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Joaquín Trincado

Pacto amistoso: despertar de deseos y afición y ganas de alguna cosa

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 29 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

Si necesitamos pactos, es porque no nos bastamos a sí mismos. Si nos despiertan los deseos y nos aficionamos a alguna cosa, lo que deseamos, aquello a que nos aficionamos por lo cual pactamos, no está en nosotros, está en la persona o cosa deseada.


En la familia, en el hogar consanguíneo, no se pacta y ni aun las leyes civiles reconocen válido el pacto hecho entre padres e hijos, ni entre hermanos y hermanos. Digo que no los reconoce por en cuanto sus faltas a un pacto, no entran en la jurisprudencia, no las castiga el Juez.


Luego el pacto es entre extraños al hogar y es válido el pacto matrimonial, porque al hacerlo, los cónyuges eran extraños y no parientes hasta el 4. º grado; anterior a éste, es necesario un juicio que establezca los principios de excepción de las leyes. ¿Por qué se retrotrae ese parentesco de segundo o tercer grado al cuarto? Porque los hombres, aun ignorando los secretos de las leyes del Creador, obedecen sin pensar, porque se impone la ley madre: la ley de Amor.


La amistad nos despierta deseos de la posesión de la amiga mujer y nos aficionamos a ella y sus cosas; lo mismo también deseamos y nos aficionamos a las cosas del amigo, o de aquellos con quien necesitamos pactar para la participación de aquello moral, material y espiritual que posee y nosotros necesitamos para la vida o para la comunidad.


Por todo lo expuesto se ve claro que, el amor a la amistad es innato en los seres; luego si es innato, es ley superior: radica en el espíritu y obedece necesariamente al progreso que el espíritu alcanza; y cuando el progreso ha llegado al grado suficiente de desarrollo en la amistad ciudadana, se convierte en amor y ya no se hacen las cosas en la ciudad con la idea de un beneficio privado, sino que se declaran Bien público, lo que quiere decir, bien comunal.


La ciudad, ya en esas condiciones, se ha convertido en una casa común, en la que cada uno procura el bien de todos los individuos, lo mismo que si se tratase del hogar: sólo que se hace todo con mayor libertad, más independencia y con más magnificencia y descanso, como lo hemos de ver en los siguientes capítulos. Todo lo cual dice y confirma que, el amor ciudadano, es más perfecto que el amor de familia.


Libro: Los cinco amores

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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