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Joaquín Trincado

La división de razas es antinatural

  • Foto del escritor: EMEDELACU
    EMEDELACU
  • 10 jul 2025
  • 5 Min. de lectura
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Con el predominio religioso nació también la división de razas, no sólo en las diferentes partes en que han dividido al mundo, sino dentro del mismo continente donde más dominó, siendo esta la causa del desconocimiento universal.

   

La ignorancia de la mayoría de los hombres no es porque no sean aptos para ser hombres de ciencia y aun de sabiduría; sino porque la ignorancia es necesaria para el triunfo de la supremacía; porque siendo ignorante la mayoría de la humanidad, pueden hacen las divisiones de clases y de partidos, para llegar a la división de razas, de lo que necesariamente nacería el odio de unos a otros; y nacería también la división de razas dentro del mismo continente la falsa idea de patria; con todo lo cual lucharán los hombres del mismo continente que los dividen las rayas que llaman nacionales y aniquilan las fuerzas unos y otros; pero sí amenaza una raza de otro continente, se unirán los enemigos para batirlo y lo perseguirán ya hasta aniquilarlo en hombres y riqueza y, al fin, todo se consumió en humo y no se restituyen los millones de vidas que costó. ¿Es esto sensatez? ¿Es esto civilización? Esto es peor que ser fieras; porque la fiera sólo sacrifica lo que ha de menester de entre las fieras y lo come, porque ese es su instinto y su ley; pero el hombre que lucha no como fiera, cuerpo a cuerpo, sino a traición y desde lejos y procurando rehuir el peligro, es un asesinato premeditado y sin provecho, porque lo que sacrifica no lo come como la fiera que lo hace para vivir; por lo que los hombres, en la guerra, se rebajan por muy bajo del nivel de los irracionales; esto son y no otra cosa los que llevan al pueblo a la guerra de clases y razas.

   

Hoy está en boga el estribillo de la civilización, para promover una guerra a cuyo resorte se agarran las naciones que quieren llamarse civilizadas y tienen en su seno la división de clases que hemos considerado, donde no se ve, no sólo civilización, pero ni siquiera ilustrada educación, y está demostrado en que nadie se respeta en amor, y si acaso algo se respeta, es por temor o egoísmo.

   

No; la civilización no ha entrado aún más que en el obrero consciente; y éste, inspirado, va paso a paso civilizando al compañero y hoy protesta ya del atropello y las guerras y mañana no irá a ellas y derrocará los poderes autócratas; pero antes quitará la causa primera, para cerciorarse de que la plutocracia tampoco es civilizada y tomará, no el poder, porque no es necesario poder, sino la dirección de sí mismo individual y colectivamente por el amor, y sólo esto es civilización.

  

Las razas no existen, aunque sean los hombres de diferente color o vivan en distinto hemisferio; en la tierra sólo hay dos familias hasta hoy y ya sólo una existirá; la adámica, que trajo a la primitiva la luz y el progreso para llegar al amor, como está contenido en el testamento de Abraham.

   

Pero no vino la emigración adámica a destruir a la raza o familia primitiva, sino a salvarla; destruirla no es salvarla, como hacen las naciones que quieren pasar por civilizadoras. Adán y los suyos nacieron y se multiplicaron en la familia primitiva, a la que iban infundiendo su ley y sabiduría, y esto es salvarla; pero la destrucción, lejos de civilizar, es oponerse a la armonía de la creación, que el Padre hizo en su infinita variedad. ¿Por qué la naturaleza nos enseñó el injerto para mejorar las especies? ¿Por qué en el reino animal, los zoólogos, estudian los cruces de las familias diversas para producir un tipo ideal?  ¿Por qué la hermosura del jardín consiste en la mayor variedad y lozanía de las flores y las plantas? Si el reino vegetal tuviera un solo árbol en calidad con un solo fruto, por grande que fuese su exuberancia, ¿dónde estaría la belleza y la armonía? Si el reino animal solo nos ofreciese un solo ser que para todo nos sirviera, ¿dónde estaría su grandeza? ¿Dónde nuestra admiración? ¿Dónde nuestra vida?

  

Si el firmamento fuese todo un sol, aunque éste fuese infinito, ¿dónde estaría la armonía ni la grandeza del Creador? Todo esto sería horriblemente grande, pero terriblemente desconcertado; no sería obra digna del Padre Creador.

   

Pero, en cambio, ¡qué grande se ve en su sabiduría y amor, en esa armonía en tan infinita variedad!

   

La civilización sólo puede ser amor y casi nada ha llevado amor a las conquistas; y, por tanto, lo que se hace es aniquilar, destruir, y esto no es civilizar; civilizar, es educar la raza en el progreso, sacándola de sus rutinas, tratándola con amor y éste, desinteresado.

  

Las razas no son ningunas inferiores a las otras y todas han tenido un día de esplendor y la consiguiente decadencia; pero ha sido debido siempre a la imposición religiosa, al fanatismo de patria y a la ignorancia principalmente en que todas las religiones han mantenido al pueblo, y en vano buscaremos en la China, en Egipto, en la Grecia, en Roma ni en la Europa que hoy canta civilización, centro ni leyes que enseñen al pueblo ciencia y sabiduría; menos aún amor, que es la verdadera civilización; si esto no lo encontramos, ¿dónde está la civilización? Aún se da un caso muy curioso, que demuestra el ánimo civilizador que lleva a las naciones a civilizar a otros hombres, y es que llevan ejércitos compuestos de otros hombres más bárbaros que los que se quiere dominar y se les saca de las selvas para armarlos en guerreros; esto el mundo lo sabe, que lo han hecho las naciones que más alto gritan civilización; lo que demuestra esto es, que no hay tal intención de civilizar, sino de exterminar para aprovecharse del trabajo realizado por los sometidos y exterminarlos, lo que siempre es un robo legalizado por la fuerza y consentido por otras naciones también civilizadas, que pronto buscará otra víctima y será consentido aquel mismo crimen por la que antes lo cometió.

   

No; esto no es civilizar; esto es asesinar a la humanidad, con premio al crimen; y es más digno de respeto el que llamáis cafre que vosotros que cantáis civilización y la justicia del Padre será inexorable con vosotros no aprovechando en nada el producto de vuestro delito de lesa humanidad y veréis impotentes desmoronarse vuestros castillos de orgullo y sucumbiréis a la ley que provocáis.

   

Todo ser, en la tierra, tiene su misión y el Padre ha creado con el mismo amor al negro y al blanco, al rey y al barrendero, y ninguno ha nacido de diferente manera que el otro; y, todos, en el curso de las múltiples existencias, hemos sido blancos, negros, chinos y de todos los continentes y ejercido y vivido en todos los rangos sociales, y por esto llegó la hora del conocimiento de las causas del desconcierto y el Padre decretó quitarlas para establecer la unidad.

   

En vano será que intentéis sustraeros; el obrero ha renegado de nacionalidades y religiones; su patria es universal; en todas partes ha hecho solidaridad y mañana ninguno os servirá para empuñar las armas fratricidas, pero las empuñará una vez, si lo provocáis, para daros el castigo que merecéis; esto consiste en vosotros; porque el obrero quiere paz y amor, trabajo y bienestar que éste da; los derechos sin supremacías y sin injusticias en la más estricta igualdad. Esto es lo que se le aconseja al obrero por los hombres de misión y por los espíritus; y esto hace el obrero, porque ya es sabio en la solidaridad y el amor, por lo que, el Padre, está a su defensa con todas las leyes de la naturaleza, las que se pondrían en movimiento si provocarais la justicia.

   

Amar vosotros al obrero y al hombre como a vosotros mismos universalmente y mereceréis el amparo que seguramente necesitaréis. Esta es la ley: Amor.


Libro: Código de Amor Universal

Autor: Joaquín Trincado

 

 
 
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