Las casas de comercio y de traición
- EMEDELACU

- 30 jun 2025
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Si no fuera lo que representan estos prostíbulos secretos y tolerados; pero de necesidad en su existencia, sería lo más divertido su estudio.
Las puertas de estas casas son la boca que traga la amargura que causan las leyes y los prejuicios y están escupiendo en la cara a los causantes de esas amarguras; y que no solo no se dan por aludidos, sino qué aun van a cobrar el barato con ignominiosas patentes e impuestos, lo mismo que a los prostíbulos, que se les matricula cual si fuese una parada de machos sementales; con la diferencia afrentosa que en aquellas paradas se recibe a las hembras, asnas, yeguas o vacas, que van en disposición de reproducir y cumplir el mandato de la naturaleza, y en estas "Posadas" están las hembras que han de matar la ley santa de la procreación; esto referente a los prostíbulos, que en cuanto a las casas de comercio y de traición, hay que estudiar aún mayores vergüenzas.
Poneros un momento a la vista de esa casa y descubriréis las grandes miserias humanas y la traición del esposo y de la esposa y el soborno del honor, de un hombre que estará, seguramente, en el trabajo y quizás en el taller o escritorio de su burlador, dejando allí el producto de su trabajo e inteligencia, para que sea el arma de su deshonor.
Veréis también llegar el carruaje en vertiginosa carrera y salir de él a la joven, cuando apenas sus formas empiezan a redondearse, seguida por el ave de rapiña, que en sus ojos podréis leer la codicia y la lascivia; ella, la joven, entra en aquella casa, donde dejará entre aquellas inmundas paredes la inocencia de su alma, y ésta se anestesiará al sentimiento, por lo soez del trato del libertino que la condujo y será pagada con un mísero puñado de dinero que ni aún siquiera será oro.
Si examinamos a la joven ganándole la voluntad y la franqueza, descubriremos más de un crimen; veremos que el taller que con nombre de arte abre sus puertas, es un centro de corrupción y que el arte de la maestra es solo el de corromper jóvenes, donde se reciben y se escriben cartas en que se combina la venta de la dignidad de la niña, que no se da cuenta del paso a que se la conduce.
Se le hace ver a la inexperta niña una proposición que pocas veces se presenta; se le ensalza en sus formas y belleza; se le presenta el lujo a que su hermosura le hace acreedora… y hasta se le incita, para resurgir la ley de la carne.
Ya se ha vencido a la inocente; pronto el lascivo sin conciencia aparecerá con una alhajita; hará promesas que no cumplirá y se concierta la venta, de la cual la mayor parte se quedará la maestra y el sin conciencia corromperá a la niña, saciará su lujuria y la abandonará en cuanto le presentaron otro chiche; ésta ya está en el camino del prostíbulo o en la calle vendiendo su cuerpo; todo esto a espaldas de los padres, por los consejos de la maestra Celestina que sabe esquivar el peligro de hacerse madre y engañar a los padres con mentidos salarios por adelanto en el taller.
Otras nos contarán que aquel es su patrón a quien sirven y que la señora es fría e indiferente porque la casaron a la fuerza; las otras nos dirán que el que la lleva es el patrón de su padre, viejo; y que, para que no lo tiren a la calle, tuvo ella que rendirse; las otras nos contarán la enfermedad de la madre y que la falta de recursos la obligó para no verse en la calle y poder atender, en algo, a aminorar en algo la desesperante miseria.
Más veamos otros cuadros, no menos dolorosos, aunque más divertidos; veremos llegar a la mujer hecha y que denuncia la mujer de su casa, la esposa despechada y fría e indiferente; pocas veces va acompañada, pero de cerca seguida por el hombre que se conquistó a poco esfuerzo, porque ella estaba olvidada por el esposo o porque éste es su afín.
Aquí veremos una gran variedad; unas se entregan a su afín, que fue su pretendiente; pero la imposición de los padres la unieron a otro hombre que ella no amaba, y los conoceremos nada más que en la mirada, que no es de lascivia, pues se dan el alma por los ojos; no faltan a la ley divina en la unión, aunque sí en las prevenciones; otra veremos que lleva la desesperación en su alma y el remordimiento en la conciencia, y se le une a un hombre que aborrece; preguntar la causa y oiréis que su esposo, al que adora, es un empleado de aquel hombre y que le ha dado a elegir entre su entrega o la cesantía del padre de sus hijos y, ante la necesidad de alimentar aquellos seres que Dios les confiara y sin que el padre pueda sospechar, se rinde a aquel miserable, que por un mezquino sueldo que paga por mucho trabajo, manda en el honor de la esposa, amargando así horriblemente su existencia; veremos otras, en fin, que desvergonzadas llegan, llevando un cautivo a quien enlazaron en la calle y solo el deseo del lujo y de la moda la llevó al vicio.
Pero hay cuadros más interesantes y que revelan el desequilibrio de la sociedad, por el matrimonio de imposición. Entremos en esa casa y observemos y oigamos; oiremos odiseas de amor de años atrás; renegar la mujer del esposo y maldecir a sus padres; al hombre hacer ascos de la esposa y maldecir el haber obedecido a la imposición o seguido el brillo de la riqueza, que no le llena el vacío en el alma y se dan casos de que, aquel hombre, es víctima del marido de la mujer que adora y con quien está solazando su alma y, tabique por medio, están las otras dos medias parejas, maldiciendo de la misma suerte; nada suponen sus cuerpos, y sin embargo es cierto, como la luz del sol baña a la tierra, que los espíritus de los cuatro están presenciando y enterándose de toda ese trapisonda, porque al espíritu no se le puede burlar; pero como lo que hacen lo hacen obedeciendo a la ley de afinidad y justicia, que está por encima de toda ley humana y conveniencias sociales, evitan muchas veces, con la intuición, los crímenes que se perpetran en esas reuniones, unos contra otros y los inducen, a los más decididos, a la emancipación por la fuga, ya que la ley es un grillete que los ata ante la sociedad para romper legítimamente los contratos que les fueron impuestos y que no firmaron de propia voluntad.
¿Qué dice luego la prensa? ¿Qué hace luego la llamada justicia? La prensa hace un chascarrillo, siempre indigno, como el que copio al final de este párrafo, de la fecha que lo escribo; y la justicia hace unas pesquisas que la ley divina le prohíbe por la ley de libertad.
El espíritu no se sujeta a ninguna ley humana, si ésta es irracional, como lo son todas las que conciernen hoy al matrimonio. La libertad del espíritu es absoluta, y donde ama, allá está porque el amor es su ley.
Dejad libre el matrimonio; imponer, en caso, penas de rigor a quien imponga el matrimonio sin amor y veréis florecer la misión del matrimonio y cesará eso que llamáis escándalo social, porque la unión será de afinidad; y si alguna vez, por razón de un desequilibrio, muy raro, que puede suceder, de haberse equivocado dos seres, dejadlos libres y veréis que, sin rozamientos duros, sin tener que acusarse el uno al otro, se separan y busca cada uno su verdadero afín.
Más para esto, moralizar la juventud en amor puro y moralizarse antes los legisladores.
Ahora bien; de las otras mujeres que hemos visto en esa casa, ya están consideradas en los puntos anteriores y dictado el deber de cada hombre.
¿Qué debo decir de esas casas? Digo que son una vergüenza para los gobiernos; que son sus acusadores ante la conciencia pública, del error de las leyes; que las patentes que pagan son el sello de que los gobiernos son tratantes de carne humana, ya que esas casas son necesarias para cubrir las miserias a que la humanidad está sujeta por el error de las leyes y de los legisladores que paga el mismo pueblo, para que lo deshonre; y, por fin, que, si no existieran, deberían convertirse en tales los palacios de los supremáticos donde reside la malicia que se imprime a ley.
Hay otras muchas clases de prostíbulos de estas mismas condiciones, solo que burlan la ley para no pagar la patente; no los voy a describir porque llegaría a las mismas conclusiones, solo con la diferencia de que, no pagando patente pública, la pagan quizás mayor, porque los subalternos cobran allí el barato y se convierten en encubridores del más bajo comercio; pero voy a hacer otro punto de otras casas de verdadero crimen.
“La Tribuna”, miércoles 14 de agosto de 1912
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UN TENIENTE CURA ENAMORADO
“Una casa de cita”
Y un pequeño escándalo
“Un teniente cura de parroquia suburbana se ha pasado de galante”.
El teniente cura en cuestión no las va con la abstinencia y mucho menos en cuestiones del amor.
Y practica, entonces, el amor libre, en los momentos en que las tareas eclesiásticas no le fastidian y aun en plena tarea eclesiástica.
El caso es que, una interesante joven de 16 años, un buen bocado, fue enfocada por el terrible curita al dar la bendición final con que se rematan las misas.
El curita inquirió, indagó. Y en una casa de modas consiguió la amistad de la linda chica.
Pero el curita quiso algo “más que la amistad.” Y con pretexto apostólico atrajo a la joven a una casa de citas ubicada en la sección 9ª., de Policía.
Enterada de los propósitos del curita, la joven pidió socorro a gritos y se produjo el escándalo consiguiente.
Intervino el auxiliar Berazategui, de la 9ª., quien arrestó al curita en el momento que realizaba una honrosa retirada.
Y a estas horas la curia y el departamento cambiarán opiniones al respecto.
No damos otros detalles, porque, francamente, después del caso de Becar Ibáñez, hay que tener mucho cuidado con estos amores místico-mundanos.
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
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