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Joaquín Trincado

Mímica simpática

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 2 Min. de lectura


Hay muchísimos signos, doblemente reflejados y que son producidos por otros directamente defensivos de nuestro organismo, por la de todos los coadyuvantes, bajo la simpatía.


Esta simpatía, también nos la expone magistralmente estudiada Adán Smith en su “Sistema moral” y fue objeto de hermosas y valiosas investigaciones hasta hoy y sobre todo por Darwin.


De esos estudios, podemos separar las diferentes clases, o grados, o fases de la mímica simpática y la subdividimos.


1°. Mímica Muscular: Esta es, todo gesto expresivo de una sensación y aparece siempre acompañada de movimientos armónicos secundarios; por ejemplo, al bajar los párpados para detener los rayos luminosos muy intensos, apartamos la cabeza, doblamos el cuerpo y hasta levantamos la mano, colocándola como una pantalla delante del rostro. Esta serie de movimientos, es una correlación simpática entre los fenómenos reflejos de carácter muscular y es más perceptible en los estados sensibles, complejos o emocionales: la ira, por ejemplo, se manifiesta por gestos de la boca, de los ojos, y del puño cerrado, o de los dedos crispados con las uñas hacia arriba: todo lo cual es manifestación de la simpatía entre esos movimientos mímicos.


2°. Mímica funcional: Esta se observa principalmente entre los movimientos del rostro y de los órganos funcionales, especialmente en la nutrición y la generación.


3°. Mímica Atávica: es constituida por ciertos movimientos que, sin enterarse con otros de carácter defensivo, no obedeciendo a causas extremas concomitantes con determinados estados sensibles y son comunes a la especie, o a grupos étnicos y geográficos. La mímica Atávica, es uno de los elementos típicos de los pueblos y de las razas, por lo que podemos llamarla estética y étnica.


4°. Mímica imitativa: procede de la tendencia simpática de los organismos a reproducir los movimientos que las impresionan.


Desde el estremecimiento ondulado que experimenta el que ve arrastrarse una serpiente, hasta el bostezo provocado por un vecino aburrido, todos los movimientos mímicos que no son defensivos, musculares, funcionales ni atávicos proceden del llamado contagio nervioso que, equivale a una inducción eléctrica, cuya ley puede explicar hasta los fenómenos hipnóticos.


Si entre un grupo de hombres lanzamos una idea o un pensamiento bien cargado de nuestro magnetismo, nos es fácil observar la rapidez con que se uniforman los movimientos y hasta las impresiones dominantes. A lo que se deben los entusiasmos populares y el heroísmo de los ejércitos.


De este secreto y de este poder magnético, deben saber los oradores que deben impresionar a sus oyentes.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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