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Joaquín Trincado

Mímica defensiva

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 2 Min. de lectura


Ya hemos visto en el párrafo anterior que todo movimiento reflejo, caracteriza un determinado fenómeno sensible, el que es provocado directamente por uno de los estímulos externos e internos del organismo y que seguramente tiende:


A: A proteger el órgano amenazado o afectado por el estímulo: es lo que hacemos cuando inconscientemente cerramos los ojos para impedir la entrada de cuerpos extraños y de rayos luminosos más intensos que nuestra resistividad.


B: A curar la lesión orgánica que ha producido el estímulo, como ocurre en el pestañeo, destinado a suavizar el tejido conjuntivo irritado por la introducción de una partícula hiriente, cuyo pestañeo, provoca las glándulas lacrimales que bañan el ojo facilitando la expulsión del cuerpo ofensivo.


C: O bien a compensar los efectos perjudiciales de las impresiones demasiado intensas, por medio de otras que preservan a los centros cerebrales de congestiones locales: la risa, el llanto, los gestos desesperados, los desgarramientos de la piel o de los labios; el mesarse cabellos o arrancárselos, con todo otro movimiento que llama la atención requiriendo auxilio, son movimientos destinados a restablecer el equilibrio nervioso, alterado por grandes corrientes impresionantes.


Debemos hacer observar que, todos estos movimientos a pesar de operarse en el primer instante inconscientemente, no son involuntarios, puesto que obra cada instinto por su ley y todo lo que se obra por una ley es voluntario.


Una vez que el instinto obró el primer acto, ya todo el organismo concurre con todo lo perteneciente a proteger, curar o compensar el daño causado. Figuraos que se da un aviso de incendio y al instante todo el parque de bomberos sale como desesperado sembrando la alarma a todos para que se precavan del peligro y llamando a la ayuda.


Lo mismo pasa en nuestro organismo, pero con más rapidez y precisión: un órgano dio la alarma y todo el organismo con todos sus arsenales, dan a batida al agresor. Así, es la mímica defensiva, la mejor arma de nuestro ser.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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