La procreación de los seres
- EMEDELACU

- 29 may 2025
- 5 Min. de lectura

Ya estamos frente a la cuestión inabordable hasta hoy para los códigos, por los que han hecho de media humanidad un esclavo, un juguete, a pesar de que sin esa media humanidad no podría haber nacido la otra mitad que se quiere creer superior y apropiarse derechos que son comunes a la humanidad entera.
El hombre está en el más grave error; pero la culpa, en todos los tiempos, la tienen las religiones, desde la más primitiva hasta la más moderna; pero la mayor culpa es de la Judaica y luego de la cristiana, que se les había dado el secreto y el principio santo.
Porque Israel torció su derrotero, vinieron Juan y Jesús y hablaron suficientemente claro, y por sus prédicas, la tierra, ha llegado al alto progreso material y espiritual, que le permite marcar el día de su luz; el reinado del espíritu y la paz imperturbable, que llega ya y en cuya aurora estamos, porque la Ley de Amor se ha proclamado.
La doctrina de libertad y amor de Jesús, que era la repetición de anteriores Mesías, porque otra doctrina ni otra ley no tiene el Creador y no se puede, por lo tanto, predicar otra por ninguno de los enviados del Padre, ni el Espíritu de Verdad da otra (aunque éste las desentraña hasta anatomizarlas para su inteligencia), se predicó con la claridad que la cultura de aquel tiempo lo permitía, solo dos siglos incompletos; pero fue lo bastante para que en el espíritu humano arraigara la semilla y en su día daría el fruto; cuando la inflexible ley de los afines reuniera las cosas en su punto.
El espíritu tiene el libre albedrío; pero la ley de justicia tiene acción también. Cuando la ley de afinidad le marca el momento, obra: y en su poder, lucha con su opositor y la libertad no se coarta, pero en la razón lógica, la afinidad reúne los homogéneos y se libra la batalla de principios, en la que la verdad, que lleva el solo principio “Amor” ha triunfado siempre en todos los mundos y triunfará eternamente; pero la materia (que no es insensible como piensan los hombres), aun siendo regida por la misma ley suprema que el espíritu, no se somete hasta que adquiere conciencia y se identifica en su alma con el espíritu y entonces se somete aquella a éste y le sirve; y la materia entra en la luz del espíritu y adquiere fortaleza y virtud y nace, de su conversión, el sabio y el héroe.
La causa está en que la materia es la esencia (hablo del cuerpo del hombre) de todas las materias minerales, vegetales y animales, reunidas por una envoltura conocida con el nombre de alma, que aunque fluídica, no tanto que sea invisible en absoluto, en la cual entra y se envuelve el espíritu, que debe hacer sentir el amor de que él es formado, a aquella dualidad que, a pesar de ser, la una, esencia de las esencias que componen la parte tangible, pero que no podrían sostenerse ni mantenerse agregadas aquellas partículas tan heterogéneas de que se compone el cuerpo, si el alma, esencia de todas aquellas esencias, y que se forma del sentimiento o instinto de todas las materias que concurrieron a formar el cuerpo de los primeros hombres, no fuese homogénea; y que lo es, porque el instinto de todos los reinos de la naturaleza son una sola y misma cosa; y como esto está regido por la ley de afinidad, se mantiene y sostiene en un cuerpo, que llamamos hombre, resumen del universo todo, con su creador dentro.
Un verdadero MICROCOSMO del gran MACROCOSMO. Esto es el hombre.
Pues bien; a pesar de su hechura y caminar erguido, mientras sea nada más que esa dualidad de cuerpo y alma, es solo un irracional y como tal obra, no reconociendo superioridad y siguiendo, como es natural, todas las inclinaciones de sus componentes, que son irracionales; pero se moverá, consumirá, procreará por instinto, porque lo lleva en su germen. Pero ha llegado el tercero; el efecto del amor de la sabiduría; la esencia de las fuerzas y vibraciones del Creador, y se envuelve en el alma y hace la verdadera trinidad, compuesta todo de la misma cosa, pero transformada por evoluciones innumerables, que se sienten y se comprenden y se aclaran en lenguaje espiritual y todos los espíritus de luz lo saben y todos se lo comunican; pero la palabra falta entre los terrenales para pronunciar la última; la tenemos en nosotros mismos y la descubrimos cuando llegamos a la sabiduría; pero es en vano que, como hombres dúos, queramos penetrar ahí, porque es solo del espíritu y no corresponde a la materia; pero no es un misterio, porque el espíritu sabio lo sabe y cada segundo se nos muestra en el nacimiento de cada hombre, porque la procreación es el fin primordial de las fuerzas del universo, la que es imposible sin el amor.
No se te dirá nada más avanzado que estas palabras, ¡hombre de la tierra!, porque no caben en las celdas de tu cerebro; pero no has llegado ni siquiera a empezar a estudiar la parte rudimentaria, aunque lo has corrido todo ese problema laberintico, y nada te has atrevido a afirmar, porque te faltó amor verdadero; porque no has creído en el Dios de Amor, por el prejuicio de religión que envenenó a la ciencia poniéndole valladares, hasta que la ciencia misma de los hechos te demostró que te habían dado un Dios hechura de las religiones que te empequeñecía. Ahí empezó el hombre a sacudir el polvo de sus ojos; pero el prejuicio en todo encontró y se fijó un Dios en la materia, que necesariamente lo adelanto en su progreso, pero le dejo vacíos y empezó a oír alguna voz, aunque lejana en su conciencia, y vio el hombre que nada hay vacío en el universo y ya, la tierra, no era ni el centro, ni el todo de la Creación: ya era el hombre más grande, pero se necesitaba tiempo y el tiempo llegó al límite que marcó la ley de los afines y el hombre de la tierra llega a la luz del espíritu.
¿Cómo apareció el hombre sobre la tierra? Hombres de ciencia han hecho hipótesis y metamorfosis; ha habido un momento en que la humanidad corrió el peligro de querer descender de un animal. No, hermanos míos, no. Aunque el hombre apareció como todos los seres irracionales de las entrañas de la tierra en su cuerpo y alma, recibiendo el impulso y el calor del espíritu, el hombre apareció hombre, compuesto de su trinidad.
El tiempo no importa; aquí el tiempo es la eternidad; el siempre presente desde que apareció, hasta que sea capaz de ir a mundo más hermoso que la tierra; habrán pasado muchos siglos, pero no habrá pasado ni un segundo de la eternidad; cada mundo tiene seis días, épocas o epopeyas de trabajo y uno de usufructo de su trabajo, para luego empezar, por la transformación, otra nueva etapa que será la misma vida en progreso en formas diferentes, por la belleza; no en la constitución.
Las humanidades tienen lo mismo seis días de trabajo y uno de usufructo en cada mundo; en cuyo Séptimo llegan a la perfección que puede dar ese mundo, y el progreso y la ley de afinidad impone la emigración y ocupación de otro mundo, en el que hay que empezar de nuevo, pero principiando por donde acabaron en el que dejan y así hasta el infinito. ¿Cómo apareció el hombre en la tierra?
Libro: Código de Amor Universal
Autor: Joaquín Trincado
%2014_30_25.png)


%2014_30_25.png)