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Joaquín Trincado

La procreación es Ley Universal

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 14 jun 2025
  • 5 Min. de lectura


La procreación es el fin primordial de las creaciones parciales de los mundos y de la creación universal; su acicate, es el amor; su freno, la afinidad.

    

Cuanto mayor es la procreación (dentro de justicia) tanto más se agranda el amor; tanto más se progresa en todos los órdenes; y cuanto más se progresa, más grande hacemos a nuestro Padre, porque mejor lo presentimos.

  

Organizados los pueblos, todos han comprendido que la grandeza y riqueza comunal está en parangón con el número de habitantes de su suelo; y el país más pobre es, sin duda, donde más escasa es la población.

 

El aumento de la población lleva consigo la exteriorización de su poder y producción, teniendo los estados que buscar en otros países, mercados a su mayor producción; así atrae la mirada de otros pueblos, crece su riqueza y une por el comercio, bajo un contrato, uno o varios países y llegan así al intercambio de intereses, de ideas y de individuos. 

 

En esto, los hombres no ven la mano que obra tan sabiamente, porque la naturaleza, que obedece a las leyes de afinidad y justicia, tiende a romper las fronteras geográficas; y cuando por éste medio no lo consigue, promueve la emigración de individuos que crean familia en otros países que no son la tierra donde nació, y tenéis aquel hombre que ama los dos países: donde nació, están sus antecesores; en el que emigró, está el producto de su amor y su trabajo; a éste hombre no será fácil levantarlo en armas contra el país donde nació, ni contra el que tiene su descendencia, en caso de enemistad entre los dos países. Este es uno de los beneficios de la procreación.

  

Las guerras tienen su origen, siempre, en el fanatismo de religión y de patria; algunas veces por ambiciones desmedidas y siempre por el completo desconocimiento del fin de las humanidades, de la ley de los afines, de la justicia de las cosas, del amor, en fin.

   

Pero nada hay que se oponga a la ley de afinidad al fin del tiempo; y ésta; que se le hace fracasar porque se desconoce el amor puro y universal, para convertirlo en amor impuro y pequeño, que degenera por necesidad en pasión y la pasión en crimen, caen los hechos de la ley de afinidad con mayor intensidad; no porque la Ley sea capaz de una venganza, sino porque tiene que cumplir, inexorablemente, su deber; y como se le opuso el hombre, por su malicia, una y dos veces, esto se acumula, y en la tercera se produce una hecatombe horrorosa, que apenas sería sensible sucediendo en tres veces.

   

Pero la ley es inflexible y, en su curso ordinario, obra en amor; al ser burlada su acción, en su día, obra en amor también, pero ya en justicia; al derroche sucede el hambre; a la ambición, el despojo; a la provocación, la guerra, las pestes y otros flagelos; al vicio y burla de la procreación, la despoblación; y, por fin, la desaparición del mapa de esa nación.

   

La ley, a tiempo, da muchos anuncios; si no es atendida una vez, decretado el cumplimiento, no se vuelve atrás; es irrevocable y ejecuta en todo su rigor la justicia y no pagan justos por pecadores, porque, antes, toma todas las medidas, y por mil medios sacará del sitio de la catástrofe a los que no deben sucumbir en ella.

  

La ley, en todos los errores, es inflexible en la hora de la justicia; pero en la esquivación de la procreación, es inexorable, y sus castigos son siempre históricos; hacen época, como las ciudades del Mar Muerto; porque la procreación es el fin primordial de la creación de los mundos.

   

La naturaleza, al crear un ser, en la forma maravillosa que lo hace, se despoja en absoluto de todas las sustancias y gérmenes homogéneos, dotándolos de órganos y miembros a propósito y bajo leyes inflexibles para la procreación, que siempre es en amor, aunque sea momentáneo; pero las obligaciones que el amor impone al procreador en el sostenimiento de la madre durante la gestación y alimentación del infante y su educación; lo errado de las leyes egoístas y caprichosas al respecto; la esclavitud de la mujer y la falta de reconocerle los mismos derechos que al hombre en todos los órdenes; las afrentas creadas para la mujer que por su destino se hace madre fuera de las leyes de capricho y falsos dogmas de las religiones (causa principal y primera de todos estos errores), han llevado al mundo a la degeneración más espantosa y abominable, que solo puede lavarse y olvidarse con la completa renovación de la humanidad y haciendo desaparecer los centros de corrupción, y esto está decretado en los Consejos del Creador, porque solo así es posible renovar la faz de la tierra y hacer reinar el amor, fin de la creación.

    

Todo esto es consecuencia del odio y errores de las religiones, que han olvidado la ley de amor del Creador para dar rienda suelta al amor de la carne, inventando todas las bajezas, todas las trapisondas, hasta el crimen, para burlar la inflexible ley de la procreación y beber el néctar del amor en la mujer, hundiéndola luego en la deshonra y obligándola a ser criminal.

   

El Juez os ha dicho cómo hemos aparecido en el mundo, en qué modo y forma maravillosa y humilde. ¿Podría el hombre elevarse a la altura en que hoy se encuentra, sin la protección decidida del amor del Padre? ¿No bastará ese conocimiento, que es verdad como la vida, para que la humanidad vuelva sobre si y alabe al Creador? ¿No bastará saber que del mismo tronco y en la misma forma nació el macho y la hembra? ¿No bastará la igualdad en que nace el magnate y el pordiosero para establecer la ley de igualdad? ¿No bastará todo eso para hacer uso, en santo amor, de la facultad de procreación? ¿No bastará que la mujer haga las veces de aquel árbol, del que la ley de afinidad nos hizo salir del mismo modo y al mismo tiempo?

  

Menos su humilde aparición, todo esto lo ha sabido la humanidad y ha prevaricado; la causa de la prevaricación es de las religiones, y estas caerán con estrépito, a la vista de sus víctimas. Pero las víctimas son también responsables, porque la ignorancia de las leyes divinas no exime de responsabilidad; y la humanidad responsable ha sido sentenciada a salir de la tierra, como han sido desalojados los espíritus, que hombres fueron prevaricadores y en su maldad seguían prevaricando en el espacio e influyendo sobre los encarnados.

  

¡Humanidad! Sálvate en esta ley durante el tiempo que tienes de tregua. Ya que firmé la sentencia, te la leo, te la doy escrita, y no alegarás ignorancia. 

   

La procreación es, en todos los mundos, del mismo modo que en la tierra, con la diferencia de que no existe en los mundos de perfección el dolor y sí el goce; porque el amor del Padre es sin límites, para sus hijos, y esta ley obliga al amor puro, en justa medida, en la afinidad. 


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
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