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Joaquín Trincado

La mujer, en la vida pública, cumple un deber de justicia

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 23 jun 2025
  • 7 Min. de lectura

¿Pensáis que este aserto es inmoral o contrario a las leyes divinas? No, mis hermanos. Pero hay tres clases de mujeres en la vida libre[1], (1), y una cumple su deber de justicia; las otras, unas son vuestras víctimas y las otras las viciosas; y aunque en estas dos últimas son víctimas de la maldad y de la ley social, las separo, porque sus cualidades son distintas.

   

La primera es siempre una mujer desenvuelta e inteligente y de un hermoso corazón que no se corrompe; no puede ver miserias delante de ella, ni es paria de la injusticia y de la explotación; es varonil y jovial y rara vez es soez en sus palabras, ni es capaz de causar daño a nadie y es temerosa de la justicia; indaga si su visitante es casado y pone el mayor cuidado y aseo para prevenir cualquier contagio de enfermedad; no pone obstáculos a la procreación y generalmente son madres varias veces, lo que las hace ser ahorrativas; las más educan bien a hijos, y en cuanto comprenden que estos necesitan su constante presencia, se retiran y se regeneran y, en millones de casos, los hijos ignoran la vida que llevó su madre, la que a la vez bebe dicha y amor en los ojos y labios de sus hijos.

   

¿Pero dónde está el cumplimiento de la justicia? diréis. La justicia está en que esta mujer fue un libertino y desconoció en su libertinaje a los hijos que engendró; y como la ley es inexorable, viene esa mujer en ese estado para dar vida en sus entrañas a aquellos seres que antes desconoció; y sabed que, aquellos hijos que ahora tiene, son los mismos espíritus de los de antes, y sus padres las mismas madres que antes los recibieron en sus entrañas, y admirar aquí todo lo grande de la ley de afinidad. El complicado engranaje que tiene que poner en movimiento y la justicia del Creador. ¿Habéis entrado en estos secretos, legisladores y supremáticos materialistas? Pues aun trae otro hermoso fin esta gran mujer; sí, gran mujer porque es madre; y es que se impone el sacrificio de su cuerpo para la moral pública, porque sabe en su espíritu que, a la par que cumple la justicia, librará del deshonor a la joven que quiere guardar su flor para su afín, porque el hombre inmoral y vicioso no respetaría a la joven si no tuviera donde dar expansión a su pasión despertada antes de tiempo, o por lascivia, o por la frialdad de la esposa por fuerza. ¿Qué pensáis ahora hombres y mujeres, de esta mujer? ¿Cumple o no la justicia?... Pues aún cumple otro fin grande. El saciamiento de sus instintos, con lo que se corrigen para siempre. 

   

La segunda mujer de la vida pública y del prostíbulo, es la virtuosa abandonada; la seducida, entregada o comprada; sufre horriblemente y es una autómata sin conciencia; depende de la ama de casa y es tratada inhumanamente, porque es recelosa y huraña; es explotada miserablemente; no pone cuidado ni le importa nada, porque lleva en su corazón la desesperación de la vida; si es fecundada, se le hacer abortar; en general, se enferman y se enloquecen y el hospital y el manicomio es su paradero.

 

Si estudiáis a una de estas mujeres y lográis una confesión de su vida, os aterraríais de sus sufrimientos y el odio que encierra al causante de su desgracia; mas no solo son los hombres los que juegan papel en la perdición de las jóvenes. Hay algunos casos horribles en que damas que se quieren hacer respetar por decentes, toman jóvenes para sirvientas, teniendo hijos menores en casa; y ellas mismas, las... señoras... de bien, las han conquistado para sus hijos, "con el buen fin”, dicen, “de que sus hijos no vayan a donde los pueden enfermar”. Esto lo he oído y presenciado yo mismo y he ayudado a la víctima, pagando el viaje para volverse a casa de sus padres. Pero los "niños” se cansarán de ella o habrá sucesión; y en cuanto esto se nota, la... ¡bestia madre! la tira a la calle. Esto no tiene bastantes penas en las leyes humanas para castigarlo y es, por desgracia, una realidad que sucede, pues en el caso referido he arrancado la confesión verdadera a una de esas… amorosas madres; porque había obtenido declaración de la joven seducida, que por añadidura era menor de edad y, los jóvenes, tres, de 15 a 22 años, saciaban su apetito en la fruta que la misma madre les proporcionaba; “así tengo sujetos a mis hijos y no los enferman por ahí", me dijo; y lo más grande del caso es que esta madre era asidua diaria a misa y confesar y visitas de monjas. ¿Qué les parece a Uds.? ¿Podrán estas jóvenes regenerarse? Pues cometerán delito por desesperación y serán castigadas y vilipendiadas, sin estudiar el Juez el principio de su perdición; y si acusa a sus corruptores, será una calumnia contra una familia… ¡Honorable!... ¡Qué vergüenzas! ¡Qué inmoralidad por falta de amor! Sin embargo, aquí, la responsabilidad está en la religión y las leyes sociales, pues estos hechos son efecto de la errada educación, pero las leyes divinas castigarán con la misma pena.

   

¿Qué camino les queda abierto a las jóvenes, así o de otro modo engañadas y abandonadas?... ¡Ay!... No les queda más que el de la desesperación; el de salir a la calle vendiendo su cuerpo, siendo la vergüenza de la sociedad; y en el mejor de los casos, encerrarse en el prostíbulo, para no regenerarse más.

   

Más son muy virtuosas estas desgraciadas, porque cuando van por la calle, ellas mismas se avergüenzan de sí mismas y no se hacen justicia; la justicia sería, cuando ven al corruptor, que lleve del brazo a su... señora, ellas deberían agarrarse del otro brazo, porque tienen el mismo derecho que la otra, y veríamos entonces cómo se arreglaría un juez para sentenciar en justicia. Yo le aseguro que los autos envolverían a muchas más personas. ¿Por qué estas miserias? ¿Por qué estas injusticias? Tristes consecuencias de las falsas leyes sociales; triste epílogo de las... civilizadoras religiones. ¡Caigan, caigan para siempre al olvido esas causas de tan lamentables efectos! Acátese, acójase, practíquese la Ley de Amor y nada habrá que temer de todas esas vergüenzas, porque el amor les revivirá la conciencia. 

   

La tercera mujer, la mujer viciosa, presenta otro aspecto muy diferente; pero esta viene para castigo de los libertinos.

  

Esta mujer es desvergonzada, astuta y todos sus actos son premeditados y se impone y aún se hace respetar con descoco y es temible; no le importan los barullos; desea y promueve las francachelas y derrocha las fortunas con la mayor frescura, gozándose en la ruina de sus admiradores; y si la esposa tuviera la debilidad de presentarse a pedir auxilio a la justicia o a pedirle cuentas de sus actos, ¡pobre de ella! Puede que vuelva a su casa sin cabello y se quede sin marido y ni aun el Juez ha de encontrar causa, pues saben ellas todos los burladeros de la ley.

  

Esta mujer, es raro encontrarla en el prostíbulo, salvo que tenga que ocultarse algún tiempo; pero allí es la reina y todas la han de obedecer o de lo contrario guardarán su recuerdo; el uno por mil de estas mujeres se deja fecundar y esto con fines que persiguen sobre algún "tórtolo”; no busquéis a esta, mujer donde haya tristezas; ellas nacieron para el jolgorio y el lujo y son insensibles al dolor de sus semejantes; el despilfarro, es su locura, y muchos otros se aprovechan. El viejo verde y vicioso, es en general, su presa pagana, a cuenta de unas migajas amorosas; el banquete lo dan a un joven más corrompido que ellas, que les guardan las espaldas y es su confidente para sus hechos. Esta mujer asume todas las formas del vicio refinado, que para ella es "un arte"; su perspicacia es tal, que el más astuto policía es un "lelo" comparado con ella: lleva siempre dispuestos sus encantos para cambiarlos por la conciencia de sus perseguidores, y miles de veces triunfan.

   

Esta mujer, pues, con todo es arsenal de crímenes y malicia, viene al mundo para hacerse justicia, porque antes fue víctima de esos mismos hechos, que la malicia, la supremacía, lo falso de las leyes civiles ha introducido en el mundo mísero de la tierra, en que la ignorancia lo hizo fin de la creación, con un Dios raquítico y tiranuelo, haciendo reinar el despotismo, en el que solo el derecho fue de la fuerza bruta y el odio y la venganza el patrimonio.

   

¿Creéis que esta mujer no se puede regenerar? Sí, señores; se puede regenerar. Regeneraros vosotros; hacer la Comuna de Amor y Ley y la veréis regenerarse; proclamar el amor como ley única, y el ejemplo todo lo regenera; hasta los animales serán más inteligentes, por el mejor contagio.

  

Esta mujer vive para castigo de anteriores culpables y caerán en sus redes, generalmente, solo los que le deben cuentas anteriores, porque la ley de justicia lo dispondrá así; y si fuerais sabios en la verdadera sabiduría, descubriríais en estos hechos la justicia de la ley suprema, en la que está escrito que "No hay deuda que no se pague"; y esposo, esposa e hijos de arruinadas familias por esas mujeres, son deudores y pagan; vuestro mal está en el prejuicio, en la ignorancia de que os habéis embotado y empequeñecido, circunscribiendo la vida de los seres a una miserable existencia una sola vez. He ahí el error.

 

1)    En Roma; en los tiempos de los Césares, se catalogaron 39 clases de estas mujeres.

[1] En Roma; en los tiempos de los Césares, se catalogaron 39 clases de estas mujeres.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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