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Joaquín Trincado

La reproductividad

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 oct 2023
  • 13 Min. de lectura


Las percepciones retenidas y conservadas en nuestro archivo-conciencia-memoria -alma, no se pueden reproducir sin previa evocación por una excitación capaz y de su mismo género, a cuya excitación hemos llamado sugestión para abarcar con esa palabra, las infinitas formas de inspiración; pero que por fuerza esa sugestión se efectúa rigurosamente por las leyes de asociación de las que vamos a exponer las conocidas.


1ª. Ley de percepción de la conservación.


Esta es una ley de conciencia, por lo que, a modo de posesión del motivo, tenemos la percepción de que en nosotros reside la impresión de las cosas por las que hemos pasado, que en cualquier momento podemos provocar a voluntad.


Esta percepción es constante, pero no nos estorba ni nos impone, como no le estorba ni le impone al hombre rico y no avaro su riqueza, que sabe que la tiene, pero no le preocupa el monto total, ni las especies que la componen, una vez que las tiene asentadas en sus registros; pero que cuando necesita especificar, evoca ese registro y sus números le dan la solución de lo que busca. Así está en nosotros la ley de percepción de la conservación, que evocamos en los momentos que precisamos, y recurrimos a la inteligencia con todas sus leyes de la reproductividad.


2ª. Ley de contigüidad y simultaneidad.


Es indudable que los estados de conciencia que se presentan a nuestra evocación simultánea o sucesivamente, quedan asociados, porque asociados están desde su impresión primera, y tan íntimamente están asociados, que la presencia de uno de ellos, sugiere queramos o no la reproducción de los otros.


Hoy no podemos seguir “ad pédem Literae” a los Psicólogos de hasta este momento, porque a su pesar han tenido (por imposición del ambiente y el no conocimiento de las leyes del espíritu y de la electricidad) han tenido digo, los consiguientes errores que, el espiritismo desenmascara y anula.


Así pues, fundados en la verdadera naturaleza de la conciencia, decimos que, la llamada simultaneidad, no es sino el grado máximo de la sucesión de los efectos de las causas operadas y operadoras, de nuestra evocación.


Es, así, pues, como la sucesión y la distinción, nos ponen en conocimiento de los cambios característicos de nuestra conciencia, cada vez que resucitamos en nuestra sugestión, la misma cosa que, siendo la misma es cada vez más perfecta y llega por fin esa percepción a quedar en nosotros, permanente y no invariable en las formas, pero sí en la esencia y ley, que no varía.


Las percepciones y sensaciones reproducidas continuamente, llegan a ser en los seres, la necesidad vital de la conciencia; por lo que, parecemos insensibles a las cosas reproducidas por la necesidad.


Por tanto, para que haya estado psicológico que apreciemos como consciente para el estudio de la reproductividad, es necesario que ésta no sea constante.


Reproducidos constantemente nuestra renovación atómica por la nutrición general y no nos paramos a estudiar el fenómeno, el efecto, porque es causa conocida y definida.


Así, pues, para que nos llame la atención una reproducción y la definamos suficientemente, debemos ver, que existe un desfile sucesivo, de percepciones diferentes.


Hay que tener presente que, las sucesiones Psicológicas tienen sus límites: si se producen separadas por marcados intervalos, estén o no ocupados por otras percepciones, será muy débil la conexión: más si el intervalo entre dos percepciones, es mínimo, pareciendo una misma percepción, o un sólo estado de conciencia; la asociación estará en su máximo de intensidad; pero, sin embargo, en los dos casos, la fuerza de sugestión es poco más o menos la misma.


Hay un ejemplo tomado por muchos lectores y profesores de filosofía, que pone en claro la reproductividad de estados de conciencia sucesiva. Una fruta que nos es desconocida en sus cualidades, la tomamos y es desagradable al tacto: la olemos y nos da una sensación de perfume: la mordemos y nos resulta agria. Aquí tenemos una serie de impresiones distintas procedentes del mismo objeto, y en su sucesión han determinado diversos estados de conciencia o sean las sensaciones de color, olor, forma, tamaño, tacto y sabor sui géneris, que luego cualquiera de esos estados o impresiones que provoquemos aisladamente, suscita toda las otras.


Una rosa, es un conjunto de estímulos que pueden actuar simultáneamente sobre los sentidos de la vista, del olfato y del tacto y nos origina las siguientes impresiones:


a) Color, rosado, blanco, etc.

b) Olor, agradable.

c) Forma, esferoidal.

d) Tacto, suave.

Vemos, pues, muchas modificaciones fisiológicas, determinadas al mismo tiempo, pero manifestadas asociadas en una sola impresión compleja y los estados de conciencia, correlativos y parciales, constituyen un solo fenómeno Psicológico: como en la rosa o la fruta que fue la causa objetiva y lo mismo es con todos los objetos y sujetos; cuyo conjunto pertenece a la metafísica por la metamorfosis que encierran.


Una prueba eficiente de todo este argumento es que: siendo independientes y parciales las sensaciones, una sola de ellas atrae por asociación todas las otras, lo que a la vez confirma la independencia entre ellas. Y que, la asociación entre todas, renueva la percepción, está demostrado en que, sin tener delante la rosa, la fruta, o el objeto: o cerrados los ojos (si lo tenemos entre nosotros), nos es dado reproducir el mismo estado de conciencia. Y es porque ya, el objeto, vive en nuestros sentidos, por retención y lo reproducimos. Lo que prueba también que, no puede existir la ilusión.


3ª. Ley de similitud y semejanza.


Son en realidad dos leyes diferentes la similitud y la semejanza; pero en su gran parentesco, puede considerarse como una sola ley en la filosofía, que la ciencia en su necesidad matemática ya las separa.


En efecto: los estados de conciencia que presentan elementos comunes con otros anteriores, sugieren necesariamente, las de semejanza y diversidad. Caben, pues, en una teoría concordante, como la considerada en la explicación de la ley precedente, la semejanza, cuyo grado es la identidad, no caracteriza los estados conscientes que proceden más bien de la distinción, que debemos comprender Diversidad.


En este punto se detiene Bain, confuso ante la similitud y la semejanza y desea penetrar en el laberinto y señalar puerta de salida a esa confusión y cree señalar esa puerta en lo siguiente: “Por medio de las asociaciones de semejanza, llenamos los vacíos que deja la deficiencia de nuestros sentidos”. Pero la verdad es que entre similitud y semejanza es bien pequeña la diferencia, para ocupar tiempo a los científicos, que no es provechoso para nadie, desde que debe tenerse presente, que todo es semejante y nada igual a otra cosa, consagrando como axioma y ley: En todas las cosas del universo infinito, no hay dos iguales; cada una tiene un grado y valor diferente.


No queremos decir con esto que es del todo perdido el tiempo de esas comprobaciones de la diferencia; sino que no debe absorberse el tiempo que reclaman otras cosas más de necesidad, pues sólo para la armonía musical, pueden tenerse en cuenta esas diferencias infinitesimales y en realidad a ese arte le están confiados esos laberintos.


Para el filósofo y el matemático, basta el conocimiento de que, entre la similitud y la semejanza, el vacío lo llena la concordancia de la conciencia diferencial, puesto que es un quebrado matemático infinitesimal, de valor demasiado insignificante para la materia, aunque para el espíritu tenga relativo y apreciable valor, porque lo puede medir en su matemática pura. Pero para comprensión total de todos, decimos que: la similitud y la semejanza son (en comparación) como una puerta y una contrapuerta: hacen el mismo oficio de cerrar, o abrir y guardar. Puede ser una puerta de hierro y la otra de madera u otra materia y hay la misma ley para las dos, aunque la una sea más fuerte que la otra; pero son puertas las dos y hay similitud y semejanza; pero no lo hay entre lo blanco y lo negro ni entre lo redondo y lo cuadrado, prescindiendo de la semejanza que pudiera hacer en la substancia o materia.


Concretando, sentaremos esta ley. La semejanza es a la similitud, como la sucesión es a la simultaneidad, o sea grados mínimos de diferencia, pero que producen estados de conciencia caracterizados, que crean una nueva ley, ya que todo produce en la naturaleza un efecto o muchos efectos de los que, cada movimiento es causa.


4ª. Ley de inducción Dinamismo


Una percepción simple, no sólo evoca las concomitantes antecedentes y subsiguientes (si ya es renovada), lo mismo que los semejantes o contrapuestas que la precedieron: sino que, ese grupo de asociaciones, ejerce sobre las demás una influencia análoga, a la que hemos explicado en la Dínamo que llamamos inducción: de lo que resulta que: “Toda sugestión, directa o indirecta, induce las percepciones asociadas al grupo a que pertenece la excitación originaria”.


La comprensión de esta ley, requiere las matemáticas; y al efecto, tenemos una percepción simple que denominamos P, cuya presencia nos sugiere la renovación de un grupo M que lo forman cuatro percepciones retenidas que señalamos; c por similaridad, y por contraposición. Pero, en todo este grupo de percepciones asociadas a b y que las ha sugerido a, se encuentra asociada del mismo modo, a otro grupo que vamos a llamar N, formado de otras percepciones que están asociadas entre sí y una de ellas (cualquiera) es susceptible de ser sugerida por a. Puede ocurrir los mismo con la percepción b con respecto a otro grupo O, cuyos elementos serían sugeridos al mismo tiempo que los de N; si llamamos P y Q a los grupos asociados respectivamente a, c, y d, tendremos como resultado final que, el grupo M sugerido por P atrae los grupos N, O, P y Q, es decir que esos grupos de asociaciones han sido inducidos por el grupo M.


De esta ley se deduce que, mediante la inducción, las asociaciones se desarrollan inmensa e infinitamente y pueblan en todo instante a nuestro espíritu, de percepciones despertadas por una excitación cualquiera, periférica o central, porque generalmente, el estímulo procede de un fenómeno del organismo y que actuando sobre los centros nerviosos, revive impresiones que dan lugar a renovaciones perceptivas, tras de las cuales surgen y resurgen por sugestión e inducción, otras muchas percepciones que le están asociadas: lo que ocurre por ejemplo en los estados febriles como también en los llamados sueños y pesadillas.


Vamos a internarnos un momento en un fenómeno curioso, que se refiere a las reproducciones de la memoria; y es, el carácter inconsciente de las asociaciones que se verifican, conforme con las leyes que explicamos.


Las sugestiones e inducciones asociacionistas, tienen lugar de una manera tan automática y fatal, que nuestros esfuerzos por desterrar un recuerdo provocado, no hacen más que reanimarlo. Y aún ocurre con frecuencia que nos es imposible traer a nuestra memoria, un nombre, una fecha, un acontecimiento y hasta una tonada musical; por más esfuerzos que hacemos en recordar tales percepciones, no lo conseguimos; y luego, esos recuerdos, nos vienen solos, destacándose claramente en nuestra conciencia.


Carpenter, designó a este fenómeno con el nombre de “Cerebración inconsciente” y lo quiere explicar como lo entiende.


Supone una serie de grupos de asociaciones A, B, C y D que son inducidos en el orden de esas letras: Si por medio de una percepción contenida en A pretendemos reproducir otra del grupo D, es necesario esperar a que la corriente asociacionista agite los grupos B y C. Pero si este último grupo no se encuentra, sino débilmente vinculado a sus vecinos B o D, la serie quedará interrumpida y la inducción, no alcanzará al grupo D; mas el esfuerzo producido, habrá iniciado un trabajo de inervación que impulsado por las huellas casi borradas, las profundizará reforzando el vínculo débil primitivamente, o debilitado por las influencias que obran sobre la reproducción: terminada esa labor automática e inconsciente, la excitación llega a D y el recuerdo perseguido se presenta espontáneamente. Hablando eléctricamente, el argumento es más sencillo.


“La inducción venció a la resistencia y se hizo la luz”.


Mas es verdad que a veces la impresión de un estímulo es tan débil, que no alcanza a producir un estado consciente definido y en otros casos, la presencia de excitaciones simultáneas, numerosas e intensas, hacen pasar inadvertida una percepción; pero siempre que la modificación respectiva haya podido ser retenida, la cerebración inconsciente, nos presentará la percepción en cualquier momento, en vigilia o en el sueño.


Aquí es necesario sentar para quitar malos entendidos y anular errores de casi todos los filósofos y hombres científicos y materialistas que esa cerebración inconsciente no se obra por la exclusividad del cerebro ni del sistema nervioso, en el que no hacen más que el papel de reflectores; la representación es del espíritu nuestro, que responde a la evocación hecha de aquella percepción: y lo hace cuando y como puede. Cuantos rodeos se busquen para eximir al espíritu de sus exclusivas funciones, es retrasar el trabajo y aun el mismo espíritu al que se le quiere desconocer, obra ese fenómeno para corrección del No-yo supremático y rebelde al yo. La verdad es, que todo debe corresponderse porque todo a todo se sirve; y cada cosa debe obrar en su ley para mantener la armonía de todo lo heterogéneo, en un modo homogéneo, como luego hemos de ver.


La nutrición material, moral y espiritual es la influencia completa para las retenciones de la memoria y se requiere la buena circulación, para la mejor reproducción de todos los fenómenos. Lo cual nos explica, que, en las personas jóvenes, los recuerdos se desarrollan más rápido que en el anciano.


Los estimulantes son también motivo de rapidez en las percepciones entre los que se cuenta con el café negro. En la reproducción es tardía en los ancianos caducos y achacosos, en los cardíacos y anémicos, como también en los narcotizados, y de los que han ingerido substancias sedativas como el bromuro de potasio.


La memoria puede sufrir alteraciones patológicas y aun perderse por completo; pero esto último no puede suceder sino por aberraciones del espíritu que abandona su materia, lo que debe explicarse en Psiquiatría.


Hay algunos casos de revelaciones del espíritu, que los han calificado de cerebración inconsciente, lo que negamos; porque es sólo el espíritu el que mueve a nuestro cerebro, por el alma en último caso y no es capaz el cerebro, ni nuestro sistema nervioso, de revelarse a sí mismo nada sin los causantes alma y espíritu.


El caso de un cajero inglés que no podía acordarse de una partida que había pagado y no la asentó en sus libros, y que preocupado con esa falta se acostó y en sueños se le representó toda la faena del día, llegando a ver que había pagado esa cantidad a un tartamudo que lo fastidió por no entenderlo; a la mañana pudo llenar ese vacío.


Otro caso es que, una señora que no había recordado la suma de su cuenta corriente, y mirando a un objeto no pensaba ya en la cuenta, cuando se vio sorprendida en su mente, por la cantidad justa.


La misma señora en otra ocasión lee una carta y la dirección de la persona; pero no la apuntó y rasgó la carta, no acordándose más de la dirección; en la necesidad imperiosa de escribir se esforzaba en rememorar la dirección y quedó como estática mirando a un cristal y vio escrita la dirección claramente.


En estas pequeñeces se han entretenido los Pseudo-Psicólogos y señalan esos tres casos como cerebración inconsciente, cuando hay millones de millones de casos análogos todos los días. Pero estas rememoraciones, ¿son por causa del cerebro o del sistema nervioso? No tal; lo que hay es que por la necesidad hemos evocado ese recuerdo y nuestro espíritu en primer caso, y en segundo nuestros guías o familiares espirituales (que siempre están algunos junto a nosotros), regraban en nuestra mente más profundo el hecho y nos lo muestran para evitarnos el daño que nos originaría. ¿Y por qué medios nos los han de mostrar, más que reviviéndolos en nuestro cerebro, única placa destinada a impresionar los clichés?...


He dicho “y nuestro espíritu en primer caso y en segundo nuestros guías y familiares”; esto puede ser motivo de confusión y no puedo dejar niebla en este artículo importantísimo.


Sí, sucede que nuestro espíritu, por necesidad propia, por ayuda otros afines, por correspondencia a otros espíritus también; se desdobla y se va hasta donde la elasticidad de su alma le permite, pudiendo encontrarse muy lejos y en remotos mundos (pero sin romper sus ligaduras, más sí debilitándolas), cuando llega a su materia uno de esos casos, una de esas impresiones, que por falta del agente espíritu, se graba muy débilmente en nuestra mente y retina, quedando apenas la estela.


Vuelve el espíritu y no se cuida de aquel asiento débil, por no serle necesario de momento a la materia. Pero tan pronto es necesario rememorar el hecho evocamos la semiconciencia y nuestro espíritu pide a los familiares informes y se los dan y rehacen el hecho por sí mismos, o lo encarga a los afines que presenciaron y le es rememorado a la materia. ¿Dónde está aquí la “cerebración inconsciente”? Aquí no ha hecho el cerebro ni el sistema nervioso más que el papel que le está dado: imprimir y reflejar los hechos a los sentidos del espíritu, materializados en todo nuestro organismo. Y todo otro papel inteligente dado a la materia, es erróneo y aun malicioso, inspirados por otros espíritus perversos, en contra de la verdad Espiritismo del que quieran que no, ellos forman parte, pero en el mal, porque los dominan las pasiones. Vamos a continuar nuestro estudio de las causas del olvido de la memoria.


En lo que físicamente afecta a la memoria de sus principales enfermedades, las conocemos con bastante precisión descriptas por Ribot y clasificadas en dos grupos que son “la hiperemnesia o excitación extraordinaria de la memoria por fiebres o delirios y las amnesias; pérdidas parciales o totales, temporarias o definitivas de las facultades mnemotécnicas.


En el segundo grupo está incluida la Afasia u olvido de la palabra o del lenguaje. Si la afasia es relativa a los movimientos orgánicos que producen la palabra oral o escrita, se llama respectivamente Afemia o agrafia; en suma, que, la amnesia y la hiperemnesia son a los centros cerebrales, lo que la anestesia e hiperestesia, a la periferia del sistema nervioso.


El cirujano Broca, estudió con buen resultado en las enfermedades de la memoria, y muy en particular sobre la afasia y determinó cuatro localizaciones cerebrales en las circunvoluciones del hemisferio izquierdo del encéfalo y señaló:


1ª, temporal: Memoria Auditivo-verbal;

2ª, parietal: Memoria visual de signos y escrituras;

3ª, frontal: Memoria motriz del lenguaje escrito;

4ª, afección total.


En cuanto a la disolución o pérdida gradual de la memoria se ha observado que este grave estado sobreviene por lesiones cerebrales o por senilidad, pero en uno y otro caso, la amnesia comienza por los hechos más próximos y avanza invadiendo el intelecto en todo el individuo, extinguiendo en seguida los recuerdos vinculados a los sentimientos, acabando por destruir la memoria motriz de los actos mecánicos, apareciendo la parálisis.


La demencia precursora de la muerte, es el término de esa devastación Psicológica, pero cuando esta demencia no procede de la senectud, puede verificarse la curación, restaurándose las funciones mnemotécnicas que se operan en el orden inverso que desaparecieron, es decir, que se iluminan primero las últimas que se obscurecieron.


5ª. Ley. Armonía de la Variedad.


¿Dónde radica esta ley total? ¿Cuáles son sus funciones? La ciencia no ha tenido ojos ni sentidos para sentir y ver la ley superior que ordena las cuatro leyes precedentes, como a todas las demás y las de todo el universo. Digo de todo el universo, para dar el valor justo a esta omnipotente ley que es capaz de hacer la más grande armonía de la más grande variedad.


Sí, es la misma ley que gobierna el universo infinito y que sin embargo está en el hombre, pero en su espíritu imponiéndose (sin coartar la libertad) a todas las leyes de la infinita variedad que obran en nuestro organismo.


Cualquiera falla de las cuatro leyes que hemos estudiado afecta de lleno a esa misma ley y lo anota como punto de estudio que habrá de resolver en esa u otra nueva existencia.


Cualquiera de las partes infinitas del complicado organismo que mueve cada una de esas leyes, atiende solícita la ley de armonía y mantiene el equilibrio de la vida, todo el tiempo que el destino de cada existencia marca, el que se cumple inapelablemente.


El papel más importante de la ley de armonía es la belleza del conjunto de las cosas y de cada una individualmente; y de las funciones depende el orden de las cosas y el servicio nuestro de cada cosa, obrando todas a la vez sin estorbarse ninguna en su inmenso torbellino apretado de nuestro organismo, que contiene todas las cosas del universo.


Sus funciones ya las vemos: y como sabemos que sólo el espíritu es el ordenador, el factor y el responsable, la ley está en él.


Si se achacara que hay fallas, sólo habrá que contestar que no es culpa de la ley; sino del antagonismo de los instintos que hacen las pasiones y ponen en lucha a nuestros átomos y éstos, a nuestro todo material y espiritual. Pero las fallas son momentáneas (aunque duren toda una existencia) y a igualarlo todo, llega la ley de compensación que trabaja por orden de la armonía y todas obedecen a la ley de amor, que tiene todos los atributos del creador.


La mecánica de esta ley es la de las cuatro leyes precedentes, por las que la comprenderéis con toda la claridad.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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