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Joaquín Trincado

La Razón es el Complemento Intelectual

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 4 Min. de lectura


La razón es a la reflexión, lo que la imaginación a la percepción: el complemento intelectual.


Bajo esta fórmula que eleva la causa y los efectos a una regla matemática en sus partes constructivas e inventivas, por la inducción de la razón podemos y debemos llevar a la matemática también hasta ideas espirituales: que será el complemento de la sabiduría de cada hombre, que, por la ley dominante del progreso, cada uno, sólo puede alcanzar en esas ecuaciones, el punto justo de su luz espiritual: pero siempre ascendiendo bajo una rigurosa Escala Cromática.


Las operaciones reflexivas, en efecto, tienen por fundamento la experiencia, cuya materia prima radica en la percepción; y la transformada en la imaginación.


Pero esa experiencia fundamental para cada individuo no puede ser más que el producto de su progreso moral y espiritual, lo que aclara eficientemente que dos hombres que cursan los mismos estudios o desarrollan las mismas facultades, uno siempre se adelante al otro; y es sólo a causa de su mayor luz espiritual exclusivamente.


Las relaciones comparativas e inductivas de la reflexión, llamemoslas calidades y cantidades, universales y particulares, causas y efectos, leyes y principios, son siempre originadas por un proceso mental, en el que intervienen representaciones perceptivas imaginativas, que tendrán el valor matemático, del progreso del espíritu del individuo, sin que haya excepción posible a esta regla o ley inflexible.


Mas la esencia de la razón consiste en la inferencia (Ilación y sugestión) inmediata de relaciones universales entre las cosas percibidas, imaginadas y aun aquellas no abarcadas aún por la concepción y la imaginación universal.

Encontrar instantáneamente los elementos de semejanza, diferencia y correlación entre uno o más objetos; comprender que uno de estos está contenido en otro; que un hecho determinado produce un efecto similar y que en circunstancias semejables producirá un efecto igual, y que, en llevándolo por camino diferente producirá un efecto distinto, es resultado de la Inferencia clara, que sólo puede tenerla el que es libre de prejuicio y sólo el sabio puede librarse de esa lepra dominante


Entonces la inferencia racional es el grado superior de la inteligencia, la que es igual al progreso del Espíritu.


Pero la inteligencia parece tan independiente de la experiencia reflexiva, que algunos idealistas han querido prescindir de ella despreciando los datos perceptivos e imaginativos, fracasando en sus ideales como era consiguiente, porque restaban los progresos de la razón, que son automáticos con la inteligencia; es decir, inseparables porque son esos procesos el verdadero análisis metafísico causante de las inducciones a las experiencias deductivas.


El análisis metafísico nos hace ver algo más que lo material en el automatismo, que tiene su fundamento físico-fisiológico-psicológico en la conexión de las fibras y celdas cerebrales; se sabe, en efecto, que cuando la conexión de las diferentes excitaciones psíquicas no se hallan establecidas, se requiere cierto esfuerzo para ejecutar el acto, que puede resultar imperfecto; pero si la conexión queda establecida por la repetición de los fenómenos conexos a la facilidad y rapidez de las sensaciones, se unirá la perfección del acto mismo; lo cual sucede única y exclusivamente por causa de la evocación que hacemos a nuestro espíritu.


Así que, al igual del instinto por el que evocamos una fuerza que nos falta, la razón se desarrolla en virtud de modificaciones arraigadas que forman el hábito de obrar y perpetuadas hasta por la herencia y ambiente. Por lo tanto, no depende de la formación de la razón del individuo físicamente, sino del grado intelectual que le sirve de ambiente propio e interno.


Así, el producto elemental de la razón es la formación del juicio de las cosas, por el cual hace el reconocimiento de una relación entre dos ideas y establece la ley conociendo causa y efecto y definiendo juicios de juicios, que pueden ser.

1°. Juicios universales: que son, cuando las ideas componentes representan clases y una de las cuales está íntegramente comprendida en la otra; por ejemplo, “todos los hombres son seres racionales”, “todos los mamíferos son vertebrados”.


2°. Juicios particulares: que son, cuando es la porción de una clase la que aparece extendida hasta otra porción inferior; por ejemplo, “algunos hombres no merecen llamarse racionales”, “algunos vertebrados son mamíferos”.


3°. Juicios analíticos: que son, cuando las ideas son equivalentes expresando igualdad o identidad; por ejemplo, “el hombre es animal racional”, “los animales tienen instinto"


4°. Juicios sintéticos: que son, cuando una de las ideas resulta modificada por la otra, pero establece una relación que no contiene la naturaleza de la primera; por ejemplo, “Fulano es hombre virtuoso”, “el animal tal tiene más instinto que el cual”.


Ya se comprenderá que esta última clase de juicios es la más importante para las operaciones inductivas; pero todas las formas de juicios tienen igual valor para la reflexión comparativa.


Los juicios son la materia prima de todas las operaciones de la razón; y los sintéticos es forzoso encontrarlos en todo juicio, particular, analítico y universal.


La forma elemental de la razón es el raciocinio, que es la asociación intelectual de varios juicios.


En efecto: Cuando de dos o más juicios simples surge un juicio compuesto, esta nueva idea resultante no es más que el producto del raciocinio. Porque raciocinar ya es juzgar en la más alta acepción, ya que analiza lo complejo del caso. Y en la mayoría de los casos el raciocinio lo efectuamos mediante el parecer, por la cerebración inconsciente, de lo que sólo tenemos conciencia de un juicio aparentemente simple. Es la característica de una razón clara.


Libro: Filosofía Austera Racional

Autor: Joaquín Trincado



 
 
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