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Joaquín Trincado

La herencia como hábito "trascendental"

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 13 oct 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 26 nov 2023



Negar que la herencia sea el hábito trascendental, sería un error; pero establecerla como absoluto es un absurdo. Y este absurdo ha sido cometido por el noventa y nueve por ciento de los científicos.


Queda aceptado como ley que, la herencia es un fundamento trascendental; pero en ningún modo es infalible, pues el destino de cada ser, rompe a menudo la trascendencia hereditaria.


La herencia es transitoria y física; los destinos son perennes y espirituales: vale decir, de ley divina, a la que no puede la herencia doblegar.


Es verdad que los hábitos, constituyendo la educación general del individuo, solamente concurrirán a sus evoluciones orgánicas y en raros casos a las superorgánicas; pero con prescindencia de la especie.


Es verdad también que todos los hombres serían distintos sin esos rasgos comunes, denunciantes de la raza, la nación, el aire étnico regional, el de familia y humanidad, una entidad regresiva y no progresiva; sería solamente una suma de organismos individuales.


Es esto, todo lo grande que podemos conceder a la trascendencia de la herencia; pero en ningún caso está exenta esta trascendencia del destino de cada individuo.


Si tuviéramos a la mano una historia o biografía minuciosa de cada familia, veríamos que en todas hay grandes desvíos de la influencia hereditaria y que cada hijo ha tomado un camino distinto del trazado por sus antecesores; y esto es la prueba eficiente de que es el destino y no la herencia el que es capaz de dirigir al individuo.


Luego la herencia ha de considerarse en cada caso, como causa buena o mala del cumplimiento del destino; por lo que se impone romper ese molde de prejuicios que, en el mejor de los casos, es opuesto al progreso que siempre es ascendente y no admite la rutina hereditaria.


Debemos sentar aquí también que el hombre en su organismo, por cada molécula que hereda del padre, recoge millones de la madre; cuya explicación damos en el “Conócete a ti mismo” y “Profilaxis de la vida” y otros libros de esta Escuela, donde describimos el acto de la concepción en su verdad metafísica y de la ley física, por lo que aquí solo decimos que el padre, sólo pone para la concepción de sus hijos el micro-hombre como materia y la parte del alma que en ley funde con la de su compañera, madre de sus hijos, y en cambio la madre, que recibe ese micro-hombre (que no es ningún espermatozoide), la madre, digo, encierra y alimenta con todo su ser al feto, durante la gestación y luego por sus pechos, como regla general; lo que hará comprender el gravísimo error de las semejanzas que han querido sostener en la ciencias y que han causado algunos absurdos juicios inmorales y de acusación de infidelidad de la esposa.


Es un error del egoísmo; una ignorancia estúpida y criminal de lo que es una concepción y de lo que es la familia en ley divina.


Pero en todas formas, la herencia es un hábito trascendental pues obedece a sus leyes y a las de la memoria, por la cual prolonga los efectos de la educación individual a través de las especies, teniendo como insuperable instrumento la generación; la procreación que perpetúa las humanidades en cuya unidad se transmiten las aptitudes orgánicas, en proporción al desarrollo individual.


Pero esta máxima trascendental, a la que sólo supera el destino es de todo punto necesario que se conozca en verdad lo que es y cómo se efectúa una concepción y se habrán matado tantos capitales errores vergonzosos, y en el punto correspondiente algo diremos.


Libro: Filosofía Austera Racional Tercera Parte.

Autor: Joaquín Trincado

 
 
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