Los espíritus en su marcha triunfal
- EMEDELACU

- 10 jul 2025
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Cuando la humanidad de la tierra llegará al límite del progreso que puede dar al espíritu, ha llegado el fin de ésta como tal mundo para sufrir una metamorfosis que veremos en otro párrafo.
En ese momento feliz, la humanidad ha cumplido sus expiaciones y el espíritu lleva en valor de fuerza y sabiduría, representado en luz el valor material de los mundos en que ha vivido ya y necesita otro, también material, como lo son todos para nosotros, pero de materia quintaesencial, que es el valor del espíritu en el primer límite de este grado; para el espíritu en ese estado ya no existe el mal, porque éste sólo radica en la ignorancia y el espíritu ya es aprendiz de la eterna sabiduría; ya es bachiller en los conocimientos generales para elegir la carrera en verdad que ha de seguir en el mundo mayor que luego ocupará y que describí en el libro “Buscando a Dios”, que ya está en vegetación y es ya una maravilla.
Pero antes de ocuparlo, antes de sentar nuestras plantas y vestirnos de aquella materia. ¡Oh! ¡Qué carrera más divina!; que marcha de triunfo por todo el plano primero haremos de placer, cantando el hosanna de los vencedores a Eloí y recibiendo los saludos de todos los mundos de la cosmogonía, en justo descanso, por un momento, ¿de larguísimos siglos de titánica lucha?
El Espíritu de Verdad, que ilumina la cosmogonía del plano primero, formará una luminosa Rosy rodeado de los fragantes pétalos de todos los espíritus de la tierra, figurando un gran cometa de luz y armonía, nos presentará a nuestro Padre en la materia, el Sol, del que se incorporarán a nosotros sus maestros para presentarnos a los mundos de su sistema nuestros hermanos, y así, de mundo en mundo, de constelación en constelación, de nebulosa en nebulosa, seremos presentados a toda la cosmogonía, hasta llegar a la 7 ½ , donde encontraremos el tribunal del segundo plano, y cantando hosannas volveremos al centro de la vía láctea, a la gran Sion, donde aprenderemos el principio de la dicha de aquellas felices humanidades, en que la mujer da 100 hijos en una existencia. ¡Tan largas son!
Allí y en el tribunal del Padre, que allí tiene su asiento, seremos visitados por los maestros de los mundos hasta el plano quinto y tocaremos el término de nuestra marcha triunfal, para empezar de nuevo otra etapa de trabajo y estudio en el mundo de dicha que estará preparado por la ley de afinidad para recibirnos y que lo señalé en la constelación de Orión.
¿Cuántos siglos habrán transcurrido en esa marcha? Sabed nada más que la luz tarda en recorrer la Vía Láctea 15,000 años y que hemos de recorrer 7 ½ nebulosas. ¡Oh! ¡Cuántos astrónomos de mundos como la tierra hasta hoy, al empezar su Séptimo día, se llenarán de pavor a nuestra vista y sólo beneficio les llevaremos, como nos lo traen hoy algunos de esos cometas, que nos visitan y que se ven muchas veces en diferentes épocas, por los movimientos de los mundos y las marchas de esos mensajeros!
Habrán pasado muchos siglos, pero estaremos en el presente eterno y lo comprenderemos mejor por nuestra sabiduría.
Trabajemos pues, en el amor del Séptimo día, preludio de tanta felicidad; pero no olvidemos que hemos desterrado a hermanos nuestros, y en este día, nuestro amor, debe llegar a raudales hasta ellos y seremos aún mayores si nuestro amor consiguió que ellos pidan la justicia, la sufran y entren en el Séptimo día que nosotros terminamos.
No cantaré, más en éste párrafo, que sólo es un artículo del Código; pero como epílogo de esta primera parte os regalaré el canto del Espíritu de Verdad, contestación a mis preguntas, por lo que os daréis cuenta de las ansias del Juez, que las veréis desesperadas en el primer libro “Buscando a Dios”; más dulcificadas en la Filosofía, pero con peso de losa abrumadora y todos veréis justicia en mi severidad, en recriminar el mal y anatemizar sin misericordia a las causas que tanto han hecho sufrir a las generaciones en la tierra.
Veréis cómo en todo el conjunto; el resultado es sólo amor para mis hermanos; amor que recibí del Padre y del que es reflejo fiel el Espíritu de Verdad que me guía y lo comunico a los míos para que me ayuden en espíritu y materia.
Cantemos, pues, a Sion, que, desde allí, el Espíritu de Verdad dirige nuestros cantos al Padre.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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