16 grados, alimentación frecuente semilíquida, Jerez viejo.


En los casos de Cianosis, frío en las extremidades, manos, pies, nariz, orejas, rostro ojeroso o amoratado, cara cadavérica, Carbón Vegetal de la dilución conveniente.


En los casos de enfriamiento con vómitos y diarrea simultáneos, dosis persistentes de Veratrum Álbum; después substancia de arroz cocido y caldo desengrasado.


En casos menos graves, para levantar la temperatura a 37 grados, se recurrirá a China Rubra (Quina roja).


Todas las temperaturas deben anotarse diariamente para recordar la marcha de la enfermedad, para constancia de las observaciones, y reconocer así las mejorías; debiendo dar mucha importancia al termómetro por cuanto su conocimiento es indispensable y es motivo de mucha tranquilidad de conciencia, por más que todo esto también alarma, pero vale más saber a qué atenerse, para buscar el remedio a tiempo. El termómetro bueno no miente.


El pulso


Ventajas que proporciona el saber tomarlo.

El pulso nos revela claramente los latidos del corazón. Ejercitarse en tomar el pulso es motivo de mucha previsión (y de mucho alcance mundial y comercial).

¿Cuántas veces la práctica adquirida de tomar el pulso resuelve el descubrimiento de que no tomó bien la temperatura, de que el termómetro era malo, o reemplaza al termómetro que se guardaba en su correspondiente estuche, roto por alguien sin saberlo hasta la hora necesaria?


El pulso se debe tomar colocando las yemas de los dedos índice y medio de la mano más segura, sobre la arteria radial, en la parte que forma la sinuosidad en cada muñeca, donde en cada persona, la arteria radial es tan superficial que se la ve salir a simple vista, pero es allí donde se la siente.


El mejor sistema de observar el pulso consiste en contar las pulsaciones que laten en el espacio de 5 segundos, para conocer de ese modo si hay regularidad en cada espacio de cinco segundos; cuando se confirma la regularidad, se multiplica por doce y se obtiene así el número de latidos que corresponden a cada minuto.


Cuando el número de latidos es irregular, se cuenta con paciencia los que corresponden a cada minuto, repitiendo esto tres y cuatro veces, para mejor confirmación.


Las pulsaciones normales en el estado de salud con 37 grados de temperatura, son 72 latidos por cada minuto; cada vez que el pulso aumenta, cuando hay microbios, sobre la temperatura, es la proporción de 20 pulsaciones por cada grado de calor o fiebre, contadas arriba de 72. Es decir, que 72 más 20, son iguales a 38 grados de fiebre, y 72 más 40, son iguales a 39 de la misma, etc., con toda precisión.


La temperatura vuelta por pasiva, da el número correspondiente de latidos del corazón.


Como los niños son muy impresionables, conviene tomarles el pulso dormidos, evitando así los peligros de romper el termómetro, la violencia de mantenerlos quietos durante diez minutos de observación y la excitación, que no deja de influir en las oscilaciones.


Como comprobante, es muy conveniente tomar el pulso en los radiales, porque no es lo mismo la arteria izquierda que la derecha, porque no quedan a igual distancia del corazón y se puede así hacer la comprobación de dos termómetros a la vez.


El pulso debe tomarse para llevar también anotación del número de los latidos, porque controla al termómetro y la temperatura, fiscalizando todo lo que se relaciona con la fiebre.


Doctor, voy a cerrar yo este párrafo con un nuevo dato, que tal vez los médicos no lo habrán dicho por creerlo inmoral, o tal vez no lo habrán observado, y más creo esto, pero yo que no temo a la inmoralidad, porque no la creo, ni en realidad la hay; y por añadidura hoy anda el «Monstruo» (según la malicia de Pío IX, que era monstruo de maldad, porque consagró la inmoralidad de hacerse infalible, y la mayor de que María fuese Inmaculada ¡pobre madre mía! en fin, ya no se teme la inmoralidad, y nadie le teme más que el que la hace; y además escribo esto para el día del amor, en el que los hombres no pueden tener la inmoralidad y no la tendrán, porque han de estudiar todo, hasta el ser impersonal del Creador nuestro Padre, que mandó al Monstruo a destruir la inmoralidad de los inmorales.


Pues bien; en los días más transcendentales de esta mi amarga existencia, cuando ni aun la calle veía para no interrumpir el estudio de la cosmogonía, porque estaba escribiendo las doctrinas que han de sustituir todos los códigos anteriores, hasta el decálogo, un pedido de un constante visitante, me hizo acceder a la visita de un hombre que pedía salud para una hija suya, bella mujer de 30 años, pero estaba desahuciada por eminencias medicas, y bien desahuciada, si atendemos sólo a la ciencia y sus medios alopáticos.


Una neumonía había sembrado en aquel ser los gérmenes de la tuberculosis hacía tres años y estaba entonces con todo el progreso del segundo grado; pero ésta era la enfermedad que menos cuidado me daba por entonces, pues ésta daría tiempo de luchar; una palpitación al corazón, que se repetía con frecuencia traidoramente, me apuraba, y no veía, no encontraba su causa raíz en los dos primeros días, porque tampoco en parte alguna podía encontrar el pulso, y de esto, no podía ser causa la tuberculosis y la cloro-anemia, que ya todo lo dominaba. Por confesiones requeridas, haciendo recordar todo el proceso de tres años, un dato me puso en una duda: la alimentación exclusiva de huevos y leche, y en tal cantidad, que había días que comía dos docenas de huevos. Aquel cuerpo ya era todo cal, y la cal quema, come y corroe. La prohibición absoluta de un solo día, me mostró que mi fundamento era cierto; pero el pulso no lo encontraba ni en la axila izquierda, y sin el pulso yo no podía luchar; no podía orientarme, no podía aplicar remedios eficaces y con paciencia y atención estudié y observé prácticamente sobre mi compañera, todas las partes del cuerpo donde se pronunciara la pulsación y anotaba y notaba por el tacto, la diferencia de fuerza de las pulsaciones entre las muñecas, las sienes y la axilas; y siguiendo las arterias, llegué a la ingle izquierda; tuve una gran alegría, pues que allí, el golpe era más fuerte que en parte alguna y más justo que en la axila y repercutía al mismo tiempo que en el corazón; y como todo es semejante, creí que si no encontraría resistencia en la enferma por sus prejuicios de inmoralidad y aun de pecado religioso, tenía el punto donde podía observar sus pulsaciones.


Con delicadeza, pero con empeño, expuse a la madre mis observaciones, y para quitar todo obstáculo añadí: Señora, al fin y al cabo ¿no está desahuciada? El desahucio es sinónimo de muerte, y con ella hay que luchar por todos los medios para arrancarle esa presa; porque yo sé que esa mujer ha venido a ser Madre y hay que hacer todo lo imaginable (post ciencia) para que cumpla esa sagrada misión que le ha sido estorbada, lo que es en verdad la causa metafísica y física de sus enfermedades y si a su espíritu le dan los medios para que pueda cumplir, él hará más de la mitad del trabajo para su curación; de lo contrario, cortará pronto el hilo de la carne, para no perder mas tiempo. Esto tampoco lo sabe la ciencia, doctor, y ni Vd. lo creyó tampoco en su materia y nada hay más verdad; y ahora que dejasteis vuestro cuerpo, lo veis claro y tendréis ganas de volver para obrar cosas grandes por ese conocimiento ¿ no es verdad que sí? Pues bien; la madre habló a la hija, y triunfando el deseo de la vida, pulsé a la enferma y encontré el latido en la ingle izquierda y, un sudor frío me circundó; ¡37 latidos sólo! en tres observaciones pacientes, y de pronto un espantoso descarrilamiento, 92 pulsaciones con desmayo; por la pulsación no puedo dar reactivos, no puedo tampoco dar lo contrario; pero en el momento del desmayo, voy a buscar el corazón y era un horno la boca del estómago, y entonces sí, entonces ya obré por mis facultades y vi con espanto, como descubierta, una pleura que parecía un pergamino: dos heridas del tamaño de una moneda de dos centavos (cobre) en los pulmones y una llaga de 6 centímetros en el estómago, pero tenía el registro de las pulsaciones que tomaba varias veces al día yo, y la misma enferma se divertía en tomárselo, extrañándose de que no se lo hubieran enseñado de niña a ella y a todas las mujeres.


Árnica -me dije de pronto. Y la extrañeza fue grande en la enferma y su familia. -¿Árnica por dentro? -dijeron- Sí —afirmé. Y para quitar dudas tomé yo mismo, haciéndoles entender que yo no me quería suicidar. Y la enferma tomó el árnica, experimentando a las pocas horas, una cosa extraña, que la llenó de alegría, porque sin toser, sólo con la respiración, arrojaba unas bolitas duras como píldoras de goma: eran flemas estancadas, que acrecieron más tarde; porque, doctor, yo tenía prisa en cicatrizar aquel estómago, y obligué a que tres o cuatro veces al día, tomara Rhoom-Negrita, porque quema, señor; y con esos dos elementos y una alimentación semilíquida y poca, pero a menudo, a los 15 días, la llaga estaba cicatrizada, la pleura recobraba elasticidad, pero quedaba en ella, necrosis de algunas fibras y las palpitaciones fueron menores, y el día 15 de octubre de 1912, eché la muerte de la cama de la enferma y le aseguré que se casaría y, cortando toda otra relación, esa mujer, tres meses más tarde, se casaba... y a mí no me participaron nada, porque sus padres, sus verdugos, quizás habrían preferido su muerte a doblegarse a la evidencia. Por esto no doy nombres. En fin, tuve el pulso y pude luchar y esto confirma todo lo que el doctor sostiene sobre el particular. Siga Ud.


Respiración


Importancia del número de respiraciones en los enfermos.


El número de respiraciones en cada minuto, determinará el estado normal o anormal de los pulmones, siendo ventajoso contar y observarlas durante el sueño, para evitar los motivos que pueden ocasionar errores, por falta de tranquilidad.


En la primera edad del nacimiento se respira 44 veces por minuto normalmente.


Desde uno hasta los cinco años, 26 veces.

Desde los cinco hasta los diez años, 24 veces.

Desde los diez hasta los quince años, 20 a 22 veces.

Desde los quince hasta los veinte años, 20 veces.


Desde los treinta años en adelante, 16 veces todo por minuto y siempre en el estado normal.


Al hacerse las anotaciones sobre el número de las respiraciones en cada minuto, debe precisarse si aumentan o disminuyen a ciertas horas; si son naturales, sin ruidos de flemas; si son fuertes, si son profundas, con o sin gemidos, con ronquido, o con cualquier novedad que presenten.


Debe también observarse si las respiraciones se efectúan por la boca o por la nariz, si las alas de la nariz se mueven o se dilatan en forma de fuelle.


Debe inspeccionarse el estado de la lengua y la clase de aliento que tiene el enfermo. Esto va de paso.


Cuando haya tos, obsérvese si ésta es corta, fuerte, intensa o débil; si hay accesos o ataques; cada qué tiempo se producen o repiten.


Si la tos es seca, ronca o perruna; si es áspera o húmeda; si el enfermo se queja al toser; si la cara se pone colorada; si duele la cabeza al toser o el pecho, la espalda, o cualquier parte del cuerpo; si se producen arcadas o vómitos; si la tos ocasiona emisión de orinas, quejidos, ventosidades, etc., etc. Para cada clase de tos, búsquese el remedio con arreglo a esos datos, sin preocuparse del nombre de la enfermedad, rodeando al enfermo de todas las condiciones y garantías necesarias a su curación.


La fiebre


La palabra fiebre no significa enfermedad; toda fiebre implica un aviso de la naturaleza que indica la invasión de un germen más o menos mórbido; de manera que el remedio de cada fiebre debe el médico elegirlo de arreglo a cada una de las causas que la producen; el sulfato de quinina para todas las fiebres es puro empirismo, muy perjudicial.


Debe romperse la tradición empírica de que fiebre es sinónimo de quinina, porque la quinina sirve para aumentar o levantar la temperatura, y es remedio sólo en ciertas clases de fiebres intermitentes, sin malaria. Véase.


Cuando la temperatura ha decaído a 35 ó 36 grados de fiebre por desgastes consecutivos a estados anormales en ciertas clases de enfermedades, es entonces cuando debe administrarse quinina, a fin de restablecer el calor a 37 grados, en la seguridad de que será suficiente para que desaparezca cualquier novedad dependiente de la disminución, comprobado por falta de irrigación de la sangre.


El principio de la mayoría de las enfermedades agudas se inicia con frío, que dura entre media y dos horas.


La duración y calidad de este frío, dan la medida de la gravedad: mientras el frío o chucho subsisten, la temperatura aumenta y ha llegado a su mayor elevación cuando termina el frío, observando que las extremidades, como la nariz, el mentón, las orejas, la frente, etc., tienen una temperatura relativamente baja, mientras el globo del ojo revela el calor interno; compárese siempre con el dorso de los dedos de la mano, el calor de la frente y del ojo.


Los chuchos significan «Malón» o invasión de microbios en la sangre; de manera que, cuanto más fuertes son los chuchos, más terribles son los microbios.


El principio de una enfermedad, puede también iniciarse con calor febril, que no sea precedido de frió, ni de escalofríos, ni de chucho; puede ir lentamente en aumento hasta asumir una temperatura alta, siendo esto más peculiar de todas las enfermedades infecciosas del aparato digestivo; porque la invasión es lenta mientras se instala el microbio y hace nido.


La clase, modo y curso de la elevación de la temperatura, indican el tipo de la fiebre; llamándose continua, cuando sube diariamente con una diferencia más o menos de medio grado sobre la del día anterior; subcontinua cuando la diferencia de aumento es algo superior al medio grado; y cuando pasa diariamente de un grado, este aumento se llama intermitente.


Por fiebre intermitente, se clasifica toda fiebre que tiene accesos caracterizados por la alteración de un acceso febril y un período de tiempo sin fiebre; éste es el caso en que el Bisulfato de Quinina es el remedio específico.


La alternación entre el acceso febril y período de tiempo sin ninguna fiebre, puede ser regular; repitiéndose en este caso de nuevo acceso de fiebre puntualmente a la hora observada antes o puede ser irregular, presentándose las intermitencias del caso antes o después de la hora comparada.


Si la fiebre intermitente adelanta la hora en cada acceso, se llama Anteponente, cuando se atrasa, se llama Posponente; cuando el acceso es diario, se llama Cuotidiana; cuando son un día sí y el otro no, Terciana; y cuando un día sí y dos no, se llama Cuartana; siempre aquí es el remedio específico el Bisulfato de Quinina, porque es el que tiene el poder de equilibrar la temperatura y fijarla en 37 grados.


El gran remedio, cuando la causa es un enfriamiento con supresión de sudor, con o sin escalofríos seguidos de calor, sequedad de la piel, pulso rápido, duro, fuerte, sed, decaimiento, inquietud, desasosiego, molestia general, etc., hasta miedo, el Aconitum.


Cuando la fiebre es acompañada de dolor de cabeza, cara colorada, delirio, dolor de garganta o de oído, siempre Aconitum alternado con Belladona, aproximando la dosis, hasta conseguir una copiosa sudación, que puede apresurarse, dando al enfermo pequeñas tazas de té, no cargado, ligeramente azucarado. Una vez que la temperatura baja a la normal, se mudarán las ropas sudadas, calentando con alcohol puro el aire de la habitación cerrada.


Ahora, cuando se han cambiado las ropas del enfermo, se observará cuál es el remedio que debe elegirse para atender el estado especial que caracteriza la enfermedad, la garganta, la cabeza, pecho, pulmón, estómago, vientre, brazos, piernas, etc. Para esto se hará prolija y reposada observación de todos los síntomas, sin preocuparse de hacer diagnóstico, porque lo que importa es llegar a dar con el remedio que conviene a su estado. Con nombres, no puede curar nada el que sea profano de ellos, estudie bien los remedios y ríase de los «cuentos de Hadas».


Hasta aquí el doctor Toledo, a quien le damos las gracias por habernos ahorrado un inmenso trabajo, que era nuestro deber estudiar y exponer científicamente; y al transcribir esos párrafos, además de que su libro «Estúdiate a ti mismo» ha de entrar en la Biblioteca de la Comuna, damos prueba al mundo médico, de lo que estimamos sus progresos, desnudándolos del dogma y autoritarismo de sus leyes de régimen, que condenan a la inacción a miles y miles de seres que saben y pueden curar, porque han sido médicos y naturalistas antes que vosotros, que hoy dogmatizáis la ciencia que debe conocer desde la infancia todo hombre; porque profilaxis, dice prevención médica, remedio; y todo médico dice y aconseja que mejor es prevenir que curar, y es precisamente la profilaxis que traemos los 24 Ancianos.


Es cierto que en la forma en que está hoy constituida la sociedad, y la nula conciencia que los hombres tienen sobre deberes para con los demás hombres, resultado inmediato de una errada educación también mercantilizada por la mayoría de los hombres de ciencia, habría que ponerles trabas y cepos para sujetarlos a esa pléyade de curanderos ignorantes, y yo soy el primero en aplaudir las medidas enérgicas; pero no se puede atar en forma que inutilice al hombre que, comprendiendo una misión espiritual, la desempeña en amor; si no que a éstos (que los hay) no harían mal los señores médicos en consultarlos acerca de algunas enfermedades en las que ven que nada pueden hacer con la ciencia ni la medicina.


Porque, como he dicho, esos hombres, su espíritu, en encarnaciones anteriores, han sido médicos y naturalistas; y el espíritu aprende y no olvida, y de este archivo (que todo espíritu guarda, sin poder echar de sí) nacen las facultades que hoy llamamos mediumnidades y que nadie puede negar, como tampoco nadie deja de ser médium, en una de las infinitas facultades que existen en el universo que entre todas componen la omnipotencia y la sabiduría del espiritismo, que viene a establecer en ley y justicia su reinado, porque ya es la hora y se ha dicho por Moisés y aun lo repitió Jesús.


En este día, que será largo (de 750 siglos arriba), la ciencia ocupará un puesto preeminente, pero será lo que realmente es y no lo que la han hecho, una rama pequeñita de la sabiduría y potencia del espíritu; esto es cada una de las ciencias, que desde hoy empezarán todas a llenar los vacíos que tienen, los que no los puede llenar más que el espíritu.


La materia tiene su ley; el espíritu tiene su ley; pero el alma no tiene ley; y aunque digo que la materia tiene su ley y el espíritu tiene su ley, no hay dos leyes, es una sola y única ley; pero tiene artículos, tantos como seres y cosas existen y el espíritu es el máximun de las cosas y los seres y tiene en sí impresa toda la ley, que es sólo y únicamente amor; pero que encerrado, se opaquiza su luz, se ofusca en la comprensión de la ley, a causa de equívocas leyes llamadas sociales, en las que se ponen penas a la materia, con lo que se coarta la libertad de acción del espíritu, que sólo puede obrar con la materia, bien sea con su cuerpo propio estando encarnado, o ya tomando posesión material de un cuerpo que les sea afín por el que se manifiesta y aclara al hombre lo que encerrado no puede ver, aunque lo presiente, por ser extraterrestre, intraterrestre, o intracorporal, que el espíritu ve y comprende, y los ojos materiales, no pueden ver más que los espirituales; por esto las ciencias, aun la médica, sólo son superficiales, y por lo tanto sólo son leyes y reglas de la materia.


Como profilaxis de la vida material y para la salud de los cuerpos necesaria y para la acción potente del espíritu de elevar el progreso, es bastante (para el principio) todo este largo capítulo, con el que queda higienizada la vida material y anulados los peligros del parto donde comienza la vida y acción del hombre; y ahora debemos empezar la moralidad y profilaxis del espíritu, por la corrección y educación racional verdadera, sin ninguno de los prejuicios y errores que hasta aquí se le impusieron.


Pero no debo cerrar este larguísimo capítulo, sin aclarar un punto capital que he señalado diciendo que, «el alma no tiene ley», y es el escándalo mayor que puede exponerse en el dualismo de los hombres, y al efecto voy a hacer párrafo aparte.


Párrafo segundo


El escándalo no lo constituyen los hechos de cualquier naturaleza que sean, sino que lo hace escándalo una ley que se hace para prohibir los hechos. Esto lo entendió bien Pablo, y es una de las pocas cosas buenas que enseñó en sus cartas a los gálatas.


Hemos visto que, la procreación es una ley divina, inflexible e ineludible, y por la cual sólo puede perpetuarse el hombre, reproduciéndose de sí mismo; es una ley natural que cada ser lleva impresa, y es tan imperiosa, que nadie puede dejar de sentirla, ni de cumplirla, a pesar de cuantas prohibiciones se hagan, aunque se imponga la pena de muerte; y leyes han habido que han llegado hasta ese extremo, no para la procreación, sino para evitar la prostitución, o lo que es lo mismo en sentido general, el adulterio y eso lo encontramos en el Pentateuco de Moisés; a pesar de esa pena, el adulterio lo hubo y la prostitución también; y la causa no es otra sino que el alma no tiene ley, porque ella es solo el intermediario entre el cuerpo y el espíritu y sufre y goza con los goces y sufrimientos del cuerpo o del espíritu indistintamente, y ella por sí sola, no puede gozar ni sufrir, y esto es no tener ley.


Lo que hay es que, los hombres no pueden comprender desde su comienzo de qué se componen, porque la materia es demasiado densa y pesada, hasta el punto de moverse con dificultad, como si arrastrase una pesada carga; y esta densidad opaquiza casi del todo la luz del espíritu envuelto en el alma y obrando dentro del hombre, desde donde va purificando materia, hasta extraer la esencia que contiene aquel cuerpo, y esa esencia la agrega al alma, la que es su archivo, en el que eternamente el espíritu almacena y estudia y va purificándola cada vez más, hasta ser completamente transparente para reflejar la luz, de lo que sólo es propietario el espíritu; por lo que, el alma brilla un día como brilla el globo que envuelve la luz de una lámpara; pero aquel brillo no es del globo, sino de la luz que encierra.


Por esto es muy natural que haya un tiempo (y lo hubo) en que el hombre no conociera más que su cuerpo; y como apenas sentía el dolor cuando lo destrozaba una fiera, o se herían el uno al otro en la conquista de las cosas que habían de menester, sobre todo en la conquista y, mejor dicho, en la caza de la hembra.


No sentían, porque él alma era muy gruesa, muy rústica; no había en ella depósito suficiente de sentimiento, y vez a vez fue creciendo ese sentimiento, según que el espíritu iba exprimiendo esencias de cada cuerpo que utilizó, hasta llegar la sensibilidad al grado de comprender el hombre que, si le dolía un rasguño del pie en todo el cuerpo y sobre todo dentro del cuerpo y en su exterior, donde no había sido herido, es porque debía haber en él algo que sin ser herido materialmente, repercutía el dolor en él y descubrió el alma. Pero el alma, a pesar de sentir el dolor, ni obraba, ni se quejaba; siempre era el cuerpo animal el que clamaba, se quejaba, o esquivaba el peligro por instinto de conservación; y sin embargo, sentía el goce o el dolor y el hombre ya se contó de cuerpo y alma: ya era dúo; ya sabía que no quejándose ni gozando el cadáver, era porque el alma era la sensitiva y era entonces superior al cuerpo y empezó el hombre a temer a su propia alma y más, a las almas de los otros hombres, y dio base a una nueva evolución: ya no quería morir el hombre ya quería que su alma viviera, porque parecía que se reflejaba en luz por sus ojos, y era cierto, que la veía en sus presentimientos y la estableció primero que el cuerpo, porque al fin lo dominaba y el cuerpo la servía en sus sentimientos, y obraba el hombre con temor, lo que antes lo hacía sin precaver. Y cuando veía a otro hombre obrar aquello que él ya temía, lo castigaba para que no lo obrara otra vez, y nacía una ley de prohibición. El obrar lo prohibido era escándalo, no habiéndolo sido antes; y el castigo y el escándalo era, sólo (y lo es hoy) para el cuerpo, porque al alma, el hombre no fue capaz de personificarla para encerrarla, ni castigarla por separado del cuerpo; y es porque, el alma no tiene ley.


Este temor por el que se hace una ley opresora, es el que constituye el escándalo, que antes del temor no existió; por lo que, el hecho no es el escándalo, sino que el escándalo es la ley que creó el temor; es una injusticia; pero es también nacida de otra injusticia, que es el deificar al alma; porque ésta sólo es la servidora intermediaria del cuerpo y del espíritu; pero esa injusticia era necesaria para que, cuando el hombre llegaría a ver que aquella luz que vislumbraba en su alma (por lo que la deificó); no era luz del alma, sino que esta alma no es otra cosa que el globo que envuelve la luz, la que da brillo al globo, aquí habría otra gran evolución, que es fuerza que provoque la revolución, con otra semejante injusticia, y se volverá a hacer nuevas leyes prohibitivas que harán escándalo de lo que antes no lo era, sino virtud y aun santidad. Todo esto no es más que la demostración de la ignorancia del hombre, que se rige por necesidad de la ley del cuerpo, o sea de la materia, y jamás pudo encontrar leyes del alma, porque no las tiene; ella es sólo el archivo de las leyes del espíritu y del cuerpo, y el alma se impresiona con todos los movimientos, con todas las acciones y con todos los sentimientos del cuerpo y del espíritu, resultando así en verdad que, el alma es el archivo de las obras realizadas por el espíritu, con cuantos cuerpos usó en su incesante carrera; es pues ley que no tenga ley, porque es el punto neutral de los extremos materia y espíritu: el globo, o pantalla que opaquiza la luz del espíritu, al grado que los cuerpos la pueden resistir sin ser heridos en la retina de sus ojos, cubriendo la desnudez de la verdad, mientras el hombre se escandaliza de ella; causa por la que, el hombre hizo leyes prohibitivas, de hechos que su necesidad le obligaba a obrar y no le escandalizaban, como lo tenemos demostrado en las leyes celibatarias y matrimoniales, que son una traba, un inconveniente a la divina ley de la procreación, cuya importancia y sabiduría son la perpetuación del hombre y el conocimiento de que una concepción conmueve todo el universo y se anota ese hecho en el índice de la vida.


Sin embargo, los hombres han llamado inmoralidad y escándalo a la libre unión y pusieron penas corporales a los infractores del celibato y el voto y también a los bígamos y unidos en libertad burlándose de las leyes civiles y religiosas, que hicieron con su imposición la inmoralidad y el escándalo que los hechos no tienen en sí, probado en que; las faltas de un célibe a su voto, da frutos de hijos; el bígamo también; los unidos en libertad también; siendo éstos hoy más numerosos que los unidos civil y religiosamente; los que, sabiendo todo lo que pasa en sí mismos para la concepción de un ser y que, jamás puede producirse un efecto sin que las causas se hayan reunido, quiere decir, que los hechos no son escándalos, ni inmorales, sino que el escándalo y la inmoralidad están en las leyes que crean el escándalo.


Y es que, como el cuerpo tiene su ley y ésta es inflexible, y por sobre todas las leyes prohibitivas ella domina con su irresistible imperio, y el espíritu no reconoce más que la ley eterna del progreso y no tiene para nada en cuenta las leyes que constituyen por capricho el escándalo, empuja al cuerpo dulcemente, pero con fuerza incontrarrestable al cumplimiento de la ley madre, aun sabiendo que en su cuerpo ha de sufrir por la injusticia de la ley de la ignorancia, del temor y del escándalo, que la conveniencia religiosa y la falsedad de la sociedad que hipócritamente se escandaliza en los hechos públicos y guarda ocultos los verdaderos escándalos cometidos por los impositores de la ley, que cobran el goce de la naturaleza, burlándola con medios ilícitos de los frutos que exige de la unión de cuerpos. He ahí el escándalo.


Nada mas moral ni menos escandaloso que enseñarle al niño (varón y mujer), desde su uso de razón, la verdad y grandeza de la ley de procreación, que junto con el conocimiento de los males que ocasiona, el uso a destiempo y todo lo demás contenido en el «Código de Amor» y en él «Conócete a ti mismo» y demás libros de la nueva era, donde se suma matemáticamente los miles de millones de vidas que se le adeudan a la creación. Nadie tema de las juventudes, que nada harán de lo que hoy hacen por el sólo hecho de la inmoralidad y escándalo de las leyes hipócritas que la sociedad mantiene impuestas por los célibes, que han renegado de la ley y la cumplimentan quieran que no; porque son arrastrados por su cuerpo, que se ríe de las leyes de prohibición; pero no pueden merecer el pago del denario, porque no cumplen el duro deber del patriarcado y del matriarcado. He aquí la inmoralidad; he ahí el escándalo. En todo esto, el alma es arrastrada por uno o por otro de los dos: por el cuerpo o por el espíritu, a la ejecución sensible de los hechos, única cosa que el alma puede hacer; si el cuerpo venció, éste, arrastra al alma; si el espíritu triunfa, extrae las esencias del cuerpo, agregándolas al alma, y en todos casos la arrastra, porque desde su primera existencia como hombre, ya no la puede dejar y en todos los casos, el alma sufre o goza; es opaca o brillante, por las leyes de la materia o por la ley del espíritu porque, ella como entidad, es agregada al espíritu, y lo agregado no tiene ley; es garantido por la ley del sujeto a quien se agrega y por él ha de responder; ésa es el alma como entidad y no tiene ley; y como cosa, en su ser y mecanismo, verla en el «Conócete a ti mismo»; pero es la esencia de la esencia de las almas animales, de la cual el espíritu individualizó su parte y se la adipó para cubrir su luz, porque por la ley de las armonías, no puede tener y no tiene el alma ley.


Aquí os queda este punto como profilaxis del conocimiento del espíritu y su ley, el que, al purificar lo bastante su globo envolvente, el alma, brilla lo suficiente para que los ojos corporales puedan distinguir la luz que está dentro, siendo la fuerza central que engendra los movimientos, que son vida, y ésta, en sus evoluciones y revoluciones, imprime la velocidad que crea la fuerza centrífuga, que al fin es dominada y sujeta, por la fuerza centrípeta que es la materia, la que al fin, se convence de su conveniencia de espiritualizarse, y aquí se hace el hombre trino, reconociendo su cuerpo, su alma, y su espíritu, jefe. Es cuanto os tenía que decir el Anciano 4°, que os ama.


Libro: Profilaxis de la Vida

Autor: Joaquín Trincado



 
 
bottom of page