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Joaquín Trincado

La unión de los seres; La unión de los seres ha de ser por Amor

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 14 jun 2025
  • 7 Min. de lectura


Desde que el matrimonio es sujeto a leyes, cuyos intricados puntos los jueces no pueden abordar nunca justamente; desde que hay hijos de los cónyuges, no hay felicidad en la humanidad. Hay muchos puntos, en este artículo, que, para resolverlos, no son bastante todas las leyes sociales ni toda la teología de las religiones; los cánones son una mordaza a la libertad del espíritu; las costumbres sociales, creadas por sus equívocos, causan infinitos crímenes, infanticidios, suicidios, la trampa y la infidelidad y el desconcierto del mundo.

  

Los que han legislado, ¿en dónde se han inspirado? En la conveniencia propia, en la materialidad, en el prejuicio, en el orgullo, en el desconocimiento absoluto del corazón humano y en la ignorancia absoluta de la fisiología de los seres, porque no se conocieron a sí propios y porque desconocían en absoluto el alto fin de los mundos y las humanidades.

  

Las teologías, los cánones, los dogmas, ¿en qué se apoyan? En el absurdo, en la concupiscencia, en la supremacía que desequilibra las leyes divinas. Unos y otros, legisladores y codificadores, desconocían absolutamente la ley divina de amor con que la creación fue hecha y las sabias leyes de afinidad, justicia, igualdad y libertad que el Creador dio a los seres; y que la procreación es el fin primordial de los mundos y, el fin, el amor universal.

 

El coartar a la mujer la libertad de elegir, o declarar a un hombre su amor, es esclavizarla y obligarla a matar los más hermosos sentimientos en el secreto de su corazón; esa mujer, que por una mal comprendida moral social, puesto que nada que mata un sentimiento o coarta una legitima aspiración, un cumplimiento de una ley superior (y todo esto no se puede matar con una ley, dogma o costumbre social) no puede ser moral, sino inmoral y produce siempre los efectos contrarios que esas leyes persiguen, porque al corazón no se le domina con imposiciones, sino con amor; esa mujer será desgraciada, porque ama y no se le deja amar.

  

Añadamos a esto la imposición, por prejuicio de los padres que, en la mayoría de los casos, le dan el compañero de conveniencia material; y ésta mujer es de necesidad desgraciada y hace desgraciado al compañero y viven en unión con los cuerpos, pero completamente divorciados en el corazón y más en el espíritu. El hombre se hastía de la frialdad de la mujer; la mujer piensa, sin querer, en el que llenó su corazón y, las más de las veces, se produce lo que llaman infidelidad. Ella no es responsable; es responsable, en primer lugar, la costumbre social deprimente; y en segundo los padres prejuiciados, porque deben, ante todo, saber que la felicidad no la dan los intereses materiales, sino la satisfacción de los sentimientos. 

 

Esta es la causa de que el hombre busque otra mujer donde, aunque sea comprando el amor, satisface su necesidad de amar y hace inmoral a otra mujer, no menos desgraciada que la esclava que deja en casa, porque, muchas veces, estas uniones clandestinas son las verdaderas de afinidad; pero que es preciso vivir engañándose mutuamente unos a otros, y para conservar el incógnito, si no es un hombre de valor para arrostrar las miradas de la hipócrita sociedad, tiene sucesión con otra clandestina, porque su unión es de amor y afinidad; y si no se ha cometido un infanticidio, que es el caso más común tomando abortivos, quedan esos hijos sin nombre o tirados en el arroyo, para ser mañana, en justicia, la vergüenza de esa podrida sociedad. 

  

Es cierto que las vergüenzas han hecho levantar esas casas de maternidad; pero... ¿Qué calvario no habrá de pasar la madre sin esposo para conseguir depositar en aquella casa, que no es de amor ni de caridad siquiera, sino de baldón para la madre y el hijo? Habrá de dar su filiación; se tratará de saber si el padre es soltero o casado, si aquel ser es fruto de una pasión de un hombre solo, o la madre ejerce comercio con su cuerpo. ¿Quién sois vosotros para entrar en el secreto de corazón de nadie, porque ejerzáis una obra que vosotros llamáis de caridad, pero que por eso mismo es de baldón, porque la caridad es la encubridora de la maldad? Esas casas deben ser consideradas en otra forma más santa y administradas por personas de verdadero amor; no de caridad; la caridad, ha hundido a la humanidad en el vicio, porque la caridad... cristiana es el invento de la patraña Cristo, para perdonar, por la dádiva de uno la usurpación de mil; para poner la venda después de dar la puñalada. 

  

¿No sería mejor no tener que perdonar esas miserias? Pues yo os lo digo; para que esas miserias no existan, quitar el error; amar, ser sabios en las leyes del Dios de Amor, porque todos los que tenéis son de los hombres, y, precisamente, de los hombres que más unos tienen que dar y de los que más vendas tienen que poner en nombre de esa caridad denigrante. 

   

Más veamos cómo se trata a los seres allí depositados y nos llenaremos de dolor; 3 y 4 niños para una ama, mal pagada y peor alimentada y la imposición de las descorazonadas... "Hijas de la religión"... que no saben ser madres; o porque no usen del amor carnal, sino porque burlan la ley de la naturaleza, obligadas por la imposición de los célibes que no se hartan de carne, faltando a sus votos, que, ante el Dios de Amor, es la negación de sus divinas leyes; causa por la cual están fuera de la ley y faltando a la sociedad, porque el voto no le prohíbe a la carne pedir lo que le pertenece. Y conforme a su falsa religión, tiene que faltar, porque, con el celibato se prohíbe ser hombre y usar de las leyes de la naturaleza, que son inexorables; pero por encima de todas las leyes de las religiones y de la sociedad, pide la naturaleza lo que es suyo; lo que le pertenece; lo que el Creador le dio por ley; y como por leyes absurdas y egoístas lo tiene prohibido; y como la naturaleza no obedece, no puede obedecer esas leyes, lo busca y lo toma; pero ha faltado al voto y a la ley social. Su divulgación lo acusará; las consecuencias naturales de sucesión le harán imposible la vida de su mentido prestigio y falsa virtud. ¿Qué se impone? Buscar, idear todos los medios de burlar la santa ley de la procreación; y si ésta, como millares de veces sucede, se impone por justicia a pesar de todas las burlas y hace nacer un ser, las más de las veces es asesinado al ver la luz del sol, o empieza ese ser, una odisea dolorosa y horripilante y se le hace torcer el cumplimiento de un deber que trae a la tierra.

 

Ese ser irá a parar a la casa del baldón; se le privará desde el instante de su nacimiento, de las caricias del regazo materno, y generalmente, ese, como todos los que en aquella casa de vergüenza están, serán mañana los que llenarán las cárceles, después de haber sido la afrenta de la sociedad en las calles.

 

Sí, señores gobernantes; son esos seres, el oprobio de la sociedad y sois los responsables ante todas las leyes divinas, aunque os cubráis con la máscara hipócrita de la caridad; aunque se os llame "filántropos" por los causantes directos de todas esas desgracias, y aunque os colmen de bendiciones, esos... sacerdotes y papas que de nada valen sus gracias, porque ellos no son depositarios de las gracias del Dios de Amor.

 

Las bendiciones de esos prevaricadores son el veneno que anestesia el alma y mata los sentimientos humanos del corazón; esas bendiciones, esas indulgencias, esos perdones, son el sello de la malicia de ellos y el corroborante del servilismo vuestro y de que, mutuamente, sois parias unos de otros.

 

Esos seres allí reclutados por la vergüenza y eximidos del amor materno, son educados en el error y en el prejuicio; y antes de que tengan uso de razón, ni valimiento, ni instrucción, son sacados al público con el sobrenombre de expósitos, que les avergüenza, porque ellos ya está prejuiciados y porque los demás viven del error y la mentira; son sacados como vendidos esclavos y la vigilancia de la ley es nula; por lo cual son tratados peor que bestias y se ven en la necesidad de repeler el insulto y los malos tratos, en los que no escasea el castigo de látigo y el palo; y, por fin, se produce la idea del crimen en defensa de su cuerpo, porque el alma ya está pervertida.

 

Muchos huyen de la esclavitud en que se les coloca; pero llevan el sello del "expósito", del "sin padre", de la “madre desalmada”, y no encontrarán alivio a sus penas, y el hambre y la miseria y el cansancio lo llevan necesariamente a lo que llamáis robo, teniendo derecho a la vida lo mismo que el rey o el presidente. Pero es “¡Juan sin padre!”. Nadie lo defiende; todos lo señalan; en él se ceban la calumnia y la injusticia y la cárcel es su paradero. ¡Hombres de la ley! Esos seres no han entrado en el mundo por puerta falsa; al mundo entran todos los seres por la puerta de las leyes de afinidad y justicia; sois vosotros los responsables y sufriréis la pena del talión; esos seres vinieron buscando su afinidad, y vosotros, por vuestro error, los habéis equivocado y serán vuestros acusadores. Mas hay todavía algún caso más tremendo. Entre esos seres se encuentran hijos engendrados por vosotros mismos y la conciencia os acusa; pero el prejuicio no os deja oír la inspiración y condenáis a la miseria, al crimen o a la muerte a vuestra misma sangre. ¿Podréis desmentirnos?

  

¿Cuántas veces, después de un hecho de vuestra profesión, os sentís molestados, inquietos y no podéis conciliar el sueño? Pues si fuerais sabios sabríais encontrar la causa del desasosiego; habéis bebido el néctar en la joven; la habéis seducido por dinero, o por engaños muchas veces, porque hasta en esto juega papel vuestro empleo o posición y, después, no os acordáis más de ella y ya fecundada; y en su desvalimiento y, después de verse deshonrada, tiene que abandonar su hijo por la necesidad y muchas veces quitado por vosotros mismos, para ser luego su juez y su verdugo.

  

Este es uno de los efectos del matrimonio de imposición, de conveniencia, de prejuicios y sin amor.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
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