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Joaquín Trincado

La Voluntad; Movimientos automáticos y reflejos

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 3 Min. de lectura


Ya conocemos el papel que desempeñan los tres tejidos orgánicos: el óseo, el muscular y el nervioso, explicados atrás en los capítulos “El hombre, su organismo”.


Sabemos, pues, que los nervios insertos en los músculos son sus excitantes naturales; que los músculos efectúan un trabajo productor de esfuerzo al ser excitados por los nervios motores, y que hay dos clases de músculos: los involuntarios o lisos y los voluntarios o estriados.


Sabemos también que la sensación equivale a un aviso con el gran fin de la protección individual; pero la defensa efectiva radica en el movimiento.


El movimiento se produce siempre que hay una excitación centrífuga que llamamos impulsión y que llega a los órganos o a la periferia, procedente de un centro nervioso, excitado a su vez por sus adyacentes o vecinos y también por una corriente centrípeta que denominamos sensación, que es determinada por un estímulo de la periferia o del organismo.


Si los movimientos se producen por la excitación de los músculos lisos, son llamados automáticos; y si por los estriados, se denominan reflejos.


Considerémoslos separados.


1°. Movimientos automáticos: Estos presentan dos caracteres: Cíclicos y Rítmicos. Es decir que, reproduciéndose sin interrupción durante la vida individual, son susceptibles de descomponerse en tiempos regulares, o espacios periódicos (isócronos) cuyo caso genérico es el respiratorio, circulatorio y el digestivo, como ejemplos vulgarizados; pero hay muchos otros que son derivados del mecanismo de estos tres.


Examinemos el más conocido del vulgo, la respiración; por que es necesario conocer su mecanismo.


La sangre arterial se convierte en venosa empobreciéndose al regar el organismo. Su corrupción determina corrientes impresionables que, en el centro nervioso llamado Nudo Vital, dan lugar a impulsos que actuando sobre los músculos, dilatan los bronquios pulmonares, atrayendo el aire cuyo oxígeno se incorpora a la sangre; la que purificada, se origina un nuevo impulso y la desaloja, siendo instantáneamente reemplazada por otra corriente de sangre negra (descompuesta) y otra vez los bronquios se contraen en virtud de su elasticidad y el aire impuro es así desalojado del organismo.


Los movimientos automáticos, son por consiguiente Cíclicos, conscientes e inconscientes.


Nuestro poder consciente, alcanza hasta la modificación del ritmo regular y de la intensidad de ciertos movimientos funcionales, como los respiratorios. Los cantores y los ventrílocuos, son hábiles para la retención y emisión gradual del aire, inspirado por los órganos respiratorios.


2°. Movimientos reflejos: estos difieren de los automáticos en que no son inherentes a las funciones del organismo, y en que tampoco son exclusivamente inconscientes, por que no son primarios.


Los movimientos reflejos, proceden de los impulsos que invariablemente acompañan a toda modificación sensible, como una reacción necesaria del centro nervioso, transmitida por los nervios motores, adjuntos a los sensitivos.


En cuanto ha sido estimulado el extremo de un nervio Psicosensorio, por un agente capaz de producir una sensación, se produce una reacción impulsiva, también suficiente para determinar un movimiento que, en el estado de conciencia, aparece simultáneo con el efecto sensible que lo ha originado: por ejemplo, una partícula insoluble se adhiere a la membrana palatina de la boca o la pituitaria de la nariz y sentimos una sensación de cosquilleo que experimentamos sobre la piel, a causa de pequeños y numerosos puntos estimulantes que tenemos en cada órgano, para los otros órganos y la piel.


La tos y el estornudo son los movimientos reflejos consecutivos de esa impresión, acompañada de la sensación reflejada.


Un pequeño insecto que se aloje bajo los párpados del ojo, o dentro del conducto auditivo, efectúa inmediatamente fenómenos reflejos, tales como el pestañeo agitado, el lagrimeo, y movimientos hasta descompasados de la cabeza.

Igualmente sucede con los reflejos causados por impresiones internas, de carácter muscular funcional y orgánico, que nos impulsan a llevar la mano a un punto como si exteriormente, en el punto donde se refleja, estuviera la causa.


Los movimientos reflejos pueden presentarse combinados en forma de acciones reflejas o segregaciones glandulares: como las lágrimas, son segregadas en virtud de una excitación centrífuga que se derrama en las glándulas lacrimales. Aplicar la misma ley al sudor y la orina.


En todas estas funciones recuérdese que, la médula espinal y la oblongada, son el asiento de los centros de las acciones reflejadas.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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