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Joaquín Trincado

Las monarquías hereditarias son una ficción

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 jul 2025
  • 9 Min. de lectura
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Monarcas todos de la tierra! Leed con atención las declaraciones que se os dan en nombre del Dios de Amor, a quien en amor deberíais representar, siendo los padres y maestros de los pueblos hasta el día de la Comuna Universal; no habéis cumplido el fin de la ley divina por prejuicio y ambición y porque no aplastasteis a la serpiente religión. El Padre os pide cuentas de la misión de padre y maestros que os encomendó, y sólo el plebiscito puede sancionar leyes lo que no ha sucedido, porque no lo quisisteis ilustrar y vosotros aprendisteis sólo a destruir vuestros pueblos por la imposición religiosa; ha habido hermosas excepciones, no como el Padre lo ordena, sino entendiendo la conducta equivocada seguida en general.

   

Recordar el párrafo primero de este capítulo sobre las familias y estad seguros que estáis en esa misma ley, por lo que es ficticio el derecho hereditario del trono de un pueblo; y no es extraño que el que pasa a ser monarca fuese antes el verdugo que por orden de otro monarca ejecutaba a los hijos del pueblo, o sea un espíritu que fue hombre en otra nación enemiga, a quien se la sometió, y por muchas razones de justicia divina que no habéis querido aprender ignoráis estas verdades, que si las supierais no habríais sido lo que sois, sino lo que deberíais haber sido; esto es, el Padre y el maestro de amor de un pueblo.

  

Mas hoy es el día de la justicia y sólo hay en la tierra, entre tantos que ciñen corona, uno que otra vez la llevó ya hace siglos y lo acompaña también la que entonces como ahora era reina y en justicia ocupan el mismo sexo; sabe el Juez quiénes son y la afinidad que sus espíritus tienen con él hace largos siglos, más de 16, en cuyo tiempo éramos príncipes en un punto de la tierra sin llegar a ser monarcas, pero los que aludo fueron reyes siglos más tarde por misión y por misión lo son ahora y cuando conocerán estos secretos lo sabrán y espero cumplirán su misión[1] (1); entre tanto, se prohíbe a todos los espíritus y encarnados que no forman en el Consejo del Padre, manifestar las aclaraciones de este secreto, bajo la pena de faltar  a la ley, y los remito al Espíritu de Verdad para una corrección especial; porque sólo hago este historia para que conste a las generaciones la labor de los espíritus, pero no para vanagloria ni pena, ni para dar motivo y armas al enemigo; la sentencia está dada y ella es inapelable; se cumplirá por encima de la intriga del enemigo, pero se hará responsable de alta traición al tribunal del Padre.

   

Citaré más casos, concretando nombres: Juan el Solitario, mal llamado el Bautista, fue antes el profeta Elías, y antes de Moisés ya era del Consejo del Padre, cuyo asiento está en Sion que es el mundo que la astronomía llama sirio. Jesús, él mismo lo dijo, fue antes de Moisés, pero después de Moisés y antes de Jesús, fue en Grecia el gran Antulio, que fundó la primera escuela de filosofía astronómica, al que la envidia de los sabios lo hizo beber la cicuta; no figura en la historia porque era una vergüenza para los sabios. Perdonó ante ellos a su acusadora, que era su esposa, la bella Iris, que el Areópago le regalara en las fiestas panateas, lo que está confirmado en una hermosa historia revelada por su espíritu bajo el nombre de “Memorias de un Espíritu´´ (Léase el “Te perdono”, de Amalia Domingo Soler). 

  

¿Y el Juez?, ¿qué ha sido? Conózcanle en Shet y Moisés. Él fue Jacob el patriarca; su historia está desfigurada como todas las escrituras. El pronunció la palabra cristo, no para ídolo de una religión sino como figura de peligro y cuyo recuerdo atrás dejo anotado; él fue Jaime, apóstol de España, hermano de Jesús y como él, hijo de José y María, para dar fe y testimonio, teniendo desde entonces muchas existencias, casi una por siglo, y sé dónde y lo qué ha sido, siempre pulsando el momento de pedir al Padre la justicia y luchando por ello en el ambiente propicio hasta en la existencia presente que está la justicia cumplida, para lo cual están dispuestas las fuerzas todas de los hijos de Luz y hemos hecho la parte primera, que fue el juicio y la sentencia.

    

Los dos secretarios hoy, como el Juez, obreros hoy, fueron actores cuando Jesús y ya eran maestros, y reservo su actuación de esa existencia; más tarde, uno fue hijo de Mahoma y luego un papa de la iglesia católica, Pío III, y el otro fue el Cid y luego Jaime I de Aragón.

    

El maestro que nos dirige es el Espíritu de Verdad, cuya grandeza y majestad es tal, que da luz al plano primero que se compone de 7 ½ nebulosas siendo su residencia en Sion; descendió a la tierra para traernos leyes que aún duran desde el principio del imperio romano; y al final del Quinto día volvió a encarnar para mejorar las leyes y fue entonces Servio Tulio, según su pulsación debía ya anunciarse la libertad de pensamiento y el amor y en consejo, se decretó la venida de Juan y Jesús y los que les acompañamos y él también en previsión de los acontecimientos, para ser Juez en verdad y fue Pilatos; poco más tarde, y deshecho el imperio romano por prevaricador, descendió para traer las leyes de la diplomacia y fue Che-Auffer, de cuyos principios se nutrió Bismarck siglos más tarde; pero antes de este tiempo de Bismarck y después de Auffer había descendido el investigador Juez, siendo, dentro del Vaticano, un capitán que cesó por voluntad porque, al ser elegido pontífice Alejandro VI, el monstruo Borgia, le llevó la afinidad a salvar a dos mujeres, esposa e hija de aquella fiera, acabando sus días colgados de una soga, a traición, por la orden de Borgia, ejecutado en Sinigalia a manos del desgraciado duque de Valencia, asesino de su hermano dentro del Vaticano, que era el que ostentaba el título de duque de Valencia; esta existencia, en la que el Juez ostentaba el nombre de Juan Sanseverino[2] (1), hijo del general y duque del mismo nombre, fue penosísima y acababa en el primer lustro del siglo 16. El año 6 del mismo siglo aparecía otra vez en la tierra el Espíritu de Verdad con otro número de conjurados, para cambiar el nombre a la apócrifa religión; esta vez fue Francisco Xavier, del que se ha hecho una historia falsa en absoluto, y gracias que su demasiada luz ha eclipsado a sus mentecatos historiadores y lo han llamado apóstol, porque no saben lo que es ser apóstol, pues, con esta palabra, se desmiente todo el misticismo que se le atribuye, porque el apóstol ama desde el fondo del corazón al Padre y no puede ser místico, y Xavier no lo fue, porque no puede serlo quien vivía sólo con el cuerpo en la tierra y en espíritu regía los Consejos de Sion.

   

Xavier, esta vez, quería pulsar por última vez la posibilidad de salvar los efectos de la causa religión y venía a oponerles una nueva institución que tuviera el nombre que le pertenecía al mesías Jesús; pero en cuanto desaparecieron los fundadores la dogmatizaron los papas y ya se convenció de la imposibilidad de reformas ni puntales; él venía para ir a buscar en Oriente, si aún existía el principio de Adán que escribió Shet, que también lo encontró desfigurado y por esto ya no vaciló en la aplicación de la justicia en el día señalado; pero sin dejar de mandar siempre misioneros a preparar el camino y convencer cuantos más se pudiera, para que los expulsados fuesen los menos posible.

 

Desde esta última existencia del Espíritu de Verdad sobre la tierra, su representante, como Juez del padre y protegido directamente de él, además de su hermano Jesús, sus padres José y María y su abuelo el pastor Joaquín, con todo el Consejo del Padre, ha tenido varias existencias más la presente y militado en todos los trabajos y azares de la vida para templarse cual era menester y palpar todas las consecuencias de las leyes y costumbres de los pueblos, siempre luchando contra el monstruo religión, sobre todo contra el cristianismo, porque él había hecho una figura de baldón y la religión lo convirtió en ídolo y lo antepuso al verdadero Dios, que ha sido causa de su desconocimiento y había jurado al Padre desmentir al Cristo[3] (2) para que nunca más se levantara, cuyo juramento fue hecho en la cima del calvario, donde estaba pendiente de la infame cruz, Jesús, hermano de Jaime, que jura.

   

Durante todas estas encarnaciones, sufriendo perseguido por la religión del Cristo, era, sin embargo, incensado en los altares y aún lo es y se prosternan ante las imágenes en que creen, representan a Santiago, Jacob y Moisés, y en cambio lo asesinaban los mismos pontífices en Juanucho y otros nombres que de hombre ha tenido.

   

Tampoco le ha impedido antes ni ahora el cuerpo material, para que en actos de justicia divina se haya presentado su espíritu materializado y como guerrero, llevando a la victoria a los que luchaban por la libertad. Recordarlo sobre el caballo blanco, cuyos actos al mundo debieron ponerlo en otro camino de estudiar al espíritu.

   

Ahora bien; queda hecho un prefacio a la historia de la verdad y vuelve a vosotros, monarcas.

   

¿Veis en todo ese cúmulo de existencias que os he indicado a título de testimonio, ninguna cohesión hereditaria? ¿No veis que desde ser el patriarca Jacob, a los veintidós siglos aparece aquel espíritu hecho hombre en la familia de un carpintero? ¿No veis que luego aparece siendo príncipe hijo de reyes? ¿No veis que después ha pasado por todas las clases sociales llegando hoy investido del poder para juzgar a vivos y muertos, cuya sentencia firmé, elegí una familia humilde cavando la tierra a los nueve años de edad?

 

¿Dónde, pues, podríais buscar la genealogía hereditaria? ¿Quién os dice a vosotros que alguno de los que ceñís corona no habéis sido ayer el obrero protestante de los atropellos de un rey déspota y aún el verdugo ejecutor de la falsa justicia de los plutócratas?

   

Bastaos saber que el rey Herodes, asesino del gran Juan Bautista, hoy es un niño de pocos meses y es hijo de una pobre mujer lavandera, y como os digo esto, os podría decir de vosotros, de vuestros padres y abuelos; pero yo vengo a decir lo que debéis saber y callo en justicia lo que debe servir al Juez sólo.

   

Sólo os digo, en autoridad, que las monarquías hereditarias son antinaturales y, en ningún caso, son la representación popular. He ahí la causa del descontento y de la protesta constante de los pueblos, y faltan nada más que cortos días para que ningún hombre tome las armas contra otro, porque el espíritu ha hecho solidaridad; y con el paso de tres generaciones, la Comuna estará en su plenitud, único régimen de los mundos de luz y progreso y la tierra entró en ese grado.

   

Más ¡ay! que falta sufrir a la tierra el cataclismo que la ley de la creación la somete y algunas coronas volarán por la atmósfera a una distancia de más de 90.000 leguas de donde hoy se encuentran, no llevando vida vegetativa el pedazo de tierra ni lo que ella arrastre. La tierra, tiene que ponerse, (lo exige y el mundo) la tierra necesita ya luz constante y propia, y ella, la tierra, tiene que ponerse ese otro faro de la noche semejante al satélite que ya tenemos y que es otra página idéntica a la que señalé antes; aquélla hace 55 millones de siglos para recibir al hombre sobre la tierra.

  

¿Cuáles serán los reinos o imperios cuyo suelo volará a tal distancia? No os importa saberlo; pero sucederá y muchos de los que hoy viven lo verán; más otros reinos y otros imperios serán purificados por el fuego y quedarán en estado calcáreo y envueltos por nieves que serán seculares y otros cubiertos por las aguas, apareciendo nuevos continentes (conforme a la profecía) donde la sangre del hombre no ha sido ni será derramada. ¿A quiénes les tocará? No tenéis derecho a saberlo; mas estar preparados como si a todos os habría de tocar, para que sólo vuestras materias acompañen a ese fragmento o queden bajo la nieve y las aguas y vuestros espíritus puedan entrar en la comunidad del espiritismo universal, que es el concierto infinito de los hijos del Dios de Amor, cuyo nombre universal se nos dio ya como se pronuncia en todos los mundos ya juzgados: ELOÍ.

 

¿Qué, qué haréis? Acatar este Código, empezando por enterrar todas las religiones, porque ya enterré yo la cruz y el cristo. Dios monstruo de ellos y vuestro.  Llamar y comulgar con el Dios del Juez, el Dios de Amor, Eloí Universal, y adorarlo en espíritu y verdad en el asiento que os he señalado.

  

El Espíritu de Verdad inspiró el tribunal de La Haya; en él debisteis dirimir todas vuestras cuestiones y no derramar más una sola gota de sangre; si así hubierais hecho, no habríais sacrificado al pueblo para hacer esos monstruos de exterminio, reñidos con el progreso, y unidos esos miles de millones a los miles de millones que consumen los ejércitos y las guerras, sumados a los miles de millones del irracional culto de las religiones, habríais hecho la felicidad material de la tierra y el progreso espiritual sería la felicidad completa; el mundo contaría con muchos millones de hombres más y llegaríais serenos al Renováveis fatien terrae; no lo hicisteis y la justicia del Padre os será más sensible. “Vigilad y orad porque el espíritu está pronto, pero la carne es enferma”, dijo Jesús.

 

1)    Desgraciadamente, nos cumplieron; y por su prevaricato rodaron del trono y sufren destierro.

2)     Ver sus luchas en el "Buscando a Dios”.

3)    Si desmentir la deidad del fantasma Cristo, puede considerarse al opositor, Anticristo, valga en su significado. Mas no existiendo Cristo, no hay tal Anticristo.


[1] Desgraciadamente, nos cumplieron; y por su prevaricato rodaron del trono y sufren destierro.

[2] Ver sus luchas en el "Buscando a Dios”.

[3] Si desmentir la deidad del fantasma Cristo, puede considerarse al opositor, Anticristo, valga en su significado. Mas no existiendo Cristo, no hay tal Anticristo.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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