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Joaquín Trincado

Ley de Igualdad y compensación

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 29 may 2025
  • 6 Min. de lectura


La ley de igualdad se impone en la ley de justicia, y es tan admirable esta ley, que nada excluye del verdadero amor del Padre. En vano intentará sustraerse ningún ser de la igualdad de la ley, porque la de afinidad reúne todas las cosas en justicia y una y otra son inflexibles y llevan a los seres al cumplimiento de sus deberes en voluntad y amor. Podrá el hombre resistirse, luchar contra su destino, obstinarse y retardar su cumplimiento, hacerse moroso en el pago de los talentos, poner el desequilibrio en un mundo, pero todo en vano. Si en la tierra no está la satisfacción de sus deseos, si se equivocó y no encuentra el camino, si le daña la vista la mucha luz, si el odio lo domina, si la ignorancia es su favorita, si la supremacía le atrae, tiene el Padre, en su amor, moradas a propósito para todos los gustos; la ley le pone los medios para que llegue en el periodo que la misma le señala, para ejecutar la parte de la obra que le fue confiada en bien de la comuna universal y la ley y los medios es igual para todos. Si el tiempo, siempre largo, señalado no le basta y los más llegaron a la igualdad, el principio de justicia se impone y se le señala la morada de sus afecciones. No importa que hayan pasado siglos; el tiempo es eterno, siempre está en el momento presente; al final, el solo se hace el daño, creándose nueva deuda que le obliga a trabajar más, y al fin el desengaño lo vencerá y reconocerá su equivoco; emprenderá el camino y llegara de jalón en jalón a la sabiduría, al amor.

   

Más para llegar al amor, que es donde empieza la dicha y la felicidad por el usufructo de sus trabajos, todos sin excepción han consumido por igual; todos han pasado por todas las pruebas; todos han padecido los mismos errores, las mismas equivocaciones, los mismos goces y los mismos dolores; todos han llorado y reído la misma cantidad; todos han sido discípulos y maestros; todos han sido reos y jueces; todos han sido mandatarios y mandados; todos han dado y pedido y todos disfrutaron de la riqueza y la pobreza. El rey ha sido obrero y el obrero jefe y el emperador súbdito; la mujer fue y será hombre y el hombre mujer, siendo antes o después hijos de sus hijos y hermanos de sus hermanos; por lo que el título de padres es solo aparente y momentáneo, en la larga serie de existencias; pero la maternidad es entendida en la ley, por el mayor grado de amor de los individuos que componen familia, según la ley de afinidad que lo ordena, pero dentro de la más estricta justicia, haciendo pasar a todos los individuos por ese título, que en la humanidad es el único santo que hay, por los sacrificios que consigo lleva; pero como en el espíritu no existe el sexo, todos fuimos padre, madre e hijos, en la misma familia; y porque procedemos todos del mismo origen, del mismo Padre común, el titulo único y verdadero y estable en la tierra y toda la cosmogonía es el de hermano. El parentesco material no existe como genealogía permanente, más que eventual, pues muchísimas veces se interrumpe por hechos de justicia; y quien hoy es europeo, ha sido ayer chino, el Chino Europeo, el asiático y el australiano lo mismo y el negro blanco y el blanco negro.

   

Así, pues, no existen las razas, ni castas, ni las jerarquías, ni los títulos nobiliarios hereditarios, en verdadera justicia, sino como compensación por esta misma ley para que todos gasten el mismo caudal y todos pasen por todos los grados, que es a lo que responden todas esas instituciones, necesarias en las humanidades y mundos, para llegar al amor fraternal humano, que es la sabiduría suprema; y ésta, por grados también en cada mundo y en cada nebulosa; no porque sean necesarios en la ley divina, sino que, una vez cometido el error, la Ley de justicia forma parte para compensar a los perjudicados.

   

Más llegado al conocimiento del amor, que es cuando la igualdad en el caudal gastado y en el progreso realizado está en equilibrio y la mayoría se encuentra abiertamente en un progreso espiritual que se impone al progreso material, para encauzarlo a la verdadera belleza, se impone la paz, por la justicia. Ahora la ley de afinidad señala una epopeya, una nueva era, un nuevo momento histórico y son separados los retrógrados por enfermos y se los somete a la curación, en mundos conformes a sus aspiraciones; no se les aniquila; no se les separa del cuerpo universal; se les lleva al colegio, al sanatorio; a instruirlos, a curarlos, siguiéndoles el amor de sus hermanos que los visitan, que los animan, que los consuelan y, por fin, se curan y se regeneran por el amor. Todos hemos seguido esos caminos.

   

La compensación es tan justa como todas las cosas del Padre; y cada uno disfruta de lo que produjo y en comunidad, no siéndole posible (por el control de su conciencia) tomar más de lo necesario; y el amor de sus hermanos, su progreso, el amor del Padre, le llevan voluntariamente al trabajo, al estudio, siempre mirando que más allá hay más perfección, que está obligado a conquistar.

   

Ya en este grado de luz, la injusticia no cabe; la intriga, la política, la religión, el estado (como nación pequeña) desaparecen y se convierte en nación universal y en ninguna parte es extranjero y en todas partes encuentra lo necesario en la más completa libertad de acción, porque cada uno, en su deber, tiene la justicia por balanza y el amor por base de todos sus actos; por todo credo el mismo amor, que es el Dios de la creación.

   

Sabe que más abajo tiene otros hermanos menores que enseñar, y en su facultad llega a ellos y les da, de lo que a él le dieron cuando se encontró como ellos, ignorante. Con la misma facultad, llegan a él otros mayores y le dan de lo que tienen, animándole a ir más allá, llegar hasta ellos y así, hasta el infinito, en la eterna cadena del progreso en perpetuo e inagotable amor, del Dios Amor.

   

Conclusión: La ley de igualdad es el complemento de La Ley de Amor: nadie puede esquivarla y obliga a pasar por todos los grados, posiciones y conocimientos del mundo; da la libertad absoluta, pero hace responsable del daño causado a un segundo; no existe la supremacía, pero sí la superioridad en sabiduría, la que obliga en amor a enseñar al más ignorante, lo que implica reconocimiento, pero sin humillación ni supremacía, porque está dentro de la ley de justicia y es lo que constituye la armonía del amor; los sexos no existen en el espíritu; por lo tanto, la mujer y el hombre complementan la armonía, y los derechos y las obligaciones proporcionales en el seno de la familia, son en absoluto iguales ante la comunidad; la procreación es ley impuesta por igual a todos los seres y la unión para la procreación es exclusiva de la ley de afinidad; pero son necesarias la cooperación de todas las leyes del Creador. El título de madre es santo único en la tierra. Pero, como el de padre, es temporario, porque el espíritu, por la ley de justicia e igualdad, tiene que ser hijo, hermano, padre y madre, y, por regla general, en todos los pueblos y colores; de todo lo cual se desprende que, la Comuna es el único gobierno, es el amor por el Amor, la que es regida por el Maestro superior, como es en los mundos de luz de todas las cosmogonías en todo el universo.

   

Ya tenemos la síntesis de las tres leyes complementarias del amor del Padre, y como catalogados los artículos de esa ley suprema; los que vamos a estudiar francamente, para las generaciones primeras de la "Nueva Era" y del Séptimo día de la humanidad terrestre, identificándome en los mundos de la cosmogonía, en cuya cadena formamos y para que les sirva de conocimiento a las tres generaciones que quedan sentenciadas en la tierra y opten en libertad y voluntad por escoger la morada que les cumpla: es decir, seguir perteneciendo a la tierra en su día de luz y amor, o marchando en el acto de su desencarnación al mundo inferior correspondiente; porque ya, en la tierra, no caben los retrógrados, los sostenedores de la supremacía y el error; la tierra es patrimonio de los hijos del progreso y el Padre se los dio en usufructo de su trabajo, durante él Séptimo día, en el que, con la paz y el amor con todos sus atributos, se elevarán al progreso y perfección relativos, a la tierra. 


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 

 

 

 

 

 

 
 
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