Los vicios y sus efectos, el amor sólo puede regenerarlos
- EMEDELACU

- 3 jul 2025
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Tengo ante mí vista, no porque me sean necesarios, sino para cargar con justicia la responsabilidad de los vicios casi innumerables que minan la existencia, unos opúsculos tan inmorales que ellos son, con sus autores, los propagandistas de los vicios más nefastos que recluye a la humanidad a ser los inquilinos, en general, del manicomio, el hospital y la cárcel. Son estos opúsculos los guías de los confesores católicos. ¡Cuánto veneno para las almas y qué tristes consecuencias para los individuos y la sociedad!
Sólo ellos son los responsables, porque son los mentores de lo que no se inventó por todos los hombres, en todos los tiempos, antes de ellos.
Estos libros, puestos en manos del confesor, no pueden menos de exaltarles a ellos y de enseñar a los que a ellos se arrimen a entregarse al vicio y la depravación: son mil y mil veces criminales, con la capa de corrección; y la corrección está justamente, en no enseñar a faltar; pero es precisamente lo que ellos enseñan; esto es lo mismo que justificar a aquel pintor que pintaba un crucificado en la agonía y, no pudiendo retratar ésta, le pegó una puñalada al hombre que colgado en la cruz, le servía de modelo; aquél pintó entonces la agonía y lo mismo tiene que hacer el confesor al leer y aconsejar a sus penitentes; éstos, que llegaron allí inocentes, por la insinuación del confesor que les habla (dicen ellos y esos libros), para que no guarde secretos; el niño y la niña no lo sabían; lo oyeron y aún les describieron la forma, y la curiosidad empezó a picarles a los niños; y ya los tenéis matando sus tiernas naturalezas y burlada la ley primordial de la creación. ¡Infames!... ¿Quién sois vosotros para sondar las conciencias? Sois criminales responsables, no ya sólo de los crímenes que enumeré al hablar del celibato, sí que también de todos los desastres y desequilibrios que ocasionan los vicios sin número que habéis despertado en la juventud; que acarrea al desequilibrio mental, enfermedades incurables y la impotencia en muchos seres, antes de entrar a la edad de la fuerza; aparte de que, muchas niñas, se hacen en absoluto reacias al matrimonio, porque vuestra instrucción las llevó a los vicios solitarios de la carne a solas y aún entre las del mismo sexo.
Si mi misión moralizadora y civilizadora habría de hacerla a base de religión, el Padre se habría equivocado en pretenderlo; pero su sabiduría es completa y por eso me dio por ley y bandera el Amor, bajo el fundamento eterno Espiritismo, y me dio los medios para la destrucción del error, desenmascarando a las religiones y borrándolas todas de la tierra por falsas, perjuras y prevaricadoras.
No voy a ser tan inmoral que vaya aquí a señalar esa interminable lista de vicios y formas, como lo hacen los… “Padres de la Iglesia” para los confesores, en la famosa “Llave de Oro”. ¡Qué llave, Padre mío, que abre los ojos de la maldad y del crimen y luego no sirve para cerrar esas llagas que matan a millones de seres!... Pero, afortunadamente, ya veo el momento de curar esas llagas, cerrando con llave infalsificable, para siempre, toda religión que sea servida por sacerdotes y desaparecerán todos esos crímenes hechos por ellos.
¡Humanidad! ¡Humanidad! Huye de esos corruptores y atiende el consejo del que la ley designó, que es hombre como los demás hombres, pero que ha vivido muchas veces y pulsó todos los males de la tierra; y el Padre Universal, el Dios de Amor, lo mandó en su amor… ¿A redimirte?... No; a señalarte el camino.
Es tal la aberración del vicio en el hombre y la mujer, que se ven gastarse como la vela encendida; y sabiendo que se matan, siguen emperrados en su criminal tarea, no habiendo posibilidad, en muchos, de curación, aunque se tomen todas las medidas imaginables, y sólo he visto curarse alguno que otro individuo, por haber sido sensibles al magnetismo, o haber tenido facultades medianimicas y haber conseguido una posesión de un espíritu, que con paciencia y amor ha logrado convencer al espíritu del vicioso de su crimen; y ha habido alguna vez que le han sido presentados un número de hijos que debía haber tenido y que ya en esa existencia no podría ser, salvo una regeneración completa y uniéndose a una mujer amorosa y sabia.
La justicia de la tierra ha puesto penas, hasta la de muerte, al asesino y quizás se han extremado y abusado del código, porque dicen: “Hay que atajar el mal”. Fatal medida que, salvo algunas pocas excepciones, se le quita la vida a un hombre en afrentoso patíbulo, porque mató a un hombre o a una mujer; triste y malo es este hecho y prohibido por la ley divina y condenado, no a la muerte, sino a dar vida de nuevo a aquel espíritu, porque “Si matas, al muerto resucitarás con tus besos”, dice la ley; pero no ha puesto penas esa ley de la justicia humana para el vicioso y la viciosa que se suicidan y al mismo tiempo quitan el derecho de vida, por aquel entonces, a un espíritu que debería encarnar, por aquella sustancia; y una vez y otra y muchas gastan en temprana edad su naturaleza, y cuando llegan a la edad que había de ser de la fuerza ya son del todo impotentes y enfermos, degenerados, tísicos y loco. ¿Cuántos crímenes cometió? Muchos, además de su suicidio. Pero no sólo es esto, sino que hace sentir su deseo a otro ser, porque siempre lo hace con el pensamiento sobre una mujer, que sólo su vista lo excitó y esta mujer siente vibraciones y deseos que no estaban en ella, y estos pensamientos influyen en la caída de la joven, porque el poder magnético obra, sin importar la distancia, y es un crimen más que hay que cargar contra el vicioso.
Pero hay algo más terrible que todo esto, que os lo va a decir el que las religiones han temido. “Ni una gota de sangre se pierde; antes de caer a la tierra, hay un espíritu que la recoge y ya os sigue”, me ha dicho un mensajero del Padre. Nadie puede imaginar lo terrible que esto es, y voy a estudiar el asunto un momento, ante un cuadro que me ha sido presentado al efecto por nuestros hermanos mayores, y esto os probará que la obra del Juez es universal y que con él colabora todo el consejo del Dios Amor, y describiré el cuadro tal cual lo he visto sin temor a inmoralidad, pues la verdad no desmoraliza a nadie.
Yo estudiaba esta cuestión en mi razón y con mi clarividencia; yo me encontraba horrorizado ante tanta inmundicia como presenciaba mi espíritu en todo el mundo, pero no tenía límites el vicio en los países católico-cristianos, viendo que toda la corrupción salía de un centro, en inmundos ríos de sangre y lodo, que se extendían a todo el mundo; cada río entraba en otro centro más pequeño y de éste a otros más pequeños, y de éstos a infinitos hombres, que se revolcaban como bestias y enseñaban todos los vicios; hizóseme ver entonces este último cuadro que encierra toda la enseñanza de esta filosofía
Un hombre libertino corrompe a una joven y obra en ella por modo antinatural; en el espasmo, y debido a la posición, la sustancia generatriz cae al suelo; y no bien sucedía esto, que de aquella sustancia sale dando saltitos una bolsita, como en las que aparecimos en el tronco del árbol, sólo que esta vez, de esta bolsita, salían voces de amenaza y venganza y seguía al libertino acusándolo; una segunda mujer aparece e increpa a los dos y les amenaza con acusarles al “Maestro” y exponerlos a la vergüenza de la Comuna porque no cumplen con la ley.
Nada puede explicar mejor que el cuadro anterior los males del vicio en efecto, “ni una gota de sangre se pierde; antes de caer a la tierra hay un espíritu que la recoge y ya os sigue”.
Esto sí que es terrible, hermanos míos, y prestad atención a lo que sigue.
Ya dije atrás que los espíritus, antes de encarnar, piden un consejo en el que propone la prueba que quieren sufrir, las luchas que deben sostener, las deudas que deben pagar y los medios que han preparado para su cumplimiento; y si está en la justicia, les es aprobado y señalan ellos mismos el tiempo, modo, cualidades, defensas, y la ley nada les niega dentro de la justicia; el engranaje mecánico que esto representa, solo los espíritus pueden moverlo, combinarlo y comprenderlo, porque llega al infinito casi. El espíritu promotor de este engranaje, que es siempre el más antiguo o el que más deudas tiene en la familia que compone aquella afinidad, sabe con quién o con quiénes debe unirse, en el sexo correspondiente a la procreación y le rodean y presencian, o se los muestra la ley de Justicia, los espíritus que tiene que darles vida corporal; y así, los que han de ser los padres, en los dos sexos, preparan desde el vientre de sus madres todos sus elementos necesarios al cumplimiento de aquel deber; el que habrá de ser hombre, prepara sus órganos y requiere de la naturaleza todas las substancias y micro-hombres necesarios al engendro de las vidas que debe dar; la que ha de ser esposa y madre, modula igualmente sus órganos y sus ovarios, cargados con el líquido femenino, que al ser vibrado por el contacto del hombre, se abrirá conforme a su ley, abriendo paso y la entrada del micro organismo contenido en el ser masculino y queda fecundada la mujer y concebido y con vida ya un ser.
Esta función, divina porque da la vida, pone en movimiento todas las leyes de la creación y no puede pasar desapercibida a la ley de los afines y de justicia, y desde ese momento el espíritu que habrá de ocupar aquel engendro empieza su trabajo de modulación, y asistido ya por sus guías y protectores, de los que necesita porque él cae en un justificado letargo, por el que será corregido fácilmente en su infancia.
Este ser también asistió al consejo que sufrió su padre y madre y él ha sufrido otro, por otros a quienes ha de dar vida y aquéllos a otros; y así se alarga la cadena, hasta que se saldaron todas las cuentas en aquella familia y quedan ya en la afinidad y la armonía. Ya en ese estado, son todos sabios de las cosas del Padre y habrán progresado en todo, haciendo progresar a la materia misma de los cuerpos que ocuparon y a las ciencias, las artes, las industrias y el mundo todo; esta es la carrera que tenemos que andar todos los seres.
Ahora bien; esto sucede en un buen cumplimiento de la ley. ¿Más si uno de ellos rompe la cadena por sus vicios? ¿Qué trastornos causa? ¿Qué combinaciones tan difíciles hay que hacer? Sólo la sabiduría infinita y el amor de alguno de los individuos que cumplió o está más adelantado en el progreso que le impone una misión salvadora, podrá reanudar y unir aquella cadena; pero pasan siglos, en cuyo tiempo aquellos espíritus de aquella afinidad son infelices y sufren por aquel que interrumpió la armonía.
Este es el resultado general y colectivo, causado por un desvío, por una aberración de un espíritu, y como en estos últimos siglos el vicio se ha extendido tanto por causa únicamente del confesionario, llegó el desequilibrio al punto máximo y ha sido necesario juzgar a los espíritus y los hombres, señalando el paso de tres generaciones que en la tierra se encuentran con cuentas pendientes, para poner remedio radical, con el Amor y la Comuna.
Más “Ni una gota de sangre se pierde; antes de caer a la tierra hay un espíritu que la recoge y ya os sigue”. ¡Qué penas, qué sufrimientos, qué horrores han de pasar aquellos espíritus que tienen que recoger aquella gota de sangre blanca, antes de caer a la tierra! ¡No era aquél el fin para que la naturaleza había entregado aquella sustancia a aquel degenerado! No era aquélla la vida de horrores para que había pedido la reencarnación aquel espíritu, que ve perderse la gota de sangre que debía darle vida material y tiene que recogerla y materializarse más, para seguir a aquél su padre criminal y lo sigue acusándolo ante la comuna de espíritus, y esto hace que se interponga pronto relativamente la justicia y vuelva aquel degenerado a empezar de nuevo con mejores propósitos. Entonces huye de aquellos centros de religión y toma materia en país donde no reina la religión o la sociedad que antes lo arrastró y es un acusador; pero si tuvo fuerza, nacerá en el mismo régimen, para atacar despiadado a la causa del mal y le resta cuantas fuerzas puede. ¿Sabéis lo que es esa sangre blanca que tan criminalmente derramáis? Es de esto que deberían haberos hablado esos corruptores del confesionario; esos fantásticos sabios de la ciencia material, de las filosofías, de la teología y, sobre todo, los que se han dedicado y se dedican al estudio de la naturaleza. ¿Pero que saben ellos? No lo encuentran en el análisis de la materia, y para ellos no hay nada fuera de ésta. ¡Insensatos! ¿No se os ha dicho que no solo de pan vive el hombre? ¿No sabéis, aunque por vuestra obcecación no lo queráis confesar, que el hombre es algo más que materia?
Pues bien: yo os lo diré. Esa sangre que derramáis por un sucio vicio, es un pedazo de vuestra misma alma, y el alma es la esencia pura de la materia de vuestro cuerpo, que a la vez es la esencia de todas las sustancias de la naturaleza, y por la ley de la sabiduría divina, esa gota es la fuerza de vuestro ser y una vida que aniquiláis a un ser.
La mujer entra en la misma escala y causa los mismos daños; porque, aunque su líquido no es bastante a germinar por sí solo, sin éste no podría concebir; y como el vicio, por la corrupción, la lleva por el camino del placer de bestia; y como se le ha pintado al hombre como el ser más horrible, y ella encontró placer sin exponerse al dolor del parto y se le enseñó en último caso a burlar la procreación por mil medios, todos infames y asquerosos y no pocos por la excusa de higiene al momento de cohabitar después de haberse expansionado, comete intencionalmente, cada vez, un crimen.
Alguien puede objetar que no en todas las uniones, es decir, con más claridad, que no todas las veces se entregan al placer el hombre y la mujer conciben, y, por lo tanto, no se comete un crimen más que en aquel derrame en que debería criarse otro ser.
Yo debo contestar a esta objeción preguntando: ¿Sabéis vosotros a ciencia cierta cuándo se puede concebir? No puede nadie asegurarlo, porque, aunque la ciencia reconoce las condiciones en que en general debe encontrarse la mujer y aún el hombre, es también cierto que las crónicas de la obstetricia registran casos muy curiosos, y hasta yo conozco uno de una niña que no estuvo con varón y concibió de varón, por medio de una hermana suya que acababa de estar con su compañero; esto es un caso y de lo más raro; pero ha sucedido y bastaría para poner una excepción a la ley general; y puesto que no sabéis cuándo es el momento ni la porción seminal destinada a la vida de un ser, y aunque lo supierais faltaríais por lo que representa el acto y porque siempre y en toda porción hay gérmenes para la procreación, y cada vez que lo derramáis, hombre, y cada vez que buscáis el placer y os ocultáis a la concepción, mujeres, os exponéis a cometer el crimen y obligáis a un espíritu a recoger la esencia de aquella esencia que le pertenece por ley divina y lo obligáis a seguiros y acusaros y le causáis terribles sufrimientos.
Por otra parte, estas sustancias están destinadas, además de la procreación, a la expansión y galardón de la materia por la materia, porque el Padre es tan justo que nada queda sin galardón, así como también no se deja pagar de palabras, sino de hechos y hechos consumados.
Así, pues, un cuerpo trabaja por la dirección del espíritu; el espíritu tiene su galardón en las regiones del espíritu y los mundos de dicha y grandezas del universo. El cuerpo humano no tiene más galardón, por su trabajo, que la satisfacción de sus necesidades materiales; y como materia y espíritu son una sola y misma cosa en su procedencia como todo el universo, pero en grado diferente y de progreso, por cuya causa, la materia, sobre todo en los mundos de expiación en donde la materia ya tiene subconsciencia de su ser, antes de llegar el día séptimo en el que el reinado del espíritu trae la luz de la sabiduría y por ésta la materia humana adquiera conciencia, necesita también una expansión, un incentivo al trabajo, un galardón por el trabajo, y la naturaleza ha preparado y dado el goce de la unión de los seres, que equivale al goce espiritual de los espíritus y es el goce supremo de la materia.
Pero cómo de este goce debe nacer otro ser semejante, el Padre lo ha sujetado a leyes primordiales del espíritu, sin cuya participación no habría goce posible, porque el alma nuestra, segundo ser de nuestro conjunto hombre, sirve de traje al espíritu y mantiene éste en relación con el ser animal, cuerpo que palpamos y que vemos moverse, trabajar y accionar, cumpliendo las funciones que el espíritu le ordena; y, por tanto, en la justicia merece su galardón; pero disfrutándolo con otro ser para ello dispuesto y que tiene en sí el néctar complementario del legítimo placer; por lo que toda acción del hombre, aparte de la mujer y de la mujer aparte del hombre y de los dos en unión fuera del modo natural, es contraer una deuda que se paga siempre y en moneda de ley. Es decir, concretando esta delicada y profunda sabiduría: “Sólo la mujer es el recipiente de la esencia que da vida”.
El espíritu, como siempre vive y es el ser responsable, por el alma, ante la ley divina, lo sufre en su conciencia por el remordimiento, en su patria real, en el espacio, donde la ley de Justicia le presenta sus deudas que tiene que pagar; y como el cuerpo material queda en la materia, en la tierra a la que pertenece por su grado, no puede sufrirlo en el espacio a donde no puede ascender y lo paga en la tierra y en vida; ya sufriendo la soledad, el desprecio de la mujer por su alejamiento y casi siempre por las enfermedades que se contraen, o ya de impotencia en la mejor edad; ya de una tisis que lo mina, o ya perdiendo sus facultades mentales, porque el espíritu avergonzado, lo abandona a sus instintos, porque ve que perdió aquella prueba y se complace en acabar pronto aquella mísera existencia; y de estas pérdidas de facultades, vienen miles de crímenes y suicidios que después de haber llenado los hospitales, las cárceles y los manicomios, coronan la obra del vicio, miles de veces, con el patíbulo.
¿Qué me dicen mis hermanos y hermanitas viciosos? ¿No os asusta esta inmensa escala de crímenes de los degenerados? ¡Hombre! ¡Sabe que la mujer ha sido creada para el galardón del placer de la materia y que, fuera de ella, la ley te prohíbe toda expansión de la carne y cometes varios crímenes cada vez! ¡Mujer! ¡Sólo en el hombre y con el deseo de cumplir la ley de maternidad que te hace grande y santa, puedes buscar tu placer!
Hombre y mujer hacéis el complemento de la ley suprema; lo que os falta es arrojar de vosotros el prejuicio de religión, de sociedad y de conveniencia y usar en medida el lenitivo de los sinsabores de la vida; tener el trabajo y el estudio por norma y consejero; pero reclamar y aun tomar la verdadera libertad, que será justa cuando no causéis daño a un segundo ni a un tercero, y esto lo conseguiréis viviendo en la ley del santo amor del Padre, el que os lleva forzoso a la más amplia y moral libertad, en la igualdad de la comuna.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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