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Joaquín Trincado

Producto de esas siete emociones

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 2 Min. de lectura


Las siete emociones que dejamos expuestas en los párrafos anteriores pueden presentarse en forma de estados instantáneos o duraderos dando lugar a otras siete variedades.


1ª. El miedo: Lleva consigo dos grupos de variedades.


a) Variedades instantáneas: terror, susto, espanto, pavor, sorpresa, horror, admiración y estupor.

b) Variedades duraderas: congoja, angustia, temor, ansiedad, desaliento y desesperación.


2ª. La cólera: Lleva también dos grupos.

a) Variedades instantáneas: ira, rabia, furor, indignación y desprecio.

b) Variedades duraderas: odio, rencor, venganza, despecho y crueldad.


3ª. La curiosidad: Que tiene como resultado la atención.


4ª. La ternura: Tiene dos grupos de variedades.

a) Variedades instantáneas: Los placeres y los dolores comunicados en virtud de la simpatía.

b) Variedades duraderas: Las amistades y los afectos sociales.


5ª. El juego: Tiene también dos grupos.

a) Variedades instantáneas: contento, alegría, satisfacción y goces estéticos.

b) Variedades duraderas: bienestar, buen humor y gustos estéticos.


6ª. El amor genésico: Sólo tiene una variedad instantánea:


a) La voluptuosidad.


7ª. El amor propio: Tiene dos grupos.


a) Variedades instantáneas: Vanidad, pudor, vergüenza, timidez y confusión.

b) Variedades duraderas: Orgullo, resignación, humildad, devoción y servilismo.


En cuanto a las emociones comprobadas, es fácil darse cuenta de los factores que pueden constituirlas en cada caso, como, por ejemplo, la envidia, que contribuye a formarla principalmente el amor propio deprimido, la cólera y el miedo. Y como en los celos elaborados con las precipitaciones emocionales y egoístas del amor genésico principalmente, aunque hay otras muchas causas, puesto que encontramos los celos de hombres a hombres y de mujeres a mujeres.


La envidia y los celos más bien son el conjunto de las depresiones y el egoísmo; pero en todo caso evidencia una degeneración de los seres. Su remedio está sólo en la curación del Espíritu.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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