top of page
Joaquín Trincado

Memoria y asociaciones

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 oct 2023
  • 6 Min. de lectura


El estudio de la memoria, es sin duda el más interesante de todos los estudios; pero lo hemos hecho en nuestro libro “Conócete a ti mismo”, probando a la evidencia que “La memoria es un vacío”, es decir, que quien puede aprender de memoria, un texto de otro, tiene en memoria un vacío.

Entre la memoria y la retentividad, hay gran diferencia. La memoria es un depósito de valor constante, mientras que la retentividad es la capacidad, el magnetismo remanente de la sensación: esta, no obra sino por la potencialidad de la memoria.

Un ejemplo simple, basta para demostrar todo esto. Observamos un hombre que no fue herido por una sensación moral, política, religiosa o social, ni aun artística, y nos sorprende con una idea, acaso de inmenso valor y expuesta sin preconcepción ninguna, de lo que tenemos casos a millones. ¿Por qué puede ser esto? Se ha dicho en filosofía, en teología y por la ciencia que, “Son ideas innatas” ¿Y qué son y de dónde pueden proceder las ideas innatas, sino del depósito que el espíritu lleva como archivo intransferible e indeclinable en su alma? Ahí está la memoria. En la masa encefálica no está la memoria, aunque esta sea el reflector de ese archivo porque en él se instala (podemos decir) el alma, porque es como conocemos donde radican las sensaciones en principio.


Otra prueba de que el que puede aprender en textos ajenos, tiene un vacío en su memoria es que, los grandes pensadores, no pueden aprender ni una página de memoria en textos ajenos y ni de lo que ellos mismos escriben: pero les basta un epígrafe, o un hojeo al texto para darse exacta cuenta de la obra y del autor.


Es que su archivo está repleto; no caben letras, pero extraen esencias que ocupan muy poco lugar y en su pensamiento, escriben toda una gran obra. Son verdaderos maestros; no encontraréis en ellos hojarasca, ni acaso galanura, no son facundos, pero sí fecundos, profundos y contundentes, lo que no encontraréis en los individuos facundos y retóricos, que son los de mucha memoria.


El hombre de mucha memoria, necesita hablar o escribir mucho para dar una solución a un tema científico, que lo tendrá que garantir con el dicho de otros. El pensador lo desarrolla en pocas líneas y lo afirma por sí sólo: Tiene conciencia plena; clara percepción de lo que afirma; por que su pensamiento, penetra en el espíritu y asocia todas las facultades a la comprensión e inteligencia del objeto y del sujeto; lo que no puede hacer el hombre que ha de valerse de su memoria para aprender de otros; de los pensadores.


Todo esto es Psíquico-espiritual; de donde nace la inteligencia científica, para que aprendan los hombres de memoria y rememoren los de talento, sus conocimientos archivados, en su Alma-Conciencia.


Vamos, pues, a estudiar por puntos algunas de las principales leyes naturales y materiales que conciernen a la memoria; pero antes debo afirmar que, “El espíritu por sí mismo o en sí mismo. No tiene memoria; pero es a causa de que no tiene tiempo tampoco, porque vive siempre en el presente eterno; pero forma su conciencia con el archivo de toda su experiencia y los instintos dominados, en cuyo archivo, el espíritu, repasa las causas de sus nuevos destinos, conforme a la justicia que él mismo es capaz de hacerse.


De esa heterogénea asociación de hechos que quedan plasmados en el alma humana, hace la materia memoria, por el estudio continuado que el espíritu hace en su archivo.


Para que esa memoria llegue al punto debido para percibir, es necesario que tenga sus conductores; y ya conocemos que estos son los sistemas de que se compone el cuerpo animal, nerviosos, musculares y óseo, que sirven los mismo, para llevar de afuera hacia adentro, como de la conciencia a los puntos externos, las sensaciones o percepciones, cada una en su grado y su ley.


Y es así en efecto, como Hering y Hartley han demostrado la existencia de un doble poder de conservación y de reproducción, en todos los tejidos orgánicos especialmente en el muscular y el nervioso; es decir, que las modificaciones protoplasmáticas se convierten en estados latentes, susceptibles de recordar su calidad e intensidad que les da origen.


Esa retentividad y reproductibilidad constituyen la memoria, dicen los dos citados y lo confirman además de Hering y Hartley; Ribot, Sergi y Bain. Según los cuales, la memoria orgánica, como función general del sistema nervioso, está regida por las siguientes leyes; de las que vamos a hacer puntos separados.


1ª. Ley: Retención y excitación.


Toda excitación de un centro cerebral determina en el mismo, un estado latente cuya persistencia aumenta, reproduciéndose la excitación originaria.


De este principio deducimos que, siempre que tenemos que hacer un esfuerzo, para revivir un hecho, que hemos agregado a nuestra alma-memoria-conciencia, originamos necesariamente el mismo hecho mental; pero que si no se reúnen las mismas causas que lo originaron, no es posible reproducirlo materialmente, aunque vive en nosotros hecho ley.


2ª. Ley: Persistencia innata.


La persistencia del estado latente, depende también de la constitución innata de los centros nerviosos correspondientes.


Este principio debió llevar más lejos que lo que han ido los filósofos y los científicos, por la simple comparación de la obra del hombre, con la de los animales irracionales, que tienen también en su organismo las mismas condiciones materiales que el hombre; pero que en los irracionales no existe el innatismo de cosas anteriores a su existencia, en tanto que, en el hombre, el innatismo, se refiere a ideas y cosas anteriores a la existencia presente.


La causa es muy trascendental, y se aplica en el “Conócete a ti mismo”, pero aquí como constancia diremos que, el alma del hombre y el cuerpo también, absorbe el alma y cuerpo animal de los irracionales, que conviven como instintos en el cuerpo y alma del hombre. Y como todo lo que una vez es ya no puede dejar de ser, siendo el hombre el fin perseguido por la creación, para perpetuar todas las cosas del universo, el espíritu asocia a su alma todo lo que encierra la creación, según lo va dominando; y por esto, tiene todo lo anterior a cada existencia innato en el hombre.


3ª. Ley: Intensidad y estímulo.


El grado de persistencia, depende asimismo de la intensidad o duración del estímulo o de la concomitancia del organismo.


Quiere decir, pues, que como es forzoso que los estímulos vayan acompañados de su generador (que es su impulsor) y jamás puede ser que una cosa que hace contacto con otra, no deje residuos y memoria, persiste siempre la cosa en los objetos e instrumentos concomitantes, lo que nos da la clave del innatismo en el ser humano.

La intensidad también, hará que sea más o menos profunda la huella dejada en el organismo, como lo vemos en una fuerte emoción que deja jadeante al hombre: como lo explica una herida que interesa sólo un primer tejido que nos da una impresión leve, o una profunda, que nos abate si no es mortal.


El paso de una corriente eléctrica por nuestro organismo, contrae más o menos nuestros músculos y sistemas y nos deja por ende mayor o menor memoria.


Un disco fonográfico, es herido más leve o más profundo según la potencia o intensidad de la voz impresionante; pero en todas formas, leve o fuerte, dejan su rastro y se reproducen siempre que ponemos en la acción las causas que lo produjeron de donde nace una.


4ª. Ley: Espontaneidad y reproducción.


Los estados latentes, tienden a reproducirse con una facilidad y espontaneidad proporcionales al número de repeticiones del fenómeno originario.


Es decir, que “Siempre que se reúnen las causas que originaron un efecto, se produce el mismo efecto”, lo que no es un principio científico, sino un axioma de la sabiduría.


Reconocido en la ciencia ese principio, no debía ya la ciencia encontrar misterio en las cosas a las que la ciencia no alcanza: y debió deducir con sana filosofía, toda causa, por el efecto palpado.


Y bien; siendo conexas las percepciones, con los procesos desarrollados en los senso-motores que funcionan bajo la acción de las leyes precitadas, debe entenderse necesariamente, que dichos senso-motores, están en estado de conciencia, para lo cual, es forzoso que sean susceptibles de conservación y reproducción…


No puede ser de otro modo: sin ese depósito que han llamado experiencia que es constituido por las percepciones, pero que es la memoria Psíquica, no encontraríamos motivo para la protección individual, de la que nuestros sentidos, por ese Psiquismo, son encargados y obligados por que, por sobre todos los instintos, prevalece el de la conservación.

Una reproducción Psíquica efectuada con conciencia, equivale a la confesión de reconocimiento de las percepciones o hechos consumados estimando su localización y aun señalamos con el recuerdo el tiempo en que fue adquirida por vez primera.


Nos sucede también a menudo que nos cuesta reproducir un hecho y apenas podemos lograr un fragmento de reconocimiento: esto nos pone en camino de aseverar, que sólo hay en nuestros senso-motores, una reminiscencia. Es decir, de ese hecho que no podemos recordar por completo, sólo llegó a nuestros moto-sensores una reflexión. No hay en nosotros en esos casos la memoria Psicológica.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
bottom of page